COLOMBIA Y LOS JÓVENES ASTRONAUTAS

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Revisando lo crucial del momento que vive Colombia, viene refrescante como nunca a mi memoria, un mágico libro que mi padre me obsequió quizás cuando bordeaba los 8 años: “los jóvenes astronautas”.

El dilema que planteaba era portentoso y sencillo a la vez: los humanos habíamos desarrollado un increíble cohete espacial, capaz de explorar la última frontera, y había que decidir quiénes debían pilotearlo; muchos se inclinaban por astronautas veteranos, por su experiencia, por haber sorteado previamente muchas dificultades, y por el conocimiento adquirido; otros en cambio, defendían la tesis que eran los jóvenes quienes tendrían la gran responsabilidad de explorar el inquietante cielo plagado de estrellas.

Al final la tripulación estuvo compuesta por jóvenes entre los 18 y 21 años, y la argumentación que quedó grabada para siempre en mi memoria, y que es la que ahora quiero utilizar como primer (pero no único) argumento de esta reflexión fue: “los jóvenes no ven obstáculos, donde los adultos contemplamos barreras infranqueables”.

Por ello noto con asombro y algo de desconfianza, como el comité de paro está automáticamente representado por personas muy adultas, surgidas yo no sé de dónde, ni autorizadas por no sé de cual componente de la sociedad, y sobre que agenda programática negocian, aspirando decidir el futuro de que segmento de mi nación.

No parecen fuerzas refrescantes sino simplemente quejumbrosas, con discursos agotados por el cansancio de la batalla no fructífera de décadas pasadas; sienten (como lo narra el infantil libro) que tienen al frente una infranqueable barrera, que pretenden derrumbar con la negación casi absoluta de argumentos y el mecanismo simplificador que busca en algo o alguien la raíz del mal.

Los jóvenes que sostienen el paro (y no me refiero a los delincuentes que canibalizan la oportunidad), brillan tristemente por su ausencia en las fotos que anuncian reuniones de concertación o de negociación y que inundan las redes.

Y este fenómeno puede tener lógica, si nos detenemos a considerar que es un movimiento espontáneo, fresco, civil y de rechazo a la marginalidad galopante, que apenas se abre paso y que todavía no logra apaciguarse lo suficiente como para identificar voceros (que los hay y por miles) capaces de articular una agenda renovadora, que integre a todos los habitantes en lugar de fraccionarnos en grupos de civilidad vulnerable, o al clasificarnos por razas, por orígenes, por colores, o al estratificarnos y ponernos a competir a unos contra otros.

NO. Colombia somos todos: empresarios exitosos, pequeños emprendedores, médicos, agricultores, ingenieros, mecánicos, conductores, profesores, electricistas, gerentes, chef, abogados, auxiliares de enfermería, desempleados, aseadoras, vigilantes, policías, estudiantes, ancianos, de todos los colores, en todos los lugares, de todas las razas, de todos los estratos, con y sin vivienda, con y sin deudas, con y sin hijos, la inmensa mayoría honestos, esperanzados y trabajadores, y especialmente todos, todos con el mismo propósito en el corazón: lograr que este país se llene de oportunidades y avance en medio de una indispensable paz que nos merecemos.

Los que no abrigan una mirada universal sobre los ciudadanos y el futuro del país NO ME REPRESENTAN, porque están sembrando una semilla que tarde o temprano volverá a germinar con amargura en lucha de clases, violencia y marginalidad.

Me niego a creer que no seamos capaces de conceptualizar y construir una matriz de desarrollo nacional lo suficientemente coherente y equitativa, donde TODOS tengamos cabida, sin tener que acudir a privilegios mediocres amparados en una mayor o menor vulnerabilidad medida por sus propios actores.

Elevo entonces mi respetuosa voz, para pedir que sean los jóvenes mayoritariamente los protagonistas de los diálogos, pero especialmente de los hechos que transformarán a esta nación.

Termino diciendo que la mayoría de los QUE (quiero o necesito) están dichos y son conocidos, lo que nos falta es encontrar el camino de los COMO; precisamente ayer escuchaba una muy inteligente reflexión que me recordaba cómo podríamos acudir a algunos puentes ya existentes que nos acerquen al futuro deseado, y uno de ellos es el perseguir los “objetivos de desarrollo sostenible”, que con preeminencia establecen el erradicar la pobreza en todas sus formas en todo el mundo, como la máxima aspiración.

“Se buscan jóvenes astronautas para pilotear esta nave espacial llamada Colombia: convocatoria abierta”.

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Colombia y los jóvenes astronautas – Columna de Opinión – ME PARECE – MD Carlos Felipe Muñoz Paredes

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