El precio no es el acceso: implementación de la Circular 022

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Colombia ya redujo el precio regulado de cientos de medicamentos. Ahora comienza la prueba que importa: saber si esa eficiencia sobre el papel se convierte en disponibilidad, oportunidad y acceso efectivo.
El precio no es el acceso implementación de la Circular 022

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El 23 de junio escribí en CONSULTORSALUD: “¿Quién gana y quién pierde con la Circular 022 de 2026?”

Han pasado dos meses y la pregunta necesita evolucionar.

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Desde el 19 de agosto los nuevos precios máximos de venta están vigentes y la Circular 022 dejó de ser una discusión regulatoria para convertirse en una realidad operativa.

Ahora toca hacer algunas preguntas que pueden sonar incómodas. La primera es: ¿más barato para quién?”

Porque bajar el precio de un medicamento no significa automáticamente disminuir el costo de tratar a un paciente.

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Mucho menos significa garantizar su acceso.

Y esa diferencia —aparentemente sencilla— puede definir si estamos frente a una política farmacéutica exitosa o simplemente frente a una política exitosa de control de precios, que no es lo mismo.

Más de 600 mercados y submercados involucrados.

La dimensión que generó esta intervención merece atención. La Circular incorporó por primera vez 33 mercados relevantes y 4 submercados al régimen de control directo; modificó el PMV de 22 mercados relevantes y 10 submercados y actualizó 528 mercados relevantes y 22 submercados previamente regulados.

Para estos últimos se aplicó un ajuste de -7,43 %, derivado de la actualización de la tasa de cambio utilizada por la metodología.

No estamos tratando, por tanto, de una corrección marginal. Estamos hablando de una intervención con capacidad para modificar las condiciones económicas de una parte importante del mercado farmacéutico regulado colombiano.

Y entre los mercados priorizados aparecen precisamente algunos de los más sensibles para el sistema: las enfermedades huérfanas, infección por VIH, medicamentos vitales no disponibles y tecnologías de alto costo.

Ahí comienza la cuestión; porque cuanto más vulnerable es el paciente y más especializado es el medicamento, menos margen tenemos para equivocarnos en la implementación.

El 19 de agosto cambió el precio. La cadena no cambió ese día.

El precio bajó el 19 de agosto. Los costos no recibieron la circular. No se trató de una intervención menor, y existe una realidad que ninguna circular puede modificar instantáneamente:

  • Los contratos en curso no desaparecieron.
  • Los inventarios no se compraron nuevamente, tenemos unidades en existencia en las farmacias, bodegas de operadores logísticos y gestores farmacéuticos.
  • Las cuentas por pagar no regresaron a cero, siguen haciendo parte del pasivo.
  • Los costos logísticos no disminuyeron automáticamente en un 7,43 %.
  • Los vehículos siguieron recorriendo las mismas distancias para llegar a su destino final de entrega.
  • Las bodegas siguieron necesitando almacenamiento y, cuando corresponde, condiciones especiales de mantenimiento de temperatura y humedad.
  • La dispensación siguió necesitando talento humano.
  • Y la cartera siguió existiendo.

Esta es probablemente la primera gran lección que tendremos que observar: el precio puede reducirse por acto administrativo; el costo de operar no desaparece por acto administrativo.

Y entre esas dos realidades vive la cadena farmacéutica.

Entonces, ¿quién absorbe la diferencia?: la industria, los importadores, los distribuidores, los gestores farmacéuticos, las IPS o los pagadores?.

Esta puede convertirse en una de las preguntas económicas más relevantes de los próximos meses.

Cada actor ocupa una posición distinta y, sobre todo, tiene una capacidad diferente para absorber el ajuste. La regulación no tiene por qué garantizar los márgenes históricos de ninguno de ellos. Ese no es su propósito, pero una buena regulación sí debe observar qué comportamientos produce, porque los agentes económicos responden a incentivos.

  • Un laboratorio puede revisar una presentación.
  • Un importador puede reconsiderar volúmenes.
  • Un distribuidor puede renegociar condiciones.
  • Un gestor farmacéutico puede concluir que determinada operación dejó de ser viable bajo las condiciones contractuales existentes.
  • Una IPS puede necesitar revisar su modelo de adquisición.
  • Y un pagador puede intentar capturar una proporción mayor de la eficiencia generada.

Nada de esto significa que vaya a ocurrir necesariamente. Significa que deberíamos estar midiéndolo desde ahora.

La Circular corrigió precios. Ahora necesitamos demostrar que esa corrección no terminó deteriorando valor para el paciente.

Hay algo que me preocupa especialmente cuando hablamos de regulación farmacéutica, y que no sabemos definir, y es confundir ahorro potencial con ahorro real.

La primera cuenta es relativamente fácil, precio anterior menos precio nuevo, multiplicamos por unidades y obtenemos una cifra. Pero esa cifra no nos dice todavía cuánto ahorró realmente el sistema. Para saberlo necesitamos conocer qué ocurrió después de la implementación: 

  • ¿Se dispensaron las mismas unidades?
  • ¿Se mantuvieron los oferentes?
  • ¿Cambió la participación de mercado?
  • ¿Aumentaron otros costos?
  • ¿Hubo sustituciones o fue el paciente sometido a reformulaciones?
  • ¿Fue necesario utilizar alternativas terapéuticas diferentes?
  • ¿Cambió el tiempo de entrega?
  • ¿Se presentaron interrupciones en la entrega?
  • ¿El paciente completó su tratamiento?

Porque una cosa es reducir el costo de una unidad farmacéutica y otra muy diferente reducir el costo de atender una enfermedad.

Medicamentos en los que no tenemos demasiado espacio para experimentar.

Una cosa es disminuir el precio de un medicamento y otra muy distinta disminuir el costo de atender una enfermedad y esta Circular alcanza mercados particularmente sensibles.

Los economistas de la salud lo saben.

Los clínicos lo viven.

Los pacientes lo pagan cuando nos equivocamos.

Hay medicamentos con los que no tenemos demasiado espacio para equivocarnos

La dimensión de la Circular se entiende mejor cuando dejamos de hablar solamente de mercados relevantes y ponemos nombres sobre la mesa.

Entre los mercados incorporados al control directo encontramos, por ejemplo, risdiplam, utilizado en atrofia muscular espinal; vosoritida, para acondroplasia; inotuzumab ozogamicina, utilizado en determinados pacientes con leucemia linfoblástica aguda; y cabozantinib, utilizado en diferentes indicaciones oncológicas.

Y entre mercados previamente regulados cuyos precios fueron actualizados aparecen medicamentos como adalimumab, bevacizumab, pembrolizumab, rituximab, trastuzumab, lenalidomida, factor VIII, factor IX, empagliflozina y dapagliflozina, entre otros.

Ahora pongámosle rostro clínico a la regulación:

  • ¿Qué significa una interrupción para un paciente un niño como Kevin, con hemofilia?
  • ¿Qué significa retrasar una terapia en medio de un tratamiento para una patología de origen tumoral como la de Jero?
  • ¿Tuvo impacto la discontinuidad para los 2.033 pacientes que murieron con enfermedades huérfanas o raras durante el año 2025?, lo anterior, según las alertas emitidas por la Federación Colombiana de Enfermedades Raras (FECOER)

Entonces es cuando la conversación deja de ser exclusivamente financiera.

Porque un medicamento puede tener un Precio Máximo de Venta- PMV técnicamente impecable y seguir siendo inútil para el paciente si no está disponible cuando lo necesita.

En estos mercados, una alteración en la disponibilidad no representa solamente un inconveniente logístico. Puede convertirse en discontinuidad terapéutica y la discontinuidad tiene consecuencias clínicas, judiciales, económicas y humanas.

Por eso, en enfermedades huérfanas y tratamientos de alta especialidad, el análisis del precio nunca puede separarse del análisis del abastecimiento.

Un PMV puede ser perfecto desde la metodología y fracasar frente al paciente si el producto no está disponible cuando se necesita, pero el paciente no compra un “mercado relevante”

Esta quizás sea la parte que más fácilmente olvidamos quienes trabajamos alrededor de la política farmacéutica.

Nosotros hablamos de mercados relevantes, de submercados, de DCI, de formas farmacéuticas agrupadas, de PRI, de PMV, de percentiles, de tasas de cambio, de márgenes.

El paciente no. El paciente solo sabe si recibió o no recibió su medicamento. Sabe cuántos días lleva esperando para que le sea entregada su fórmula o su pendiente. Sabe si tuvo que volver a llamar al fármaco. Sabe si le entregaron todo o una parte. Sabe si tuvo que interrumpir su tratamiento, sabe si su enfermedad o su dolor empeoró mientras el sistema resolvía quién debía entregar.

Esa también es una forma de medir en economía de la salud, porque cada barrera que no resolvemos oportunamente puede reaparecer después convertida en una urgencia, una hospitalización, una amputación, una complicación, una tutela o un mayor consumo de recursos que pudo evitarse.

Por eso propongo algo concreto: midamos el impacto de la Circular 022 desde el paciente.

La Comisión ya hizo una parte del trabajo: establecer los precios. El Ministerio publicó el listado de PMV por presentación comercial.

Ahora necesitamos una segunda capa, lograr implementar un tablero público que nos mida el impacto de la Circular 022.

No dentro de dos años, desde ahora, y debería medir por lo menos cinco cosas importantes que determinan el costo de un evento en salud a largo plazo: 

MediciónDetalle
1. Precio efectivo¿Cuánto está pagando realmente el sistema después de la regulación por unidad?. No solamente cuál es el techo permitido.
2. Disponibilidad¿Los medicamentos regulados continúan disponibles en el canal institucional en el canal comercial?¿Cambió el número de oferentes?¿Aparecieron alertas de abastecimiento?
3. Oportunidad¿Cuántos días transcurren desde la prescripción hasta la dispensación efectiva?Este indicador me parece crítico, porque un medicamento puede aparecer como “entregado” y haber llegado demasiado tarde.
4. Continuidad terapéutica¿El paciente recibió solamente la primera entrega o logró mantener el tratamiento durante el periodo clínicamente indicado?Acceso no es entregar la primera unidad o caja. Acceso es sostener el tratamiento.
5. Costo total del paciente tratadoEsta debería ser la medida económica más importante.No cuánto disminuyó una tableta, un vial o un miligramo.Sino cuánto le costó al sistema conseguir el resultado clínico esperado.

Tabla 1. Creación propia

Del precio al valor.

Hay otra pregunta incómoda: ¿qué haremos con el ahorro? Esperamos que la Circular funcione exactamente como fue diseñada: los precios disminuyen, la disponibilidad se mantiene, la cadena logra adaptarse y el sistema efectivamente libera recursos.

Entonces viene la siguiente pregunta: ¿qué hará el sistema con ese dinero?

Porque ahorrar no debería ser el objetivo final de una política farmacéutica.

El objetivo debería ser comprar más salud con los recursos disponibles.

Si conseguimos eficiencias, deberíamos poder convertirlas en algo que el paciente reconozca como valor en salud: 

  • Menores tiempos de espera para consulta y entregas.
  • Mayor continuidad terapéuticas.
  • Diagnóstico más temprano.
  • Menos barreras administrativas para acceder a su tratamiento.
  • Mayor cobertura.
  • Financiación de la innovación.
  • Mejores resultados.

Si el ahorro simplemente desaparece dentro de las enormes necesidades financieras del sistema, habremos conseguido una eficiencia contable. Pero difícilmente podremos hablar de transformación.

De “quién gana y quién pierde” a “qué ganó el paciente”

En junio planteé que la Circular 022 no podía analizarse únicamente desde los precios. Hoy estoy convencida, y deliberadamente no afirmo que la Circular esté produciendo desabastecimiento, dificultades de acceso o afectaciones operativas.

Sería prematuro y técnicamente incorrecto establecer esa causalidad pocos días después de su entrada en vigencia, pero precisamente por eso este es el mejor momento para construir la línea basal.

Antes de que las percepciones sustituyan los datos. Antes de que aparezcan los problemas. Y antes de que terminemos discutiendo retrospectivamente aquello que pudimos haber vigilado prospectivamente.

Tenemos una oportunidad extraordinaria para evaluar esta política de manera diferente: 

Precio- Abastecimiento- Oportunidad- Continuidad- Resultado

Ese debería ser el verdadero tablero de la Circular 022, porque el 19 de agosto no terminó la historia, ¡comenzó!

La regulación ya nos dijo cuánto puede costar un medicamento.

Ahora necesitamos saber cuánto cuesta realmente conseguir que ese medicamento llegue, permanezca disponible y produzca el resultado esperado.

Había preguntado: ¿quién gana y quién pierde con la Circular 022?. Hoy creo que hay una pregunta mejor.

Una que deberíamos hacernos cada vez que celebremos un porcentaje de reducción, un ahorro proyectado o una nueva eficiencia: ¿Qué ganó el paciente?

Si dentro de seis meses podemos demostrar que pagamos menos, mantuvimos la disponibilidad, mejoramos la oportunidad y más pacientes sostuvieron sus tratamientos, tendremos razones para celebrar. La Circular habrá trascendido el control de precios para convertirse en algo mucho más importante: una verdadera política de acceso.

Pero si al final solo podemos demostrar que bajamos el PMV, tendremos que reconocer algo incómodo: habremos regulado el precio, pero el acceso seguirá siendo una deuda con el paciente.

Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente a su autor y no comprometen la línea editorial de CONSULTORSALUD.

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