El trasplante renal con órganos provenientes de donantes fallecidos se asocia con una mayor supervivencia que continuar en diálisis para buena parte de los pacientes en lista de espera. Sin embargo, esa ventaja no es igual en todos los casos. Un nuevo estudio internacional publicado en The BMJ encontró que la edad del receptor, la calidad del órgano disponible y el tipo de donación modifican el beneficio esperado a cinco años.
La investigación analizó información de 64.036 pacientes que recibían diálisis y se encontraban en lista de espera para su primer trasplante renal de donante fallecido. Los datos procedían de Cataluña, Dinamarca, Francia, Noruega y Reino Unido y correspondían a pacientes seguidos entre 2000 y 2019. Durante ese periodo, 39.244 personas recibieron un trasplante renal.
El hallazgo central muestra una diferencia importante entre los riñones provenientes de donantes con criterios estándar y aquellos clasificados dentro de criterios ampliados. Mientras los primeros estuvieron asociados de forma consistente con una mayor supervivencia frente a continuar en diálisis, la ventaja observada con los órganos de criterios ampliados disminuyó progresivamente a medida que aumentó la edad del receptor.
¿Cómo compararon el trasplante renal con continuar en diálisis?
Los investigadores utilizaron una emulación de ensayo clínico, una metodología que organiza datos observacionales tratando de reproducir algunas de las condiciones de un ensayo aleatorizado. En este caso, se comparó qué habría ocurrido con pacientes elegibles para trasplante si recibían un riñón de donante fallecido o si continuaban en diálisis.
El análisis tuvo en cuenta la edad, la presencia de diabetes y enfermedad cardiovascular, además de las características del donante. Los órganos también fueron clasificados según procedieran de donantes con criterios estándar o ampliados y según la extracción hubiera ocurrido después de muerte encefálica o después de muerte circulatoria.
Entre los 39.244 trasplantes incluidos:
- 16.897 procedieron de donantes con criterios estándar después de muerte encefálica.
- 4.324 correspondieron a donantes con criterios estándar después de muerte circulatoria.
- 14.799 provinieron de donantes con criterios ampliados después de muerte encefálica.
- 3.224 correspondieron a donantes con criterios ampliados después de muerte circulatoria.
Los resultados mostraron que recibir un riñón de un donante con criterios estándar estuvo asociado con una supervivencia estimada a cinco años superior a la observada entre quienes permanecieron en diálisis, independientemente de la edad del receptor.
El beneficio disminuyó con la edad para algunos órganos
La diferencia apareció principalmente cuando los investigadores analizaron los trasplantes realizados con riñones provenientes de donantes con criterios ampliados. En estos casos, el beneficio de supervivencia disminuyó conforme aumentó la edad del receptor, especialmente cuando el órgano provenía de una donación después de muerte circulatoria.
Entre los pacientes de 75 años, por ejemplo, la supervivencia estimada a cinco años después de recibir un órgano de criterios ampliados procedente de una donación después de muerte circulatoria fue del 59 %, con un intervalo de confianza del 51 % al 66 %. Entre quienes continuaron en diálisis, la supervivencia estimada fue del 55 %.
La diferencia no fue estadísticamente significativa en este grupo. El análisis estimó un hazard ratio de 0,97, con un intervalo de confianza del 95 % entre 0,70 y 1,33, lo que indica una considerable incertidumbre sobre la magnitud del beneficio para estos pacientes de mayor edad.
Además, en ese mismo grupo se observó un riesgo de mortalidad temprana durante el periodo posterior al trasplante aproximadamente tres veces mayor que entre quienes continuaron en diálisis. Los investigadores señalan que este resultado debe interpretarse junto con los posibles beneficios posteriores del procedimiento.
El tipo de donante cambia la estimación de supervivencia
El estudio diferencia los órganos de criterios estándar de aquellos clasificados como de criterios ampliados, categoría que incorpora características del donante relacionadas con una mayor probabilidad de pérdida del injerto a largo plazo. Esta distinción adquiere relevancia ante la necesidad de ampliar el número de órganos disponibles para trasplante.
Los resultados no plantean que los órganos de criterios ampliados deban descartarse. Por el contrario, muestran que su beneficio no puede interpretarse de la misma manera para todos los pacientes y que la edad del receptor debe analizarse junto con las características del órgano y el riesgo de permanecer en diálisis.
Los investigadores encontraron que:
- Los riñones de donantes con criterios estándar mantuvieron una ventaja de supervivencia frente a la diálisis en los diferentes grupos de edad.
- La ventaja asociada con donantes de criterios ampliados se redujo conforme aumentaba la edad.
- La incertidumbre fue mayor entre los pacientes de edad más avanzada.
- La menor ventaja se observó principalmente al combinar edad avanzada y órganos de criterios ampliados obtenidos después de muerte circulatoria.
Decidir entre aceptar un órgano o continuar en lista de espera
Los resultados aportan información para una de las decisiones que enfrentan los programas de trasplante: determinar el balance entre aceptar un órgano disponible y continuar esperando mientras el paciente permanece en diálisis. En esa evaluación intervienen factores como las características clínicas del receptor, su edad, las condiciones del órgano disponible y el riesgo asociado con prolongar el tiempo de espera. El estudio también encontró que el patrón observado entre los pacientes de 75 años se mantuvo independientemente de la presencia de diabetes o enfermedad cardiovascular.
Los autores señalan que los resultados pueden contribuir a una toma de decisiones más individualizada y a una comunicación más precisa del beneficio esperado antes del trasplante, especialmente en los pacientes de mayor edad que reciben una oferta de un órgano con criterios ampliados.
El trasplante renal concentra la mayor lista de espera en Colombia
El hallazgo internacional resulta relevante en un escenario en el que la disponibilidad de riñones continúa siendo limitada. En Colombia, el balance del Instituto Nacional de Salud correspondiente a 2025 registró 1.361 trasplantes de órganos, de los cuales 879 fueron renales.
Al mismo tiempo, de las 4.123 personas que permanecían en lista de espera para un órgano, 3.825 requerían un riñón. La información publicada previamente por CONSULTORSALUD sobre la lista de espera y la actividad de trasplantes en Colombia muestra que el riñón continúa concentrando ampliamente la mayor demanda dentro de la red nacional.
Los resultados publicados en The BMJ corresponden a sistemas europeos de trasplante, por lo que no permiten trasladar directamente sus estimaciones al contexto colombiano. Los tiempos de espera, criterios de asignación, disponibilidad de órganos y características de los receptores pueden variar entre países.
¿Qué limita los resultados del estudio?
Aunque la metodología empleada busca reducir varios de los sesgos habituales de los estudios observacionales, la investigación no corresponde a un ensayo clínico aleatorizado. Por tanto, pueden persistir diferencias entre los grupos que no hayan sido completamente controladas mediante los modelos estadísticos.
Los autores también advierten que existe mayor incertidumbre en las estimaciones correspondientes a los pacientes de mayor edad. Por esta razón, los resultados no establecen una edad a partir de la cual el trasplante renal deje de ser beneficioso ni plantean que la edad por sí sola deba determinar el acceso al procedimiento.
El estudio amplía la evidencia sobre una cuestión más específica que la comparación general entre trasplante y diálisis: cuánto cambia el beneficio esperado cuando se consideran simultáneamente la edad del receptor y las características del riñón disponible. Los resultados muestran una ventaja consistente con órganos de criterios estándar, mientras que con algunos órganos de criterios ampliados esa diferencia se hace menor y más incierta en los pacientes de mayor edad.


