La rehabilitación cardíaca basada en ejercicio volvió a mostrar beneficios clínicos relevantes en personas con enfermedad coronaria. Una actualización de la revisión sistemática de Cochrane, encontró que estos programas reducen los infartos de miocardio, probablemente disminuyen las hospitalizaciones y pueden producir una reducción pequeña en la mortalidad, además de mejorar la calidad de vida.
La revisión reunió 107 ensayos clínicos aleatorizados con 26.886 adultos, incluidos 22 estudios nuevos que aportaron 3.456 participantes adicionales. La mayoría había sufrido previamente un infarto o había pasado por procedimientos de revascularización, mientras que las edades promedio de los participantes oscilaron entre 47 y 81 años.
El análisis comparó programas estructurados de ejercicio, solos o combinados con educación y apoyo psicosocial, frente a la atención habitual sin ejercicio estructurado. Los investigadores evaluaron mortalidad, infarto, nuevas intervenciones coronarias, hospitalizaciones, calidad de vida y costo-efectividad, con seguimientos de seis meses en adelante.
Menos infartos y hospitalizaciones en los primeros 12 meses
Uno de los resultados más consistentes apareció en la prevención de nuevos infartos. Entre los seis y doce meses de seguimiento, la rehabilitación basada en ejercicio redujo el riesgo de infarto en aproximadamente 28 % frente al grupo sin ejercicio estructurado, con evidencia considerada de alta certeza. La estimación equivale a prevenir un infarto por cada 71 personas que participan en este tipo de programas.
También se observó una reducción importante en las hospitalizaciones por cualquier causa. En 21 ensayos con 3.868 participantes, el riesgo relativo fue de 0,65, lo que representa una reducción relativa cercana al 35 %. De acuerdo con la estimación de Cochrane, por cada 17 pacientes que participan en rehabilitación cardíaca basada en ejercicio podría evitarse una hospitalización.
Entre los principales resultados a corto plazo se encuentran:
- Infarto de miocardio: RR 0,72; evidencia de alta certeza.
- Hospitalización por cualquier causa: RR 0,65; evidencia de certeza moderada.
- Mortalidad por cualquier causa: RR 0,86; evidencia de certeza moderada.
- Mortalidad cardiovascular: RR 0,87, aunque el intervalo de confianza incluyó la posibilidad de ausencia de efecto.
- Hospitalización cardiovascular: persiste incertidumbre debido a la baja certeza y a la heterogeneidad entre estudios.
En mortalidad general, 30 ensayos con 10.391 participantes mostraron una reducción probable, aunque de menor magnitud que la observada para infartos y hospitalizaciones. Los autores estimaron que sería necesario tratar a 125 personas mediante rehabilitación cardíaca basada en ejercicio para prevenir una muerte por cualquier causa durante el periodo analizado.
Calidad de vida también mostró mejorías
Los beneficios no se limitaron a eventos cardiovasculares. Las personas que participaron en programas de ejercicio mostraron mejoras clínicamente relevantes en diferentes dimensiones de la calidad de vida relacionada con la salud, incluidas función física, salud general, vitalidad, funcionamiento social y componentes relacionados con el bienestar físico y mental.
Ocho evaluaciones económicas incluidas en la revisión concluyeron además que la rehabilitación cardíaca basada en ejercicio fue costo-efectiva en términos de años de vida ajustados por calidad. Este hallazgo incorpora una dimensión adicional para los sistemas de salud, especialmente en contextos donde el acceso a estos programas continúa siendo limitado.
La rehabilitación evaluada no se restringió a programas hospitalarios tradicionales. De los 107 estudios, 27 analizaron intervenciones realizadas en el domicilio, y algunos utilizaron aplicaciones móviles o herramientas digitales para acompañar el ejercicio y el seguimiento de los pacientes.
No disminuyó claramente la necesidad de nuevas intervenciones coronarias
La revisión no encontró diferencias relevantes en todos los desenlaces. En el caso de la cirugía de revascularización coronaria, los resultados mostraron prácticamente el mismo riesgo entre quienes realizaron rehabilitación cardíaca y quienes permanecieron en el grupo de comparación. Para intervenciones coronarias percutáneas, como angioplastia y colocación de stents, tampoco se identificó una reducción clara.
Este resultado indica que la rehabilitación cardíaca puede reducir determinados eventos clínicos sin necesariamente modificar la necesidad posterior de procedimientos de revascularización. Los autores diferenciaron estos desenlaces y evitaron asumir que una mejoría en infartos, hospitalizaciones o calidad de vida implica automáticamente una reducción en todas las intervenciones coronarias.
En el seguimiento superior a 12 meses, la rehabilitación basada en ejercicio también se asoció con una reducción de la mortalidad cardiovascular y de nuevos infartos. No obstante, los investigadores advierten que existe mayor incertidumbre en algunos resultados a largo plazo y que una parte de los ensayos incluidos corresponde a etapas anteriores del tratamiento cardiovascular moderno.
Mujeres siguen estando subrepresentadas en los estudios
Aunque el 78 % de los ensayos incluyó mujeres, estas representaron únicamente 17 % de los participantes. La revisión señala que los estudios más recientes han mejorado su inclusión, pero la evidencia continúa dominada por hombres de mediana edad y bajo riesgo que habían sufrido un infarto o habían sido sometidos a revascularización.
Persisten además otras limitaciones en la representatividad de la evidencia:
- Las mujeres continúan estando insuficientemente representadas.
- Existen pocos datos sobre grupos étnicos y poblaciones no blancas.
- Los adultos mayores y pacientes con condiciones más complejas siguen teniendo menor representación.
- Parte de la evidencia proviene de estudios realizados antes de la adopción generalizada de las terapias cardiovasculares actuales.
La actualización incorporó, sin embargo, una mayor presencia de países de ingresos bajos y medios. En total, 26 ensayos se realizaron en estos contextos, 11 de ellos incorporados en esta nueva versión, lo que mejora la aplicabilidad de los hallazgos más allá de los sistemas sanitarios de altos ingresos.
Modelos domiciliarios y digitales podrían ampliar el acceso
Los autores consideran que la evidencia respalda la provisión rutinaria de rehabilitación cardíaca basada en ejercicio para personas con enfermedad coronaria. También señalan que los programas domiciliarios, híbridos y apoyados digitalmente ofrecen alternativas para ampliar el acceso, especialmente entre pacientes que enfrentan barreras para acudir regularmente a centros especializados.
La participación continúa siendo uno de los principales desafíos. La revisión destaca la necesidad de mejorar la derivación de pacientes, la aceptación de los programas y la adherencia, con especial énfasis en mujeres y otros grupos históricamente subrepresentados. Los autores también piden nuevos estudios con poblaciones más diversas y con mayor seguimiento de resultados clínicos a largo plazo.
La actualización consolida así una evidencia que ya venía desarrollándose durante las últimas décadas: el ejercicio estructurado como parte de la rehabilitación cardíaca no solo mejora el bienestar de las personas con enfermedad coronaria, sino que puede traducirse en menos infartos y menos hospitalizaciones. El desafío para los sistemas sanitarios pasa ahora por garantizar que estos programas puedan llegar a una población más amplia y diversa.

