La menopausia está asociada con cambios fisiológicos que van mucho más allá del fin de la menstruación. Una investigación publicada en la revista científica Nature Medicine identificó modificaciones en la salud ósea, el metabolismo, el funcionamiento del hígado y otros sistemas del organismo, mientras que determinadas variaciones hormonales pueden comenzar más de una década antes del último periodo menstrual.
El estudio publicado en Nature Medicine, realizado por investigadores del Instituto Weizmann de Ciencias, en Israel, analizó más de 300 millones de pruebas de laboratorio procedentes de dos grandes poblaciones de Estados Unidos e Israel. Los resultados mostraron cambios estadísticamente significativos en 52 de los 90 parámetros analizados, lo que aporta nuevas evidencias sobre la dimensión sistémica de la menopausia y sus posibles implicaciones para la atención de la salud femenina.
Los cambios de la menopausia involucran diferentes sistemas del organismo
La menopausia natural se confirma después de 12 meses consecutivos sin menstruación, siempre que no exista otra causa que explique su ausencia. Aunque suele presentarse entre los 45 y los 55 años, la transición biológica que la precede puede extenderse durante varios años y afectar distintos aspectos de la salud.
La nueva investigación identificó que numerosos parámetros fisiológicos presentan modificaciones relativamente abruptas alrededor de la última menstruación. Los autores describieron este fenómeno como un «precipicio fisiológico», una expresión que hace referencia a cambios en las trayectorias de los indicadores biológicos, en contraste con la idea de que todas las transformaciones ocurren de manera gradual.
Entre los sistemas con cambios más destacados se encontraron el metabolismo óseo, la función hepática, el procesamiento de los lípidos y la regulación de la concentración de sustancias disueltas en la sangre. También se observaron variaciones en determinados indicadores sanguíneos y hormonales. Estas modificaciones no implican que todas las mujeres experimenten un deterioro repentino de su salud. Los resultados describen patrones estadísticos poblacionales cuya intensidad y expresión clínica pueden variar entre personas.
Los cambios hormonales pueden comenzar hasta 15 años antes de la menopausia
Uno de los principales hallazgos fue la identificación de variaciones hormonales que comienzan mucho antes de la última menstruación, lo que amplía la comprensión de la cronología biológica de esta etapa.
Los investigadores reconstruyeron las trayectorias de tres hormonas relacionadas con la función reproductiva femenina y encontraron diferencias en el momento en que sus concentraciones comenzaron a modificarse de manera acelerada:
- Hormona antimülleriana (AMH): presentó una aceleración de su descenso aproximadamente 15 años antes de la menopausia.
- Hormona foliculoestimulante (FSH): comenzó a aumentar de manera acelerada alrededor de 14 años antes de la última menstruación.
- Estradiol (E2): mostró una aceleración de su disminución aproximadamente 12 años antes de ese momento.
Estos hallazgos no significan que los síntomas de la menopausia aparezcan necesariamente con 12 o 15 años de anticipación. Las variaciones corresponden a patrones hormonales estimados en grandes poblaciones y no permiten predecir cuándo tendrá lugar la menopausia en una mujer determinada. La distinción resulta importante porque los cambios biológicos tempranos no equivalen necesariamente al inicio de la perimenopausia clínica, que suele reconocerse por modificaciones en los ciclos menstruales y otros síntomas.
Salud ósea, colesterol y riesgo cardiovascular durante la menopausia
Las modificaciones hormonales asociadas con la menopausia tienen repercusiones sobre sistemas que dependen, en diferente medida, de la actividad de los estrógenos. Entre ellos se encuentran los huesos, el hígado y los mecanismos que intervienen en la regulación de las grasas sanguíneas.
En el análisis de Nature Medicine, los indicadores de densidad mineral ósea presentaron cambios importantes alrededor de la última menstruación. Los investigadores también observaron que la frecuencia de osteoporosis aumentaba más rápidamente después de la menopausia, en comparación con las trayectorias registradas en hombres de edades similares.
En el ámbito metabólico, se identificaron modificaciones en parámetros relacionados con el colesterol, las lipoproteínas y la función hepática. Estos resultados son relevantes porque el hígado participa en el procesamiento de los lípidos y en diferentes mecanismos asociados con la salud cardiovascular.
El estudio encontró, además, una aceleración en las trayectorias poblacionales de eventos como el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular después de la menopausia. Sin embargo, debido al carácter observacional de la investigación, estos resultados no establecen que los cambios hormonales sean la única causa de ese incremento.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que la disminución de los estrógenos durante esta etapa puede modificar la composición corporal, contribuir a la pérdida de densidad ósea y afectar el riesgo cardiovascular. La magnitud de estas consecuencias depende también de factores individuales y antecedentes de salud.
El sueño y el estado de ánimo también presentan variaciones durante la transición
Además de los indicadores metabólicos y óseos, los investigadores analizaron información sobre dificultades para dormir y síntomas relacionados con la salud mental.
Los resultados mostraron un aumento transitorio en las puntuaciones de síntomas depresivos alrededor de la última menstruación, así como variaciones en la frecuencia de dificultades para conciliar el sueño y descanso insuficiente. En promedio, algunos de estos indicadores tendieron posteriormente hacia trayectorias de cambio más lentas.
No obstante, el estudio no establece que todas las mujeres desarrollen depresión o trastornos del sueño durante la menopausia. La experiencia clínica es heterogénea y puede estar influida por antecedentes personales, condiciones de salud y factores sociales.
El interés científico por los efectos de esta transición también se extiende a la salud cerebral. En una investigación diferente, previamente reseñada por CONSULTORSALUD sobre menopausia y cambios asociados con el riesgo de Alzheimer, se examinaron modificaciones moleculares relacionadas con esta etapa de la vida femenina.
Más de 300 millones de pruebas permitieron reconstruir la transición menopáusica
Para desarrollar el estudio, el equipo utilizó información de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NHANES), correspondiente al periodo 1999-2022, y registros de la organización sanitaria israelí Clalit, recopilados entre 2004 y 2024.
La investigación incluyó datos de más de un millón de mujeres y aplicó un procedimiento matemático denominado deconvolución. Este permitió estimar cómo evolucionan diferentes indicadores biológicos en relación con el momento de la última menstruación, incluso cuando esa fecha no estaba disponible individualmente en todos los registros.
La comparación entre ambas poblaciones mostró una elevada concordancia en la magnitud de los cambios fisiológicos, con una correlación de 0,89 entre los resultados de los dos conjuntos de datos. Pese a su amplitud, la investigación presenta limitaciones. El análisis se basó principalmente en información retrospectiva y transversal, por lo que no equivale al seguimiento continuo de las mismas mujeres durante toda la transición. Además, algunos datos sobre la menopausia procedían de declaraciones de las participantes.
En consecuencia, los hallazgos permiten describir trayectorias biológicas poblacionales, pero no constituyen una prueba diagnóstica individual ni demuestran por sí mismos relaciones causales entre la menopausia y las enfermedades examinadas.
¿Qué reveló el estudio sobre la terapia hormonal durante la menopausia?
La investigación también examinó las diferencias entre mujeres que recibían terapia hormonal para la menopausia y aquellas que no utilizaban este tratamiento. Los resultados mostraron que diversos cambios fisiológicos eran menos pronunciados entre las participantes que recibían terapia hormonal. Las diferencias se observaron especialmente en indicadores relacionados con la salud ósea, el funcionamiento hepático y determinados parámetros renales.
En conjunto, 39 de los 80 parámetros evaluados en esta comparación mostraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos. No obstante, algunos indicadores, como la proteína C reactiva, asociada con procesos inflamatorios, no siguieron el mismo patrón de atenuación.
Los investigadores advirtieron que las características de las mujeres que acceden a terapia hormonal pueden diferir de las de quienes no la reciben, incluso después de realizar ajustes estadísticos. Por ello, los resultados no permiten concluir que el tratamiento prevenga todas las modificaciones fisiológicas identificadas ni justifican su indicación generalizada.
La elección de intervenciones hormonales o no hormonales debe basarse en una evaluación clínica individual, considerando los síntomas, antecedentes, riesgos y preferencias de cada mujer.
¿Qué implican estos hallazgos para el cuidado de la salud femenina?
Los resultados amplían la comprensión de la menopausia como una transición que involucra diferentes sistemas del organismo y cuyos cambios biológicos pueden comenzar antes de que aparezcan manifestaciones clínicas evidentes.
Esta perspectiva refuerza la importancia de abordar la salud femenina durante la mediana edad de manera integral, considerando no solamente los síntomas ginecológicos, sino también la salud ósea, cardiovascular, metabólica y emocional.
Aunque la investigación no establece nuevos protocolos de tamizaje ni recomienda realizar pruebas hormonales sistemáticas con años de anticipación, sus resultados aportan una base científica para continuar estudiando la detección de cambios fisiológicos y las oportunidades de prevención.
El estudio plantea así una línea de investigación relevante para la medicina de la mujer: comprender cómo evoluciona el organismo antes, durante y después de la última menstruación, con el propósito de generar evidencia que permita orientar una atención clínica más individualizada a lo largo de esta transición.


