Nuevas Pandemias: crisis sanitaria y medioambiental
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Las Nuevas Pandemias: De la crisis medioambiental a la crisis sanitaria

Análisis de la Dra. Carolina Corcho sobre el impacto de las nuevas pandemias, la crisis sanitaria y medioambiental en el mundo.

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Las Nuevas Pandemias De la crisis medioambiental a la crisis sanitaria

Recientemente la comunidad científica ha documentado que se ha descubierto un nuevo virus que se estaría reproduciendo en los cerdos y pueden saltar a los seres humanos, con la posibilidad de generar nuevas pandemias, como es nuevo, las personas podrían tener poca o menos inmunidad frente a este virus. El estudio fue publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

El virus es un descendiente de la cepa que generó la pandemia por el H1N1 en el año 2009 que causó la muerte de entre 150 mil y 500 mil personas en todo el mundo, el núcleo del virus causa  la influenza aviar, al que los seres humanos no tienen inmunidad. Los investigadores encontraron 179 virus de influenza porcina, pero este es el que representa una preocupación por su potencialidad de pasar a los humanos.

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Esta sería la continuidad de una serie de pandemias que se han presentado en la época contemporánea, en el 2003 se presentó el SARS COV que es una especie de coronavirus que generó 780 decesos en el mundo, luego tuvo lugar el MERS COV2, una epidemia que afectó a 27 países el mundo y que tuvo como epicentro Arabia Saudita. La característica de estas epidemias es que se denominan zoonosis porque se desarrollan en animales y pasan al ser humano. En el siglo XX trajo consigo este tipo de enfermedades, siendo la más conocida el VIH /SIDA, que junto la peste negra y la fiebre española han sido las epidemias que más vidas han cobrado.

Lo que está quedando claro, es que se ha desvirtuado la teoría conspirativa del origen del Covid19, que señalaba que este se había producido como un arma biológica, de ataque de China contra EEUU, postura aupada por el Presidente Donald Trump, que logra considero, ha puesto en jaque las dos economías. Los centros de pensamiento científicos cada vez apuntan al origen de estos virus zoonóticos, en la economía extractiva y depredadora del medio ambiente dada por la agroindustria.

En ese sentido, las zoonosis estarían estrechamente vinculadas con el consumo de los animales, alimentación que se produce de manera intensiva en una industria pecuaria que apela al uso de antibióticos y tratamientos hormonales para mantener condiciones biológicas asépticas de los animales hasta que llegan al matadero. La Organización Mundial de la Salud se ha manifestado respecto al uso de antibióticos de manera indiscriminada por parte de esta industria, dado que esto ha sido en gran parte la responsable del desarrollo de mecanismos de resistencia antibacteriana, lo que significa que las bacterias aprenden a eludir los mecanismos de acción de los antibióticos, y estos se vuelven obsoletos para el tratamiento de enfermedades ocasionadas por estos.

Nuevas pandemias

De otro lado, la FAO ha manifestado desde el 2009 en su informe “la larga sombra del ganado”, que esta actividad ha tenido un gran impacto en el agua, la fauna y la biodiversidad, ocupando un 30% de la tierra libre de hielo, siendo una de las principales fuentes de contaminación ambiental y de emisión de gases de efecto invernadero, por lo que le atribuyen el 70% de la contaminación del planeta. Esta crisis medio ambiental tiene efectos directos sobre la salud humana, porque posibilita una exposición del ser humano a las enfermedades generadas en el contexto de la crisis climática como el dengue y la malaria.

En ese contexto, varios virólogos han señalado que hay una relación entre la producción cárnica intensiva y la generación de las pandemias, esta se da por tres vías, por un lado, esta industria es generadora de emisión de gases de efecto invernadero que contribuyen a la crisis climática con su calentamiento, por el otro esta industria cambia las condiciones ecosistémicas de la fauna y la flora silvestre con el uso de agrotóxicos, en un tercer momento, como se ha dicho esta apela a un uso indiscriminado de antibióticos y antivirales, estas condiciones han posibilitado condiciones de reproducción y mutación de los virus, que en la ruptura del equilibrio de la naturaleza han alcanzado un nivel de mutación que afecta a los seres humanos.

En ese sentido, cabe decir, que el enemigo no es el virus, sino el modelo económico agroindustrial y medio ambiental que ha generado las condiciones para que estos se produzcan y se reproduzcan, sino se intervienen estas condiciones, lo más seguro, como lo está señalando la comunidad científica en este momento, es que sobrevengan otras pandemias, lo que obligará a que la vida humana, tal y como la conocemos en sus formas relacionales hasta ahora tenga que cambiar. Se debe tener en cuenta que esta industria, que es de carácter monopólico y no redistributivo de la riqueza, solo responde por el 30% de la alimentación de la humanidad, el otro 70% esta soportado por la pequeña granja y la agricultura de la pequeña familia campesina quienes son los que sostienen la mayoría de la soberanía alimentaria en el mundo.

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No obstante, conocida esta realidad, en países como Colombia, la industria de la caña de azúcar, que ha sido identificada como una forma de cultivo que causa deforestación, agotamiento de los acuíferos del Valle del Cauca, algunos de sus productos se utilizan para la combustión de gasolina, que es una energía fósil asociada con la crisis climática y el calentamiento global, recibe subsidio por parte del estado hasta por un billón doscientos mil de pesos al año, en una industria poco redistributiva que favorece solo a 5% familias. En el otro lado se encuentra la agricultura del café, de la que viven un millón ochocientos mil familias, lo que equivale a 5 millones setecientos mil colombianos, que son el 14% de la población de este país, no reciben estos subsidios y tienen que apelar de manera permanente a protestas frente a los gobiernos colombianos para acceder a subsidios para mantener los cultivos. Este tipo de desequilibrios se presentan en el mundo entero, aún cuando la comunidad científica ha alertado que este tipo de economías agroindustriales son depredadoras del medio ambiente.

La pandemia del coronavirus no es la causa de la crisis, es la consecuencia de una crisis del modelo económico, ecológico y civilizatorio, que se expresa en una crisis sanitaria que puso en jaque la vida de la humanidad. Leonardo Boff en sus disertaciones sobre el problema de la crisis climática que inspiró la encíclica del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común, ha dicho que la Madre Tierra se defiende cuando se siente atacada, para ello se sacude con maremotos, terremotos, y con pandemias, no es un castigo, es una reacción natural ante las agresiones proferidas por la especie humana, esta reflexión es compartida por el movimiento medio ambiental en el mundo y los indígenas, que han advertido esta situación durante años.

Dice Boff que los seres humanos podemos llegar a tener conciencia del modelo civilizatorio que ha adoptado, de consumo irracional de los recursos naturales que son limitados, que puede llevar a un colapso ecológico y social, por la vía de la autorregulación y la toma de decisiones de carácter planetario que detengan la depredación, o por la vía de la tragedia, cuando el ser humano enfrentado a la posibilidad de su propia muerte adquiera conciencia de su fragilidad y por esa vía decida cambiar. Esta es uno de los escenarios que nos presenta el coronavirus, la posibilidad de que se genera una nueva conciencia ciudadana en el cuidado de la vida.

Por lo pronto, es menester avanzar en la comprensión de la relación entre crisis climática y crisis sanitaria, comprender las causas de las tragedias, es el primer paso para generar alternativas de cambio y una perspectiva de futuro, de lo contrario continuaremos transitando con los ojos vendados hacia la disolución de nuestra especie.

Los cambios para evitar que surjan las nuevas pandemias requerirá una nueva gobernanza planetaria que emprenda unas acciones para detener la crisis climática, unas decisiones agroeconómicas para fortalecer la soberanía alimentaria y a quienes responden por ella, que es el campesinado, una nueva salud pública que integre diversos saberes para la comprensión de las realidades del proceso salud enfermedad, y logre superponerse a la cooptación de los intereses corporativos de la industria farmacéutica y otros, que direccionan la investigación científica hacia tecnologías y tratamientos que generan lucro, en menoscabo de que la ciencia se ponga al servicio de la humanidad. Son estos los retos que nos permite vislumbrar la pandemia del coronavirus.

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Reflexiones sobre el nihilismo médico – Parte 1

Compartimos esta columna del Dr. Luis Eduardo Pino en la que reflexiona sobre el accionar del médico, la confiabilidad en la evidencia, entre otros.

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Reflexiones sobre el nihilismo médico - Parte 1

“Al final, el hombre se atreve a una crítica de los valores en general; no reconoce su origen; conoce bastante como para no creer más en ningún valor; he aquí el pathos, el nuevo escalofrío…la que cuento es la historia de los siguientes dos siglos” Nietzche, 1888: XIII: 56 – 57

“La medicina ha progresado tanto que ya no queda casi nadie sano en el mundo” . Aldous Huxley

El mundo, especialmente el pandémico se ha acostumbrado a vivir en incertidumbre. Esa atmósfera es la misma en que usualmente vivimos los médicos, algunos sin saberlo siquiera.

Los resultados clínicos de la medicina antigua, pocas veces escritos, distan mucho sin duda de los logros alcanzados por la medicina moderna. El más publicitado de todos es el increíble aumento en la expectativa de vida logrado en el último siglo, desenlace vinculado especialmente a los desarrollos de la medicina. Hipócrates, Ibn Sina o Galeno jamás imaginaron conocer personas mayores a cien años con buenas condiciones de salud. Falta mucho sin duda, pero está bien persistir en la defensa de lo imperfecto.

En el año 2005 el médico John Ioaniddis publicó en la revista Plos Medicine su icónico artículo “Why Most Published Research Findings Are False” (doi:10.1371/journal.pmed.0020124), un clásico de la metaciencia que puso en tela de juicio muchos de los hallazgos de investigación médica que posteriormente se convertían en estándares de tratamiento. Después de él, varios autores médicos han incursionado en este mismo terreno, con una visión más epidemiológica que metacientífica: Spence (2014), Goldcrage y Heneghan (2015), Cifu y Prasad (2015) y Stegenga (2018).

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Con algunas diferencias teóricas y metodológicas en general estos autores centran sus conceptos en la limitada evidencia que guía a muchas de las decisiones médicas y que por tanto pueden generar ineficiencias y desperdicios técnicos con alto impacto para los servicios de salud. Stegenga de hecho es quien acuña el término de nihilismo médico como la postura de desconfianza ante la eficacia de las intervenciones médicas como un todo. Como era de esperarse el concepto ha generado controversias de todo tipo, incluyendo también a muchos defensores de dicha teoría.

En campos específicos como oncología, Vinay Prasad publicó recientemente el libro “Malignant, how bad policy and bad evidence harm”. El autor trata temas como ineficiencias clínicas, beneficios marginales de diferentes intervenciones médicas y los múltiples conflictos de interés del mundo del cáncer. Coincido con el en muchos conceptos, pero difiero en otros tantos.

Como hemos visto, un eje central de esta postura se refiere a una palabra que personalmente detesto, la evidencia. Es claro que la famosa medicina basada en la evidencia (MBE) pretendía ser un método, más enfocado en la educación médica que en la toma de decisiones en la vida real. Con esta deformación de un método los médicos perdimos gradualmente la humildad que trae la falibilidad y la incertidumbre.

Considerar a la evidencia como algo cercano a la verdad es pretencioso e irreal debido a la subjetividad propia del observador y a la inexactitud de los instrumentos con que medimos y analizamos. Se ha visto tan insuficiente la MBE que algunos ya hablan de una MBE plus, la cual pretende involucrar una visión holística desde la biología y las ciencias sociales para estudiar las enfermedades desde sus mecanismos más profundos.

Dado que los extremos como siempre son perjudiciales, la aparición de una postura nihilista en medicina puede generar turbulentas corrientes de desconfianza y desesperación entre quienes son los ejecutores y los receptores de las intervenciones médicas, pero también en los sistemas de salud y en los aseguradores que pagan por las mismas.

Tengo claridad respecto a que la medicina es una ciencia de incertidumbre y que la conciliación técnica de las demandas y necesidades en salud puede ser tan amplia como bueno sea el profesional, que además generamos ineficiencias y desperdicios abundantes bajo el escudo de los principios éticos, pero de ahí a que el nihilismo sea la teoría de la medicina del siglo XXI hay mucho trecho. Como bien lo escribe Upshur y Goldenberg (2020) debemos reconectar la teoría de los hechos y el valor en medicina. Eso es lo que intentaré en la segunda parte de este escrito.

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¿Hasta cuándo la tortura innecesaria de los UNIRS?

“Es hora de desechar los trámites superfluos para los UNIRS de medicamentos de uso rutinario, y con indicación no controvertida, en oncología”

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¿Hasta cuándo la tortura innecesaria de los UNIRS

Es hora de desechar los trámites superfluos para los UNIRS de medicamentos de uso rutinario, y con indicación no controvertida, en oncología.

Es hora de quitar la tramitología inútil que hay detrás de la prescripción de algunos medicamentos oncológicos con indicación clara, así dicha indicación no esté especificada en el registro sanitario.

Contexto

En la era del POS (Plan Obligatorio de Salud), existía un listado de medicamentos que se podía utilizar, sin dar explicaciones. Allí se incluían todos esos medicamentos de tecnología antigua, y barata. Se incluían allí citostáticos como cisplatino, carboplatino, y paclitaxel que obtuvieron sus registros INVIMA con algunas indicaciones específicas, pero se podían utilizar con toda libertad en otras indicaciones dentro de la oncología. Al perder la patente, la marca original (el innovador) sale del mercado colombiano, al ser expulsada por genéricos y copias. Los nuevos distribuidores no tienen ningún interés en complicarse con la actualización de los registros sanitarios, y el registro sanitario no se actualiza para incluir las nuevas indicaciones a medida que se obtenía la evidencia pertinente.

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Poco a poco, las cosas fueron evolucionando, y hoy el uso de un medicamento en una indicación debe estar sustentado en su registro sanitario. Pero, como se acaba de explicar, muchos de estos medicamentos no tienen “doliente”. Para efectos prácticos, esos medicamentos quedan con el registro sanitario con las indicaciones iniciales, sin las expansiones a otras indicaciones que poco a poco fueron encontradas en diferentes estudios clínicos. Llegó un momento crítico, hace algún tiempo, en que las patologías comunes en oncología no podían recibir sino medicamentos innovadores – esos sí, con registros sanitarios actualizados – pero no muchos de los medicamentos también eficaces que no tenían la actualización de la indicación en su registro sanitario. Para dar una resolución al problema, se crearon las indicaciones UNIRS.

Es decir, una estrategia para poder utilizar medicamentos en oncología, con indicación médica, pese a no contar con el registro sanitario. Mediante esta estrategia, cada instancia de uso requiere de presentación en la junta multidisciplinaria, para que después se pueda generar el trámite necesario para obtener la autorización. La verdad, esta solución ha sido de gran ayuda, a través del tiempo. Sin embargo, creo que es el momento de ir un paso adelante. La presentación en la junta multidisciplinaria es un formalismo, pues nunca se va a considerar no pertinente, porque precisamente – ese es el punto – el uso de estos medicamentos es pertinente desde el punto de vista médico, mas no en el papel. Es una pseudo-presentación en la junta, que la envilece. Nuestro tiempo no debe ser dilapidado en tramitología inútil. Voy a tratar de dar una idea cuantitativa, antes de hacer una propuesta específica.

Propuesta

En la casuística de la institución donde yo laboro, de 100 casos presentados para autorización de algo que todos sabemos que está indicado, sólo para satisfacer el trámite, nos encontramos que 43 incluyen paclitaxel (esófago, estómago, cérvix, endometrio); 23, oxaliplatino (estómago, vesícula, vía biliar); 18, gemcitabina (vesícula, vía biliar); 11, cisplatino (esófago, estómago, vesícula, vía biliar); 8, capecitabina (vesícula y vía biliar); y 6, carboplatino (esófago, endometrio). Es decir, 6 medicamentos con múltiples indicaciones – santificadas por la evidencia – constituyen el 99% de las presentaciones innecesarias a la junta, para satisfacer un requisito de papel.

Esa tramitología debe ser eliminada, pues no cumple ninguna función, y si genera desgaste administrativo. Ahora mi propuesta específica: propongo que se permita el uso liberal en oncología, basado en la evidencia, de las siguientes drogas: paclitaxel, oxaliplatino, gemcitabina, cisplatino, capecitabina, y carboplatino. Y que el uso de estas no requiera de la presentación en junta multidisciplinaria, aún en instancias en las que su uso no esté amparado por su registro sanitario. Me imagino que hay retos de papel que hay que sortear para que una solicitud puntual, simple, como esta no se pueda satisfacer. Pero no debemos permitir que el papel le gane a la ciencia. ¿O sí?

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Sistemas de Apoyo al Razonamiento Clínico desde la IA (Contexto Local)

Los sistemas de apoyo a la decisión clínica (SADC) son sistemas de conocimiento activo que usan uno o más conjuntos de datos de pacientes para generar recomendaciones médicas.

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Sistemas de Apoyo al Razonamiento Clínico desde la IA (Contexto Local)

Los sistemas de apoyo a la decisión clínica (SADC) son sistemas de conocimiento activo que usan uno o más conjuntos de datos de pacientes para generar recomendaciones médicas. Los SADC son de varios tipos, desde alarmas o recordatorios para monitorización, puntos automáticos de énfasis en guías de práctica clínica, identificadores de interacciones farmacológicas o generadores de recomendaciones diagnósticas y/o terapéuticas.

Su arquitectura involucra procesos de inteligencia artificial (IA), la cual puede estar basada en el conocimiento o el “estado del arte” o ser guiada por datos.  En el primer caso los datos con los cuales se “entrena” el sistema son en cierta forma rígidos y depurados, una guía de práctica clínica, por ejemplo, en la cual de acuerdo con las características definidas de un paciente y su enfermedad se genera una recomendación lineal y paramétrica.

En el segundo caso el sistema se “entrena” desde una serie de datos (idealmente depurados) a través de un aprendizaje supervisado que permite educar al sistema respecto a las probabilidades de mejores desenlaces con una u otra decisión clínica. Este último requiere un nivel de diseño mucho más exigente, pero obviamente más difícil de validar y por tanto menos confiable en muchos escenarios para los potenciales usuarios clínicos.

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A su vez, los SADC pueden tener capacidades adicionales como predicción de desenlaces de un tratamiento específico, interpretación y análisis de imágenes, prescripción, tamizaje etc. Para ello se requiere una robustez importante de los sets de entrenamiento para que el “razonamiento” tenga exactitud adecuada que permita una comparación de patrones.

Dado que este tipo de desarrollos aún está en implementación, existen varios riesgos asociados al uso de estos sistemas en la práctica clínica:

a. Relacionados con la “datadificación” de la información médica

b. La transferencia del control de los humanos a las máquinas

c. La pérdida del elemento humano

d. Las transformaciones derivadas de su uso con respecto al patrón laboral

Es importante por lo tanto considerar que estos sistemas deben implementarse en forma híbrida y como se tratará posteriormente considerar esto sistemas como apoyo al razonamiento mas que a la decisión clínica y por eso los llamaremos SARC.

A su vez, hay varias preguntas a resolver para la adecuada implementación de los sistemas de apoyo a la decisión clínica basados en computador según Greenes (2018) son:

  1. Cómo se integran estos sistemas en el flujo clínico y en lo que ocurre por fuera de la historia clínica.
  2. Cómo el output de estos sistemas se presenta al usuario y se utiliza para el soporte cognitivo.
  3. Cómo pueden implementarse desde el punto de vista legal e institucional. Tema aún insuficientemente tratado en nuestra estructura jurídica nacional.
  4. Cómo puede evaluarse la calidad y efectividad del sistema.
  5. Cómo pueden apoyarse las tareas cognitivas.

Este último punto es un problema epistemológico, por lo tanto, para lograr un SDAC de alta calidad se requiere un diseño complementario desde las tareas epistémicas. Esto se basa en un filtrado de los datos y el estado del arte desde el componente clínico del diseño de los sistemas, pero lo más importante, al usar la herramienta los clínicos deben mantener el control y la responsabilidad epistémica de colectar, contextualizar e integrar los datos clínicos para tomar decisiones individualizadas.  Es decir, los SDAC deben actuar como apoyo al razonamiento y no a la decisión.

Con base en lo anterior, para la transición de los SDAC a SARC se requiere que:

  • Los sistemas se desarrollen con base en datos relevantes y bien procesados, desde el estado del arte e idealmente desde modelos clínico-matemáticos robustos (es decir con arquitectura biodigital).
  • El sistema facilite la interacción con el clínico permitiéndole hacer preguntas enfocadas en el contexto (no solo algoritmizar guías de práctica clínica, por ejemplo).
  • Exista una relación empírica entre los datos generados por el sistema y la información individual del paciente (decisiones personalizadas).

En conclusión, estos sistemas deben ser híbridos, para que permitan potenciar las capacidades de individualización y análisis de contexto propias de la inteligencia humana con el razonamiento estadístico o la búsqueda de patrones en datos complejos que son tareas propias de la IA. Vale la pena mencionar también, que estos sistemas pueden capturar información en tiempo real durante el uso de esta, que sirvan como registros dinámicos de enfermedad para posteriormente retroalimentar y optimizar su desempeño.

Como clínicos debemos prepararnos para la adopción incremental de estos sistemas de apoyo al razonamiento clínico, pero especialmente para trabajar en su arquitectura ya que los mismos no cobran valor alguno si no vienen de la medicina profunda, especialmente en escenarios tan complejos como la oncología o las enfermedades autoinmunes.

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A continuación, algunas imágenes de un SARC en mieloma múltiple para el contexto colombiano.

Gráfico 1: Ecosistema Digital MAIA ® en Mieloma Múltiple (Algoritmos de Soporte al Razonamiento Clínico)*

ASRC 1

Inicio Algoritmos

ASRC 2

Algoritmo específico (interacción con el Bot MAIA ®)

ASRC 3

ASRC 4

*Imágenes corresponden al desarrollo MAIA ® de la Med-Tech colombiana MedzAIo de la cual el autor es socio fundador y Director Médico.

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