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Opinión

Megatendencias

Los cambios sociales, que son “una alteración apreciable de las estructuras sociales”, se han venido profundizando gracias al incremento en la producción de alimentos por el uso de fertilizantes, por mejoras en la infraestructura sanitaria (acueductos y alcantarillado), y por la introducción de las biotecnologías, que combinados han logrado una disminución de la mortalidad y un crecimiento rápido de la población.

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Megatendencias

La confluencia de las tendencias sociales y tecnológicas están obligando a la reinvención de los sistemas de salud el mundo.

Los cambios sociales, que sonuna alteración apreciable de las estructuras sociales”, se han venido profundizando gracias al incremento en la producción de alimentos por el uso de fertilizantes, por mejoras en la infraestructura sanitaria (acueductos y alcantarillado), y por la introducción de las biotecnologías, que combinados han logrado una disminución de la mortalidad y un crecimiento rápido de la población.

Entre 1915 y 2015, la expectativa de vida se duplicó al pasar de 40 a 80 años; y se espera que en 2100 sea de 150 años. Esto ha hecho que la población mundial sea hoy de 7.500 millones de personas. Según proyecciones demográficas, para 2050 la población será de 9.000 millones, y para 2100 será de 13.000 millones. Las zonas que tendrán mayor crecimiento serán Asia, África, y Latinoamérica.  

Esta situación está presentando a nivel mundial tres tendencias sociales: i) la llegada de los Millennials; ii) la transición demográfica; y, iii) la urbanización.

Millennials

Denominada también generación ‘Y’, comprende a los nacidos entre 1981 y 1993, en los inicios de la era digital. No es solamente un cambio generacional, sino también un cambio en las formas de consumo. Son más de 2.000 millones y son los consumidores más poderosos del mundo.

Están acostumbrados no solo a comunicarse online sino a comprar casi todo por internet. Los ingresos colectivos anuales de esta población superarán los 4 billones de dólares en 2030 según el Banco Mundial. Accenture por su parte calcula que, en EEUU se transferirán al menos 30 billones de dólares en riqueza de los baby boomers a los Millennials durante las próximas tres décadas. 

La mayor parte de esta generación (86%), vive en países emergentes y en desarrollo. Prefieren los espacios compartidos para trabajar, y quieren ser parte de un círculo de producción y consumo que no se centre en enriquecer a un 1%[1].

Estos compradores no solo revisan comentarios meticulosamente antes de comprometerse con un producto, sino que están dispuestos a dejar su propia opinión, porque se sienten empoderados por su conocimiento y quieren que los demás sientan lo mismo.[2]

La idea de irse de casa, conseguir un empleo, casarse y tener hijos, ya no es de esta generación. En 1975, el 45% de los estadounidenses entre 18 y 34 años había hecho las cuatro cosas; pero en 2015, solo 24% lo ha hecho.[3]

Sin embargo, no todo es felicidad. Esta generación está sufriendo de una serie de enfermedades de salud producidas por la ansiedad, el estrés, la depresión y la fatiga. Los Millennials desarrollan ansiedad un 30% más que la generación anterior[4].

Sufren alteraciones en la presión arterial, algunas enfermedades gástricas y baja tolerancia a la frustración[5]. Es más frecuente la depresión en ellos, como una condición relacionada con la alta exigencia, la necesidad imperiosa de aceptación grupal y una frustración permanente por las metas no cumplidas[6].

Padecen de una rara afectación denominada nomofobia, que es el miedo a no estar cerca de su móvil y no saber que pasa en el mundo. Debido a esto, el principal problema que se les está presentando es el de la fatiga visual, acompañado de molestias oculares y resequedad en la cornea.[7]

Transición Demográfica

Definida como un cambio en la composición de la edad de la población. Se ha producido gracias a los avances de nuestra sociedad. El “cambio demográfico es una historia de éxito si se considera desde el punto de vista de la sociedad. Se debe a un incremento en la calidad y duración de vida de las personas, mejoras sustanciales en los servicios de salud, un incremento en la calidad de vida y la prosperidad económica, que han incrementado las expectativas de vida y el número de años que se vive de manera saludable. Vivimos más y mejor[8]”.

Esto que podría ser una buena noticia, puede suponer una amenaza para el equilibrio de nuestros sistemas socioeconómicos. “Un fuerte incremento de la esperanza de vida, junto con un descenso dramático de las tasas de natalidad, anticipa un escenario de profunda transformación en la estructura y funcionamiento de la sociedad[9]”.

Es claro que el envejecimiento de la población y la baja en las tasas de natalidad, están generando  presiones sociales y fiscales a los gobiernos en todo el mundo. Para 2020 según Deloitte, el número de personas de 60 años o más, será superior al de niños menores de cinco años. Según este mismo estudio, entre 2015 y 2050, el porcentaje de los habitantes del planeta mayores de 60 años casi se duplicará, pasando del 12% al 22%.

Actualmente existen en el mundo más de 668 millones de personas mayores de  65 años, que corresponde al 11% de la población mundial. Esa pirámide poblacional que antes era una pirámide regular, se está invirtiendo totalmente; y esa transición demográfica, consecuentemente conlleva a una transición epidemiológica, que está generando presiones financieras a los sistemas de salud.

Urbanización

Según RSearch el cambio demográfico generará cambios en la oferta y la demanda de diferentes servicios sociales e influirá también en áreas como el desarrollo y construcción urbanística o rural. De hecho, se espera que en 2050 gran parte de las poblaciones esté en las ciudades.

El crecimiento de la población en Asia, África y Latinoamérica, compensará el envejecimiento de la población de los países desarrollados de Norteamérica y Europa, mediante flujos migratorios hacia las grandes ciudades industriales, ávidas de población económicamente activas. Esto va a ser una gran solución para el problema de la productividad que se estaría generando en los países desarrollados.

El fenómeno de la urbanización, la migración del campo a la ciudad, no ha sido ajeno en Colombia, según cifras de DANE, el 75% de la población vive en concentraciones urbanas. La disponibilidad de infraestructura sanitaria y de salud atrae más gente a las ciudades, lo cual mejora su calidad de vida por un lado; pero por el otro, la urbanización está generando problemas como los estilos de vida sedentarios, las dietas cambiantes, la malnutrición, y niveles crecientes de obesidad.

También, la soledad hace parte de este fenómeno, gran parte de los hogares son de una sola persona, y esta situación desencadena en ansiedades y grandes problemas de depresión, que también aumentan los problemas de suicidio.

Adicionalmente, en 2016, los gases producidos por los vehículos debido a la alta movilidad, la contaminación provocada por chimeneas, exhostos y vertimientos de residuos a las fuentes hídricas, han producido 4.2 millones de muertes en todo el mundo por contaminación ambiental[10]

”La vida en las ciudades sigue ofreciendo numerosas oportunidades, posibilidades de acceso a una mejor atención de salud, pero los entornos urbanos actuales pueden concentrar riesgos sanitarios e introducir nuevos peligros[11]”.

En 1990 solo habían 10 ciudades con más de 10 millones de habitantes, pero para 2030 tendremos 41 megaciudades similares. Mientras tanto, el área de tierra urbanizada podría triplicarse a nivel mundial de 2000 a 2030. Esto equivale a agregar un área más grande que Manhattan todos los días[12].

TENDENCIAS TECNOLÓGICAS

Amazon, Apple, Facebook y Google, son el producto de un gran impulso tecnológico que cambió nuestras vidas[13]. Con estos 4 jinetes se materializa el concepto de aldea global, pues se espera que en 2026, el 90% de la población mundial esté totalmente conectada[14].

Hoy, las redes sociales están impactando y transformando todas las industrias,  5.112 millones de personas usan móviles (67% de la población); 4.388 millones de personas usan internet (57% de la población); 3.484 millones de personas son activas en redes sociales (45% de la población); la penetración de social media en Norteamérica es de 61%, y en el Caribe de 44%. El uso del internet es de 3 horas diarias, de éstas 2 son en redes sociales[15].

El 85% de las empresas en los Estados Unidos utilizan las redes sociales como estrategia de marketing; uno de cada cuatro pacientes utiliza las redes sociales para seguir la experiencia de otros; el 77% de los pacientes realiza búsquedas en internet antes de asistir a una consulta[16]; y, adicionalmente a esto, la nube que ha permitido el acceso en tiempo real, está propiciando que el 80% de las cosas que hacen los doctores hoy, van a ser reemplazadas por la tecnología[17].

Sin bien es cierto que la medicina es una de las profesiones que no va a desaparecer, es cierto que mucho de lo que hoy hacen los profesionales de la salud, va a ser reemplazado. La inteligencia artificial ha sido un mecanismo muy efectivo para poder anticipar y conocer cuál va a ser la probabilidad de que suceda un episodio clínico dada las condiciones biológicas o genéticas. Esta posibilidad de poder predecir está generando una ventaja, y es poder prevenir la ocurrencia de estos eventos.

RETOS DE LOS SISTEMAS DE SALUD

Durante miles de años la historia de la humanidad estuvo marcada por el hambre, las epidemias y la guerra. Si bien es cierto que no han desaparecido, el hombre ha sabido controlarlas[18].

El diseño de políticas, las tecnologías de información y la biotecnología, están logrando que hoy en día se presenten más muerte por obesidad que por desnutrición; haya más gente muriendo por enfermedades asociadas a la longevidad que por infecciones y epidemias; y, más muertes por suicidios que por ataques personales. El hombre le está ganando la batalla a la muerte, lo cual implica nuevos retos para todas las industrias, pero sobre todo para el cuidado de la salud.

Hoy el 71% de las muertes en el mundo son por cáncer, enfermedades cardíacas y diabetes. El 80% de estas muertes se presentan en los países más desarrollados y 4,2 millones de muertes en el mundo se asocian a problemas de contaminación ambiental. [19] Las tecnologías como hemos visto, son varias, y entre todas podrían de una manera combinada ayudar a reducir las muertes.

Según Fortune, el 30% de la producción de datos del mundo está relacionada con la salud. La interoperabilidad va a permitir que se reduzcan en los próximos años los desperdicios de $30 billones de dólares al año.[20] Solo en los Estados Unidos en el año 2018, las pérdidas por sobreuso y sobre diagnóstico fueron más de un trillón de dólares en solo un año.[21]

De otro lado, “la digitalización mundial avanza muy rápidamente y en el área de la salud estamos empezando a cuantificar todos los mecanismos que nos permitan tener más datos para correlacionar factores aparentemente aislados[22]”.

En conclusión, hoy las preocupaciones no son las hambrunas, las epidemias ni las guerras, sino la volatilidad, la incertidumbre, la turbulencia, la complejidad y la ambigüedad. Esto requiere conversaciones sobre la inaplazable necesidad de asumir el inmenso reto de transformar el enfoque de los servicios de salud, hacia una medicina de precisión, deshospitalización de la atención por medio de robots, monitoreo remotos a través del internet de la cosas médicas, predictibilidad  de los episodios clínicos mediante la inteligencia artificial y el aprendizaje profundo; y, diseño de nuevos tratamientos mediante la impresión 3D.

En fin, es necesario la creación de un ecosistema de salud inteligente, donde exista una precisión en la tecnología médica; que los tratamientos apropiados se administran en el momento adecuado, en el lugar adecuado, para el paciente apropiado; que todas las partes interesadas en la prestación de atención en todo el ecosistema se comuniquen y utilicen la información de manera eficaz y eficiente; que los individuos correctos hagan el trabajo correcto; y que los pacientes, cada vez más informados, participen activamente en su plan de tratamiento.[23]

***

P.S: Me siento complacido y orgulloso de ser invitado por Consultorsalud, el portal de salud más referenciado en Colombia, y que ahora inicia una etapa con grandes retos y es convertirse ya no solo en un productor de información, sino en una plataforma de formación y educación en salud para toda Latinoamérica, FORMASALUD, que contendrá contenidos educativos realizados por destacados profesionales, pero sin renunciar a su labor de información oportuna y creíble.   


[1] John Gapper | Financial Times

[2] Alison Angus y Gina Westbrook. Las 10 principales tendencias globales de consumo para 2019.

[3] Ibidem

[4] BDA Morneau Shepell

[5] Asociación Americana de Psicología (APA) 

[6] Asociación Americana de Psicología (APA) 

[7] Vision Council of America

[8] El Cambio Demográfico. RSEARCH, sep 2010 No. 3. Foretica.

[9] Ibidem

[10] Perspectiva mundial de la atención médica para 2019, modelando el futuro. Deloitte.

[11] Jacob Kumaresan, Director del Centro OMS para el Desarrollo Sanitario con sede en Kobe (Japón)

[12] Megatrends shaping our future – HP

[13] Galloway, Scott

[14] Euromonitor Internacional

[15] Digital 2019 – Global Overview

[16] Solomon McCown

[17] Harari, Yuval

[18] Ibidem

[19] Perspectiva mundial de la atención médica para 2019, modelando el futuro. Deloitte

[20] GE Healthcare

[21] Decision Solutions to Drive Value Based Care – Deloitte

[22] Salim Ismail. Singularity University

[23] Perspectiva mundial de la atención médica para 2019, modelando el futuro. Deloitte.

Contenido Exclusivo

Salud y Competitividad en Colombia

Estamos derivando los recursos de trascendencia cultural a los factores básicos del desarrollo. Es claro que el matrimonio salud/competitividad no se ha consumado en nuestro país.

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Opinión

La Nueva Pirámide del Cuidado en Salud

La salud es una construcción multidimensional, un recurso autogestionable por individuos y comunidades para enfrentar la vida

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piramide de la salud

Luis Eduardo Pino Villarreal M.D. Msc. MBA. 

Desde el año 2004, quienes trabajamos en salud conocemos la pirámide del cuidado, diseñada por el grupo del Kaiser Permanente (una organización norteamericana enfocada en atención primaria con más de 9 millones de usuarios). 

También puede leer: La ley de presupuestos máximos – visión de un médico

Esta pirámide divide a las personas con enfermedades crónicas en 3 niveles de cuidado en salud: 

1. En la base se encuentra el 70 a 80% de pacientes, quienes son tratados a través del autocuidado fomentando la educación y la experticia tanto de enfermos como de cuidadores con una baja dependencia de recursos sanitarios especializados (enfoque de “Paciente Experto”).

 2. En la mitad se encuentra el 25% de las personas, ellas son pacientes con necesidades más complejas de resolver en el ámbito del autocuidado y requieren atención específica para su enfermedad. En este grupo la participación de equipos multidisciplinarios integrados con la comunidad es fundamental (enfoque de manejo de enfermedad).

3. En la parte superior de la pirámide se encuentra el 5% de la población. Estos son pacientes crónicos complejos, con pluripatologías. Estos casos requieren un alto consumo mixto de servicios de salud (atención primaria, servicios sociales, servicios hospitalarios de alto nivel de complejidad etc.). El nivel de gasto de este grupo de pacientes es variable, pero se encuentra en el rango de 40 a 50% del gasto total de atenciones en salud, y es por tanto el grupo al cual los sistemas de salud tratan de manejar mediante enfoque de casos.

Centrándonos en este último grupo, los estudios demuestran que si bien los programas de enfoque de casos para ellos mejoran la experiencia de atención y los niveles de calidad en salud no se logran mejores desenlaces y menor gasto.

Recientemente, el grupo de Kaiser Permanente publicó en la revista Harvard Business Review una descripción de sus pacientes crónicos complejos (Pearl and Madvig, 2020). Esta “disección” del grupo nos permite entender, al menos parcialmente, por qué se obtienen resultados divergentes usando un abordaje de casos genérico.

Para ello se analizaron 4 millones de usuarios en el estado de California, encontrando que dentro del grupo de crónicos complejos existe una alta heterogeneidad que puede resumirse así:

Subgrupo 1: Aquellos pacientes pluripatológicos cuyas condiciones médicas pueden ser optimizadas y/o controladas mediante intervenciones múltiples (es decir el grupo originalmente descrito en la pirámide de Kaiser Permanente). 

Subgrupo 2: Aquellos pacientes que han sufrido un problema de salud único, pero de alta severidad con mínimas posibilidades de retornar a la línea de base. Ejemplos de estos casos son pacientes sobrevivientes de un trauma mayor, prematuros extremos o pacientes con neoplasias agudas de mal pronóstico.

Subgrupo 3: Aquellos pacientes pluripatológicos que han sobrepasado la línea del control de la enfermedad y que solamente consumen recursos sin retorno a la salud.

Estos subgrupos tienen una distribución casi equitativa dentro del 5% de la pirámide, pero los subgrupos 1 y 2 cambian año tras año en forma impredecible. Por ejemplo, los pacientes del subgrupo 1 pasan al 3 una vez se deterioran clínicamente en forma irreversible, y los del grupo 2 desaparecen de la pirámide al morir o un pequeño porcentaje al recuperarse. Estos son los “migrantes” entre categorías. (Ver Gráfico)

Esta nueva estratificación de los pacientes crónicos complejos permite pensar que los programas de manejo de casos solamente servirían en el subgrupo 1, en donde hay menor variabilidad. Pero entonces, ¿qué hacer con los subgrupos 2 y 3?

Kaiser Permanente diseñó para estos subgrupos un programa que denominaron Basado en Atención Primaria (Leveraged Primary-Care Model), en el cual utilizando recursos tecnológicos (incluyendo elementos de inteligencia artificial, internet de las cosas y machine learning), personal con nivel básico de entrenamiento (similares a promotores de salud) y un elemento de gestión farmacéutica muy efectivo lograron disminuir el consumo de servicios hospitalarios de estos pacientes en forma importante, específicamente tasas de hospitalización. Este modelo además debe tener un fuerte componente comunitario y de cuidados paliativos en casa ya que como se describió la posibilidad de lograr niveles adecuados de salud en estas personas es casi nulo. 

En nuestro país, debido a múltiples factores derivados de modelos fragmentados e ineficientes para la gestión del riesgo del paciente crónico complejo, es muy posible (no hay datos) que la mayoría de esta población se ubique en el subgrupo 2 (35% para el Kaiser Permanente). Esto nos debe llevar a replantear las actividades de enfoque de caso y enfoque de enfermedad que tradicionalmente se han ejecutado en estos pacientes por unas de siguiente nivel que integren las dimensiones sanitarias, sociales y comunitarias mediante herramientas de optimización de recursos.

Es importante también, con esta estratificación del paciente crónico complejo, un nuevo enfoque de indicadores para los subgrupos 2 y 3, que tendrán como principal objetivo el cuidado en salud enfocado a una mejor transición a lo inevitable y evitar así el uso de recursos que no tendrán un impacto real. En el subgrupo 1 por el contrario, deberán

intensificarse las actividades de cuidado que permitan retornar a dichos pacientes al mejor nivel lograble de salud. Estos indicadores deberían ser diseñados y medidos en forma conjunta con los prestadores, los pacientes y la comunidad. El ICHOM (Instituto para la Optimización de la Salud – Desenlaces reportados por el Paciente) es una iniciativa global muy interesante, que en un buen grupo de enfermedades tiene ya un listado de nuevos indicadores pragmáticos para el redireccionamiento de los programas en este grupo de pacientes.

La salud es una construcción multidimensional, un recurso autogestionable por individuos y comunidades para enfrentar la vida. Es por ello impensable que solamente el uso de recursos sanitarios pueda tener un impacto global. En salud pública como en todo, tenemos que pensar diferente y enfocar los recursos en forma inteligente, pragmática, coordinada y creativa para poder enfrentar los inmensos retos venideros. De otra forma la sostenibilidad será solo una ilusión.

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ACHO

LA LEY DE PRESUPUESTOS MÁXIMOS – VISIÓN DE UN MÉDICO

Lo que es costo-efectivo en salud es ofrecer buena atención que resulte en mejores desenlaces en términos de supervivencia libre de enfermedad, progresión y calidad de vida, y de eso, en esta norma no hay ni una palabra.

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Virginia Abello Polo

“Doctor, ese paciente no se puede transfundir, es de cápita”. “Doctor, a ese paciente con mieloma en recaída hay que darle salida sin tratamiento, es de cápita”. Estas frases que parecen mentira, en un país donde la salud está consagrada como un derecho fundamental, las escucharon dos colegas en el último año y no acatarlas les costó a los dos su puesto de trabajo.

¿Por qué las menciono hoy? Porque eso es lo que sucede cuando a algún actor del sistema se le entrega un monto de dinero fijo para administrar la salud, sin exigirle rendir cuentas en los términos que deberían interesarle más a todo el sistema: Resultados en Salud e Indicadores de Calidad en la Atención.

En plena época de novenas, sin muchos anuncios y con apenas dos semanas que incluyen Navidad y Año Nuevo para hacer comentarios, publicó el Ministerio de Salud el proyecto de resolución de Presupuesto Máximo Anual para los Regímenes Contributivo y Subsidiado, conocida como Ley de Topes.

Una norma motivada en la necesidad urgente de frenar de alguna forma el crecimiento desbordado del NO PBS (Plan Básico de Salud, antes NO POS), que cuesta alrededor de 3 billones de pesos al año.

También puede leer: Proyecto de ley pretende mejorar la calidad en la prestación de servicios de salud

La acertada introducción del Mipres durante el Ministerio de Alejandro Gaviria, (herramienta que, a pesar de la reticencia inicial de los médicos, ha terminado demostrándole a quienes se opusieron a ella que estaban equivocados, al resultar un instrumento eficiente y amigable), ha destapado el hoyo negro de las tecnologías no financiadas con UPC.

Ahora sabemos en qué se gasta: en el aparentemente escandaloso rubro del NO PBS.

Así el Ministerio de Salud, de forma muy técnica y claramente con buenas intenciones, llegó a unas fórmulas muy complicadas para calcular a partir de los datos de los últimos tres años, cuánto le entregará a cada EPS para que gestione ella misma sus gastos por estos conceptos.

Suena muy lógico a primera vista; todos queremos que se ponga coto a los desbordados precios de algunos medicamentos, en especial los de nueva tecnología, que se gestionen las ineficiencias del sistema relacionados con la intermediación, y que se acabe con la pesadilla del recobro a ADRES y por lo tanto ahorremos dinero.

Tiene, sin embargo, un gran problema: toda la norma no hace ni una vez mención a resultados en salud o indicadores de calidad en atención en salud.

Al preguntarle a la viceministra sobre el tema responde, que eso hará después, en algún momento del 2020; como médico, no puedo evitar inquietarme, por decir lo menos, con esa respuesta.

Los muy serios y técnicos funcionarios del Ministerio parecen nunca haberse parado frente a un paciente en progresión de su leucemia crónica, porque la EPS no ha entregado por meses su medicamento; no han sufrido nunca el dolor de ver morir un paciente con leucemia aguda por falta de transfusiones que la IPS no autoriza porque se acabó el dinero de la cápita, o un paciente con Mieloma quedar parapléjico porque no le dieron el tratamiento que la ciencia ha demostrado hace más de 20 años evita esas complicaciones, por falta de autorización de la EPS.

Todo por medir la salud únicamente en términos de pérdidas y ganancias, ahorros y gastos. Por eso lo médicos temblamos cuando proponen entregarle a cualquier actor del sistema, una cantidad fija para atender a una población, sin exigirle resultados en salud; con el perverso incentivo, además, de que si le sobra un porcentaje de su presupuesto anual, puede quedarse con el 40% de lo que le sobró como lo dice esta norma.

Repite una y otra vez el proyecto, que por ningún motivo la norma podría vulnerar la calidad de la atención y que si el presupuesto se está gastando antes de terminar el año se podrán hacer ajustes; En el papel, lógico y tranquilizador; en la vida real de un médico colombiano que ha tratado pacientes oncológicos en la era Medimas, aterrador.

Es una realidad, de hecho, que en Colombia no hay quien vigile y haga que eso se cumpla. Las cifras de las Fundaciones de pacientes no mienten. A pesar de tutela, desacato y quejas a la Supersalud, los pacientes de algunas EPS no recibirán sus medicamentos si así lo determinan las finanzas de las mismas.

Según la Fundación Leucemia Linfoma, 35% de los pacientes con Mieloma tienen que acudir a tutelas para recibir su tratamiento, 30% de los pacientes con Leucemia Mieloide Crónica tienen barreras de acceso a sus medicamentos y 75% de los pacientes en el régimen subsidiado con Leucemia Linfocítica Crónica no reciben sus medicamentos a tiempo.

Eso en una era sin limitación de presupuesto máximo y a la vista de todo el sistema, sin que nadie parezca poder hacer algo.

Si no se exige medir los resultados en salud de la mano del ahorro, corremos el riesgo ya conocido de las cápitas; no habrá ninguna forma de proteger a los pacientes de que los ahorros destinados a hacerse en precio de medicamentos y servicios, se traslade a algo mucho más fácil: negar los servicios.

Por otra parte, ¿quien va a vigilar y proteger la autonomía médica, consagrada también en la ley estatutaria, al reconocer que sólo el médico tratante sabe que es lo mejor en términos de resultados para su paciente?

Las presiones vendrán más frecuentes y más fuertes.

La misma norma dice textualmente “se debe desincentivar el uso de NO PBS”; en ningún sitio se menciona siquiera, que eso se haga sin perjudicar la mejor atención al paciente según lo considere su médico tratante.

¿Cómo se va a hacer eso sin afectar la calidad de la atención en un país donde todos sabemos que el ritmo al que se ha actualizado el PBS, dista mucho del ritmo en que mejoran las tecnologías en salud con mejores resultados?

Un porcentaje muy importante de medicamentos considerados por la OMS como esenciales en Oncología siguen fuera del PBS, sin contar con los medicamentos de las guías internacionales de tratamiento para enfermedades hematológicas y oncológicas.

Esta resolución representa, desde mi visión como médico, una forma burda, aunque este llena de fórmulas complicadas, de contención de gastos.

Una política seria de optimización de recursos de la salud, incluiría diseñar y hacer cumplir rutas de atención integral por enfermedades, que garanticen prevención, detección temprana, tratamiento adecuado y seguimiento.

Lo que es costo-efectivo en salud es ofrecer buena atención que resulte en mejores desenlaces en términos de supervivencia libre de enfermedad, progresión y calidad de vida, y de eso, en esta norma no hay ni una palabra.

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Editorial – Me parece

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