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Opinión

La Estrategia Militar en el Pensamiento Médico

El pensamiento médico está sometido hoy a una gran presión tecnológica que puede llevarlo a deshumanizar y cosificar a los pacientes

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La estrategia militar en el pensamiento medico

Si consideramos a la salud como la batalla contra la enfermedad, concepto que hoy sabemos irreal, la estrategia militar tendría mucho que aportar al escenario de esta confrontación pues finalmente es una guerra, y en ella hay una lucha entre dos adversarios, en este caso la ciencia y la enfermedad. En este escenario, cada uno cuenta con arsenales diferentes y el campo de combate engloba a la biología del ser humano.

La medicina militar ha hecho importantes aportes a la ciencia: El desarrollo de vacunas nació de la mano de Edward Jenner, quien era un médico militar, la fisiopatología de las enfermedades infecciosas especialmente de la fiebre amarilla avanzó gracias a Walter Reed, las transfusiones de hemoderivados y el manejo del politrauma complejo nacieron en las guerras.

Pero estos son aportes específicos en áreas de la medicina que van muy de la mano del escenario militar como el trauma, el cuidado intensivo y las enfermedades infecciosas. Otro es el tema del pensamiento militar como modelo para las decisiones en medicina, un proceso complejo de ideación.

El texto más referenciado en estrategia militar es “El Arte de la Guerra” del militar y filósofo chino Sun Tzu. Es un libro milenario cuyas citas han sido utilizadas en múltiples escenarios desde los negocios hasta la política. Existen además muchos pensadores estratégicos con formación militar que han hecho grandes aportes a la gerencia, pero esta visión de “management” usualmente la consideramos ajena e inclusive contradictoria a los temas médicos.

Pero las decisiones en medicina ciertamente tienen un fuerte componente estratégico, el cual usualmente se ejecuta a través del modelo hipotético deductivo. Vale la pena en este artículo referenciar los aportes del pensamiento estratégico militar al campo médico tomando algunas frases de Sun Tzu:

1.  “El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar”.

Sin duda no existe mejor guerra que aquella ganada sin luchar. Las victorias pírricas tienen el sinsabor de la derrota.

Enfocado al pensamiento médico no existe intervención más costo efectiva que la prevención. El mejor escenario del cáncer, por ejemplo, es aquel cáncer de pulmón que nunca existió. Hemos sabido desde el inicio de la civilización que existen factores modificables asociados a la enfermedad, pero una cosa es la percepción de riesgo y otra muy diferente la ejecución de las barreras de contención. Las personas no entendemos aquello que no vemos.

Es posible que las estrategias usadas en medicina hasta el momento respecto a promoción de la salud y prevención de la enfermedad estén equivocadas. La atención primaria la seguimos viendo como una estructura de la pobreza, una prestación para los necesitados y no como la intervención esencial en medicina. En esto, hemos preferido sin duda ir a la batalla antes que evitarla. En medicina es más heroico prevenir que intervenir, pero también es más barato y menos llamativo.

El pensamiento médico por el contrario tiende a ir a la batalla sin fin, a la intervención ilimitada y muchas veces cae en el encarnizamiento nublado por el velo del miedo al fracaso. Para nosotros es más digno morir luchando que detenerse.

En la guerra es posible que muchos líderes militares hayan preferido la rendición o un pacto antes que seguir perdiendo tropas. Los médicos a veces nos resistimos a alejarnos del campo de combate, y muy pocos son capaces de rendirse al poderío inmenso de algunas enfermedades.

El combate en medicina debe dirigirse a ganar la batalla, pero dado que siempre estaremos en inferioridad por desconocimiento del terreno (jamás sabremos todo de una enfermedad) el menor daño posible y una muerte con dignidad son también indicadores exitosos.

2.  “Si conoces al enemigo y a ti mismo, no debes temer el resultado de un ciento de batallas”.

La inteligencia militar es el eje central de la victoria. No puede ganarse una batalla sin información. Los tradicionales elementos del METT-T (Misión, enemigo, tiempo, terreno y tropas disponibles) que son cruciales para la toma de decisiones en el campo militar lo son también para cualquier proyecto que la mente humana deba iniciar.

Para tener esta información en medicina es esencial el conocimiento científico o estado del arte, pero también la observación clínica y aquello que no es definible y que transita por la experiencia y se llama intuición.

En mi campo, la oncología, solamente el conocimiento molecular del enemigo y su terreno (el microambiente) han permitido obtener resultados nunca antes vistos en nuestros pacientes. Hoy, un cáncer de pulmón metastásico con mutación en el gen EGFR tiene una supervivencia mayor a 4 años con terapia dirigida a dicha mutación.

Tenemos misiles inteligentes, blancos definidos. Pero esto aún es insuficiente, porque no lo tenemos para todas las enfermedades y además no todos los pacientes tendrán beneficio de todas las intervenciones. Es importante definir la misión (curativa o no), el tiempo (expectativa esperada de vida) y el terreno (la funcionalidad del paciente y sus deseos) antes de tomar decisiones. Sun Tzu decía: “Las consideraciones del general inteligente siempre incluyen el beneficio y el daño. Al considerar el beneficio su trabajo se expande, al considerar el daño sus problemas se resuelven”.

3.  “No hay más de cinco notas musicales, sin embargo, las combinaciones de éstas cinco dan como resultado mas MELODÍAS de las que pueden escucharse”

El concepto de guerra total que fue acuñado y ejecutado por los alemanes en la primera guerra mundial es el escenario del uso sumatorio de todos los recursos disponibles sin tener en cuenta factores políticos o de mitigación. A veces, los médicos entramos en esta guerra total corriendo el riesgo de hacer daño.

La guerra más que total en el campo médico debería gravitar en el concepto de Clausewitz de guerra absoluta, en la cual, si bien hay un uso sumatorio de recursos, estos deben enfocarse con un análisis detallado de objetivos y estar subordinados a la cordura. Este es el ejemplo de los centros de cuidado clínico de hoy, en los cuales hay una integración transdisciplinaria de recursos de alto nivel de complejidad, pero enfocados racionalmente en un enemigo para lograr victorias equilibradas.

Conclusiones

Voy a adaptar algunas frases de Adam Hartman (1993) para finalizar:

  1. La estrategia militar debe estar enfocada a la lucha contra la enfermedad, y el principal aliado es nuestro paciente (y agrego su entorno y sus circunstancias)
  2. El pensamiento médico está sometido hoy a una gran presión tecnológica que puede llevarlo a deshumanizar y cosificar a los pacientes. Esto también sucede en la guerra, un escenario mucho más crudo. Pero los grandes estrategas militares coinciden en que el líder es ejemplo y además es ante todo un buen ser humano (“Considera a tus soldados como a tus hijos y te seguirán hasta los valles más profundos; míralos como tus propios amados hijos y estarán a tu lado incluso en la muerte).
  3. El proceso militar para la toma de decisiones y el pensamiento hipotético deductivo que nos enseñaron en la facultad de medicina comparten elementos esenciales: Recopilación y análisis de la información (estado del arte y evidencia), análisis de cursos de acción (terapias disponibles e individualización del cuidado), evaluación de planes alternativos y ejecución y control. Finalmente, un líder militar, un gerente y un médico son ejecutores de la realidad. En algunos casos, la vida nos da la inmensa oportunidad de tener los 3 papeles al tiempo.

Contenido Exclusivo

Salud y Competitividad en Colombia

Estamos derivando los recursos de trascendencia cultural a los factores básicos del desarrollo. Es claro que el matrimonio salud/competitividad no se ha consumado en nuestro país.

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Opinión

La Nueva Pirámide del Cuidado en Salud

La salud es una construcción multidimensional, un recurso autogestionable por individuos y comunidades para enfrentar la vida

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piramide de la salud

Luis Eduardo Pino Villarreal M.D. Msc. MBA. 

Desde el año 2004, quienes trabajamos en salud conocemos la pirámide del cuidado, diseñada por el grupo del Kaiser Permanente (una organización norteamericana enfocada en atención primaria con más de 9 millones de usuarios). 

También puede leer: La ley de presupuestos máximos – visión de un médico

Esta pirámide divide a las personas con enfermedades crónicas en 3 niveles de cuidado en salud: 

1. En la base se encuentra el 70 a 80% de pacientes, quienes son tratados a través del autocuidado fomentando la educación y la experticia tanto de enfermos como de cuidadores con una baja dependencia de recursos sanitarios especializados (enfoque de “Paciente Experto”).

 2. En la mitad se encuentra el 25% de las personas, ellas son pacientes con necesidades más complejas de resolver en el ámbito del autocuidado y requieren atención específica para su enfermedad. En este grupo la participación de equipos multidisciplinarios integrados con la comunidad es fundamental (enfoque de manejo de enfermedad).

3. En la parte superior de la pirámide se encuentra el 5% de la población. Estos son pacientes crónicos complejos, con pluripatologías. Estos casos requieren un alto consumo mixto de servicios de salud (atención primaria, servicios sociales, servicios hospitalarios de alto nivel de complejidad etc.). El nivel de gasto de este grupo de pacientes es variable, pero se encuentra en el rango de 40 a 50% del gasto total de atenciones en salud, y es por tanto el grupo al cual los sistemas de salud tratan de manejar mediante enfoque de casos.

Centrándonos en este último grupo, los estudios demuestran que si bien los programas de enfoque de casos para ellos mejoran la experiencia de atención y los niveles de calidad en salud no se logran mejores desenlaces y menor gasto.

Recientemente, el grupo de Kaiser Permanente publicó en la revista Harvard Business Review una descripción de sus pacientes crónicos complejos (Pearl and Madvig, 2020). Esta “disección” del grupo nos permite entender, al menos parcialmente, por qué se obtienen resultados divergentes usando un abordaje de casos genérico.

Para ello se analizaron 4 millones de usuarios en el estado de California, encontrando que dentro del grupo de crónicos complejos existe una alta heterogeneidad que puede resumirse así:

Subgrupo 1: Aquellos pacientes pluripatológicos cuyas condiciones médicas pueden ser optimizadas y/o controladas mediante intervenciones múltiples (es decir el grupo originalmente descrito en la pirámide de Kaiser Permanente). 

Subgrupo 2: Aquellos pacientes que han sufrido un problema de salud único, pero de alta severidad con mínimas posibilidades de retornar a la línea de base. Ejemplos de estos casos son pacientes sobrevivientes de un trauma mayor, prematuros extremos o pacientes con neoplasias agudas de mal pronóstico.

Subgrupo 3: Aquellos pacientes pluripatológicos que han sobrepasado la línea del control de la enfermedad y que solamente consumen recursos sin retorno a la salud.

Estos subgrupos tienen una distribución casi equitativa dentro del 5% de la pirámide, pero los subgrupos 1 y 2 cambian año tras año en forma impredecible. Por ejemplo, los pacientes del subgrupo 1 pasan al 3 una vez se deterioran clínicamente en forma irreversible, y los del grupo 2 desaparecen de la pirámide al morir o un pequeño porcentaje al recuperarse. Estos son los “migrantes” entre categorías. (Ver Gráfico)

Esta nueva estratificación de los pacientes crónicos complejos permite pensar que los programas de manejo de casos solamente servirían en el subgrupo 1, en donde hay menor variabilidad. Pero entonces, ¿qué hacer con los subgrupos 2 y 3?

Kaiser Permanente diseñó para estos subgrupos un programa que denominaron Basado en Atención Primaria (Leveraged Primary-Care Model), en el cual utilizando recursos tecnológicos (incluyendo elementos de inteligencia artificial, internet de las cosas y machine learning), personal con nivel básico de entrenamiento (similares a promotores de salud) y un elemento de gestión farmacéutica muy efectivo lograron disminuir el consumo de servicios hospitalarios de estos pacientes en forma importante, específicamente tasas de hospitalización. Este modelo además debe tener un fuerte componente comunitario y de cuidados paliativos en casa ya que como se describió la posibilidad de lograr niveles adecuados de salud en estas personas es casi nulo. 

En nuestro país, debido a múltiples factores derivados de modelos fragmentados e ineficientes para la gestión del riesgo del paciente crónico complejo, es muy posible (no hay datos) que la mayoría de esta población se ubique en el subgrupo 2 (35% para el Kaiser Permanente). Esto nos debe llevar a replantear las actividades de enfoque de caso y enfoque de enfermedad que tradicionalmente se han ejecutado en estos pacientes por unas de siguiente nivel que integren las dimensiones sanitarias, sociales y comunitarias mediante herramientas de optimización de recursos.

Es importante también, con esta estratificación del paciente crónico complejo, un nuevo enfoque de indicadores para los subgrupos 2 y 3, que tendrán como principal objetivo el cuidado en salud enfocado a una mejor transición a lo inevitable y evitar así el uso de recursos que no tendrán un impacto real. En el subgrupo 1 por el contrario, deberán

intensificarse las actividades de cuidado que permitan retornar a dichos pacientes al mejor nivel lograble de salud. Estos indicadores deberían ser diseñados y medidos en forma conjunta con los prestadores, los pacientes y la comunidad. El ICHOM (Instituto para la Optimización de la Salud – Desenlaces reportados por el Paciente) es una iniciativa global muy interesante, que en un buen grupo de enfermedades tiene ya un listado de nuevos indicadores pragmáticos para el redireccionamiento de los programas en este grupo de pacientes.

La salud es una construcción multidimensional, un recurso autogestionable por individuos y comunidades para enfrentar la vida. Es por ello impensable que solamente el uso de recursos sanitarios pueda tener un impacto global. En salud pública como en todo, tenemos que pensar diferente y enfocar los recursos en forma inteligente, pragmática, coordinada y creativa para poder enfrentar los inmensos retos venideros. De otra forma la sostenibilidad será solo una ilusión.

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ACHO

LA LEY DE PRESUPUESTOS MÁXIMOS – VISIÓN DE UN MÉDICO

Lo que es costo-efectivo en salud es ofrecer buena atención que resulte en mejores desenlaces en términos de supervivencia libre de enfermedad, progresión y calidad de vida, y de eso, en esta norma no hay ni una palabra.

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Virginia Abello Polo

“Doctor, ese paciente no se puede transfundir, es de cápita”. “Doctor, a ese paciente con mieloma en recaída hay que darle salida sin tratamiento, es de cápita”. Estas frases que parecen mentira, en un país donde la salud está consagrada como un derecho fundamental, las escucharon dos colegas en el último año y no acatarlas les costó a los dos su puesto de trabajo.

¿Por qué las menciono hoy? Porque eso es lo que sucede cuando a algún actor del sistema se le entrega un monto de dinero fijo para administrar la salud, sin exigirle rendir cuentas en los términos que deberían interesarle más a todo el sistema: Resultados en Salud e Indicadores de Calidad en la Atención.

En plena época de novenas, sin muchos anuncios y con apenas dos semanas que incluyen Navidad y Año Nuevo para hacer comentarios, publicó el Ministerio de Salud el proyecto de resolución de Presupuesto Máximo Anual para los Regímenes Contributivo y Subsidiado, conocida como Ley de Topes.

Una norma motivada en la necesidad urgente de frenar de alguna forma el crecimiento desbordado del NO PBS (Plan Básico de Salud, antes NO POS), que cuesta alrededor de 3 billones de pesos al año.

También puede leer: Proyecto de ley pretende mejorar la calidad en la prestación de servicios de salud

La acertada introducción del Mipres durante el Ministerio de Alejandro Gaviria, (herramienta que, a pesar de la reticencia inicial de los médicos, ha terminado demostrándole a quienes se opusieron a ella que estaban equivocados, al resultar un instrumento eficiente y amigable), ha destapado el hoyo negro de las tecnologías no financiadas con UPC.

Ahora sabemos en qué se gasta: en el aparentemente escandaloso rubro del NO PBS.

Así el Ministerio de Salud, de forma muy técnica y claramente con buenas intenciones, llegó a unas fórmulas muy complicadas para calcular a partir de los datos de los últimos tres años, cuánto le entregará a cada EPS para que gestione ella misma sus gastos por estos conceptos.

Suena muy lógico a primera vista; todos queremos que se ponga coto a los desbordados precios de algunos medicamentos, en especial los de nueva tecnología, que se gestionen las ineficiencias del sistema relacionados con la intermediación, y que se acabe con la pesadilla del recobro a ADRES y por lo tanto ahorremos dinero.

Tiene, sin embargo, un gran problema: toda la norma no hace ni una vez mención a resultados en salud o indicadores de calidad en atención en salud.

Al preguntarle a la viceministra sobre el tema responde, que eso hará después, en algún momento del 2020; como médico, no puedo evitar inquietarme, por decir lo menos, con esa respuesta.

Los muy serios y técnicos funcionarios del Ministerio parecen nunca haberse parado frente a un paciente en progresión de su leucemia crónica, porque la EPS no ha entregado por meses su medicamento; no han sufrido nunca el dolor de ver morir un paciente con leucemia aguda por falta de transfusiones que la IPS no autoriza porque se acabó el dinero de la cápita, o un paciente con Mieloma quedar parapléjico porque no le dieron el tratamiento que la ciencia ha demostrado hace más de 20 años evita esas complicaciones, por falta de autorización de la EPS.

Todo por medir la salud únicamente en términos de pérdidas y ganancias, ahorros y gastos. Por eso lo médicos temblamos cuando proponen entregarle a cualquier actor del sistema, una cantidad fija para atender a una población, sin exigirle resultados en salud; con el perverso incentivo, además, de que si le sobra un porcentaje de su presupuesto anual, puede quedarse con el 40% de lo que le sobró como lo dice esta norma.

Repite una y otra vez el proyecto, que por ningún motivo la norma podría vulnerar la calidad de la atención y que si el presupuesto se está gastando antes de terminar el año se podrán hacer ajustes; En el papel, lógico y tranquilizador; en la vida real de un médico colombiano que ha tratado pacientes oncológicos en la era Medimas, aterrador.

Es una realidad, de hecho, que en Colombia no hay quien vigile y haga que eso se cumpla. Las cifras de las Fundaciones de pacientes no mienten. A pesar de tutela, desacato y quejas a la Supersalud, los pacientes de algunas EPS no recibirán sus medicamentos si así lo determinan las finanzas de las mismas.

Según la Fundación Leucemia Linfoma, 35% de los pacientes con Mieloma tienen que acudir a tutelas para recibir su tratamiento, 30% de los pacientes con Leucemia Mieloide Crónica tienen barreras de acceso a sus medicamentos y 75% de los pacientes en el régimen subsidiado con Leucemia Linfocítica Crónica no reciben sus medicamentos a tiempo.

Eso en una era sin limitación de presupuesto máximo y a la vista de todo el sistema, sin que nadie parezca poder hacer algo.

Si no se exige medir los resultados en salud de la mano del ahorro, corremos el riesgo ya conocido de las cápitas; no habrá ninguna forma de proteger a los pacientes de que los ahorros destinados a hacerse en precio de medicamentos y servicios, se traslade a algo mucho más fácil: negar los servicios.

Por otra parte, ¿quien va a vigilar y proteger la autonomía médica, consagrada también en la ley estatutaria, al reconocer que sólo el médico tratante sabe que es lo mejor en términos de resultados para su paciente?

Las presiones vendrán más frecuentes y más fuertes.

La misma norma dice textualmente “se debe desincentivar el uso de NO PBS”; en ningún sitio se menciona siquiera, que eso se haga sin perjudicar la mejor atención al paciente según lo considere su médico tratante.

¿Cómo se va a hacer eso sin afectar la calidad de la atención en un país donde todos sabemos que el ritmo al que se ha actualizado el PBS, dista mucho del ritmo en que mejoran las tecnologías en salud con mejores resultados?

Un porcentaje muy importante de medicamentos considerados por la OMS como esenciales en Oncología siguen fuera del PBS, sin contar con los medicamentos de las guías internacionales de tratamiento para enfermedades hematológicas y oncológicas.

Esta resolución representa, desde mi visión como médico, una forma burda, aunque este llena de fórmulas complicadas, de contención de gastos.

Una política seria de optimización de recursos de la salud, incluiría diseñar y hacer cumplir rutas de atención integral por enfermedades, que garanticen prevención, detección temprana, tratamiento adecuado y seguimiento.

Lo que es costo-efectivo en salud es ofrecer buena atención que resulte en mejores desenlaces en términos de supervivencia libre de enfermedad, progresión y calidad de vida, y de eso, en esta norma no hay ni una palabra.

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