El dolor no sigue una trayectoria uniforme a lo largo de la vida ni afecta de la misma manera a mujeres y hombres. Un estudio publicado en Nature Medicine, basado en datos de más de 6,1 millones de personas de 118 países, identificó que las mujeres reportaron mayor prevalencia de dolor en los 11 sitios anatómicos evaluados y que los aumentos más pronunciados se concentraron antes de los 55 años.
La investigación integró 902 fuentes poblacionales pertenecientes a 138 programas de estudio y analizó personas desde los 5 años hasta mayores de 100. El 55 % de la muestra correspondió a mujeres y la información incluyó datos de todos los continentes habitados, lo que permitió comparar trayectorias de dolor según edad, sexo, región y localización anatómica.
Las mujeres reportaron más dolor en todas las zonas evaluadas
El equipo de investigación comparó dolor autoinformado en cabeza, rostro, cuello u hombros, espalda, cadera, rodilla, manos, pies, codos, pecho y abdomen. La prevalencia cambió de manera importante según la zona corporal, desde cerca de 2 % en el dolor facial hasta 40 % en el dolor de espalda, mostrando que no todos los tipos de dolor siguen el mismo comportamiento.
La diferencia entre mujeres y hombres se mantuvo en los 11 sitios analizados. Los contrastes más amplios aparecieron en dolor facial, con una razón de riesgo de 1,83, seguido por dolor de cabeza con 1,74 y dolor de estómago o abdomen con 1,60, siempre con una mayor prevalencia reportada por las mujeres.
El mismo patrón apareció en las medidas generales de dolor:
- Cualquier dolor corporal presentó una razón de riesgo de 1,16 en mujeres frente a hombres.
- Dolor de alta intensidad alcanzó una razón de riesgo de 1,52.
- Dolor generalizado registró una razón de riesgo de 1,50.
- Las tres medidas fueron consistentemente superiores en mujeres.

El dolor no aumenta de la misma forma durante toda la vida
Otro de los resultados relevantes es que el dolor no necesariamente aumenta de manera continua con el envejecimiento. En siete de los 11 sitios anatómicos, la prevalencia siguió una trayectoria de aumento, punto máximo y posterior descenso, mientras que los incrementos más pronunciados se concentraron antes de los 55 años.
Las trayectorias también variaron según la localización. La cefalea alcanzó su mayor prevalencia alrededor de los 34 años y el dolor abdominal cerca de los 23 años, mientras que el dolor de espalda, cadera y rodilla tendió a aumentar progresivamente durante la vida adulta.
Las medidas relacionadas con intensidad y extensión del dolor mostraron comportamientos distintos:
- El dolor de alta intensidad alcanzó su pico aproximadamente a los 50 años.
- El dolor generalizado presentó su mayor prevalencia alrededor de los 70 años.
- La intensidad promedio del dolor alcanzó su máximo cerca de los 48 años.
- La probabilidad de presentar algún dolor corporal aumentó progresivamente con la edad.
Las diferencias regionales se hicieron más visibles después de la mediana edad
El estudio encontró que las trayectorias fueron relativamente similares entre regiones durante las primeras etapas de la adultez, pero comenzaron a separarse con mayor claridad después de la mediana edad. Europa oriental presentó uno de los mayores excesos de dolor corporal en edades avanzadas, mientras otras regiones mostraron comportamientos distintos de acuerdo con el tipo de dolor evaluado.
La cefalea fue uno de los ejemplos más claros de esa diversidad. En Norteamérica y Europa occidental presentó un pico durante la adultez temprana y posteriormente descendió, mientras que en Asia oriental y sudoriental se mantuvo en niveles más bajos y estables. En África subsahariana, en cambio, la prevalencia aumentó de manera más gradual a lo largo de la vida.
El nivel de desarrollo también marcó diferencias en edades avanzadas
A partir de los 40 años, el dolor corporal, articular y de espalda aumentó con mayor rapidez en los países con un Índice de Desarrollo Humano más bajo. Entre las personas de 80 años o más, la diferencia en cualquier dolor corporal frente a los países con mayor IDH alcanzó 30,6 puntos porcentuales.
La brecha fue de 21 puntos porcentuales para dolor articular y de 20,2 puntos para dolor de espalda. En las edades más avanzadas, la prevalencia del dolor lumbar en los países con menor IDH llegó a acercarse al doble de la observada en países con mayor desarrollo.

Tabaquismo, obesidad y bajos ingresos explican parte de la carga de dolor
Los investigadores evaluaron además tres factores modificables asociados con el dolor. En conjunto, tabaquismo, obesidad y bajos ingresos representaron aproximadamente el 18,3 % de la carga global de dolor observada en los diferentes sitios anatómicos, aunque su peso cambió de manera importante entre regiones.
La obesidad mostró una asociación especialmente marcada con zonas sometidas a carga mecánica, como pie o tobillo, rodilla y cadera. El nivel de ingresos también mostró diferencias importantes, y las personas ubicadas en el grupo de menores ingresos presentaron más del doble de riesgo de dolor torácico frente a quienes pertenecían al nivel de ingresos más alto.
La proporción de carga atribuible a estos tres factores llegó a 27,1 % en Europa oriental y fue de 12,6 % en África subsahariana. Los autores advierten que en las regiones con menor desarrollo todavía existe una parte importante de la carga de dolor cuyos factores asociados no están suficientemente caracterizados.
¿Qué aporta este estudio a la forma de medir el dolor?
Una de las particularidades del trabajo es que no se limitó a diagnósticos clínicos. Los investigadores utilizaron información autoinformada procedente de estudios poblacionales, lo que permite captar experiencias de dolor que pueden no llegar a los circuitos tradicionales de diagnóstico, especialmente en contextos con menor acceso a los servicios de salud.
A partir de esos datos se construyeron curvas globales de referencia por edad, sexo, región y sitio anatómico. Estas trayectorias pueden utilizarse para comparar países, cohortes y poblaciones, y fueron incorporadas además en una plataforma abierta que permite contrastar nuevos conjuntos de datos con los patrones globales identificados.
¿Cómo deben interpretarse los resultados?
Los propios autores piden cautela al interpretar las curvas. La mayoría de las fuentes incluidas fueron estudios transversales, por lo que los resultados muestran diferencias entre grupos de edad y no necesariamente la evolución de las mismas personas durante décadas. También hubo variaciones entre estudios en las definiciones de dolor, los períodos de recuerdo, los idiomas y los métodos de medición.
La cobertura tampoco fue uniforme entre regiones ni entre los grupos de menor y mayor edad. Además, como los datos proceden de estudios realizados entre 1990 y 2025, los investigadores aclaran que estas curvas no deben interpretarse como una tendencia histórica de aumento o disminución de la prevalencia del dolor.
El estudio deja así una referencia común para comparar cómo se distribuye el dolor según sexo, edad, región y contexto socioeconómico. Sus autores consideran que estas curvas pueden fortalecer la vigilancia poblacional y ampliar la evidencia disponible en regiones que históricamente han estado menos representadas en las estimaciones internacionales.
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