El uso de pantallas en niños se asocia con un menor rendimiento académico y menores habilidades de lenguaje, además de una mayor frecuencia de problemas emocionales y de comportamiento, según una revisión internacional que reunió información de más de 2,8 millones de niños y adolescentes. Los resultados, publicados en JAMA Pediatrics, no demuestran que las pantallas sean la causa directa de estos desenlaces, pero aportan una de las síntesis cuantitativas más amplias disponibles sobre su relación con el desarrollo infantil y la salud mental.
La investigación correspondió a una revisión paraguas cuantitativa, una metodología que integra y vuelve a analizar los resultados de metaanálisis previamente publicados. En total, los investigadores incluyeron 23 metaanálisis que representaban a 2.817.252 menores de 18 años procedentes de 64 países, con el propósito de examinar las asociaciones entre el uso de pantallas y diferentes dimensiones académicas, cognitivas, socioemocionales y de salud mental.
Más de 2,8 millones de niños incluidos en el análisis sobre uso de pantallas
Para construir la revisión, el equipo científico realizó búsquedas sistemáticas en las bases de datos Embase, MEDLINE y PsycINFO desde su inicio hasta el 25 de noviembre de 2025. Los trabajos incluidos debían corresponder a metaanálisis de muestras poblacionales de niños y adolescentes de 18 años o menos y evaluar algún tipo de exposición a medios con pantalla.
Los datos fueron extraídos tanto en el nivel de los metaanálisis como de sus estudios primarios y posteriormente convertidos a una medida estadística común, el coeficiente de correlación de Pearson, identificado como r. Esto permitió comparar la magnitud y dirección de las asociaciones encontradas en diferentes investigaciones.
El análisis contempló resultados relacionados con funcionamiento académico, habilidades cognitivas, desarrollo socioemocional y salud mental. La amplitud de la muestra permitió, además, explorar si las asociaciones cambiaban dependiendo del tipo de pantalla utilizada, la edad de los participantes, el año de publicación o la categoría específica de dificultades conductuales evaluadas.
Uso de pantallas en niños se relacionó con menor rendimiento académico y lenguaje
Uno de los resultados más consistentes apareció en el ámbito educativo. La exposición a medios basados en pantallas se asoció con un menor rendimiento académico general, con un coeficiente de correlación de −0,15, mientras que la asociación con menores habilidades de lenguaje fue de −0,14.
Estos valores representan asociaciones de magnitud relativamente pequeña, un aspecto relevante para interpretar correctamente los resultados. Sin embargo, los autores señalan que incluso asociaciones modestas pueden adquirir importancia desde una perspectiva poblacional debido a la presencia prácticamente universal de dispositivos digitales en la vida cotidiana de niños y adolescentes.
La investigación no encontró, en cambio, asociaciones estadísticamente significativas entre el uso general de pantallas y los resultados específicos obtenidos en matemáticas, ciencias o lectura. Tampoco identificó una relación significativa con el funcionamiento ejecutivo, que comprende capacidades como planificación, control inhibitorio, memoria de trabajo y regulación de la conducta. Los hallazgos sugieren, por tanto, que la relación entre exposición digital y desarrollo no puede reducirse a una conclusión uniforme según la cual todas las formas de uso de pantallas producirían los mismos resultados.
Salud mental y comportamiento también mostraron asociaciones
Además de los resultados educativos y lingüísticos, la revisión identificó asociaciones entre el uso general de pantallas y una mayor presencia de problemas internalizantes, con un coeficiente de 0,10, y problemas externalizantes, con una correlación de 0,11. Los problemas internalizantes incluyen manifestaciones que se orientan principalmente hacia el propio individuo, como síntomas emocionales, ansiedad, retraimiento o malestar psicológico. Los externalizantes, por su parte, pueden incluir comportamientos impulsivos, dificultades de autorregulación, conflictos interpersonales o problemas de conducta.
La exposición a medios con pantalla también estuvo asociada con mayores problemas emocionales, con una correlación de 0,30, y con dificultades en las relaciones entre pares, con un valor de 0,28. Sin embargo, los intervalos de confianza fueron más amplios en estos resultados, por lo que la magnitud de las asociaciones debe interpretarse con cautela.
En contraste, el análisis no identificó una asociación estadísticamente significativa entre el uso de pantallas y la conducta prosocial, entendida como comportamientos relacionados con cooperación, ayuda o interacción social positiva.
Redes sociales se relacionaron con mayor presencia de problemas internalizantes
Los investigadores analizaron también modalidades particulares de exposición digital. En el caso de las redes sociales, su utilización se asoció con una mayor presencia de problemas internalizantes, con una correlación estimada de 0,09. El estudio encontró además que algunas relaciones entre uso de pantallas y desarrollo variaban de acuerdo con la edad de los niños, el tipo específico de pantalla, la categoría de problemas conductuales examinada y el año en el que se habían publicado las investigaciones originales. Este resultado refuerza la necesidad de analizar no solamente cuánto tiempo permanece un niño frente a una pantalla, sino también qué contenido consume, mediante qué dispositivo, con qué propósito y dentro de qué contexto familiar o social.
La preocupación por la exposición digital durante la infancia no es nueva. CONSULTORSALUD ya había reseñado las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre actividad física, sedentarismo y uso de pantallas durante los primeros años de vida. La nueva revisión amplía esa discusión al integrar resultados relacionados con lenguaje, desempeño académico, conducta y bienestar emocional a lo largo de la infancia y la adolescencia.
¿El uso de pantallas causa problemas en el desarrollo de los niños?
Los resultados no permiten llegar a esa conclusión. Aunque la revisión encontró asociaciones estadísticamente significativas en varios dominios, una asociación no establece por sí misma una relación de causa y efecto.
Buena parte de la evidencia sintetizada procede de estudios observacionales, por lo que existen factores que pueden influir simultáneamente tanto sobre el uso de dispositivos como sobre los desenlaces infantiles. Entre ellos podrían encontrarse características familiares y socioeconómicas, condiciones previas de salud mental, hábitos de sueño, actividad física, estilos de crianza, relaciones sociales o características propias del desarrollo.
También puede existir una relación bidireccional. Por ejemplo, determinados problemas emocionales o conductuales podrían favorecer un mayor uso de dispositivos, al mismo tiempo que ciertos patrones de exposición digital podrían relacionarse posteriormente con esos mismos problemas. Por esta razón, los investigadores plantean que la exposición a medios con pantalla debe considerarse un factor potencialmente modificable relacionado con el bienestar infantil, pero no como una explicación única de las dificultades académicas, lingüísticas o socioemocionales.
¿Qué pueden aportar estos resultados a las políticas de salud infantil?
La magnitud de la revisión proporciona nueva evidencia para la discusión sobre las recomendaciones de uso de dispositivos durante la infancia y la adolescencia. Los autores consideran que los resultados pueden contribuir al desarrollo y actualización de guías basadas en evidencia elaboradas por organizaciones médicas y autoridades gubernamentales.
El estudio tampoco establece un número universal de horas de pantalla a partir del cual aparezcan problemas ni permite concluir que toda exposición digital tenga efectos negativos. La ausencia de asociaciones significativas en algunos dominios y las diferencias encontradas según edad y tipo de exposición muestran que el fenómeno es más complejo que la cantidad total de tiempo frente a un dispositivo.
Para el ámbito clínico y de salud pública, los resultados refuerzan la necesidad de valorar el uso de pantallas como parte de un conjunto más amplio de comportamientos relacionados con el desarrollo infantil, incluyendo sueño, actividad física, interacción con cuidadores, desempeño escolar y bienestar emocional.
En un contexto en el que teléfonos inteligentes, tabletas, computadores, videojuegos y redes sociales forman parte creciente de la vida cotidiana, la evidencia apunta hacia una discusión menos centrada exclusivamente en prohibir o contabilizar horas y más orientada a comprender cómo, cuándo y para qué utilizan los niños y adolescentes los medios digitales.


