Las Américas registraron 163 casos confirmados de difteria durante las primeras 21 semanas de 2026, incluidos cinco fallecimientos, según la alerta epidemiológica emitida por la Organización Panamericana de la Salud el 11 de junio y difundida posteriormente en una nota institucional del 15 de junio. El dato encendió una advertencia regional porque supera ampliamente lo notificado en 2025 y ocurre en un contexto de coberturas de vacunación contra difteria por debajo del umbral recomendado.
El llamado de la OPS pone el énfasis en la capacidad de los países para cerrar brechas de inmunización, recuperar esquemas incompletos y sostener la vigilancia epidemiológica, además de atender los casos ya identificados.. El énfasis está en la capacidad de los países para cerrar brechas de inmunización, recuperar esquemas incompletos, identificar población susceptible y sostener la vigilancia epidemiológica de enfermedades prevenibles por vacunación. La alerta también recuerda la necesidad de mantener disponibilidad de antitoxina diftérica, un insumo crítico para la respuesta clínica y el control de posibles brotes.
Haití concentra la mayoría de casos y todas las muertes
El comportamiento regional está altamente concentrado. De los 163 casos confirmados hasta la semana epidemiológica 21, Haití notificó 159 y reportó la totalidad de las cinco defunciones. Brasil y Perú también informaron casos, aunque en una proporción mucho menor.
Esta concentración no reduce el riesgo para el resto de la región. En enfermedades inmunoprevenibles, la presencia de focos activos en un país puede convertirse en una señal de alerta para territorios con grupos no vacunados, esquemas incompletos, dificultades de acceso a servicios de salud o vigilancia débil. La OPS señala además que más de la mitad de los casos confirmados corresponde a personas no vacunadas o con estado de vacunación desconocido, lo que refuerza la relación operativa entre rezago vacunal y vulnerabilidad poblacional.
La difteria es una enfermedad bacteriana prevenible mediante vacunación. Su riesgo clínico está asociado a la toxina producida por Corynebacterium diphtheriae, que puede generar complicaciones graves, incluida afectación cardíaca y neurológica. Por esa razón, la respuesta sanitaria no depende solo de detectar casos, sino de asegurar esquemas completos, refuerzos, diagnóstico oportuno, aislamiento, tratamiento y disponibilidad de antitoxina.
La cobertura regional DTP3 volvió a quedar bajo la meta
La OPS informó que la cobertura regional con la tercera dosis de la vacuna contra difteria, tétanos y tos ferina, conocida como DTP3, bajó de 88% en 2023 a 87% en 2024. Aunque la reducción anual es de un punto porcentual, el problema técnico está en que la región continúa por debajo del 95% recomendado para sostener una protección comunitaria robusta.
El dato debe leerse con cuidado. Una variación de un punto no describe por sí sola cuántos niños quedaron sin protección, porque ese cálculo depende de la población objetivo usada por cada programa nacional de inmunización. Sin embargo, en términos de salud pública, la caída confirma que la recuperación pospandemia no ha sido suficiente para devolver a la región a niveles óptimos de cobertura.
La OPS también advierte que varios países mantienen coberturas inferiores al 80% y altas tasas de abandono entre la primera y la tercera dosis. Ese abandono es especialmente relevante porque recibir la primera dosis no equivale a completar la protección primaria. Para los programas de inmunización, la brecha entre DTP1 y DTP3 funciona como indicador de continuidad, seguimiento nominal y capacidad efectiva de llegar al niño durante los primeros meses de vida.
La respuesta no puede limitarse a campañas masivas
La alerta regional plantea una agenda operativa más amplia que una campaña puntual de vacunación. La primera prioridad es reforzar la vacunación de rutina y las actividades de puesta al día, con énfasis en niños con esquemas incompletos, adolescentes y adultos que requieran refuerzos según los calendarios nacionales.
El segundo frente es la microplanificación. Los países deben identificar con precisión dónde están las brechas, cuáles poblaciones no están siendo alcanzadas y qué barreras impiden completar los esquemas. Esta tarea exige registros nominales actualizados, análisis territorial y despliegue de estrategias diferenciadas para zonas rurales, población migrante, comunidades dispersas y territorios con baja disponibilidad de servicios.
El tercer componente es la vigilancia epidemiológica. La detección de casos sospechosos, la confirmación rápida por laboratorio y la investigación de contactos son condiciones necesarias para evitar transmisión secundaria. La OPS también insiste en que los países deben capacitar al personal de salud para reconocer signos clínicos compatibles con difteria y garantizar manejo oportuno.
La disponibilidad de antitoxina diftérica debe verificarse de manera anticipada. No basta con tener protocolos. Ante un caso probable o confirmado, el tiempo de acceso al insumo puede modificar el desenlace clínico. Para los sistemas de salud, esta es una pregunta concreta de preparación y abastecimiento.
Colombia debe leer la alerta como advertencia de brechas
La OPS no reporta a Colombia entre los países con casos confirmados de difteria en 2026 dentro de la alerta regional. Por tanto, el aterrizaje nacional debe leerse como advertencia para revisar coberturas, rezagos y capacidad de respuesta. La alerta regional no constituye evidencia de brote local en el país.
El antecedente internacional disponible para Colombia muestra que la cobertura DTP3 cayó durante la pandemia y luego tuvo una recuperación parcial. Según la ficha país de OMS y UNICEF con datos hasta 2023, Colombia registró 88% en 2020, 86% en 2021, 87% en 2022 y 90% en 2023. Ese comportamiento indica recuperación frente al punto más bajo del periodo, pero todavía lejos del 95% recomendado.
Cualquier estimación nacional sobre menores susceptibles debe usar la población objetivo oficial del PAI y no cifras generales desactualizadas de nacimientos. El DANE reportó de manera preliminar 433.678 nacimientos en Colombia durante 2025, no una cohorte cercana a 700.000. Si se usara esa cifra solo como aproximación demográfica, un punto porcentual equivaldría a unos 4.337 nacidos vivos. Sin embargo, para efectos programáticos, el cálculo correcto debe hacerse con el denominador oficial asignado al programa de vacunación.
La implicación para EPS, IPS, entidades territoriales y autoridades sanitarias es clara. La alerta OPS obliga a revisar si los sistemas nominales permiten identificar niños con esquemas incompletos, si las IPS verifican el carné o el registro de vacunación en cada contacto con el sistema, si existen rutas de búsqueda activa y si las entidades territoriales conocen sus brechas por municipio, corregimiento, barrio o población priorizada.
Lo que falta verificar en el país
Sí es pertinente señalar los puntos que deberían verificarse en el corto plazo. El primero es la cobertura DTP3 más reciente por departamento y municipio. El segundo es la tasa de abandono entre primera y tercera dosis. El tercero es la disponibilidad nacional y territorial de antitoxina diftérica. El cuarto es la capacidad de confirmación por laboratorio y notificación oportuna ante casos sospechosos. El quinto es la integración entre los registros nominales de vacunación y la vigilancia epidemiológica.
Los lineamientos nacionales del PAI ya han insistido en la búsqueda y vacunación de población susceptible, así como en la necesidad de planificar jornadas y estrategias de intensificación. La alerta de OPS refuerza esa agenda, pero exige que la respuesta no se limite a metas agregadas. En enfermedades inmunoprevenibles, una cobertura nacional aceptable puede ocultar bolsones locales de susceptibilidad capaces de sostener brotes.
El mensaje técnico para el sector salud colombiano es preventivo. Mientras Haití concentra el evento regional, Colombia debe usar la alerta para revisar sus brechas reales, actualizar mapas de riesgo, asegurar insumos críticos y fortalecer la verificación de esquemas en cada punto de contacto con el sistema. La oportunidad está antes del brote, no después de la confirmación del primer caso.