En el marco del Día Mundial Sin Tabaco, CONSULTORSALUD dialogó con el doctor Wilson Cubides, director ejecutivo de la Liga Colombiana contra el Cáncer, sobre el impacto del consumo de tabaco y vapeadores en Colombia, los riesgos asociados al cáncer, los desafíos de prevención y la necesidad de fortalecer la cesación y la respuesta institucional del sistema de salud.
El Día Mundial Sin Tabaco fue el punto de partida de una entrevista realizada por La Voz de CONSULTORSALUD al doctor Wilson Cubides, médico cirujano con experiencia en administración de salud y salud pública internacional, para analizar el consumo de tabaco y el crecimiento del uso de vapeadores como problema sanitario. La conversación abordó la carga de enfermedad asociada al tabaquismo, la exposición de poblaciones jóvenes a dispositivos electrónicos, la relación con distintos tipos de cáncer y el papel que deben asumir EPS, IPS, profesionales de salud y autoridades en prevención, diagnóstico temprano y cesación.
¿Por qué el Día Mundial Sin Tabaco exige ampliar el foco hacia los vapeadores?
Según el Ministerio de Salud, cada día cerca de 96 colombianos mueren por enfermedades directamente causadas por el tabaco, costando más de 17 billones de pesos anuales para el sistema de salud. Colombia ha avanzado en políticas de control del tabaco, especialmente en espacios libres de humo y restricciones al uso del cigarrillo en ciertos entornos. Sin embargo, el crecimiento de los vapeadores plantea un nuevo desafío para la salud pública, especialmente porque estos dispositivos han ganado presencia entre jóvenes y se promocionan con mensajes que reducen la percepción de riesgo.
El director ejecutivo de la Liga Colombiana contra el Cáncer advirtió que los vapeadores no deben presentarse como una alternativa inocua. Durante la entrevista señaló que la publicidad ha instalado la idea de que se trata de un “vaporcito de agua”, con buen olor y sin efectos perjudiciales. Esa narrativa, afirmó, ha modificado el perfil de quienes se exponen a nicotina y a sustancias asociadas con enfermedad.
En ese contexto, Cubides fue enfático al vincular tanto el cigarrillo como los vapeadores con riesgos oncológicos. “La persona que fuma o usa vapeador tiene 20 veces más de riesgo de tener cáncer que una persona que no usa cigarrillo o no usa vapeador”, afirmó, al explicar que la relación no se limita al cáncer de pulmón, sino que incluye otros tumores como orofaringe, lengua, páncreas, vías digestivas, riñón, cuello uterino y mama en ciertos aspectos.
También puso sobre la mesa una preocupación epidemiológica y social: el consumo ya no se concentra únicamente en fumadores tradicionales. Cubides mencionó que hay personas que ingresan directamente al uso de vapeadores sin haber fumado cigarrillo, lo que amplía el espectro de exposición y obliga a actualizar las estrategias de prevención. Para el sector salud, este cambio implica no solo reforzar mensajes sobre tabaquismo, sino incorporar de forma explícita el vapeo en campañas, consultas clínicas y rutas de educación comunitaria.
El riesgo en población joven fue uno de los puntos más sensibles. El entrevistado señaló preocupación por universitarios, adolescentes e incluso niños, con reportes en regiones del país sobre menores encontrados con vapeadores en colegios. Más allá del dato anecdótico, el mensaje sanitario es relevante: la disponibilidad de estos dispositivos y su normalización social pueden anticipar exposiciones que, con el tiempo, se traduzcan en enfermedad respiratoria, cardiovascular u oncológica.
Desde una perspectiva de salud pública, la entrevista plantea una tensión central: mientras las políticas tradicionales han restringido el cigarrillo convencional, los vapeadores han encontrado canales de acceso y aceptación social más dinámicos. Esto exige regulación, vigilancia y comunicación de riesgo con mensajes comprensibles, especialmente dirigidos a jóvenes, familias, instituciones educativas y profesionales de atención primaria.
¿Qué debe hacer el sistema de salud frente al tabaquismo, el vapeo y el riesgo de cáncer?
En el plano clínico, Cubides insistió en que uno de los mayores problemas es la ausencia de señales tempranas claras en varios cánceres asociados al tabaco y al vapeo. La falta de síntomas puede generar una falsa sensación de seguridad entre usuarios que no presentan molestias. “En las fases iniciales esos tipos de cáncer no tienen ningún síntoma”, precisó, al referirse no solo al cáncer de pulmón, sino también a otros tumores vinculados con estas exposiciones.
Cuando aparecen manifestaciones, el cuadro puede ser inespecífico. Durante la conversación se mencionaron tos crónica, infecciones respiratorias repetidas, secreciones, tos productiva persistente y fatiga, como ocurre cuando una persona que antes subía escaleras sin dificultad empieza a cansarse. Sin embargo, Cubides aclaró que ningún síntoma aislado confirma la presencia de cáncer, por lo que la consulta oportuna y la evaluación médica siguen siendo esenciales.
El entrevistado también hizo referencia al papel de exámenes de radiología, particularmente el TAC de baja dosis, como herramienta que puede ayudar a detectar cáncer de pulmón en fases más tempranas cuando existe sospecha o riesgo. Para médicos generales, servicios de consulta externa e IPS, este mensaje refuerza la importancia de indagar de manera sistemática por consumo de cigarrillo, uso de vapeadores, exposición pasiva y síntomas persistentes.
La cesación fue otro eje de la entrevista. Cubides mencionó que existen instituciones con experiencia en programas para dejar de fumar, entre ellas la Liga Colombiana contra el Cáncer, el Instituto Nacional de Cancerología, la Fundación Santa Fe de Bogotá y la Fundación ANASH. No obstante, también reconoció que el sistema de salud atraviesa dificultades relacionadas con sostenibilidad y flujo de recursos, lo que puede limitar la capacidad de respuesta en algunas instituciones.
El llamado no se dirigió únicamente a los pacientes. Cubides subrayó que fumar o vapear también afecta a quienes están alrededor, incluidos familiares, hijos, parejas y personas que inhalan humo o vapor de manera pasiva. Desde esta perspectiva, la cesación no solo tiene beneficio individual, sino impacto familiar y comunitario.
En materia de política pública, el director ejecutivo de la Liga planteó la necesidad de fortalecer educación, prevención, diagnóstico temprano, regulación, impuestos, control de precios y cumplimiento normativo. “El llamado hacia todos los actores del sistema es que tomemos conciencia nuevamente que prevenir es mejor que curar”, expresó, al señalar que la carga sanitaria del tabaco y los vapeadores debe entenderse también como un reto de sostenibilidad para el sistema.
El cierre de la entrevista dejó un mensaje preventivo directo: “Desvapéate, tu vida no es un juego”. En términos periodísticos, el valor de esa consigna está en su conexión con el principal hallazgo de la conversación: el país enfrenta un escenario en el que el control del tabaco ya no puede separarse del control de los vapeadores. Para el sector salud, el Día Mundial Sin Tabaco representa una oportunidad para reforzar prevención, cesación, regulación e información clara sobre riesgos que, aunque prevenibles, siguen teniendo impacto clínico y financiero.