La entrega de la cloroquina representa un avance concreto en la estrategia oficial de fortalecimiento de la producción pública de medicamentos, aunque su impacto sanitario y productivo dependerá de la capacidad para mantener la fabricación, garantizar el abastecimiento y articular la distribución en los territorios con mayor incidencia de la enfermedad.
La fabricación fue financiada con recursos del Fondo de Investigación en Salud y cuenta con registro sanitario del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima). Según el Ministerio de Salud y Protección Social, el producto es resultado de una articulación entre el Gobierno nacional, la academia y la industria farmacéutica del país.
Más allá de la recepción de un primer lote, el hecho plantea una discusión estratégica para el sistema sanitario colombiano: cómo convertir las capacidades científicas e industriales disponibles en una producción sostenida de medicamentos esenciales, especialmente aquellos requeridos en zonas rurales, dispersas y con mayores dificultades de acceso.
Cloroquina producida por la Universidad de Antioquia y producción pública
La adquisición se enmarca en el CONPES 4170 de 2025 y en el convenio suscrito entre el Ministerio de Salud, el Instituto Nacional de Salud y la Universidad de Antioquia. Este acuerdo busca ampliar la infraestructura destinada a la fabricación de medicamentos y fortalecer las capacidades farmacéuticas existentes en el país.
El Ministerio de Salud presentó la entrega como parte de su estrategia de soberanía sanitaria. Este concepto, utilizado por la cartera, se relaciona en este caso con la posibilidad de reducir la dependencia externa y disponer de capacidades nacionales para producir determinados medicamentos considerados esenciales.
Sin embargo, la recepción del primer lote debe interpretarse como un punto de partida y no como la consolidación definitiva de una política industrial farmacéutica. Para establecer el alcance real de la iniciativa será necesario conocer posteriormente la cantidad de unidades producidas, la capacidad instalada, la frecuencia de fabricación, los costos, las condiciones de distribución y los mecanismos de seguimiento al abastecimiento.
El Fondo Estratégico de la OPS intervino en la compra
La compra fue realizada mediante el Fondo Estratégico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La Universidad de Antioquia figura como proveedor de este mecanismo para la región, una condición que el Ministerio destacó como evidencia del potencial científico y productivo de Colombia.
La participación en este fondo tiene un significado que trasciende la operación puntual. Supone que una institución pública universitaria colombiana dispone de condiciones para participar en un instrumento regional de adquisición de medicamentos y suministros sanitarios.
Al mismo tiempo, esa capacidad deberá traducirse en procesos estables de producción, control de calidad y entrega. El registro sanitario del Invima acredita que el producto fue autorizado dentro del marco regulatorio correspondiente, pero la sostenibilidad de la iniciativa dependerá también de variables operativas, financieras y logísticas.
La articulación entre el Ministerio de Salud, el Instituto Nacional de Salud y la Universidad de Antioquia permite combinar capacidades de política pública, vigilancia sanitaria, investigación y fabricación. El desafío será evitar que esa cooperación se limite a una entrega inicial y lograr que se integre a una estrategia de largo plazo.
La malaria mantiene una carga territorial desigual
La cloroquina es utilizada principalmente para la prevención y el tratamiento de la malaria o paludismo, una enfermedad causada por parásitos del género Plasmodium y transmitida mediante la picadura de mosquitos del género Anopheles.
Según el Ministerio de Salud, Colombia registra entre 50.000 y 100.000 casos de malaria cada año. La amplitud de este rango muestra que la carga puede variar de manera importante, aunque la información suministrada no detalla el comportamiento anual ni la distribución por especie parasitaria.
Las zonas con mayor incidencia se concentran en la costa Pacífica, los valles de los ríos Cauca y Sinú, la Amazonía y la Orinoquia. En estos territorios, la enfermedad afecta especialmente a comunidades indígenas y afrodescendientes ubicadas en áreas rurales dispersas.
Este patrón territorial convierte la disponibilidad del medicamento en un reto que no termina en la fábrica. La respuesta también requiere almacenamiento, transporte, dispensación y capacidad asistencial en lugares donde las distancias, la conectividad y las condiciones geográficas pueden dificultar la continuidad de la atención.
Por esa razón, el efecto de la producción nacional deberá evaluarse no solo por el número de unidades fabricadas, sino por su capacidad para llegar oportunamente a los pacientes que las necesitan.
Una planta pública con tres décadas de experiencia
Weber Ríos Ortiz, decano de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas y Alimentarias de la Universidad de Antioquia, señaló que el resultado se sustenta en la trayectoria de la institución y de su planta de fabricación.
“Este es el resultado de confiar en los 30 años de experiencia de una planta de producción de medicamentos pública y en los más de 220 años de historia de una universidad con una sólida vocación investigativa, que cuenta con más de 200 grupos de investigación”, afirmó.
El decano agregó que cerca de 11 de esos grupos pertenecen a la Facultad de Ciencias Farmacéuticas y Alimentarias y que algunos están especializados en formulación farmacéutica.
La experiencia acumulada ofrece una base científica y técnica para ampliar la participación de la universidad en la fabricación pública. No obstante, la producción a mayor escala exige continuidad presupuestal, planeación de la demanda, adquisición de materias primas, cumplimiento regulatorio permanente y coordinación con las entidades responsables del suministro.