La posibilidad de aplicar terapia CAR-T en Chile marca un punto de inflexión para la medicina oncohematológica del país. La Clínica Alemana de Santiago avanza en la creación del primer laboratorio nacional especializado en esta tecnología, con el objetivo de preparar un ensayo clínico en pacientes con linfoma.
La terapia CAR-T consiste en extraer linfocitos T del propio paciente, modificarlos genéticamente y devolverlos al organismo para que reconozcan y ataquen células tumorales. Se trata de una forma de inmunoterapia celular que se administra en una sola dosis y que ha cambiado el pronóstico de algunos cánceres hematológicos, especialmente en casos graves o refractarios en los que las alternativas terapéuticas son limitadas.
En la región, el único país que ya cuenta con producción y aplicación de esta tecnología es Brasil. En contraste, los pacientes chilenos candidatos que han tenido posibilidades económicas de acceder a esta intervención han debido gestionar el tratamiento en el extranjero, con costos que pueden alcanzar hasta 200 millones de pesos, de acuerdo con la información disponible.
Un ensayo clínico inicial en pacientes con linfoma
El proyecto chileno tendría como primera indicación el linfoma, considerado el cáncer hematológico más frecuente. Javiera Donoso, jefa de hematología de Clínica Alemana, explicó que la meta inicial es poner en marcha un ensayo clínico con pacientes con esta patología, por el potencial beneficio que podría representar el acceso local a la terapia.
De acuerdo con la especialista, el laboratorio iniciaría actividades hacia finales de 2026 como parte de la preparación del ensayo clínico, cuya realización se proyecta tentativamente para 2027 en alrededor de 30 pacientes chilenos con linfoma. La intención posterior sería ampliar progresivamente las indicaciones hacia otras enfermedades, siempre de acuerdo con la evidencia clínica y los criterios de selección.
La experta también hizo una precisión clave para evitar expectativas desproporcionadas: no todo paciente con cáncer hematológico requiere terapia CAR-T. Las indicaciones son puntuales y dependen del tipo de enfermedad, el estadio clínico, la respuesta a tratamientos previos y la evaluación especializada.
Una tecnología con impacto en cánceres hematológicos
La terapia celular fue aprobada inicialmente para leucemias agudas. Posteriormente, sus indicaciones se extendieron a pacientes con linfoma y mieloma múltiple. Actualmente, la tecnología también se estudia en cánceres de órganos sólidos y en ciertas enfermedades autoinmunes, aunque estos usos se encuentran en evaluación y no deben interpretarse como aplicaciones generalizadas.
El avance de la terapia CAR-T ha sido descrito por especialistas como una revolución terapéutica por su capacidad de modificar el curso de enfermedades graves. Álvaro Lladser, director del Centro Basal Ciencia & Vida y académico de la Universidad San Sebastián, quien ha realizado estudios pioneros sobre CAR-T en Chile, señaló que esta tecnología ofrece una ventana terapéutica que no se había logrado con otros tratamientos.
Según el investigador, dependiendo de la patología, cerca del 50 % o 60 % de los pacientes podría curarse de por vida, mientras que algunos estudios han reportado respuestas favorables en el 80 % de los casos. Estas cifras deben leerse dentro del contexto clínico correspondiente, pues los resultados varían según enfermedad, línea terapéutica, características del paciente y diseño de los estudios.
Acceso, manufactura y política pública: los desafíos pendientes
El posible inicio de capacidades nacionales en terapia CAR-T no elimina los principales retos del sistema chileno. Para Joaquín Jerez, hematólogo de la Fundación Arturo López Pérez, la modalidad de ensayo clínico representa una oportunidad porque permite que pacientes accedan a terapias que actualmente no están disponibles en el país. Sin embargo, también advirtió que Chile debe avanzar en una política de manufactura que permita ampliar acceso y cobertura para los pacientes que realmente la requieran.
De acuerdo con Jerez, los candidatos a CAR-T en Chile se estiman entre 500 y 750 pacientes al año. Esta cifra dimensiona el desafío: pasar de un ensayo clínico inicial a un modelo sostenible de acceso exige infraestructura, talento humano especializado, regulación, financiamiento, trazabilidad clínica, seguridad en la manufactura y rutas de derivación adecuadas.
Santiago Barcaza, director del Centro de Innovación en Modelos Biomédicos Experimentales UC, también valoró el avance como una señal relevante para el país. Desde su perspectiva, lograr que Chile atienda a pacientes con CAR-T a partir de capacidades nacionales sería una noticia de alto impacto, aunque el desafío central seguirá siendo la accesibilidad.
El potencial de cerrar brechas de acceso
El desarrollo local de terapias CAR-T puede tener implicaciones más amplias que la realización de un ensayo clínico. Bernd Oberpaur, médico director de Clínica Alemana, planteó que generar experiencia local podría contribuir, con el tiempo, a reducir costos, sumar nuevos centros y cerrar brechas de acceso que hoy persisten.
Para el ecosistema sanitario, el avance chileno debe interpretarse como una oportunidad científica y asistencial, pero también como una prueba de capacidad institucional. La introducción de terapias avanzadas exige articular investigación clínica, regulación sanitaria, aseguramiento de calidad, financiamiento y criterios transparentes de elegibilidad.
El caso del país también refleja una discusión regional. Mientras Brasil ya cuenta con producción y aplicación, Chile se prepara para ingresar a un campo que combina medicina personalizada, inmunoterapia, ingeniería celular y gestión sanitaria de alta complejidad. La pregunta que seguirá abierta no es solo cuándo se aplicará la primera terapia CAR-T en el país, sino cómo se construirá un modelo que permita convertir esa capacidad científica en acceso efectivo, seguro y sostenible para los pacientes.