Reducir líquidos intravenosos durante cirugía no empeoró los desenlaces clínicos, según estudio

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Un estudio con 38.976 pacientes encontró que una estrategia hospitalaria redujo 75,2 % la administración de cristaloides durante las cirugías sin asociarse con mayores tasas de lesión renal aguda, hipotensión u otros desenlaces adversos.
Reducir líquidos intravenosos durante cirugía no empeoró los desenlaces clínicos, según estudio

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Una estrategia implementada durante una crisis de abastecimiento permitió disminuir de forma considerable los líquidos intravenosos administrados en los quirófanos sin observar peores resultados clínicos en los pacientes. El análisis abre nuevas preguntas sobre las prácticas habituales de reposición de fluidos durante los procedimientos quirúrgicos.

Una reducción de 75,2 % en la administración de líquidos intravenosos durante cirugía no estuvo asociada con un aumento significativo de lesión renal aguda, hipotensión intraoperatoria ni costos de atención, según un estudio que analizó 38.976 pacientes sometidos a procedimientos bajo anestesia. La investigación, publicada el 15 de septiembre de 2026 en JAMA Network Open, aprovechó la escasez de soluciones intravenosas registrada en Estados Unidos en 2024 para evaluar qué ocurrió cuando un sistema hospitalario modificó de forma drástica sus prácticas habituales de utilización de cristaloides.

El análisis se desarrolló en nueve instituciones de una red hospitalaria del Bronx, Nueva York, entre el 2 de septiembre y el 31 de diciembre de 2024. De los pacientes incluidos, 12.026 fueron atendidos antes de implementar la estrategia de reducción y 26.950 durante su aplicación. La edad promedio fue de 55,7 años y el 56,3 % de la población correspondió a mujeres.

Una crisis de abastecimiento abrió un experimento natural en los quirófanos

La interrupción del suministro nacional de líquidos intravenosos llevó al sistema hospitalario a adoptar una intervención compuesta por 12 medidas destinadas a disminuir la utilización de cristaloides. Entre ellas se encontraba emplear bolsas del menor tamaño apropiado y reducir la cantidad de soluciones disponibles directamente en los quirófanos.

El cambio comenzó a mostrar efectos medibles a partir del 9 de octubre de 2024. Para los investigadores, la situación configuró un experimento natural que permitió comparar la práctica clínica antes y después de una modificación que, en circunstancias normales, habría sido difícil implementar con semejante magnitud.

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El manejo de líquidos durante una cirugía implica mantener un equilibrio clínico. Una administración excesiva se ha relacionado en investigaciones previas con complicaciones posoperatorias, mientras que estrategias demasiado restrictivas pueden aumentar el riesgo de hipotensión o lesión renal. Por esa razón, el estudio no buscó establecer que administrar menos líquidos sea necesariamente superior, sino determinar qué resultados acompañaron una reducción marcada de su utilización.

Los líquidos intravenosos durante cirugía disminuyeron 75,2 %

Tras ajustar los resultados por variables como edad, sexo, índice de masa corporal, duración y tipo de cirugía, comorbilidades, urgencia del procedimiento y hospital donde se realizó la intervención, los investigadores encontraron una disminución de 75,2 % en la administración intraoperatoria de cristaloides.

También cambió el volumen de soluciones suministradas semanalmente a los quirófanos. El total pasó de un promedio de 1.793 litros semanales antes de la intervención a 1.118 litros durante su aplicación, una disminución de 37,6 % en el volumen distribuido.

La investigación incluyó una amplia variedad de procedimientos. Cerca del 79 % correspondió a cirugías electivas, mientras que también fueron analizados procedimientos urgentes y de emergencia. La población incluyó pacientes de cirugía general, ortopedia, ginecología, urología, cirugía cardiovascular, neurocirugía, trasplantes y otras especialidades.

Menor producción de orina y menos utilización de catéteres

La disminución de cristaloides estuvo acompañada por una reducción de la producción urinaria intraoperatoria. El análisis ajustado calculó una diferencia absoluta promedio de 27 mililitros menos durante la intervención.

Al mismo tiempo, la utilización de catéter urinario durante los procedimientos pasó de 10,9 % antes de la estrategia a 9,2 % durante su implementación. El riesgo relativo ajustado fue de 0,87, lo que representa una asociación estadísticamente significativa con una menor utilización de estos dispositivos.

Los autores explicaron que la decisión de colocar un catéter durante una cirugía depende de diferentes factores, entre ellos la duración del procedimiento, los cambios esperados en el balance de líquidos y la necesidad de vigilar la producción de orina. Reducir procedimientos innecesarios forma parte de las estrategias orientadas a fortalecer la seguridad del paciente y limitar riesgos vinculados con dispositivos invasivos. La infección urinaria posoperatoria, no obstante, no presentó una diferencia estadísticamente significativa entre los dos periodos evaluados.

No aumentaron significativamente la lesión renal ni la hipotensión

Uno de los principales interrogantes era si una reducción tan pronunciada de líquidos podría comprometer la estabilidad hemodinámica o la función renal de los pacientes.

Los investigadores no identificaron diferencias significativas en lesión renal aguda posoperatoria. El riesgo relativo ajustado fue de 0,97, con un intervalo de confianza que no mostró una diferencia estadísticamente significativa entre los periodos evaluados.

Tampoco se encontró un aumento significativo de la hipotensión intraoperatoria. Los investigadores señalaron además que durante el periodo analizado no observaron incrementos en eventos cardiovasculares adversos mayores ni en complicaciones respiratorias posoperatorias.

El resultado no permite concluir que una estrategia restrictiva sea segura para cualquier paciente o procedimiento. Los propios autores recuerdan que todavía se requieren ensayos clínicos aleatorizados con suficiente poder estadístico para establecer cuál es el volumen óptimo de líquidos durante las cirugías y destacan la importancia de individualizar el manejo hemodinámico.

¿Qué ocurrió con las readmisiones hospitalarias?

Otro resultado llamó particularmente la atención. La proporción de pacientes readmitidos dentro de los 30 días posteriores al procedimiento disminuyó de 6,3 % antes de la intervención a 5,1 % durante su implementación. El riesgo relativo ajustado fue de 0,82.

Este resultado debe interpretarse con precaución. El diseño observacional del estudio no permite afirmar que administrar menos líquidos haya causado directamente la reducción de las readmisiones.

Los investigadores reconocieron que el estudio no fue diseñado para explicar las razones de esa diferencia y que las readmisiones no fueron clasificadas según diagnóstico ni según si podían haberse prevenido. Por ello, no es posible establecer si la reducción estuvo relacionada con menos complicaciones o con otros factores ocurridos durante el periodo de estudio.

¿Puede una estrategia de conservación modificar la práctica perioperatoria?

La crisis también tuvo un impacto económico particular. Durante la escasez, el gasto semanal asociado con cristaloides aumentó más de diez veces y generó aproximadamente US$749.541 adicionales durante 12 semanas. A pesar de este incremento en el precio de los insumos, el estudio no encontró diferencias significativas en el costo total de la atención hospitalaria entre los periodos comparados.

Los resultados sugieren que parte de las prácticas rutinarias de administración de líquidos en cirugía puede ser revisada, pero no establecen un volumen universal que deba utilizarse ni respaldan una reducción indiscriminada de cristaloides.

El estudio se realizó dentro de una única red hospitalaria urbana, una limitación que restringe la posibilidad de extrapolar los resultados a otras instituciones, áreas rurales o sistemas sanitarios con características diferentes. Además, se trató de una cohorte retrospectiva y no de un ensayo clínico aleatorizado.

La principal conclusión es más acotada: en esta red hospitalaria, una estrategia estructurada que redujo de manera pronunciada los cristaloides intraoperatorios no estuvo asociada con peores desenlaces centrados en los pacientes durante el periodo estudiado. Para los autores, este experimento natural plantea la necesidad de seguir evaluando cuánto líquido requiere realmente cada paciente y qué prácticas pueden optimizarse sin comprometer la seguridad clínica.

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