Treinta años también construyen una escuela
El 4 de septiembre de 2026 celebraremos la trigésima edición del Congreso de Residentes de Medicina Física y Rehabilitación de la Universidad El Bosque. Llegar a treinta años no representa solamente la continuidad de un evento académico. Para quienes hemos dedicado buena parte de nuestra vida profesional a esta especialidad y a la formación de nuevas generaciones, significa reconocer la construcción de una escuela, la transformación de una disciplina y, sobre todo, una manera diferente de comprender la rehabilitación.
Durante décadas, la Medicina Física y Rehabilitación fue asociada principalmente con el manejo de las secuelas de una enfermedad o una lesión. El fisiatra aparecía, muchas veces, cuando el proceso agudo había terminado y el paciente debía aprender a convivir con sus limitaciones. Esa mirada ha cambiado. Hoy nuestra participación comienza mucho antes y abarca el diagnóstico, la prevención de complicaciones, la recuperación funcional, el manejo del dolor, la prescripción de tecnología, el intervencionismo y la toma de decisiones que pueden modificar de manera significativa el pronóstico de una persona.
Una especialidad que se transforma con sus pacientes
La agenda de este XXX Congreso refleja precisamente esa evolución. Hablar de fascia e intervencionismo, nuevas perspectivas en osteoartritis, órtesis mecanoasistidas y robóticas, rehabilitación del paciente quemado, ecografía pediátrica, espasticidad, dolor nociplástico, rehabilitación laboral y tecnología aplicada a la población pediátrica demuestra la amplitud que ha alcanzado nuestra práctica. A ello se suma un campo que ha tenido un crecimiento especial: la neurofisiología clínica, representada en el Congreso por temas como los potenciales evocados motores, el mapeo cerebral y la actualización en polineuropatías desmielinizantes.
Esta diversidad no significa fragmentación. Por el contrario, expresa uno de los mayores valores de nuestra especialidad: la capacidad de integrar conocimiento médico, función y contexto. Un fisiatra no trata únicamente una rodilla, un nervio, una lesión cerebral o una alteración de la marcha. Trata a una persona cuya enfermedad modifica su capacidad para moverse, comunicarse, trabajar, estudiar, participar en su familia y desarrollar un proyecto de vida.
Tecnología sí, pero con propósito
La rehabilitación contemporánea dispone de herramientas que hace treinta años parecían lejanas: ecografía musculoesquelética, robótica, sistemas avanzados de órtesis, procedimientos intervencionistas y técnicas neurofisiológicas capaces de explorar el sistema nervioso con creciente precisión. Sin embargo, incorporar tecnología no puede convertirse en un fin en sí mismo. Su verdadero valor aparece cuando responde una pregunta clínica, orienta una decisión terapéutica o permite medir de manera objetiva un cambio funcional.
Ese es uno de los retos que debemos transmitir a nuestros residentes. El especialista del futuro tendrá que conocer y utilizar nuevas tecnologías, pero también deberá saber cuándo no utilizarlas. Tendrá que interpretar evidencia científica sin perder el juicio clínico y comprender que ninguna innovación reemplaza una historia clínica cuidadosa, un examen físico riguroso y una conversación honesta con el paciente sobre sus objetivos.
Formar fisiatras para los próximos treinta años
Un Congreso de Residentes tiene un significado particular porque coloca la formación en el centro de la discusión. Quienes hoy están aprendiendo la especialidad ejercerán en un escenario distinto al que conocimos sus profesores. Encontrarán pacientes más informados, nuevas tecnologías, inteligencia artificial, terapias cada vez más personalizadas y una creciente necesidad de demostrar resultados funcionales y valor en salud.
Nuestra responsabilidad como docentes no consiste solamente en transmitir técnicas. Debemos formar especialistas capaces de hacer preguntas, cuestionar prácticas que no aportan valor, trabajar con otras disciplinas y generar investigación desde los problemas reales de nuestros pacientes. También debemos defender un principio que sigue siendo vigente a pesar de todos los avances: rehabilitar no es simplemente recuperar una estructura; es favorecer funcionamiento, autonomía y participación.
El futuro de la rehabilitación se construye hoy
Celebrar treinta años del Congreso de Residentes es una oportunidad para mirar hacia atrás con gratitud, pero principalmente para preguntarnos qué especialidad queremos construir hacia adelante. La Medicina Física y Rehabilitación ha ampliado sus fronteras y hoy tiene la posibilidad de participar de manera mucho más temprana y decisiva en las rutas de atención.
El desafío para los próximos años será consolidar ese papel sin perder nuestra esencia. Podemos incorporar robótica, intervencionismo, neurofisiología, ecografía y nuevas formas de analizar el sistema nervioso, pero el objetivo seguirá siendo el mismo: lograr que una persona funcione mejor en su vida real. Después de treinta años de Congreso de Residentes, quizá esa sea la mejor manera de definir nuestra evolución: hemos incorporado nuevas herramientas, pero seguimos poniendo la función y a la persona en el centro.
Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente a su autor y no comprometen la línea editorial de CONSULTORSALUD.