Pese a que hubo un aumento en la conversación cotidiana y pública sobre la salud mental posterior a la pandemia, la evidencia empírica nos demuestra que la brecha de atención sigue siendo muy crítica. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), para 2024 en América Latina y el Caribe, la brecha de tratamiento para trastornos mentales supera el 77,9%. Casi ocho de cada diez personas que viven con un trastorno o condición de salud mental no reciben atención profesional.
El sociólogo Erving Goffman, en su obra clásica Estigma: la identidad deteriorada, define el estigma como un atributo desacreditador que reduce a un individuo completo a alguien que está manchado, que está tildado o estigmatizado por algo. En el ámbito de la salud mental, este fenómeno opera en tres niveles: el estigma público, entendido como el conjunto de prejuicios sociales hacia quienes buscan ayuda psicológica; “el estigma estructural”, como las barreras institucionales y la insuficiencia de recursos destinados a la salud mental; y “el auto-estigma”, la interiorización de un prejuicio que el sujeto asume desde creencias negativas.
En el contexto latinoamericano, y particularmente en Colombia, este fenómeno sigue condicionado por mitos profundamente arraigados en la cultura. Por ejemplo, esa patologización del sufrimiento, del estar “loco”, o cuando se tiene una condición mental grave ha alimentado la idea de que los psicólogos y psiquiatras solo atienden casos extremos o trastornos severos. Eso genera una postergación del diagnóstico y el tratamiento.
Estas etiquetas sociales llevan a la estigmatización del “enfermo mental”, haciendo que la persona que necesita ayuda profesional no la busque por miedo a la exclusión social, y eso lleva a lo que se denomina un “sesgo de autocontrol” o invalidez moral; asociado a esa creencia de que trastornos como la depresión o la ansiedad son simplemente una falta de fuerza de voluntad, falta de carácter o ausencia de fe. Estos son factores que debemos reconocer y cuestionar si queremos reducir las barreras de acceso a la atención.
El estigma también se manifiesta en las estructuras que organizan la atención en salud mental. De acuerdo con la investigación Trastorno de un Estado sin dinero (2025), desarrollada por la Unidad de Investigación Periodística del Politécnico Grancolombiano, entre 2018 y 2023 Colombia destinó cerca de 39 mil millones de pesos a programas de promoción de la salud mental, una cifra que representó apenas el 1 % del presupuesto del Ministerio de Salud y Protección Social.
Esta proporción se encuentra muy por debajo del 5 % recomendado por la Organización Panamericana de la Salud y el Banco Mundial para países de ingresos medios. A ello se suma una limitada disponibilidad de especialistas, con apenas 1,8 psiquiatras por cada 100.000 habitantes. Estas condiciones evidencian que las barreras para acceder a la atención no dependen únicamente de los prejuicios sociales o del miedo a pedir ayuda; también responden a limitaciones institucionales que dificultan el acceso oportuno y continuo a los servicios.
Los hombres y los adultos mayores necesitan ayuda psicológica
Estas dinámicas responden, en gran medida, a construcciones socioculturales. La OPS señala que, en la región de las Américas, casi el 80% de las muertes por suicidio corresponden a hombres, lo que quiere decir que son 4 de cada 5 casos, a pesar de que las mujeres registran mayores tasas de depresión y ansiedad. Eso nos ayuda a encontrar algunos factores explicativos, por ejemplo, ese mandato de autosuficiencia y control emocional que históricamente se ha asociado con la masculinidad.
Raewyn Connell, en su texto Masculinidades, explica cómo el rol normativo le exige a un hombre reprimir la vulnerabilidad, el dolor y la tristeza, siempre interpretando la búsqueda de ayuda como una pérdida de hombría, como una castración simbólica; pues la “masculinidad hegemónica” siempre va a operar como un factor de riesgo primario para los hombres. En cuanto a las consecuencias, podemos ver ese retraso sistemático del diagnóstico, que deriva en diagnósticos tardíos o en fases muy severas, mayor gravedad de los síntomas y mayor riesgo de desenlaces fatales, o sustitución de la psicoterapia por mecanismos de afrontamiento que son desadaptativos o inclusive, destructivos.
En la vejez, el estigma se cruza de manera transversal con el fenómeno del edadismo. En el 2024, la OMS refiere que, alrededor del 15 % de los adultos de 70 años o más viven con un trastorno mental, siendo la depresión y la ansiedad los más prevalentes. También vemos una “normalización” del sufrimiento, que da por sentado que el aislamiento, el desinterés vital y la tristeza crónica son consecuencias naturales del envejecimiento, y no condiciones médicas que deban ser tratadas.
Desde la logoterapia propuesta por Viktor Frankl, estas situaciones pueden entenderse como factores que contribuyen al vacío existencial en la vejez. Estas circunstancias reducen la probabilidad de que los adultos mayores accedan a intervenciones psicológicas oportunas y efectivas. Muchas veces se trabaja desde la psicofarmacología, sin embargo, al mismo tiempo la OMS reporta que el 16,6% de los suicidios globales ocurren en mayores de 70 años.
Las condiciones socioeconómicas y la pobreza profundizan las barreras de acceso a la salud mental y perpetúan el estigma
La pobreza no solo constituye un factor de riesgo asociado al desarrollo de trastornos mentales. También factores como la exposición constante al estrés crónico, violencia intrafamiliar, inseguridad alimentaria crean un círculo vicioso entre exclusión socioeconómica y estigma. Es importante hablar de la determinación social de la salud mental, pues algunos teóricos señalan que esta no es un hecho puramente biológico, sino socialmente determinado.
Quienes viven en situaciones de vulnerabilidad enfrentan una doble estigmatización: ser juzgados por su condición socioeconómica y ser juzgados por su sufrimiento psíquico. Además, el tiempo en desplazamientos, el costo de las consultas, la imposibilidad de faltar al trabajo informal, son factores que convierten el autocuidado mental en un lujo y no un derecho.
Byung-Chul Han advierte en La sociedad del cansancio que el rendimiento se ha convertido en una medida del valor individual. En este contexto, la pobreza puede profundizar el agotamiento emocional, generar sentimientos de culpa y aumentar el riesgo de depresión, reforzando el aislamiento social y alejando a las personas de la atención que necesitan.
Las intervenciones más eficaces contra el estigma combinan legislación, psicoeducación e integración de servicios. La evidencia muestra que las estrategias de contacto social directo son las más efectivas para combatir el estigma. Diversas revisiones sistemáticas han demostrado que el contacto con personas que han vivido trastornos mentales y han logrado procesos de recuperación genera más impacto que las charlas exclusivamente teóricas.
Otro aspecto fundamental es la integración de la salud mental en la atención primaria, promovida por la OMS, donde se pretende implementar programas de acción para superar las brechas de salud mental, capacitando psicólogos, enfermeros y demás personal de salud, acerca de cómo identificar y diagnosticar los trastornos mentales más comunes. De esta forma se podría reducir el riesgo de trastornos mentales y evitar la estigmatización que produce el envío directo o inmediato a un hospital psiquiátrico. Es importante crear programas públicos enfocados a redefinir la búsqueda de ayuda a edades particulares, masculinidades y demás poblaciones vulnerables.
Referencias:
- Connell, R. W. (1995). Masculinities. Polity Press.
- Frankl, V. E. (1991). La voluntad de sentido: Conferencias escogidas sobre logoterapia. Herder.
- Goffman, E. (2006). Estigma: La identidad deteriorada. Amorrortu.
- Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder.
- Organización Mundial de la Salud. (2022). Plan de acción integral sobre salud mental 2013-2030. Organización Mundial de la Salud. https://iris.who.int/server/api/core/bitstreams/8899edda-64fb-4c2d-b857-f81c7104374c/content
- Organización Mundial de la Salud. (2025). Más de mil millones de personas viven con trastornos de salud mental: urge ampliar los servicios. https://www.who.int/es/news/item/02-09-2025-over-a-billion-people-living-with-mental-health-conditions-services-require-urgent-scale-up
- Organización Mundial de la Salud. (2025). Trastornos mentales. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-disorders
- Organización Mundial de la Salud. (2025). Salud mental de los adultos mayores. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-of-older-adults
- Organización Panamericana de la Salud. (2024). Día Mundial de la Prevención del Suicidio 2024. https://www.paho.org/es/campanas/dia-mundial-prevencion-suicidio-2024
- Organización Panamericana de la Salud. (s. f.). Salud mental. https://www.paho.org/es/temas/salud-mental
- Unidad de Investigación Periodística del Politécnico Grancolombiano. (2025). Trastorno de un Estado sin dinero. Politécnico Grancolombiano.