Un mayor consumo de alimentos ultraprocesados se asoció con un incremento del 40 % en las odds ajustadas de presentar lesiones vasculares cerebrales subclínicas, según una investigación realizada en Canadá con 8.783 adultos de entre 35 y 69 años. El estudio, publicado en JAMA Network Open, identificó esta asociación mediante resonancia magnética, aunque no encontró diferencias significativas en el rendimiento cognitivo de los participantes.
Los resultados también mostraron una relación entre el consumo elevado de ultraprocesados y una mayor acumulación de grasa corporal y visceral. La investigación plantea la posibilidad de que ciertas alteraciones metabólicas y cerebrovasculares puedan identificarse antes de que aparezcan dificultades cognitivas detectables, aunque su diseño transversal no permite establecer una secuencia temporal ni demostrar causalidad.
Consumo de alimentos ultraprocesados y lesiones vasculares cerebrales: principales hallazgos
La investigación, desarrollada por el investigador Russell J. de Souza y colaboradores, analizó información de dos cohortes canadienses: Canadian Alliance for Healthy Hearts and Minds (CAHHM) y Prospective Urban and Rural Epidemiology-MIND (PURE-MIND). Los participantes no presentaban enfermedad cardiovascular al momento de su evaluación y tenían una edad promedio de 57,7 años. Del total incluido, 8.420 contaban con resultados disponibles de resonancia magnética cerebral.
Los investigadores evaluaron la presencia de lesión vascular cerebral subclínica, definida por la identificación de infartos cerebrales encubiertos o una carga elevada de hiperintensidades de la sustancia blanca. Estas alteraciones, detectables mediante neuroimagen, pueden reflejar enfermedad cerebrovascular que todavía no se ha manifestado mediante un evento clínico evidente.
Entre los participantes del cuartil con mayor consumo de ultraprocesados, la prevalencia de lesión vascular cerebral alcanzó el 11,3 %, frente al 8,1 % observado en el cuartil de menor consumo. Después de ajustar por variables sociodemográficas, actividad física, tabaquismo, antecedentes cardiometabólicos e ingesta energética, el grupo de mayor consumo presentó una razón de odds ajustada de 1,40 (IC del 95 %: 1,10-1,77).
Esta estimación equivale a un incremento relativo del 40 % en las odds de presentar lesión vascular cerebral, pero no debe interpretarse como un aumento del 40 % en el riesgo absoluto. En términos descriptivos, la diferencia de prevalencia entre ambos grupos fue de 3,2 puntos porcentuales. Además, aunque los resultados individuales para infartos encubiertos e hiperintensidades mostraron tendencias similares, no alcanzaron significación estadística de manera consistente.
Mayor consumo de ultraprocesados también se relacionó con adiposidad corporal y visceral
La evaluación nutricional se realizó mediante cuestionarios de frecuencia alimentaria previamente validados, que recogieron el consumo habitual durante el año anterior. Los alimentos fueron clasificados de acuerdo con el sistema NOVA, mientras que la exposición principal se expresó en porciones de ultraprocesados por cada 2.000 kilocalorías diarias. En promedio, estos productos representaron el 42,2 % de la ingesta energética de los participantes.
Al comparar los cuartiles extremos de consumo, los investigadores encontraron que quienes ingerían más ultraprocesados presentaban un porcentaje de grasa corporal 1,7 puntos porcentuales superior (IC del 95 %: 1,2-2,2) y un volumen de tejido adiposo visceral 5,7 mililitros mayor (IC del 95 %: 3,2-8,3). Ambas asociaciones fueron estadísticamente significativas después de los ajustes realizados.
Los resultados también evidenciaron una tendencia progresiva de mayor adiposidad conforme aumentaba el consumo de estos productos. Por cada cinco porciones adicionales de ultraprocesados por 2.000 kilocalorías diarias, el porcentaje de grasa corporal fue 0,9 puntos porcentuales superior y el volumen de grasa visceral aumentó 4,0 mililitros. En contraste, no se identificó una asociación significativa con la fracción de grasa hepática.
Los autores plantearon que la adiposidad, la disfunción metabólica, la inflamación y las alteraciones vasculares podrían participar en la relación observada entre alimentación y salud cerebral. Sin embargo, estos mecanismos constituyen explicaciones biológicas plausibles y no vías causales demostradas por la investigación.
Diferencias entre mujeres y hombres en las asociaciones cerebrovasculares
Los análisis estratificados por sexo identificaron diferencias en la magnitud de algunas asociaciones. Entre las mujeres, el mayor consumo de ultraprocesados se relacionó con una mayor prevalencia de lesión vascular cerebral, con una razón de odds ajustada de 1,78 (IC del 95 %: 1,27-2,48) al comparar los cuartiles extremos.
Entre los hombres, la estimación correspondiente fue de 1,08 (IC del 95 %: 0,76-1,54), sin una asociación estadísticamente significativa. También se observaron diferencias en las asociaciones con grasa corporal y tejido adiposo visceral, particularmente entre las participantes femeninas.
No obstante, los investigadores señalaron que estos análisis fueron exploratorios y no formaban parte de las comparaciones primarias preespecificadas. Por tanto, los resultados no permiten concluir que las mujeres presenten una susceptibilidad cerebrovascular diferencial confirmada frente al consumo de ultraprocesados. Su reproducibilidad deberá examinarse en otras poblaciones.
¿Por qué se identificaron lesiones cerebrales sin diferencias significativas en las pruebas cognitivas?
Uno de los hallazgos más relevantes fue la ausencia de asociaciones significativas y consistentes entre el consumo de ultraprocesados y el rendimiento cognitivo. Para esta evaluación se utilizaron la Evaluación Cognitiva de Montreal (MoCA), que examina diferentes dominios cognitivos, y la prueba de sustitución de dígitos por símbolos (DSST), que permite valorar velocidad psicomotora, atención y memoria de trabajo.
Los participantes presentaron, en general, un rendimiento cognitivo conservado. En el análisis principal ajustado no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en las puntuaciones de ambas pruebas entre los grupos de mayor y menor consumo, pese a la asociación observada con las alteraciones estructurales identificadas mediante resonancia magnética.
Los investigadores consideraron varias explicaciones posibles, entre ellas la aparición de cambios cerebrovasculares antes de que existan déficits cognitivos detectables, la reserva cognitiva de los participantes y las limitaciones de sensibilidad de las pruebas breves. Estas hipótesis requieren comprobación mediante seguimiento longitudinal, dado que las mediciones del estudio se realizaron en una misma visita.
La distinción entre lesión vascular subclínica y deterioro cognitivo resulta relevante para la investigación en salud cerebral y para el debate sobre la prevención del deterioro cognitivo y la demencia. Sin embargo, los resultados no demuestran que reducir los ultraprocesados prevenga directamente el deterioro cognitivo ni permiten establecer cuándo podrían aparecer manifestaciones clínicas.
¿Qué implicaciones tiene el estudio para la prevención y cuáles son sus limitaciones?
La investigación amplía el análisis de los alimentos ultraprocesados más allá de sus asociaciones cardiometabólicas, al incorporar indicadores de lesión vascular cerebral obtenidos mediante resonancia magnética. Su principal aportación consiste en examinar conjuntamente el consumo alimentario, diferentes medidas de adiposidad, las alteraciones cerebrovasculares subclínicas y el rendimiento cognitivo en adultos de mediana edad.
Sin embargo, la asociación con lesión vascular cerebral no fue consistente en todos los análisis de sensibilidad. Cuando el consumo de ultraprocesados se expresó como porcentaje de la energía total o como proporción del total de porciones alimentarias, no se identificaron asociaciones estadísticamente significativas con el resultado cerebrovascular. Esta variabilidad reduce la solidez de la interpretación y exige prudencia al valorar su relevancia clínica.
También deben considerarse las limitaciones derivadas del diseño transversal, la medición dietética mediante cuestionarios y la posible clasificación incorrecta de alimentos al aplicar retrospectivamente el sistema NOVA. Adicionalmente, las diferencias sociodemográficas y de hábitos entre los grupos podrían generar confusión residual, incluso después de los ajustes estadísticos realizados.
En consecuencia, los hallazgos aportan evidencia observacional sobre una posible relación entre el consumo elevado de ultraprocesados, la adiposidad y las lesiones vasculares cerebrales subclínicas. No obstante, todavía se necesitan estudios longitudinales que establezcan la temporalidad de estas asociaciones y determinen si las alteraciones identificadas se relacionan posteriormente con eventos cerebrovasculares o deterioro cognitivo clínicamente significativo.


