Minsalud propone actualizar el Programa Madre Canguro: ¿qué nuevas obligaciones tendrían las EPS y las IPS?

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El proyecto de resolución reorganizaría la atención desde la gestación hasta los 24 meses de edad corregida, incorporaría el Método Madre Canguro desde las primeras etapas del cuidado y establecería nuevas exigencias clínicas, operativas y de seguimiento para EPS, IPS y entidades territoriales.
Minsalud propone actualizar el Programa Madre Canguro EPS

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El Ministerio de Salud y Protección Social (Minsalud) estructuró un proyecto de resolución que actualizaría integralmente la atención de los recién nacidos pretérmino o con bajo peso al nacer en Colombia. La propuesta articula las intervenciones requeridas durante la gestación, el nacimiento, la hospitalización, el egreso y el seguimiento ambulatorio, con el propósito de evitar interrupciones entre los distintos niveles y prestadores que participan en el cuidado.

El borrador reglamentaría la Ley 2433 de 2024, mediante la cual se estableció el acceso universal y obligatorio de esta población a los Programas Madre Canguro, y actualizaría los lineamientos técnicos publicados en 2017. La revisión incorpora nueva evidencia clínica, amplía la evaluación del desarrollo durante el segundo año de vida y distribuye responsabilidades entre las entidades territoriales, las EPS, las entidades adaptadas y las instituciones prestadoras de servicios de salud.

La dimensión de la propuesta se explica por el número de niños que podrían requerir este modelo de atención. De acuerdo con las cifras consignadas en el documento, durante 2025 cerca del 12,71 % de los nacimientos en Colombia correspondió a recién nacidos pretérmino, mientras que otro 4,8 % presentó bajo peso al nacer pese a haber llegado a término. El borrador estima que aproximadamente 66.758 niños, equivalentes al 17,2 % de los nacidos vivos, tuvieron alguna de estas condiciones.

Los lineamientos estarían dirigidos a los niños nacidos antes de la semana 37 de gestación o con un peso inferior a 2.500 gramos, independientemente de su edad gestacional. La atención especializada se extendería hasta los dos años de edad corregida, medida utilizada para valorar el crecimiento y el desarrollo descontando de la edad cronológica las semanas que faltaron para completar una gestación de 40 semanas.

Las intervenciones individuales serían financiadas con recursos de la Unidad de Pago por Capitación, UPC, y quedarían articuladas con la Ruta Integral de Atención Materno Perinatal y la Ruta de Promoción y Mantenimiento de la Salud. La adaptación de los servicios a las condiciones territoriales, culturales o familiares no podría utilizarse como justificación para limitar el acceso, por lo que las atenciones contempladas se prestarían sin autorización previa, copagos ni cuotas moderadoras.

¿Qué cambiaría antes y durante el nacimiento?

La actualización comenzaría durante la atención prenatal, debido a que el resultado neonatal también depende de la identificación temprana del riesgo y de la capacidad institucional para anticipar un parto pretérmino. Cuando se detecte esa posibilidad, el plan de parto deberá orientarse hacia una institución que cuente con el nivel de cuidado neonatal requerido según la edad gestacional y las condiciones previstas para el recién nacido.

La propuesta prioriza el traslado de la gestante antes del nacimiento frente al transporte posterior del neonato, porque la remisión materna in útero se considera la alternativa más segura cuando se anticipa la necesidad de atención especializada. Esta planeación se acompañaría de intervenciones definidas según los hallazgos clínicos y los protocolos institucionales:

  • La atención prenatal incorporaría medidas específicas según el riesgo identificado: Entre ellas se encuentran la cervicometría entre las semanas 16 y 24 en gestantes con determinados antecedentes, la progesterona vaginal ante cuello uterino corto, los corticoides antenatales cuando exista riesgo inminente de parto entre las semanas 24 y 34, el sulfato de magnesio para neuroprotección fetal antes de la semana 32 y la tocólisis cuando permita completar el esquema de corticoides o gestionar el traslado materno.
  • La institución tendría que preparar anticipadamente la atención neonatal: Antes del nacimiento se verificarían el talento humano disponible, los equipos de reanimación, los medicamentos, los dispositivos respiratorios y la fuente de calor, mientras que el equipo definiría sus funciones y la respuesta prevista frente a posibles complicaciones.
  • Los primeros minutos de vida integrarían varias intervenciones de alto impacto: La atención combinaría el pinzamiento diferido del cordón, la termorregulación desde los primeros segundos, la reanimación neonatal estructurada y el inicio temprano de la posición canguro cuando la condición del niño y la capacidad institucional permitan realizarla de forma segura.
  • La conformación del equipo dependería de la edad gestacional y la complejidad clínica: En los nacimientos de pretérminos extremos o muy pretérmino se recomienda la presencia de neonatología, un segundo profesional médico, enfermería y, cuando sea posible, terapia física. Las instituciones sin neonatólogo tendrían que garantizar telexperticia y disponer de una ruta efectiva de referencia y traslado.

La preparación también comprendería la orientación de las madres, los padres y los demás cuidadores sobre la posible hospitalización, las necesidades del recién nacido y los beneficios del Método Madre Canguro. El acompañamiento debería reconocer el impacto emocional del diagnóstico y las dificultades sociales o económicas que podrían afectar posteriormente el cuidado y la asistencia a los controles.

Cuando el niño requiera una remisión, el transporte sería entendido como una extensión de la atención neonatal y no como un procedimiento exclusivamente logístico. Antes del traslado se exigiría estabilización clínica, control de la temperatura, aseguramiento de la vía aérea, monitorización continua y acompañamiento por personal entrenado; en los pacientes estables también podría utilizarse la posición canguro durante el recorrido.

El Método Madre Canguro se incorporaría durante la hospitalización

El cuidado intrahospitalario se organizaría entre las unidades de atención intensiva, intermedia y básica neonatal, según la condición clínica, la edad gestacional y el peso del recién nacido. Cada nivel conservaría las funciones correspondientes a su complejidad, pero tendría que integrar la estabilización, la protección del neurodesarrollo y el Método Madre Canguro dentro de un mismo proceso asistencial.

La posición canguro comenzaría tan pronto como fuera posible y no quedaría reservada para los días previos al alta. La estabilidad clínica completa dejaría de considerarse un requisito absoluto, por lo que el contacto piel a piel podría realizarse en niños con soporte ventilatorio, accesos vasculares o dispositivos de monitorización, siempre que existan condiciones institucionales apropiadas, vigilancia permanente y personal capacitado.

La intervención se excluiría temporalmente en recién nacidos que no logren respiración espontánea después de la reanimación, presenten choque hemodinámico inestable o se encuentren en proceso de instauración de ventilación mecánica invasiva. En los demás casos, el contacto aumentaría gradualmente hasta alcanzar el mayor número de horas posible, comenzando con sesiones intermitentes de al menos dos horas en los pacientes más frágiles.

La aplicación de este enfoque exigiría que las unidades neonatales avanzaran hacia modelos de acceso familiar durante las 24 horas y acondicionaran espacios, sillas o camas que permitieran mantener el contacto piel a piel sin interferir con la atención clínica. El padre u otros cuidadores podrían asumir la posición cuando la madre no estuviera disponible, siempre bajo la orientación del equipo asistencial.

La nutrición priorizaría la leche humana y el crecimiento sostenido

El soporte nutricional se ajustaría a la edad gestacional, el peso, la estabilidad clínica y la capacidad de alimentación de cada recién nacido. La primera opción sería la leche de la propia madre, seguida por la leche humana donada y pasteurizada y, cuando ninguna de estas alternativas estuviera disponible, por la fórmula especializada para prematuros.

La estrategia podría combinar nutrición parenteral, alimentación enteral por sonda y transición progresiva hacia la vía oral. Esta evolución no dependería exclusivamente de la edad gestacional, sino de la tolerancia digestiva, la estabilidad de los signos vitales, las señales de madurez y la coordinación entre succión, deglución y respiración.

El borrador también contempla la calostroterapia, la nutrición enteral mínima, la fortificación de la leche materna y la succión no nutritiva. El seguimiento incluiría mediciones periódicas del peso, la longitud y el perímetro cefálico, con el objetivo de identificar oportunamente desviaciones en la trayectoria de crecimiento y ajustar el manejo antes de que se consoliden déficits nutricionales o alteraciones del desarrollo.

Las instituciones que no cuenten con Banco de Leche Humana tendrían que articularse con la red nacional y desarrollar mecanismos de recolección, recepción o conservación. A su vez, las madres recibirían orientación sobre extracción, almacenamiento y transporte, dentro de protocolos que garanticen la bioseguridad, la identificación y la trazabilidad de la leche.

El manejo clínico se organizaría según los principales riesgos neonatales

La propuesta establece orientaciones comunes para prevenir, identificar y manejar las complicaciones relacionadas con la inmadurez de los órganos y sistemas. Estas disposiciones complementarían los protocolos especializados de cada servicio y buscarían disminuir la variabilidad en aspectos críticos de la atención.

ComponenteOrientación centralFinalidad
Soporte respiratorioPriorizar modalidades no invasivas, administrar oxígeno de manera controlada y limitar la ventilación mecánica invasiva al tiempo necesario.Reducir el daño pulmonar, la hiperoxia y el riesgo de displasia broncopulmonar.
Infecciones y sepsisReforzar la higiene de manos, el manejo aséptico de dispositivos, el retiro oportuno de catéteres y el uso racional de antibióticos.Disminuir las infecciones asociadas con la atención y evitar tratamientos innecesarios.
Retinopatía de la prematuridadGarantizar el tamizaje en niños con edad gestacional igual o inferior a 34 semanas o peso de hasta 2.000 gramos, además de otros pacientes con factores clínicos de riesgo.Detectar y tratar oportunamente una causa prevenible de pérdida visual.
Dolor y estrésEvaluar el dolor con escalas validadas y combinar intervenciones de confort con analgesia farmacológica cuando resulte necesaria.Evitar los efectos de la exposición repetida al dolor no tratado sobre el neurodesarrollo.
Vigilancia neurológicaRealizar evaluación clínica y neuroimagen cuando esté indicada para identificar hemorragia intraventricular u otras lesiones.Facilitar la intervención temprana y orientar el seguimiento posterior.
Riesgos metabólicos y digestivosVigilar hipoglucemia, hiperbilirrubinemia, anemia, enfermedad ósea y enterocolitis necrosante.Prevenir el deterioro clínico y sus efectos sobre la supervivencia, el crecimiento y el desarrollo.

Las medidas descritas se aplicarían de manera individualizada y bajo el juicio del equipo tratante. En el caso del dolor, todo procedimiento tendría que ser anticipado y registrado, mientras que la posición canguro, la contención, la succión no nutritiva y la sacarosa oral serían las primeras alternativas para intervenciones menores.

Para la retinopatía, los criterios de tamizaje también considerarían factores como soporte ventilatorio, exposición no controlada al oxígeno, sepsis, transfusiones, inestabilidad hemodinámica y ganancia deficiente de peso. La valoración oportuna permitiría intervenir dentro de la ventana terapéutica y disminuir el riesgo de pérdida visual irreversible.

La preparación del egreso comenzaría desde el ingreso hospitalario

El alta sería el resultado de un proceso clínico y educativo iniciado desde la hospitalización, durante el cual los cuidadores aprenderían a mantener la posición canguro, alimentar al niño, administrar los medicamentos prescritos, reconocer signos de alarma y responder ante posibles emergencias.

La decisión no dependería únicamente del peso o la edad gestacional, porque el equipo interdisciplinario también tendría que considerar la estabilidad cardiorrespiratoria, la termorregulación, la capacidad de alimentación, la evolución del crecimiento, la finalización de los tratamientos activos y las condiciones del hogar para sostener el cuidado.

El recién nacido podría egresar con oxígeno suplementario cuando se encontrara estable, utilizara un flujo inferior a 0,5 litros por minuto y dispusiera de una fuente suficiente para cubrir el desplazamiento y una eventual consulta de urgencias. Antes de la salida, la IPS debería identificar el Programa Madre Canguro que asumiría el seguimiento y asegurar la transferencia de la información clínica.

Cuando existan barreras económicas, geográficas o sociales que dificulten el regreso a los controles, estas condiciones tendrían que ser evaluadas previamente para coordinar alternativas de transporte, alojamiento o apoyo familiar.

¿Cómo funcionaría el seguimiento después del egreso?

El ingreso al Programa Madre Canguro debería realizarse entre las 24 y 72 horas posteriores al alta. La primera consulta permitiría evaluar la adaptación al hogar, la temperatura, la alimentación, la evolución del peso, la técnica de posición canguro, la condición respiratoria y la capacidad de los cuidadores para identificar signos de alarma.

A partir de ese momento, el seguimiento se dividiría en tres fases que modificarían progresivamente la frecuencia de los controles, sin interrumpir la evaluación del crecimiento, la nutrición, el desarrollo y la salud sensorial.

FasePeriodoAtenciones principales
Fase IDesde el egreso hasta las 40 semanas de edad corregida o hasta alcanzar aproximadamente 2.500 gramos.Consulta prioritaria de ingreso, controles inicialmente diarios y luego semanales, valoración por pediatría y enfermería, apoyo a la lactancia y a la posición canguro, seguimiento antropométrico, tamizajes visual y auditivo, ecografía cerebral cuando no se hubiera realizado y oximetría en los niños que reciben oxígeno.
Fase IIDesde las 40 semanas o los 2.500 gramos hasta los 12 meses de edad corregida.Seguimiento pediátrico, pruebas neuromotoras a los 3, 6, 9 y 12 meses, evaluaciones psicomotoras a los 6 y 12 meses, valoración visual, orientación sobre alimentación complementaria, vacunación, suplementación y talleres de estimulación.
Fase IIIDesde los 12 hasta los 24 meses de edad corregida.Consultas pediátricas trimestrales, evaluación nutricional y antropométrica, pruebas neuromotoras y psicomotoras, y vigilancia del lenguaje, la cognición, la coordinación, la visión, la audición y el desarrollo socioemocional o conductual.

La tercera fase representa una de las principales ampliaciones frente al modelo anterior, porque prolongaría el seguimiento estructurado durante el segundo año, periodo en el que pueden hacerse más evidentes las dificultades relacionadas con el lenguaje, la cognición, el movimiento, la conducta y la interacción social.

Las evaluaciones se realizarían con edad corregida y podrían utilizar herramientas como la Evaluación de Movimientos Generales de Prechtl, el Examen Neurológico Infantil de Hammersmith, INFANIB y las escalas Bayley o Griffiths. Cuando se identifiquen señales de riesgo, el niño sería remitido a terapia física, terapia ocupacional, fonoaudiología, neurología infantil u otras especialidades, sin necesidad de aplazar la intervención hasta obtener una confirmación diagnóstica definitiva.

La vacunación se realizaría según la edad cronológica y no de acuerdo con la edad corregida, debido a que la prematuridad o el bajo peso al nacer no constituyen por sí mismos una contraindicación. Cada consulta también serviría para revisar los medicamentos, los micronutrientes, la alimentación y las condiciones sociales que puedan afectar la adherencia.

¿Qué obligaciones recaerían sobre EPS, IPS y entidades territoriales?

La implementación dependería de la coordinación entre aseguramiento, prestación y gestión territorial, por lo que las responsabilidades no se limitarían a asignar consultas, sino que abarcarían la organización de la red, la continuidad de la información y la eliminación de barreras.

  • Las EPS y entidades adaptadas identificarían a la población, caracterizarían sus riesgos y conformarían cohortes de seguimiento: También deberían garantizar una red suficiente y procurar que las atenciones de cada fase se desarrollen en una misma sede y con el mismo prestador; cuando sea necesario realizar un cambio, tendrían que asegurar la remisión efectiva y la continuidad del plan de cuidado.
  • Las IPS serían responsables de prestar las intervenciones, disponer del talento humano requerido y adecuar progresivamente sus procesos e infraestructura: También tendrían que entregar la información necesaria para evaluar la implementación y los resultados obtenidos.
  • Las entidades territoriales vigilarían el acceso y los resultados en salud: Departamentos y distritos coordinarían a los actores locales, promoverían la formación del talento humano y ejercerían sus funciones de inspección y control en articulación con la Superintendencia Nacional de Salud.
  • Las redes de prestación garantizarían la referencia, la contrarreferencia y el acceso a las especialidades requeridas: En las zonas donde no exista disponibilidad presencial podrían utilizarse la telemedicina, las interconsultas y la articulación con instituciones de mayor complejidad, sin aplazar los traslados que resulten clínicamente necesarios.
  • Los contratos entre pagadores y prestadores incorporarían indicadores de gestión, calidad y resultados: Estos mecanismos permitirían evaluar la oportunidad, la continuidad y el cumplimiento de las obligaciones acordadas.

La gestión territorial también podría requerir acuerdos intersectoriales para enfrentar dificultades relacionadas con transporte, alojamiento, alimentación y redes de apoyo, especialmente cuando esas condiciones comprometan la asistencia frecuente a los controles.

Los Programas Madre Canguro tendrían estándares mínimos de operación

El Programa Madre Canguro sería entendido como una estructura institucional organizada y no únicamente como una consulta de pediatría. Cada programa tendría que contar con pediatría o neonatología, enfermería, auxiliar de enfermería y psicología, además de garantizar la disponibilidad de trabajo social, oftalmología, optometría, terapia física, fonoaudiología y terapia ocupacional.

La infraestructura incluiría áreas para atención grupal e individual, educación familiar, valoración clínica y evaluación del desarrollo, mientras que la dotación comprendería báscula neonatal, infantómetro, monitor de signos vitales, oxímetro, termómetro, fototerapia, oxígeno medicinal, carro de paro pediátrico, glucómetro y tecnologías para tamizaje auditivo.

Los prestadores también deberían documentar protocolos sobre reanimación, prevención de infecciones, retinopatía, lactancia, enfermedades respiratorias, tamizaje neonatal, salud mental materna e información dirigida a las familias. La historia clínica registraría la ganancia de peso, el uso de oxígeno, el desarrollo neurológico, los tamizajes sensoriales, las inasistencias y las hospitalizaciones, mientras que la red tendría que asegurar una ruta inmediata hacia urgencias pediátricas o cuidado intensivo cuando se detecte una complicación.

El monitoreo se concentraría en la continuidad y los resultados

Minsalud plantea desarrollar progresivamente un sistema nacional de seguimiento nominal que permita identificar a cada niño desde el nacimiento hasta, como mínimo, los dos años de edad corregida. Mientras se consolida esta herramienta, los indicadores se analizarían de forma agregada por entidad territorial, entidad responsable de pago e IPS.

La evaluación incluiría el inicio oportuno de la posición canguro, el ingreso al programa después del alta, el cumplimiento de las consultas, la lactancia materna, el crecimiento, la vacunación, los tamizajes visuales y auditivos, las rehospitalizaciones y las tasas de mortalidad neonatal e infantil. La Superintendencia Nacional de Salud, las autoridades territoriales y las demás entidades competentes verificarían el cumplimiento de estas disposiciones.

La propuesta pone el foco en un momento decisivo para la salud infantil, porque las consecuencias de la prematuridad y el bajo peso pueden extenderse más allá de la hospitalización. El reto estará en que la actualización normativa se traduzca en atención oportuna y sostenida en todos los territorios, especialmente en aquellos donde la oferta especializada y la capacidad de seguimiento siguen siendo limitadas.


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