Mortalidad infantil en 2024: 4,9 millones de muertes antes de los cinco años y un progreso global cada vez más lento

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La ONU advirtió que el descenso de la mortalidad infantil perdió velocidad desde 2015 y que millones de muertes evitables siguen concentrándose en recién nacidos, África Subsahariana y Asia Meridional.
Mortalidad infantil en 2024: 4,9 millones de muertes antes de los cinco años y un progreso global cada vez más lento

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La mortalidad infantil mundial volvió a mostrar en 2024 una realidad de doble lectura. Aunque las muertes de menores de cinco años se han reducido en más de la mitad desde el año 2000, el nuevo informe de Naciones Unidas confirma que el avance perdió velocidad de forma preocupante desde 2015.

Solo en 2024 murieron 4,9 millones de niños y niñas antes de cumplir cinco años, incluidos 2,3 millones de recién nacidos, en un contexto marcado por desigualdades territoriales, enfermedades prevenibles, malnutrición y presión financiera sobre los programas esenciales de salud.

La mortalidad infantil en 2024 dejó una señal de alerta para la salud global. El informe Levels & Trends in Child Mortality mostró que, pese a los progresos acumulados en las últimas dos décadas, el ritmo de reducción de las muertes en menores de cinco años se desaceleró en más de 60% desde 2015. La cifra más reciente, 4,9 millones de fallecimientos antes de los cinco años, confirma que la supervivencia infantil sigue siendo un desafío crítico, especialmente en regiones con sistemas sanitarios frágiles, alta carga de enfermedad infecciosa y limitado acceso a atención de calidad.

El reporte aporta además una lectura más detallada del problema. Por primera vez integra plenamente las estimaciones sobre causas de muerte y ofrece una imagen más precisa de cuántos niños, niñas, adolescentes y jóvenes están muriendo, dónde ocurre y por qué. El hallazgo de fondo es contundente: la mayoría de estas muertes podría haberse evitado mediante intervenciones de eficacia demostrada, bajo coste y acceso oportuno a servicios de salud de calidad.

La mortalidad neonatal concentra casi la mitad de las muertes infantiles

Uno de los datos más relevantes del informe es que 2,3 millones de los 4,9 millones de menores fallecidos en 2024 eran recién nacidos. En otras palabras, las muertes neonatales representan casi la mitad de toda la mortalidad en menores de cinco años, un patrón que refleja el freno en los avances para prevenir fallecimientos en el periodo perinatal.

Las principales causas de muerte en recién nacidos fueron las complicaciones derivadas del parto prematuro, responsables del 36% de los casos, seguidas por las complicaciones durante el parto, con 21%. A esto se suman infecciones como la sepsis neonatal y las anomalías congénitas. El peso de estas causas muestra que una parte sustancial del problema se concentra en el embarazo, el parto y las primeras semanas de vida, donde la calidad de la atención resulta decisiva.

En Asia Meridional, región que concentró el 25% del total de muertes de menores de cinco años, la mortalidad se explicó principalmente por complicaciones del primer mes de vida, como prematuridad, asfixia, traumatismos perinatales, anomalías congénitas e infecciones neonatales. El informe plantea que estos desenlaces, en su mayoría evitables, refuerzan la necesidad de invertir en atención prenatal de calidad, personal sanitario cualificado durante el parto, atención especializada para recién nacidos pequeños y enfermos, y servicios esenciales neonatales.

Enfermedades infecciosas, malnutrición y desigualdad geográfica

Después del primer mes de vida, el panorama cambia y las enfermedades infecciosas pasan a dominar la mortalidad infantil. El informe identifica al paludismo, la diarrea y la neumonía como las principales causas de muerte en este grupo de edad. El paludismo se mantuvo como la principal causa individual, con 17% de los fallecimientos, y su impacto se concentró sobre todo en zonas endémicas de África Subsahariana.

La distribución geográfica de la mortalidad sigue siendo profundamente desigual. En 2024, África Subsahariana concentró el 58% de la tasa de mortalidad de menores de cinco años. En esa región, las nueve principales enfermedades infecciosas explicaron el 54% de todas las muertes infantiles. El contraste con otras regiones es marcado: en Europa y América del Norte esa proporción ronda el 9%, y en Australia y Nueva Zelandia desciende hasta alrededor del 6%. La diferencia expone una brecha estructural en el acceso a intervenciones eficaces para salvar vidas.

El documento también incorpora por primera vez una estimación de las muertes directamente causadas por malnutrición aguda grave. Según el análisis, más de 100.000 niños y niñas de entre 1 y 59 meses, equivalentes al 5%, murieron por esta causa en 2024. Sin embargo, el propio informe advierte que esta cifra probablemente subestima la magnitud real del problema, porque no incluye a recién nacidos menores de un mes y porque los registros de mortalidad no siempre consignan la malnutrición como causa subyacente. Además, su impacto indirecto puede ser mucho mayor, al debilitar el sistema inmunitario y aumentar el riesgo de morir por enfermedades comunes. Pakistán, Somalia y Sudán figuran entre los países con mayor número de muertes directamente atribuidas a esta condición.

Conflictos, fragilidad y adolescencia: otros focos de riesgo

La carga de mortalidad no se distribuye solo por regiones, sino también por contexto político y social. Los países frágiles o afectados por conflictos siguen soportando una carga desproporcionada. El informe señala que los niños y niñas nacidos en estos entornos tienen casi el triple de probabilidades de morir antes de cumplir cinco años frente a quienes nacen en otros lugares. Esta diferencia evidencia el efecto acumulado de la violencia, la interrupción de servicios, la inseguridad alimentaria y la debilidad institucional sobre la supervivencia infantil.

El documento también amplía la mirada más allá de la primera infancia. En 2024 murieron alrededor de 2,1 millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes de entre 5 y 24 años. En los grupos más jóvenes persisten como principales causas las enfermedades infecciosas y las lesiones, pero el perfil de riesgo cambia durante la adolescencia. Entre las mujeres de 15 a 19 años, las autolesiones aparecen como la principal causa de muerte, mientras que entre los varones predominan los accidentes de tráfico como causa principal de lesiones fatales.

Esta ampliación del análisis permite entender que la supervivencia infantil y juvenil no puede abordarse únicamente desde una lógica de control de enfermedades transmisibles. También exige respuestas diferenciadas según la etapa del curso de vida, el sexo, el territorio y el nivel de vulnerabilidad.

Menos financiamiento y más presión sobre los sistemas de salud

El informe advierte que los cambios en la financiación global para el desarrollo, en especial los recortes en la ayuda, están sometiendo a una fuerte presión a los programas esenciales de salud materna, neonatal e infantil. La advertencia es particularmente relevante en un momento en que el progreso ya muestra señales de desaceleración.

Las encuestas, los sistemas de información sanitaria y las funciones básicas que sostienen la calidad de la atención requieren financiación sostenida. El mensaje del reporte es que no basta con preservar lo alcanzado: también se necesita invertir para acelerar nuevamente el descenso de la mortalidad. Esta dimensión resulta clave porque la rendición de cuentas, el seguimiento y la comunicación transparente de los datos son parte de la infraestructura que permite orientar decisiones y cerrar brechas.

Desde una perspectiva de política pública, el documento insiste en que la salud infantil continúa siendo una de las inversiones más rentables en desarrollo. Intervenciones de bajo coste y eficacia demostrada, como la vacunación, el tratamiento de la malnutrición y la atención del parto por personal cualificado, producen beneficios sanitarios, sociales y económicos amplios. Según el informe, cada dólar invertido en supervivencia infantil puede generar hasta 20 dólares en beneficios sociales y económicos.

Un llamado a priorizar la supervivencia infantil

Las conclusiones del informe convergen en una misma exigencia: la supervivencia infantil debe mantenerse como prioridad política y financiera. Naciones Unidas y sus aliados plantean que los gobiernos, donantes y socios deben concentrar esfuerzos en las poblaciones más vulnerables, especialmente madres, recién nacidos y niños de África Subsahariana, Asia Meridional y entornos frágiles o de conflicto.

También subrayan la necesidad de fortalecer la atención primaria de salud, ampliar la participación del personal sanitario comunitario, garantizar atención cualificada en el parto y mejorar la recopilación y uso de datos. En conjunto, el informe no describe una falta de soluciones, sino una insuficiente capacidad de llevarlas a escala con continuidad y equidad.

El balance de 2024 deja una conclusión inequívoca para la salud global: el descenso de la mortalidad infantil continúa, pero lo hace con una velocidad insuficiente frente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Con 4,9 millones de muertes antes de los cinco años y 2,3 millones de recién nacidos fallecidos, el desafío ya no es solo sostener el progreso histórico, sino impedir que la desaceleración se convierta en estancamiento.

Consulte y descargue el informe Levels & Trends in Child Mortality aquí:

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