Hipócrates Vs Porter

Reflexión sobre el valor de la práctica médica y la relación médico- paciente, como integrador del simple cumplimiento del deber profesional.
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OPINION 1

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Los médicos elegimos libremente nuestra profesión. Bueno, al menos eso creo.

Cuando decidimos dedicarnos a la hermosa práctica de nuestro arte-ciencia consideramos las variables relacionadas con lo que pensábamos entonces era el acto médico: Un tácito contrato de confianza entre nosotros y nuestro(s) paciente(s). Mencionado contrato llevaba implícita la puesta en práctica de unas competencias de anamnesis, diagnóstico y terapéutica enfocadas en un problema clínico, a fin de generar un desenlace positivo, no necesariamente curación. Sin embargo, las decisiones médicas gravitan en el escenario de la incertidumbre, sus desenlaces son probabilísticos ya que:

  • Una buena decisión no conduce a buenos resultados
  • Una mala decisión no siempre genera daño
  • La medicina genera obligación de medios y no de resultados

Esta incertidumbre está determinada por la naturaleza misma de la medicina, pero también por las condiciones enviúdales del médico, es decir por su nivel de conocimientos y experiencia. Existen también factores adicionales tanto de la oferta como de la demanda que influyen en las decisiones médicas. La presión de la innovación tecnológica y la exigencia de prestaciones específicas por parte del paciente informado son ejemplos respectivos de cada uno de estos factores.

Sin embargo, la mayoría de las veces, la toma de las decisiones en medicina contempla principalmente las variables biológicas enfrentadas al estado del arte. Se consideran ajenas a dicha decisión otras dimensiones de esta como las culturales y por supuesto las económicas. Las primeras por desconocimiento u olvido, las segundas porque se consideran espurias y ajenas al acto médico.

La salud va más allá del simple cumplimiento del deber…

Los médicos fuimos educados en un ambiente científico, humanístico, unidisciplinario, galenocéntrico. Consideramos que el valor de lo que entregamos está implícito en el acto médico mismo. Esto, en cierta forma es verdad. La entrega de un médico, y en general de quienes nos dedicamos a la salud va más allá del simple cumplimiento del deber. Hasta aquí habríamos cumplido el legado de Hipócrates…pero apareció Porter.

Increíblemente debieron transcurrir 2.400 años para que nos preguntáramos si hay impacto en lo que hacemos (y lo que hemos hecho) en medicina. A esto Porter decidió llamarlo valor. Hay múltiples definiciones de aquello que denominamos valor en salud. Para mí es dar más de lo que se debe dar (en términos de calidad, no de cantidad), saber cómo se da y verificar que quien lo recibe esté satisfecho. Esta noción de valor idealmente debe ser percibida por el usuario final. Pero en salud el valor NO es asegurar salud, es hacerlo con equilibrio, humanidad, empatía e innovación.

el valor de la salud

Es entonces, cuando aquella atmósfera esotérica de la integración ciencia-arte debe tornarse pragmática, racional y equilibrada. No para ahorrar, sino para entender que las decisiones que tomamos en el micro nivel (médico-paciente) tienen un profundo impacto en el meso nivel (asegurador-prestador) y en el macro nivel (estado). Es liberarnos de la esquizofrenia colectiva que genera la medicalización de la vida.

Las decisiones perfectas no existen en medicina. La defensa de lo imperfecto nos permite tener un margen de error “aceptable” que no debe confundirse con la impericia o la negligencia. Debido a la amplia turbulencia de los factores inmersos en la decisión médica, no puede asegurarse un resultado, pero ello no puede ser la excusa para una práctica insegura o irresponsable en su dimensión biológica, cultural ni económica.

Es inevitable para los médicos abstraernos hoy de la dimensión económica en las decisiones del microsistema (relación médico – paciente), menos aún en enfermedades de alto impacto y costosas como el cáncer.

Las decisiones basadas en el costo no deben avergonzarnos, menos aún en países como el nuestro en donde no hay posibilidad como sistema para cubrir los gastos derivados de unos niveles irracionales de servicios que no equivalen a niveles elevados de salud. Con esto me refiero a que los tomadores de decisión deben conocer la dimensión biológica tanto como nosotros los clínicos debemos o “deberíamos navegar en las aguas de la economía sectorial”. Finalmente, la dinámica del sistema es la de tomar medidas con nosotros los médicos como protagonistas o como simples extras. Es mejor estar en el reparto de esta producción. Y aquí cumpliríamos las propuestas de Porter.

Por eso esta dinámica de los sistemas de salud nos lleva a generar nuevos acuerdos para la toma de decisiones médicas basadas en el costo sin comprometer nuestro papel como clínicos. Para ello, MAIA nos ayuda con las siguientes propuestas:

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