Los retos endocrinos y metabólicos se consolidan como una de las señales más relevantes del cambio en el perfil de morbilidad atendida en Colombia. La novena edición del boletín Salud en Cifras, de ACEMI, muestra que las Los retos endocrinos y metabólicos se consolidan como una de las principales señales de presión crónica para el sistema de salud colombiano. El boletín muestra que las enfermedades endocrinas, nutricionales y metabólicas crecieron 72 % entre 2015 y 2024, ubicándose entre los grupos diagnósticos de mayor aumento en la morbilidad atendida del país.
El dato no representa únicamente un mayor volumen de consultas. También evidencia una transición hacia condiciones que requieren seguimiento continuo, control de laboratorio, intervención nutricional, adherencia terapéutica y vigilancia de complicaciones. Diabetes mellitus, trastornos metabólicos, alteraciones tiroideas, deficiencias nutricionales y obesidad aparecen como componentes de una misma agenda clínica, con implicaciones directas para EPS, IPS y equipos de atención primaria.
¿Por qué aumentan los retos endocrinos y metabólicos en Colombia?
El informe evidencia que el crecimiento de este grupo diagnóstico responde a varias condiciones que avanzan de manera simultánea. Dentro de las enfermedades endocrinas, nutricionales y metabólicas, las deficiencias nutricionales registran el mayor incremento promedio anual, con 21,4 %, mientras que los trastornos de la glándula tiroides crecen 7,1 % anual.
La diabetes mellitus mantiene una tendencia sostenida. Entre 2015 y 2024 pasó de una tasa ajustada de 11,6 a 21,2 por cada 1.000 habitantes, con un crecimiento promedio anual de 6,9 %. En el mismo periodo, los trastornos metabólicos aumentaron de 13,9 a 21,6 por cada 1.000 habitantes, con un crecimiento promedio anual de 5,0 %.
Los principales datos que explican esta presión son:
- 72 % de crecimiento en enfermedades endocrinas, nutricionales y metabólicas entre 2015 y 2024.
- 21,4 % de incremento promedio anual en deficiencias nutricionales.
- 7,1 % de aumento promedio anual en trastornos tiroideos.
- 6,9 % de crecimiento promedio anual en diabetes mellitus.
- 5,0 % de aumento promedio anual en trastornos metabólicos.
La lectura por curso de vida permite entender mejor el fenómeno. En la adultez, entre los 18 y 59 años, comienzan a ganar peso las enfermedades hipertensivas, los trastornos metabólicos y endocrinos, así como la obesidad. En las personas de 60 años o más, el informe describe una consolidación de la cronicidad, con predominio de patologías cardiovasculares y metabólicas, además de complicaciones como la insuficiencia renal.
Brechas metabólicas: dónde está el mayor reto para el sistema
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Diabetes, hipertensión y enfermedad renal configuran una ruta de riesgo
La diabetes mellitus es uno de los ejes centrales de esta presión. Según las cohortes nacionales incluidas en el informe, Colombia registró en 2024 2.325.477 personas identificadas con diabetes mellitus, con una prevalencia de 4,43 por cada 100 habitantes. En paralelo, la hipertensión arterial alcanzó 6.248.153 personas, equivalente a 11,91 por cada 100 habitantes, y la enfermedad renal crónica llegó a 1.251.930 personas, con una prevalencia de 2,39 por cada 100 habitantes.
Estas condiciones no deben leerse como diagnósticos aislados. La diabetes y la hipertensión son precursoras clave de enfermedad renal crónica y se relacionan con complicaciones cardiovasculares, neurológicas y visuales cuando no existe control sostenido. Por ello, la carga endocrina y metabólica exige una gestión integrada del riesgo cardiometabólico y renal.
El reto para el sistema no se limita a identificar pacientes. También implica garantizar continuidad terapéutica, oportunidad en los controles, seguimiento de laboratorio y ajuste oportuno del tratamiento. En este punto, la atención primaria adquiere un papel determinante, porque es el nivel donde pueden anticiparse complicaciones antes de que el paciente requiera atención especializada o hospitalaria.
Control metabólico y seguimiento oportuno son la brecha crítica
El control metabólico es uno de los puntos más sensibles del informe. Para las personas con diabetes mellitus, el objetivo terapéutico se mide con hemoglobina glicosilada menor de 7 %. En 2022, la proporción de diabetes controlada y monitorizada alcanzó 30,9 %, pero descendió a 24,2 % en 2023 y a 23,1 % en 2024, por debajo de la meta del 30 %.
Este retroceso tiene implicaciones clínicas directas. Una menor proporción de pacientes controlados incrementa el riesgo de daño en órganos como corazón, riñón, cerebro y retina. También puede elevar la demanda de hospitalizaciones, procedimientos especializados, consultas de alta complejidad y tratamientos asociados a complicaciones prevenibles.
La caída del control en diabetes debe interpretarse como una señal operativa para EPS, IPS y redes integradas de atención. El desafío está en pasar de la captación diagnóstica a modelos de seguimiento longitudinal, con equipos interdisciplinarios, educación al paciente, intervención nutricional, monitoreo de resultados y búsqueda activa de personas que pierden continuidad en la atención.
Obesidad, tiroides y nutrición amplían la agenda metabólica
El informe permite ampliar la discusión más allá de la diabetes. La obesidad aparece en la adultez como un motivo de consulta crítico, asociado a afecciones metabólicas y cardiovasculares. Su presencia dentro de la morbilidad atendida la convierte en una condición clave para prevenir diabetes, hipertensión y enfermedad renal crónica.
Los trastornos tiroideos y las deficiencias nutricionales también deben ocupar un lugar más visible en la planeación clínica. Su crecimiento sugiere que el sistema necesita rutas integrales que no dependan exclusivamente del especialista, sino de una atención primaria capaz de detectar, clasificar, tratar y remitir de manera oportuna.
La coexistencia de obesidad, deficiencias nutricionales y enfermedades metabólicas muestra una doble carga. Por un lado, aumentan los problemas asociados al exceso de peso y al riesgo cardiometabólico. Por otro, persisten condiciones relacionadas con déficit nutricional. Esta combinación exige respuestas diferenciadas por edad, territorio, nivel de riesgo y capacidad de acceso.
El control endocrino y metabólico exige pasar a gestión predictiva
Los hallazgos del informe dejan una lectura operativa clara para el sistema de salud colombiano. La carga endocrina y metabólica no puede seguir gestionándose como una suma de diagnósticos dispersos, sino como una trayectoria clínica de riesgo progresivo que conecta obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedad renal crónica, alteraciones tiroideas y complicaciones cardiovasculares.
La mitigación debería enfocarse en intervenciones con capacidad de seguimiento nominal, medición de desenlaces y anticipación del deterioro clínico. Para ello, el sistema tendría que avanzar en acciones que hoy no aparecen suficientemente consolidadas a escala nacional:
- Implementar una ruta cardiometabólica y renal integrada, con metas comunes para diabetes, hipertensión, obesidad, función renal y riesgo cardiovascular.
- Crear modelos de estratificación predictiva de riesgo, utilizando variables como HbA1C, presión arterial, índice de masa corporal, tasa de filtración glomerular, albuminuria, edad, comorbilidades y adherencia.
- Establecer tableros nominales de control metabólico y riesgo cardiorrenal, que permitan identificar pacientes sin seguimiento reciente, con deterioro progresivo o con riesgo de abandono.
- Fortalecer unidades de atención primaria metabólica resolutiva, integrando medicina familiar, enfermería gestora de riesgo, nutrición clínica, farmacia clínica, laboratorio, educación terapéutica y telemonitoreo.
- Incorporar mecanismos de pago por resultados clínicos, vinculados a control metabólico, presión arterial, función renal, adherencia, reducción de hospitalizaciones evitables y prevención de complicaciones mayores.
- Tratar la obesidad como condición clínica de alto riesgo, con intervención nutricional estructurada, metas antropométricas, seguimiento conductual y evaluación cardiovascular periódica.
En adelante, el desempeño del sistema frente a la carga endocrina y metabólica debería medirse por su capacidad para evitar progresión clínica. Mantener pacientes controlados, prevenir daño renal, reducir eventos cardiovasculares, proteger la salud visual y disminuir hospitalizaciones evitables será determinante para pasar de una atención reactiva de la cronicidad a una gestión anticipatoria del riesgo metabólico en Colombia.
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