La satisfacción en servicios de salud quedó como una de las señales más sensibles de la agenda urbana en Colombia, luego de que la Encuesta de Percepción Ciudadana Comparada 2025 de la Red de Ciudades Cómo Vamos identificara que el 60% de los ciudadanos considera que salud debe ser el principal tema de atención para las administraciones locales. La medición se realizó entre octubre de 2025 y marzo de 2026, con 20.445 encuestas presenciales en hogares urbanos de 32 municipios, representativas de cerca de 16,2 millones de personas.
El capítulo de salud muestra un sistema ampliamente utilizado, pero con una experiencia de atención todavía fragmentada. El 87% de los encuestados acudió a algún servicio de salud durante el último año y, entre quienes lo hicieron, el 51% se declaró satisfecho, el 32% insatisfecho y el 17% neutral. La satisfacción fue de 50% en hombres y 52% en mujeres, pero la brecha se amplió por nivel socioeconómico, con 64% en el nivel alto, 53% en el medio y 47% en el bajo. En salud mental, el 80% calificó su estado como bueno, el 18% como regular y el 2% como malo, con señales de mayor vulnerabilidad en mujeres, jóvenes y población de menor ingreso.
¿Dónde se concentran las brechas de satisfacción en servicios de salud?
La encuesta evidencia que la percepción sobre los servicios de salud cambia de manera significativa según el territorio. Valledupar registró el mayor nivel de satisfacción, con 77%, seguida por Bucaramanga con 68%, Girón y Piedecuesta con 65%, Barranquilla con 62%, Floridablanca con 59%, Ibagué con 58% y Tuluá con 57%. En el extremo inferior aparecen Tocancipá con 26%, Cúcuta con 29%, Zipaquirá con 30%, Pereira con 38%, Cali con 40% y Cajicá con 42%. Esta distancia entre ciudades revela que la experiencia ciudadana no depende únicamente de estar afiliado o de haber usado el servicio, sino de la capacidad local para garantizar oportunidad, continuidad, información clara y resolución efectiva de necesidades asistenciales.
Por programas Cómo Vamos, el comportamiento conserva la misma tendencia territorial, aunque permite observar agrupaciones más amplias. Valledupar mantuvo el primer lugar con 77%, seguida por Bucaramanga con 65%, Barranquilla con 62%, Ibagué con 58%, Tuluá con 57%, Medellín con 56% y Manizales con 53%. En contraste, Cúcuta registró 29%, Pereira 38%, Sabana Centro 38% y Cali 40%. La lectura institucional es relevante porque muestra que las diferencias no se explican solo por tamaño poblacional, capacidad instalada o ubicación geográfica, sino también por la forma como las redes locales organizan la atención y reducen las fricciones administrativas para los usuarios.
La comparación regional confirma ese patrón de desigualdad en la experiencia de atención. Caribe alcanzó 58% de satisfacción, Oriente 55%, Noroccidente y Eje Cafetero 50%, Occidente 48% y Centro 40%. El resultado de la región Centro es especialmente crítico, porque allí confluyen municipios con alta presión urbana, crecimiento poblacional y demanda sostenida de servicios, pero con una valoración ciudadana más baja frente a la respuesta recibida. Para las autoridades territoriales y los prestadores, este dato debe leerse como una alerta sobre capacidad resolutiva y coordinación entre aseguramiento, prestación y gestión pública local.
La información territorial permite ordenar tres focos de seguimiento para la toma de decisiones sin repetir el promedio general de la encuesta.
- Mayor satisfacción urbana con Valledupar, Bucaramanga, Girón, Piedecuesta y Barranquilla como territorios donde la percepción ciudadana supera con claridad el promedio nacional.
- Rezagos críticos con Tocancipá, Cúcuta, Zipaquirá, Pereira y Cali como ciudades donde la experiencia reportada por los usuarios sugiere barreras más visibles en el recorrido asistencial.
- Brecha regional persistente con Caribe y Oriente por encima del resto de regiones, mientras Centro aparece como el punto de menor satisfacción y mayor necesidad de revisión territorial.
¿Qué alerta deja la salud mental en las ciudades evaluadas?
La salud mental aparece como el segundo componente decisivo del capítulo sanitario de la encuesta. Aunque el 80% de los ciudadanos calificó su estado como bueno, el hecho de que el 20% lo considere regular o malo representa una señal de salud pública que no debería leerse como marginal. En términos urbanos, una de cada cinco personas con percepción desfavorable de su bienestar mental implica presión potencial sobre la atención primaria, los servicios psicosociales, las urgencias, las instituciones educativas y las redes comunitarias de apoyo.
Las diferencias por sexo y nivel socioeconómico muestran que el bienestar mental no se distribuye de forma homogénea. El 83% de los hombres reportó buena salud mental, frente al 78% de las mujeres. En el nivel socioeconómico bajo, la percepción positiva fue de 77%, mientras en el nivel medio llegó a 83% y en el alto a 81%. Este comportamiento sugiere que las condiciones materiales, las cargas de cuidado, la estabilidad económica, la seguridad del entorno y el acceso oportuno a servicios pueden estar influyendo en la manera como la ciudadanía evalúa su salud mental.
Por edad, los jóvenes entre 18 y 25 años registraron 78% de buena salud mental, 19% regular y 3% mala. Aunque la diferencia frente a otros grupos no es extrema, sí resulta estratégica para la política pública, porque las afectaciones tempranas pueden impactar permanencia educativa, inserción laboral, convivencia, consumo de servicios y riesgo de deterioro acumulado. En los adultos mayores de 55 años, la percepción positiva fue de 79%, lo que también exige seguimiento, especialmente por su posible relación con soledad, enfermedad crónica, dependencia funcional y barreras de acceso.
El mapa urbano de salud mental muestra una dispersión amplia. Yumbo alcanzó 95% de percepción positiva, Valledupar 94%, Girón 89%, Tuluá, Bucaramanga y Floridablanca 88%, e Ibagué y Piedecuesta 87%. En el extremo inferior se ubicaron Cúcuta con 53%, Chía con 68%, Buenaventura con 69%, Armenia con 70%, Medellín con 71% y Yopal con 73%. Estos contrastes refuerzan la necesidad de pasar de lineamientos generales a intervenciones territoriales, con medición local, rutas diferenciadas y seguimiento sostenido.
- Grupos con mayor señal de vulnerabilidad mujeres, jóvenes y población de menor nivel socioeconómico, según la autopercepción reportada en la encuesta.
- Ciudades con mejor percepción positiva Yumbo, Valledupar, Girón, Tuluá, Bucaramanga y Floridablanca.
- Ciudades con mayor alerta comparativa Cúcuta, Chía, Buenaventura, Armenia, Medellín y Yopal.
- Respuesta prioritaria integración de salud mental en atención primaria, tamizaje temprano, rutas de crisis, seguimiento posterior y articulación con colegios, universidades y redes comunitarias.
Datos complementarios de salud urbana
Visualización comparativa de indicadores territoriales de la Encuesta de Percepción Ciudadana Comparada 2025.
Fuente. Red de Ciudades Cómo Vamos, Encuesta de Percepción Ciudadana Comparada 2025.
Desafíos para EPS, IPS y gobiernos locales frente a la percepción ciudadana
Los resultados de la encuesta muestran que la percepción ciudadana debe incorporarse como un insumo formal de gestión sanitaria, no como una medición secundaria. En un sistema que enfrenta presión financiera, congestión operativa y mayores demandas de atención, la satisfacción del usuario permite identificar puntos donde la cobertura formal no se traduce en acceso efectivo, especialmente cuando la insatisfacción alcanza casi a un tercio de quienes utilizaron servicios durante el último año.
Una respuesta técnica debería comenzar por tableros territoriales que integren satisfacción del usuario, oportunidad de citas, tiempos de espera, quejas, entrega de medicamentos, remisiones efectivas, continuidad terapéutica y seguimiento de enfermedades crónicas. La utilidad de estos tableros estaría en cruzar información por ciudad, edad, nivel socioeconómico y red prestadora, con el fin de identificar dónde se concentran las barreras y qué tipo de intervención requiere cada territorio.
En prestación de servicios, el fortalecimiento de la atención primaria aparece como una medida prioritaria, pero solo tendría impacto si se acompaña de mayor capacidad resolutiva, gestión activa del riesgo y coordinación real entre niveles de atención. Los adultos mayores, pacientes crónicos y usuarios de menores ingresos necesitan rutas más simples, menor carga administrativa y seguimiento longitudinal, porque son los grupos que más pueden verse afectados por demoras, autorizaciones fragmentadas y discontinuidad del tratamiento.
En salud mental, la respuesta debe pasar de intervenciones episódicas a modelos territoriales sostenidos. Las ciudades con peores resultados requieren tamizaje temprano, equipos psicosociales articulados al primer nivel, rutas de crisis, seguimiento posterior a la primera consulta y coordinación con colegios, universidades, entornos laborales y redes comunitarias. La evidencia de la encuesta sugiere que el bienestar mental no depende solo de servicios especializados, sino de una red de protección capaz de detectar riesgos antes de que se conviertan en eventos de mayor complejidad.
La conclusión para el sistema es que la salud urbana exige una gestión más fina, territorializada y basada en experiencia real de atención. La encuesta no reemplaza los indicadores clínicos, financieros ni epidemiológicos, pero sí aporta una señal estratégica sobre confianza, trato, oportunidad y continuidad. Para gobiernos locales, EPS e IPS, cerrar estas brechas será clave para sostener legitimidad institucional y mejorar la respuesta sanitaria en ciudades donde la ciudadanía ya ubicó la salud como su principal prioridad.
Descargue aquí la Encuesta de Percepción Ciudadana Comparada 2025:
