Cada año, la comunidad científica produce una cantidad extraordinaria de conocimiento en salud. Solo en el campo biomédico se publican millones de artículos científicos anualmente, una cifra que crece de manera constante y que refleja el enorme esfuerzo global por comprender mejor las enfermedades, desarrollar nuevas intervenciones y mejorar la calidad de la atención (National Library of Medicine, 2025).
Sin embargo, esa abundancia de conocimiento plantea una pregunta fundamental: ¿Cuánto de lo que descubrimos realmente llega a la práctica clínica? La respuesta es tan preocupante como desafiante.
Diversos estudios en ciencia de la implementación señalan que la incorporación rutinaria de la evidencia científica en la práctica clínica puede tardar, en promedio, 17 años, una brecha que continúa siendo uno de los principales desafíos para los sistemas de salud contemporáneos (Rubin, 2023). En otras palabras, mientras la ciencia avanza a un ritmo acelerado, los pacientes no siempre reciben oportunamente los beneficios de ese conocimiento. Cerrar esa brecha entre la investigación y la práctica representa uno de los mayores desafíos de los sistemas de salud contemporáneos.
Con frecuencia se asume que publicar investigaciones es suficiente para generar cambios. Sin embargo, la evidencia científica solo alcanza su verdadero propósito cuando orienta decisiones clínicas, fortalece políticas públicas y mejora la experiencia de los pacientes.
Los profesionales de la salud enfrentan diariamente una realidad compleja: alta carga asistencial, limitaciones de tiempo, múltiples fuentes de información y un volumen de literatura científica prácticamente imposible de revisar de forma individual. Por eso, la conversación ya no gira únicamente alrededor de producir más investigación, sino de garantizar que el conocimiento disponible llegue efectivamente a quienes toman decisiones en los servicios de salud.
La Organización Mundial de la Salud estima que uno de cada diez pacientes sufre algún tipo de daño durante la atención sanitaria y que una proporción importante de estos eventos adversos podría prevenirse mediante prácticas seguras respaldadas por evidencia científica. Esta cifra debería llevarnos a reflexionar sobre el verdadero valor de la investigación. Su impacto debe medirse por su capacidad para mejorar la seguridad del paciente, optimizar procesos asistenciales y ofrecer intervenciones que realmente generen mejores resultados en salud (Organización Mundial de la Salud, 2023).
La práctica basada en evidencia es una necesidad para sistemas sanitarios que enfrentan desafíos cada vez mayores como el envejecimiento poblacional, el incremento de las enfermedades crónicas, la sostenibilidad financiera y la creciente demanda por servicios de calidad.
El significado de un Centro PRAXIS
En este contexto, adquiere especial relevancia el modelo PRAXIS, desarrollado por la Fundación Index de España, cuyo propósito es fortalecer la implementación del conocimiento científico en la práctica profesional. Ser un Centro PRAXIS implica asumir un compromiso para el diseño, promoción e implementación de guías de práctica basada en la evidencia, lo que refleja una cultura donde la mejor evidencia disponible forma parte de las decisiones clínicas, docentes e investigativas.
Esto supone formar profesionales con competencias para interpretar e implementar evidencia, promover investigación aplicada y generar espacios donde investigadores, docentes, clínicos y ciudadanía trabajen conjuntamente para responder a las necesidades reales del sistema de salud.
Este mes, la Universidad El Bosque recibió la certificación como Centro PRAXIS otorgada por la Fundación Index, convirtiéndose en la primera universidad de Latinoamérica en alcanzar este reconocimiento. Más allá del orgullo institucional, esta certificación representa una oportunidad para fortalecer en la región una cultura de implementación del conocimiento que acerque la investigación a los escenarios donde realmente puede transformar vidas.
El verdadero valor del reconocimiento está en la responsabilidad que conlleva: implementar
buenas prácticas en cuidado, desarrollar conocimiento basado en evidencia y difundir el modelo PRAXIS para transformar la evidencia en decisiones que mejoren la atención y los resultados en salud. La implementación del conocimiento trabaja con universidades, investigadores, hospitales, instituciones prestadoras de servicios de salud, entidades gubernamentales, asociaciones científicas y profesionales de todas las disciplinas. Solo mediante un trabajo articulado será posible disminuir la variabilidad clínica, optimizar el uso de los recursos y fortalecer la confianza de los pacientes en las decisiones que orientan su cuidado.
En Latinoamérica, donde persisten importantes retos relacionados con el acceso, la calidad y la equidad en salud, fortalecer la práctica basada en evidencia representa una oportunidad para generar transformaciones sostenibles y con impacto real. Durante muchos años hemos celebrado la producción científica como el principal indicador de éxito de las instituciones académicas. Sin embargo, ha llegado el momento de ampliar esa mirada. La verdadera medida del impacto científico está en la capacidad de convertir el conocimiento en mejores decisiones, procesos y resultados para las personas.
Si queremos sistemas de salud más seguros, eficientes y centrados en el paciente, debemos reducir la distancia entre lo que sabemos y lo que hacemos. La evidencia científica transforma realidades cuando logra incorporarse a la práctica cotidiana de quienes cuidan la salud de las personas.
Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente a su autor y no comprometen la línea editorial de CONSULTORSALUD.