La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y la Agencia Africana de Medicamentos (AMA) publicaron el 23 de octubre de 2026 nuevas recomendaciones conjuntas para acelerar el desarrollo clínico de vacunas contra el Ébola Bundibugyo (BDBV). El documento establece requisitos mínimos para iniciar ensayos en humanos, contempla la posibilidad de aplazar o eximir determinadas pruebas preclínicas y propone estudios de vacunación en anillo para demostrar la eficacia de los candidatos. Las orientaciones buscan reducir los tiempos de investigación durante la emergencia sanitaria que afecta a varios países africanos, manteniendo las exigencias de seguridad y evaluación científica necesarias para una eventual autorización.
Las recomendaciones fueron elaboradas por el Grupo de Trabajo de Emergencias (ETF) de la EMA y la AMA, después de una consulta científica organizada conjuntamente con la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 24 de agosto de 2026. Según el comunicado oficial publicado por la EMA, la orientación permitirá coordinar el avance de los candidatos vacunales y facilitar su evaluación por las autoridades regulatorias africanas.
La emergencia por Ébola Bundibugyo exige acelerar el desarrollo de vacunas
La publicación responde a la emergencia de salud pública provocada por el virus Bundibugyo en la República Democrática del Congo, con casos también identificados en Uganda, Kenia y Nigeria. La OMS declaró el brote como una emergencia de salud pública de importancia internacional el 17 de mayo de 2026, en un escenario caracterizado por la ausencia de vacunas y tratamientos autorizados específicamente contra esta variante del virus.
Aunque existen vacunas aprobadas contra el virus del Ébola de la especie Zaire, estas autorizaciones no se extienden automáticamente al Bundibugyo. Esta diferencia constituye uno de los principales desafíos para la respuesta sanitaria, pues exige generar evidencia específica sobre la seguridad y eficacia de las nuevas formulaciones.
La decisión amplía el trabajo de cooperación regulatoria iniciado meses atrás. En junio, CONSULTORSALUD informó sobre la coordinación entre la EMA y la AMA frente al brote de Ébola en África, una iniciativa orientada a articular la evaluación de posibles vacunas y tratamientos. El nuevo documento representa un avance al definir criterios técnicos concretos para su desarrollo clínico.
Las recomendaciones se concentran principalmente en vacunas basadas en ARN mensajero y vectores virales, tecnologías que cuentan con antecedentes de investigación y experiencia regulatoria que podrían facilitar la evaluación de nuevos candidatos.
Estudios preclínicos podrán flexibilizarse cuando exista evidencia suficiente de seguridad
Uno de los principales cambios propuestos consiste en permitir que determinados estudios de toxicidad en animales sean aplazados o eximidos cuando las plataformas vacunales utilizadas cuenten con información previa suficientemente caracterizada.
El documento Position Paper on Clinical Development of Bundibugyo Vaccines, identificado con la referencia EMA/228242/2026, establece que los estudios de toxicidad de dosis repetidas podrían no ser necesarios para respaldar ensayos de fase I o II si la misma plataforma tecnológica ha demostrado previamente un perfil de seguridad consistente con diferentes antígenos.
Esta consideración comprende tecnologías como los vectores basados en el virus de la estomatitis vesicular, plataformas adenovirales como ChAdOx1 y vacunas de ARN mensajero. También podrían eximirse estudios de biodistribución cuando exista evidencia científica previa que justifique esa decisión.
Sin embargo, la flexibilización no elimina la obligación de demostrar que los candidatos producen una respuesta inmunitaria suficiente. Antes de comenzar los ensayos clínicos deberán existir datos de inmunogenicidad en animales, mientras que los estudios de eficacia mediante exposición experimental al virus seguirán siendo relevantes antes de avanzar a ensayos de vacunación en anillo.
El documento destaca la importancia de los modelos de primates no humanos, particularmente macacos cangrejeros, aunque contempla la evaluación de modelos alternativos, como hurones, cuando exista justificación científica. Su aceptación deberá analizarse individualmente con las autoridades regulatorias.
Ensayos de fase I priorizarán seguridad, inmunogenicidad y selección temprana de dosis
Para las primeras etapas de investigación clínica, la EMA y la AMA recomiendan estudios controlados en adultos sanos, con grupos placebo y un número de participantes ajustado a la evidencia disponible sobre cada plataforma. En determinadas circunstancias, estos ensayos podrían incluir aproximadamente 20 a 30 participantes por grupo, una cantidad orientativa que deberá justificarse según el conocimiento previo de la tecnología utilizada y el programa de desarrollo previsto.
La seguridad constituirá el objetivo principal. Los protocolos deberán recoger acontecimientos adversos solicitados durante los primeros siete días, acontecimientos no solicitados durante el primer mes y mantener durante seis meses la vigilancia de eventos graves y acontecimientos de especial interés.
En candidatos con suficiente información previa, los resultados de seguridad obtenidos durante las primeras dos a cuatro semanas podrían respaldar decisiones de avance hacia fases posteriores, sin interrumpir el seguimiento establecido.
La inmunogenicidad será un objetivo secundario. Las recomendaciones contemplan evaluar anticuerpos de unión y neutralizantes, como mínimo, a los días 14 y 28 después de la última dosis. La selección de la dosis para estudios posteriores deberá fundamentarse en los datos de seguridad y respuesta inmunitaria disponibles a las cuatro semanas. Las agencias también recomiendan priorizar vacunas de dosis única, por sus ventajas operativas durante los brotes. No obstante, podrán investigarse esquemas de dos dosis siempre que su evaluación no retrase el desarrollo clínico.
La vacunación en anillo será una estrategia para evaluar la eficacia
El documento propone utilizar ensayos clínicos de fase II/III y fase III basados en vacunación en anillo, una metodología que permite estudiar la protección de los candidatos vacunales entre personas que han tenido contacto cercano con casos confirmados de la enfermedad.
Este diseño contempla identificar contactos e incluirlos en grupos de estudio mediante asignación aleatoria a vacunación inmediata o placebo, con el propósito de obtener evidencia sobre la capacidad de las vacunas para prevenir la enfermedad. La EMA y la AMA consideran aceptable esta estrategia para respaldar una eventual evaluación regulatoria de eficacia, siempre que los protocolos establezcan previamente los desenlaces, criterios estadísticos, momentos de análisis y mecanismos de vigilancia.
También se contempla el uso de ensayos de plataforma capaces de evaluar varios candidatos vacunales, incluso cuando estos ingresen al estudio en momentos diferentes. Las comparaciones deberán utilizar controles adecuados para cada candidato y proteger la integridad de los resultados.
Entre los desenlaces adicionales que podrían investigarse se encuentran la mortalidad y la gravedad de la enfermedad, además de los posibles correlatos inmunológicos de protección.
¿Cómo se incorporarán niños y mujeres embarazadas a los ensayos clínicos?
Las recomendaciones reconocen la necesidad de generar evidencia en poblaciones vulnerables, particularmente niños y mujeres embarazadas, debido a que también pueden verse afectadas por la enfermedad causada por el virus Bundibugyo. Para la población pediátrica, las agencias plantean iniciar estudios de seguridad, inmunogenicidad y selección de dosis tan pronto estén disponibles los resultados preliminares de cuatro semanas de los ensayos en adultos.
El documento contempla grupos de edad diferenciados, entre ellos adolescentes de 12 a 17 años, niños de 6 a 11 años y menores de uno a cinco años, con una participación orientativa mínima de 20 niños por dosis investigacional en cada grupo etario.
La incorporación de los participantes más pequeños deberá considerar la información de seguridad obtenida en niños mayores y las características específicas de la plataforma. Los protocolos tendrán que establecer reglas explícitas para suspender o detener los estudios ante acontecimientos adversos relevantes. En cuanto a las mujeres embarazadas, su inclusión en los ensayos de vacunación en anillo podrá permitirse cuando exista evidencia preclínica y experiencia clínica suficiente con la plataforma tecnológica para respaldar la seguridad maternofetal. Esta decisión deberá sustentarse en una evaluación específica de los riesgos y la información disponible.
¿Qué condiciones deberán cumplir las vacunas para obtener una eventual autorización?
La EMA y la AMA subrayan que los desarrolladores deberán mantener una interacción temprana con las autoridades regulatorias africanas para acordar los requisitos de investigación, los diseños de los ensayos y los criterios necesarios para evaluar el balance entre beneficios y riesgos. El documento también recomienda acelerar, en la medida de lo posible, la revisión regulatoria y ética de los protocolos clínicos, especialmente cuando las investigaciones se desarrollen en regiones afectadas por el brote.
La disponibilidad de datos de seguridad, inmunogenicidad y eficacia continuará siendo indispensable. En los estudios de fases avanzadas, los investigadores deberán justificar los métodos estadísticos, establecer criterios para los análisis intermedios y garantizar que las comparaciones entre candidatos permitan obtener conclusiones científicamente válidas.
Las agencias contemplan, además, la posibilidad de adaptar los diseños si durante el desarrollo de los ensayos se identifica una vacuna eficaz contra Bundibugyo. En ese escenario, podrían utilizarse comparadores activos y modificarse los criterios de evaluación, previa discusión con las autoridades competentes.
Por tanto, las nuevas recomendaciones no representan la autorización de una vacuna contra el Ébola Bundibugyo, sino el establecimiento de una ruta regulatoria para acelerar su investigación. El siguiente desafío será transformar estos criterios en ensayos clínicos capaces de generar evidencia suficiente para determinar qué candidatos ofrecen una protección efectiva y un perfil de seguridad aceptable frente a la enfermedad.