Cuando un niño aprende a entender el dolor de los demás

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A veces damos por sentado que los niños saben reconocer cuándo alguien está triste, asustado o necesita ayuda. Sin embargo, comprender lo que otra persona siente no es una capacidad que aparezca de forma automática. En realidad, se desarrolla poco a poco durante la infancia y constituye una de las bases de la cognición social, es decir, del conjunto de habilidades que nos permiten relacionarnos, comunicarnos y comprender a los demás.

Diversos estudios han mostrado que el reconocimiento de emociones y la comprensión de los estados mentales de otras personas es fundamental para la vida social. Estas habilidades permiten interpretar expresiones faciales, comprender intenciones y ponerse en el lugar del otro, lo que la literatura científica conoce como Teoría de la Mente. A partir de esta evidencia, surgen preguntas que interesan a padres, cuidadores, docentes e investigadores.

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¿Cómo se desarrolla en los niños la capacidad de reconocer y comprender las emociones de otras personas?

El reconocimiento emocional comienza desde los primeros años de vida y mejora progresivamente con la experiencia y la edad. Aunque los niños pequeños pueden identificar algunas emociones básicas, su precisión aumenta durante la infancia, especialmente al interpretar expresiones más complejas o de menor intensidad.

Sin embargo, este desarrollo no ocurre de la misma manera para todas las emociones. Diversas investigaciones han encontrado que algunas resultan más fáciles de reconocer que otras. Poenitz y Román notaron que, en su estudio realizado con niños entre 6 y 12 años, la felicidad fue la emoción identificada con mayor facilidad, seguida por la ira y la tristeza. El miedo y el disgusto fueron las más difíciles de reconocer. Además, los niños suelen identificar antes y con mayor precisión las emociones positivas que las negativas.

Estas diferencias en la identificación emocional son relevantes porque el reconocimiento de las emociones cumple un papel fundamental en el desarrollo social y emocional de los niños. Comprender emociones propias y ajenas no solo favorece las relaciones interpersonales, también ayuda a que los niños puedan reconocer y comunicar lo que les ocurre. La evidencia disponible muestra que la cognición social promueve la comprensión de los estados mentales propios y de los demás, facilitando la comunicación y la interacción social.

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En este sentido, reconocer adecuadamente las emociones no solo influye en la interacción con otras personas, sino también en el manejo de las propias experiencias emocionales. La capacidad de interpretar adecuadamente las emociones constituye una base importante para la regulación emocional. Cuando un niño logra identificar lo que siente y comprender las señales emocionales de quienes lo rodean, tiene más herramientas para afrontar situaciones difíciles y buscar apoyo cuando lo necesita.

Precisamente por su papel en la interacción social y la regulación emocional, resulta importante prestar atención a cómo los niños expresan y reconocen las emociones. Las emociones suelen manifestarse a través de múltiples canales, por lo que reconocerlas implica interpretar señales faciales y relacionarlas con estados internos y conductas.

En este sentido, cambios persistentes en la expresión emocional, dificultades para comprender lo que sienten otros niños, problemas frecuentes en las interacciones sociales o reacciones desproporcionadas ante situaciones cotidianas pueden ser señales que merecen atención. Comprender estas manifestaciones permite intervenir de manera oportuna y brindar acompañamiento antes de que las dificultades se consoliden.

El papel de la familia, la escuela y la comunidad

El aprendizaje emocional ocurre en relación con otras personas, pues el neurodesarrollo del reconocimiento de emociones se construye inicialmente a través de los referentes sociales primarios y posteriormente mediante las interacciones con pares, que facilitan la integración en los grupos sociales. En este proceso también se desarrollan las habilidades de Teoría de la Mente, fundamentales para las relaciones interpersonales efectivas. Después de todo, comprender los pensamientos y sentimientos de los demás favorece la cercanía, la comunicación y la construcción de vínculos sociales significativos.

La relevancia de estas habilidades va mucho más allá de la convivencia cotidiana. Fortalecer desde la infancia la capacidad de reconocer emociones, hablar sobre ellas y pedir ayuda contribuye al desarrollo de recursos esenciales para desenvolverse en distintos contextos sociales y emocionales. Diversos estudios señalan las dificultades para reconocer emociones pueden afectar la adaptación social y constituir un factor de riesgo para futuras dificultades psicológicas. En contraste, reconocer y comprender las emociones favorece la regulación emocional, el aprendizaje y la adaptación al entorno escolar y social.

Además, la evidencia científica muestra que estas capacidades tienen un impacto directo en la calidad de las relaciones que construimos. Comprender los pensamientos y sentimientos de otras personas favorece el funcionamiento interpersonal, mientras que los déficits en estas habilidades pueden relacionarse con dificultades sociales importantes, como la sensación de soledad, el sentimiento de ser una carga para los demás, la escasez de sentido de pertenencia y, en general, la dificultad para establecer vínculos seguros, valiosos y duraderos.

Por ello, enseñar a los niños a nombrar sus emociones, escuchar las de los demás y pedir ayuda cuando la necesitan no es un asunto menor. Considero que es una forma de fortalecer recursos que los acompañarán durante toda la vida y que pueden contribuir significativamente a su bienestar emocional, social y psicológico.

Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente a su autor y no comprometen la línea editorial de CONSULTORSALUD.

Referencias

  • Flavell, J. H., Botkin, P., Fry, C., Wright, J., & Jarvis, P. (1968). The development of role-taking and communication skills in children. Wiley.
  • Insel, T., Cuthbert, B., Garvey, M., Heinssen, R., Pine, D. S., Quinn, K., & Wang, P. (2010). Research Domain Criteria (RDoC): Toward a new classification framework for research on mental disorders. American Journal of Psychiatry, 167(7), 748-751.
  • Mitchell, J. P. (2006). Mentalizing and Marr: An information processing approach to the study of social cognition. Brain Research, 1079(1), 66-75.
  • Nestor, B. A., & Sutherland, S. (2021). Theory of mind and suicidality: A meta-analysis. Archives of Suicide Research, 26(4), 1-18. https://doi.org/10.1080/13811118.2021.1939209
  • Poenitz, V., & Román, F. (2020). Trayectoria del reconocimiento de emociones básicas en el neurodesarrollo de los niños y su evaluación a través de la prueba Reconocimiento de Emociones Básicas en la Infancia (REBEC). Frontiers in Education, 5, 110. https://doi.org/10.3389/feduc.2020.00110
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