La trombosis venosa profunda (TVP) corresponde a la formación de un coágulo en el sistema venoso profundo, con mayor frecuencia en las extremidades inferiores. Aunque puede manifestarse con dolor, edema, enrojecimiento, aumento de temperatura local o sensación de pesadez, también puede cursar con síntomas inespecíficos o incluso pasar inadvertida en fases iniciales.
Su relevancia clínica radica en el riesgo de complicaciones. El evento agudo puede progresar a embolia pulmonar, una condición potencialmente fatal, y también puede dejar secuelas crónicas como el síndrome postrombótico, caracterizado por dolor persistente, edema, pesadez, cambios cutáneos y, en casos graves, úlceras venosas. La literatura clínica reciente insiste en que el abordaje de la TVP debe ir más allá de la sospecha aislada y apoyarse en algoritmos que integren probabilidad clínica, pruebas de laboratorio e imágenes diagnósticas.
En Colombia, este tema tiene una lectura sectorial clara. La TVP involucra urgencias, hospitalización, laboratorio clínico, imagenología, farmacia, consulta ambulatoria y seguimiento. Por tanto, no se trata únicamente de definir qué anticoagulante usar, sino de asegurar una ruta completa: sospechar a tiempo, confirmar con oportunidad, iniciar tratamiento pertinente, garantizar continuidad y vigilar complicaciones.
La probabilidad clínica debe quedar documentada desde el primer contacto
El diagnóstico de Trombosis no debe depender únicamente de signos clínicos tradicionales. La estrategia más segura comienza con la estimación de la probabilidad clínica pretest, especialmente mediante la escala de Wells, que ayuda a clasificar al paciente antes de solicitar pruebas complementarias.
La escala de Wells incorpora criterios como cáncer activo, inmovilización, cirugía reciente, sensibilidad localizada en el trayecto venoso profundo, edema de toda la pierna, aumento del perímetro de la pantorrilla, edema con fóvea, venas colaterales superficiales y antecedente de TVP. También resta puntaje cuando existe un diagnóstico alternativo igual o más probable. Su utilidad está en ordenar la sospecha y reducir decisiones diagnósticas dispersas.
Para las IPS, el punto crítico es la trazabilidad. Si la probabilidad clínica no queda registrada en la historia, se dificulta reconstruir la pertinencia de la prueba solicitada, la oportunidad del diagnóstico y la decisión terapéutica. Para las EPS, esa omisión también limita la auditoría clínica y la gestión del riesgo. En una condición que puede escalar rápidamente a embolia pulmonar, documentar la sospecha no es un trámite administrativo: es parte de la seguridad del paciente.
Dímero D y Doppler cumplen funciones diferentes
El dímero D es útil cuando se interpreta dentro del contexto clínico. En pacientes con baja probabilidad, un resultado negativo puede ayudar a descartar Trombosis sin necesidad de avanzar de inmediato a imágenes. Sin embargo, un resultado positivo no confirma por sí solo la enfermedad, porque puede elevarse en infecciones, trauma, cáncer, embarazo, inflamación y otros escenarios clínicos.
La ecografía Doppler dúplex con compresión mantiene un papel central para confirmar la TVP, especialmente cuando se sospecha compromiso proximal sintomático. En casos inciertos o con persistencia de la sospecha, pueden requerirse estrategias complementarias, como estudios seriados o evaluación más amplia de la extremidad, de acuerdo con la condición clínica y la disponibilidad del servicio.
El reto colombiano está en convertir este algoritmo en operación real. Cada institución debería tener definido cuándo usar dímero D, cuándo priorizar Doppler, qué hacer si el estudio no está disponible de inmediato, cómo remitir al paciente y quién asume el seguimiento posterior. La oportunidad diagnóstica no puede depender solo de la disponibilidad ocasional del servicio de imagen.
| Punto de la ruta | Función clínica | Implicación para el sistema |
|---|---|---|
| Sospecha inicial | Identifica síntomas, factores de riesgo y diagnósticos alternativos | Debe quedar registrada en historia clínica |
| Escala de Wells | Clasifica probabilidad clínica | Orienta pertinencia de laboratorio o imagen |
| Dímero D | Apoya descarte en pacientes de baja probabilidad si es negativo | No debe usarse como confirmación aislada |
| Doppler dúplex | Confirma la trombosis venosa profunda | Requiere oportunidad y ruta de acceso definida |
| Seguimiento | Evalúa adherencia, sangrado, síntomas residuales y duración del tratamiento | Debe articular hospitalización y atención ambulatoria |
La anticoagulación debe individualizarse
El tratamiento de la Trombosis busca prevenir la progresión del trombo, reducir el riesgo de embolia pulmonar, evitar recurrencias y disminuir secuelas. La decisión terapéutica debe considerar la localización del evento, los factores de riesgo transitorios o persistentes, la función renal, la edad, el riesgo de sangrado, las interacciones farmacológicas, la adherencia esperada y las condiciones clínicas especiales.
Los anticoagulantes orales directos, como rivaroxabán o apixabán, han ganado espacio en múltiples escenarios por su uso simplificado frente a esquemas que requieren mayor monitoreo. No obstante, la elección no puede hacerse de forma automática. En pacientes con cáncer activo, embarazo, insuficiencia renal, alto riesgo de sangrado o interacciones relevantes, la decisión exige mayor precisión clínica.
En cáncer, por ejemplo, no es adecuado presentar la heparina de bajo peso molecular como una alternativa atrasada o secundaria en todos los casos. Sigue siendo una opción válida, especialmente en pacientes con riesgo de sangrado, tumores gastrointestinales o condiciones que dificulten el uso de anticoagulantes orales. En embarazo, la heparina de bajo peso molecular conserva un papel central, mientras que los anticoagulantes orales directos y los antagonistas de la vitamina K no son opciones de uso general por los riesgos asociados a la gestación.
La norma vigente para 2026 es la Resolución 2765 de 2025
Para un artículo fechado en junio de 2026, el marco colombiano vigente debe partir de la Resolución 2765 de 2025 del Ministerio de Salud y Protección Social. Esta norma actualizó integralmente los servicios y tecnologías financiados con recursos de la Unidad de Pago por Capitación (UPC), rige desde el 1 de enero de 2026 y derogó expresamente la Resolución 2718 de 2024.
La resolución establece que los servicios y tecnologías financiados con recursos de la UPC deben ser garantizados por las EPS y entidades adaptadas a sus afiliados, bajo condiciones de calidad. Además, define que la financiación con UPC incluye lo necesario para promoción, prevención, diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y paliación, de acuerdo con lo prescrito por el profesional tratante.
Este punto es clave para el manejo de la TVP. La financiación no sustituye el juicio clínico ni convierte un medicamento en primera línea universal. La misma norma reconoce que el profesional tratante es el competente para determinar lo que requiere el afiliado, sustentado en autonomía profesional, autorregulación y evidencia científica.
En el anexo de medicamentos financiados con recursos de la UPC figuran principios activos relevantes para anticoagulación, como heparina y rivaroxabán. También se financian con UPC los principios activos del subgrupo ATC B01AB, correspondiente al grupo de las heparinas monofármacos. La norma incluye, además, pruebas relacionadas con coagulación y niveles de inhibidores indirectos del factor Xa, como heparina de bajo peso molecular, y dosificación de heparina no fraccionada.
La implicación para EPS e IPS es directa: no basta con que una tecnología esté financiada. El sistema debe garantizar acceso efectivo, continuidad y seguimiento. En TVP, las fallas de transición entre urgencias, hospitalización, farmacia y consulta externa pueden traducirse en interrupciones del anticoagulante, duplicidad de pruebas, ausencia de control clínico o suspensión inadecuada del tratamiento.
La ruta no termina con la fórmula
Uno de los riesgos frecuentes en el manejo de la TVP es asumir que la atención concluye cuando se prescribe el anticoagulante. En realidad, el seguimiento es determinante. El paciente requiere educación sobre signos de alarma, adherencia, riesgo de sangrado, interacciones medicamentosas, duración prevista del tratamiento y necesidad de controles.
El síndrome postrombótico y la recurrencia trombótica obligan a sostener una vigilancia posterior al evento agudo. La presencia de dolor persistente, edema, limitación funcional o cambios cutáneos debe activar seguimiento clínico y medidas individualizadas. Las medias de compresión pueden ser útiles en pacientes sintomáticos, pero su uso rutinario para prevenir síndrome postrombótico no debe presentarse como una indicación automática, porque la evidencia disponible exige individualización.
La integración con atención primaria también es necesaria. Muchos pacientes anticoagulados regresan a su territorio con indicaciones que deben ser vigiladas por equipos ambulatorios. Si no hay comunicación clara entre niveles de atención, el riesgo se desplaza al paciente: interrupción del tratamiento, falta de monitoreo, consultas tardías o desconocimiento de eventos adversos.
Retos para EPS, IPS y equipos clínicos
La TVP plantea al menos cinco retos para el sistema colombiano. El primero es fortalecer la sospecha clínica documentada. El segundo es ordenar el uso del dímero D según probabilidad pretest. El tercero es mejorar la oportunidad de acceso a ecografía Doppler cuando la sospecha lo justifica. El cuarto es asegurar continuidad de la anticoagulación financiada y clínicamente indicada. El quinto es estructurar seguimiento poshospitalario, especialmente en pacientes con cáncer, embarazo, comorbilidades, riesgo de sangrado o antecedentes de recurrencia.
Para las EPS, el objetivo debe ser reducir barreras administrativas sobre servicios y tecnologías financiados con UPC y articular la ruta del paciente anticoagulado. Para las IPS, la prioridad es protocolizar la atención, documentar decisiones y evitar que la transición entre servicios fragmente el manejo. Para los equipos clínicos, el punto central es sostener una decisión terapéutica individualizada, basada en riesgo, evidencia y condiciones reales de acceso.
La trombosis venosa profunda no debe verse como un evento aislado, sino como una condición trazadora de la capacidad del sistema para responder con oportunidad, pertinencia y continuidad. En un escenario donde el retraso diagnóstico puede traducirse en embolia pulmonar y donde la suspensión inadecuada del tratamiento puede aumentar el riesgo de recurrencia, la calidad de la ruta asistencial es tan importante como la disponibilidad de medicamentos.clínica y la continuidad del tratamiento son tan importantes como la disponibilidad de medicamentos.


