El envejecimiento de la población suele verse como una victoria de la salud pública y del desarrollo social. Pero detrás de estos logros se esconden estereotipos y prácticas que afectan la dignidad de las personas por su edad. Eso es el edadismo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), se refiere a “la forma de pensar (estereotipos), sentir (prejuicios) y actuar (discriminación) con respecto a los demás o a nosotros mismos por razón de la edad”.
En Colombia, el edadismo es desconocido por gran parte de la población, debido a la falta de educación al respecto, de datos y de políticas públicas que lo visibilicen como problema social. Si la historia del envejecimiento se cuenta como una carga o dependencia, las oportunidades son inequitativas tanto en el ámbito laboral, la salud y la gente en general. El edadismo no es solo una cuestión de actitudes individuales; está inmerso en las políticas públicas y en qué datos existen. Por lo tanto, medirlo es mucho más que un interés académico, es una prioridad para transformar la realidad. Si no lo enfrentamos con datos y leyes, esa exclusión terminará empobreciendo a toda la sociedad.
En este sentido, surge la Encuesta Nacional de Edadismo, diseñada para evaluar dimensiones cognitivas, afectivas y conductuales, y para distinguir expresiones institucionales, interpersonales y autoinfligidas. Esta medición permitirá cuantificarlo, identificar los grupos que lo ejercen y lo sufren, comparar territorios y, sobre todo, sugerir políticas públicas basadas en la evidencia científica. Fue desarrollada por colegas de la Universidad de la Costa (Lorena Cudris-Torres, Iván Lozada-Martínez), de la Universidad de Pamplona (César Andrés Gómez Acosta) y la Academia Nacional de Medicina de Colombia (Juan-Manuel Anaya), con base en recomendaciones de la OMS. Puede responderse en este link: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSeGjseGKD0hRyTEZ0m3V6qT8EpUdsxrxOj59fcY-CRlFeV1dg/viewform. Toma menos de 10 minutos.

En América Latina, en general, y en Colombia, en particular, persisten narrativas que estigmatizan a las personas mayores como dependientes o cargas para la sociedad y los sistemas de salud. En este sentido, la Encuesta Nacional de Edadismo ofrece la base para avanzar hacia un sistema normativo que reconozca y sancione la discriminación por la edad, fortaleciendo una cultura de equidad entre generaciones. No se trata de crear una lucha entre edades, sino de construir puentes que permitan que todas las generaciones vivan con dignidad y participación plena.
Sin embargo, para que ese cambio sea real, no basta con proclamar la necesidad de políticas. Se requieren datos abiertos, comparables y representativos; hay que enfrentar vacíos metodológicos que impiden dimensionar el fenómeno y entender sus determinantes en distintos contextos territoriales. La ruta propuesta es triple: políticas y legislación; intervenciones educativas y programas intergeneracionales; acompañados de una inversión sólida, sobre todo en investigación. Sin este trípode, cualquier plan estará cojo y se quedará en una buena intención. Y las buenas intenciones son eso: intenciones.
Recordemos que la Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030), propuesta por las Naciones Unidas, tiene como objetivo reducir las desigualdades en materia de salud y mejorar la vida de las personas mayores, sus familias y sus comunidades a través de la acción colectiva en cuatro esferas: cambiar nuestra forma de pensar, sentir y actuar en relación con la edad y el edadismo; desarrollar comunidades que fomenten las capacidades de las personas mayores, prestar servicios de atención integrada y atención primaria centrados en la persona, que respondan a las necesidades de las personas mayores; y garantizar acceso a la atención a largo plazo para las que la necesiten.
Cada actor social debe asumir roles claros para enfrentar el edadismo; en particular, la ciudadanía debe participar más en los debates, exigir evidencia para las políticas públicas y revisar sus creencias para evitar que se normalicen los prejuicios por la edad. Esta encuesta servirá, adicionalmente, de insumo para llenar un vacío legislativo: la ley de edadismo.
En resumen, el edadismo no es un asunto secundario, es una forma de discriminación que afecta la salud, la cohesión social y el desarrollo. No sobra recordar tampoco que Colombia es el país de las Américas que más rápido envejece. Contar con una línea de base nacional, con datos transparentes y comparables, no es un lujo; es una obligación para avanzar hacia una Colombia en la que todas las personas cuenten, independiente de su edad; y todas tengan la posibilidad de vivir con dignidad y equidad. Ningún hallazgo científico sobre longevidad tendrá el efecto deseado si no se conoce y combate primero el edadismo. Medir para conocer y mejorar. Esta es la ruta que hemos elegido para fomentar una Longevidad Saludable.
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