Salud mental de niños y adolescentes: expertos advierten riesgos del uso excesivo de pantallas y redes sociales

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Expertos analizan los riesgos del uso de pantallas en niños y adolescentes, su relación con el sueño, el aprendizaje y la salud mental infantil.
Salud mental de niños y adolescentes: expertos advierten riesgos del uso excesivo de pantallas y redes sociales

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El uso de pantallas y redes sociales en niños y adolescentes plantea nuevos desafíos para la salud mental, el neurodesarrollo y el aprendizaje. Durante el Foro Nuevas Tecnologías y Salud Mental en Niñas, Niños y Adolescentes, la Academia Nacional de Medicina de Colombia reunió a especialistas en neuropediatría, psiquiatría, psicología y educación para examinar los efectos de la exposición digital, el diseño de las plataformas y el uso de inteligencia artificial (IA). Las intervenciones coincidieron en la necesidad de fortalecer el acompañamiento familiar, la prevención clínica y la regulación de los entornos digitales, aunque presentaron diferentes perspectivas sobre el alcance de las restricciones.

Salud mental infantil y exposición digital: las cifras que preocupan en Colombia

La síntesis presentada por la Academia Nacional de Medicina recoge cifras que permiten dimensionar los desafíos asociados con el bienestar psicológico y el uso de tecnologías digitales en menores de edad.

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De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud Mental 2025, el 10,5 % de los niños entre 7 y 11 años presenta hiperactividad, el 9,6 % registra trastornos emocionales y el 2,1 % manifestó ideas suicidas durante el último mes. Entre los adolescentes de 12 a 17 años, la proporción con trastornos emocionales alcanza el 10,4 %, mientras que uno de cada 20 reportó pensamientos suicidas.

En materia de conectividad, las cifras citadas de la Comisión de Regulación de Comunicaciones señalan que el 61 % de los niños y adolescentes dispone de celular propio y el 40 % tiene al menos una cuenta activa en redes sociales.

Estas estadísticas describen condiciones de salud mental y patrones de acceso tecnológico, pero no permiten establecer que el uso de dispositivos sea la causa de los trastornos reportados.

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El sueño y el neurodesarrollo concentran las alertas clínicas

El neuropediatra Ricardo Andrés Naranjo Flores, líder del Servicio de Neuropediatría del Hospital de la Misericordia, planteó que la evaluación clínica debe superar el conteo de horas de pantalla y considerar la edad, el momento de exposición, las vulnerabilidades individuales y la etapa de maduración cerebral.

Además explicó que la exposición lumínica nocturna puede interferir con la secreción de melatonina y alterar el ciclo de sueño y vigilia. También citó seis estudios realizados en cuatro continentes, con más de 377.000 adolescentes, que identificaron una asociación entre mayor tiempo de pantalla y privación crónica del sueño.

El especialista relacionó estas alteraciones con procesos de mielinización, autorregulación y funcionamiento de la corteza prefrontal, además de posibles dificultades de atención, memoria de trabajo y rendimiento escolar.

Entre las recomendaciones presentadas se encuentran evitar las pantallas recreativas entre los cero y cinco años, limitar su uso recreativo en edades posteriores y establecer una desconexión de al menos 60 minutos antes de dormir.

Redes sociales, dependencia digital y riesgos emocionales

El psiquiatra Germán Casas Nieto, vicepresidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, cuestionó los mecanismos de diseño de las plataformas digitales, particularmente el desplazamiento infinito de contenidos y los videos breves, por su capacidad para mantener la atención y favorecer conductas de uso repetitivo.

Desde otra perspectiva, la psiquiatra infantil Sandra Elizabeth Piñeros destacó que los efectos de las redes sociales no dependen exclusivamente del tiempo de conexión. Según su exposición, el consumo pasivo, la comparación social, el ciberacoso y la alteración del sueño constituyen factores importantes para comprender los riesgos emocionales.

La especialista señaló que, entre los menores colombianos que utilizan internet, el 60 % accede a redes sociales. De acuerdo con las cifras presentadas, el 75 % realiza un consumo principalmente pasivo, frente al 25 % que participa activamente mediante la creación de contenidos.

Por su parte, la psicóloga Adriana Rodríguez insistió en diferenciar las funciones que cumple la tecnología. Una misma herramienta puede utilizarse para establecer vínculos, crear contenidos o aprender, pero también para evitar situaciones difíciles o buscar alivio emocional.

Esta distinción plantea la necesidad de evaluar el contexto familiar y las características individuales antes de atribuir una dificultad psicológica exclusivamente al uso de pantallas.

Restricciones escolares y resultados observados en el aprendizaje

La economista Luz Karime Abadía, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana, presentó evidencia internacional sobre el uso de celulares en las aulas y sus posibles efectos en el desempeño académico.

Según los estudios citados de Inglaterra e Italia, las restricciones escolares al uso de dispositivos móviles mostraron mejoras estadísticamente significativas en pruebas estandarizadas, especialmente entre estudiantes con menor rendimiento previo.

En Colombia, Alejandra Echeverry, directora ejecutiva de la Unión de Colegios Internacionales (Uncoli), expuso la experiencia de 27 colegios que acordaron restringir los dispositivos personales durante la jornada escolar desde mayo de 2024. Después de una etapa inicial de resistencia se observaron cambios favorables en la interacción presencial, la actividad física durante los descansos y la concentración en clase.

¿Qué papel puede desempeñar la inteligencia artificial en la salud mental infantil?

El psiquiatra infantil Álvaro Franco Zuluaga examinó las posibilidades de la inteligencia artificial como apoyo a la detección temprana y a la atención personalizada. Entre las aplicaciones descritas se encuentran los biomarcadores digitales, mediante el análisis de patrones de voz, gestos faciales y escritura, que podrían contribuir a identificar señales relacionadas con depresión o riesgo suicida.

Sin embargo, el especialista también advirtió sobre los riesgos de utilizar chatbots como sustitutos de la atención psicológica o psiquiátrica, especialmente entre adolescentes emocionalmente vulnerables. Su planteamiento bioético destacó cuatro principios para orientar la incorporación de estas tecnologías: autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia.

La utilización de herramientas algorítmicas en salud mental requiere, por tanto, distinguir su potencial como apoyo clínico de una capacidad diagnóstica o terapéutica que no queda demostrada por las experiencias descritas en el foro.

¿Cómo proteger la salud mental de niños y adolescentes sin excluirlos del entorno digital?

Las intervenciones evidenciaron dos enfoques complementarios para enfrentar los riesgos tecnológicos. El primero prioriza restricciones según la edad y el contexto escolar; el segundo propone reducir los riesgos mediante acompañamiento, alfabetización digital y cambios en el diseño de las plataformas.

Alejandro Castañeda, del Centro de Internet Seguro Viguías de RedPaPaz, sostuvo que la protección digital no puede depender exclusivamente de las familias y requiere responsabilidades concretas de las empresas tecnológicas y del Estado.

En el ámbito clínico y educativo, las principales orientaciones expuestas durante el encuentro incluyen:

  • Evaluar la calidad, finalidad y horario de exposición, además del tiempo de pantalla.
  • Fortalecer el acompañamiento familiar y evitar el acceso individual no supervisado durante la infancia.
  • Proteger las rutinas de sueño, la interacción presencial y las actividades físicas.
  • Establecer medidas de seguridad y criterios éticos para el uso de inteligencia artificial.

El debate desarrollado por la Academia Nacional de Medicina sitúa la salud mental infantil y adolescente como una responsabilidad compartida entre familias, instituciones educativas, profesionales sanitarios, plataformas digitales y autoridades públicas. La principal tarea será convertir estas discusiones en estrategias de prevención y seguimiento que respondan a las necesidades particulares de cada etapa del desarrollo.

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