En 2025 la pobreza monetaria en Colombia cayó a 28,0% y la extrema a 9,6%, según el más reciente boletín del DANE. El promedio, sin embargo, esconde una brecha que interpela al sector salud. Entre los hogares cuyo jefe cotiza a pensión la pobreza fue apenas 7,3%, mientras que entre los que no cotizan trepó a 38,8%, una diferencia de 31,5 puntos porcentuales. El dato no mide acceso a servicios ni gasto en medicamentos, pero sí muestra dónde se concentra este indicador por fuera de la formalidad laboral, con un marcado sesgo rural.
El Departamento Administrativo Nacional de Estadística publicó los resultados de pobreza monetaria de 2025, calculados a partir de la Gran Encuesta Integrada de Hogares enriquecida con registros administrativos de ayudas institucionales y de la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (PILA) del Ministerio de Salud y Protección Social. Para el agregado nacional la fotografía es de mejora. La incidencia de pobreza monetaria pasó de 31,8% en 2024 a 28,0% en 2025, y la pobreza monetaria extrema descendió de 11,7% a 9,6% en el mismo periodo. El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad de ingresos, bajó de 0,551 a 0,531 a nivel nacional.
Los promedios, sin embargo, esconden perfiles muy disímiles. El DANE desagrega la incidencia de pobreza según características del jefe de hogar, y allí aparece una variable de interés para el sector. En el grupo de cotización a pensión, los hogares cuya jefatura no cotiza registran una incidencia de pobreza de 38,8%, frente a 7,3% en los hogares con jefe afiliado. La brecha entre ambos supera los treinta puntos porcentuales.
Qué mide la variable y qué no
Antes de leer la cifra hay que precisar a qué se refiere esa fila, porque las dos publicaciones del DANE difieren en el rótulo y conviene ser transparente al respecto.
- En el boletín técnico entregado por el DANE, las tablas de perfil del jefe de hogar encabezan ese grupo como “Seguridad social (Pensiones)”, con las categorías afiliado y no afiliado.
- En la presentación de resultados, las láminas equivalentes lo rotulan como “Cotización a pensión”, también con afiliado y no afiliado.
- Una nota al pie del boletín agrega que se considera afiliado a seguridad social si el jefe de hogar lo está a un régimen de seguridad social en salud.
La lectura más sólida y defendible, coherente con los encabezados de ambas fuentes, es entender la variable como cotización a pensión, es decir, como un indicador de formalidad laboral. Bajo ese marco, el hallazgo es directo: la pobreza se concentra de manera muy marcada en los hogares cuyo jefe está por fuera del aporte pensional, que suelen ser trabajadores informales, cuenta propia o personas fuera de la fuerza de trabajo.
También conviene fijar el alcance de la medición para no sobreinterpretarla.
- El indicador mide incidencia de pobreza según un perfil del jefe de hogar, no causalidad. La no cotización aparece asociada a la pobreza, pero no se puede afirmar a partir de estos datos que no cotizar empobrezca.
- La medición no evalúa acceso efectivo a servicios, oportunidad en la atención, gasto de bolsillo ni consumo de medicamentos. Compara el ingreso per cápita de la unidad de gasto contra una línea de pobreza, no resultados en salud.
- La no cotización concurre con otros rasgos de alta vulnerabilidad de la misma tabla, lo que sugiere que funciona como marcador de informalidad más que como una causa autónoma.
Esa concurrencia es visible en las propias cifras del DANE. Los hogares con mayor incidencia de pobreza comparten un patrón: jefatura desocupada, con 51,8% de incidencia nacional; posición ocupacional de patrono o cuenta propia, con 35,5%; nivel educativo de ninguno o primaria, con 37,8%; y, en la misma línea, no cotización a pensión, con 38,8%. Son condiciones que tienden a coincidir en la misma población.
La cifra por dominios
La desagregación territorial refuerza el ángulo rural. La incidencia de pobreza entre hogares con jefe que no cotiza es sistemáticamente más alta fuera de las grandes ciudades.
| Dominio | Jefe que cotiza | Jefe que no cotiza |
|---|---|---|
| Nacional | 7,3% | 38,8% |
| Cabeceras | 7,8% | 37,0% |
| Centros poblados y rural disperso | 3,1% | 42,4% |
| 13 ciudades y A.M. | 8,8% | 33,7% |
| Otras cabeceras | 5,7% | 40,2% |
Incidencia de pobreza monetaria según cotización a pensión del jefe de hogar, 2025. Fuente: DANE, GEIH 2025.
El mismo patrón se repite, con cifras menores pero más nítidas, en la pobreza monetaria extrema. Aquí la diferencia entre quienes cotizan y quienes no es contundente, porque la incidencia entre hogares con jefe cotizante es marginal.
| Dominio | Jefe que cotiza | Jefe que no cotiza |
|---|---|---|
| Nacional | 0,4% | 12,8% |
| Cabeceras | 0,3% | 9,8% |
| Centros poblados y rural disperso | 0,7% | 18,7% |
| 13 ciudades y A.M. | 0,4% | 7,7% |
| Otras cabeceras | 0,2% | 11,9% |
Incidencia de pobreza monetaria extrema según cotización a pensión del jefe de hogar, 2025. Fuente: DANE, GEIH 2025.
En centros poblados y rural disperso, casi uno de cada cinco habitantes de hogares con jefe que no cotiza vive en pobreza extrema, frente a menos de uno de cada cien entre los cotizantes.
El puente con el aseguramiento, como hipótesis
Aquí entra la lectura sanitaria, y conviene plantearla con cautela. Dado que la nota al pie del boletín vincula esa misma variable con la afiliación a un régimen de seguridad social en salud, es razonable formular una hipótesis de trabajo para el sector: la población por fuera de la formalidad laboral tiende a concentrar, a la vez, mayor pobreza y menor protección social, incluido el aseguramiento. No es una conclusión que estos datos demuestren, porque el indicador no fue diseñado para medir cobertura efectiva en salud, pero sí una pista que justifica revisarlo con las bases propias del sistema.
Bajo ese supuesto, la combinación de pobreza y no cotización ofrece a EPS, IPS y autoridades territoriales una aproximación a dónde podría concentrarse el riesgo.
- Aseguramiento. Señala un segmento por fuera de la formalidad que vale la pena contrastar contra los registros de afiliación, candidato a estrategias de afiliación de oficio y depuración de bases.
- Redes y APS. La concentración rural conecta con la organización de la atención primaria y con la gestión territorial del riesgo en poblaciones dispersas.
- Continuidad de la atención. Un hogar pobre y por fuera de la formalidad enfrenta más obstáculos materiales para sostener controles, traslados y seguimientos, especialmente lejos de las cabeceras.
- Política pública. El dato da una base cuantitativa para focalizar intervenciones intersectoriales que articulen protección social, empleo formal y salud.
El boletín del DANE, leído con lente sanitario, enciende una alerta sobre la población pobre por fuera de la formalidad laboral, con un sesgo rural marcado, y abre una pregunta legítima sobre su protección social. Ese es el dato de pobreza que sí interpela al sistema de salud.


