El mes septiembre nos invita a reflexionar sobre la salud cardiovascular durante la conmemoración del Mes del Corazón y la insuficiencia cardíaca representa una de las mayores cargas de enfermedad cardiovascular en Colombia y en el mundo. Las estimaciones nacionales muestran una elevada mortalidad prematura y costos sanitarios asociados a esta condición, mientras que la evidencia global continúa señalando a las enfermedades cardiovasculares como una de las principales causas de muerte y pérdida de años de vida saludable. El desafío ya no consiste únicamente en lograr que el paciente sobreviva a una hospitalización, sino en construir sistemas capaces de mantenerlo estable, funcional y acompañado fuera de ella.
El alta no es el final del riesgo
Son las ocho de la mañana y un paciente de 72 años abandona el hospital después de permanecer varios días hospitalizado por una descompensación de insuficiencia cardiaca. Respira mejor que al ingreso, el edema disminuyó, recibe una fórmula actualizada y una cita de control para las próximas semanas. Desde la perspectiva administrativa, el episodio asistencial ha terminado. Desde la perspectiva clínica, apenas comienza la etapa de mayor vulnerabilidad.
La insuficiencia cardiaca representa uno de los principales desafíos de salud pública en el mundo debido a su alta mortalidad, elevada frecuencia de hospitalización y profundo impacto sobre la calidad de vida. En Colombia, análisis de carga de enfermedad estimaron aproximadamente 490.831 personas viviendo con insuficiencia cardiaca y 27.437 muertes asociadas, generando cerca de 480.289 años de vida ajustados por discapacidad (DALY), de los cuales el 97% correspondían a años de vida perdidos por muerte prematura. Además, los pacientes con fracción de eyección reducida concentraron dos tercios de la carga total de enfermedad.
Los mismos análisis mostraron que la insuficiencia cardiaca con empeoramiento clínico representaba apenas el 16% de los casos, pero explicaba cerca de la mitad de las muertes y una proporción desproporcionadamente alta de los costos del sistema de salud. Este panorama coincide con los hallazgos más recientes del Global Burden of Disease (GBD), que continúan mostrando que las enfermedades cardiovasculares permanecen entre las principales causas de muerte y pérdida de años de vida saludable en la región de las Américas. La combinación de envejecimiento poblacional, hipertensión, diabetes, obesidad y enfermedad renal crónica seguirá impulsando el crecimiento de la insuficiencia cardiaca durante las próximas décadas.
Por ello, el alta hospitalaria no debería interpretarse como el final de un problema resuelto, sino como la transición hacia una fase crítica de seguimiento, donde las decisiones adoptadas durante las primeras semanas pueden determinar una nueva hospitalización, una discapacidad progresiva o incluso la muerte.
Una enfermedad progresiva tratada por episodios
Uno de los mayores errores conceptuales en la organización de los sistemas de salud consiste en tratar la insuficiencia cardiaca como una sucesión de eventos agudos independientes.
Ingresó por congestión. Se estabilizó. Se dio de alta.Sin embargo, la biología de la enfermedad cuenta una historia diferente.
La insuficiencia cardiaca es una condición progresiva caracterizada por remodelado cardíaco, activación neurohormonal persistente, inflamación, deterioro funcional y acumulación progresiva de daño orgánico. Cada episodio de empeoramiento deja una huella biológica que incrementa el riesgo de nuevos eventos clínicos y reduce la reserva funcional del paciente. La estabilización hospitalaria permite controlar temporalmente la congestión y corregir alteraciones hemodinámicas, pero rara vez significa que el riesgo haya desaparecido. La verdadera pregunta no es si el paciente salió mejor que cuando ingresó, sino si el proceso de atención logró modificar la trayectoria futura de la enfermedad.
La evidencia demuestra que cada hospitalización por insuficiencia cardiaca aumenta significativamente la probabilidad de rehospitalización y mortalidad posterior. De hecho, diversos estudios han mostrado que los reingresos repetidos constituyen uno de los predictores más consistentes de desenlaces adversos.
Las brechas invisibles después de la hospitalización
Las causas de un reingreso rara vez comienzan el día en que el paciente vuelve a urgencias.
Generalmente empiezan mucho antes.
- Cuando nadie verificó que el paciente entendiera los cambios terapéuticos.
- Cuando no se realizó conciliación farmacológica.
- Cuando la cita de seguimiento ocurrió demasiado tarde.
- Cuando atención primaria nunca recibió el resumen clínico.
- Cuando el cuidador salió del hospital con más preguntas que respuestas.
La transición hospital-hogar constituye uno de los momentos más frágiles de la atención. No basta entregar una fórmula o una orden de control. El sistema debe garantizar acceso real a los tratamientos, comunicación efectiva entre niveles asistenciales, educación terapéutica, monitoreo temprano y vías claras de contacto ante signos de alarma. Estrategiuas como hospital día, seguimiento post-hospitalización o post-UCI permiten disminuir riesgos, pero no del todo. Aún hoy en día con estas estrategias, cada institución reconstruye parcialmente la información, se duplican procedimientos, aparecen errores de medicación y se pierden oportunidades de intervención temprana.
Las comorbilidades amplifican todavía más este problema. La mayoría de los pacientes con insuficiencia cardiaca conviven simultáneamente con hipertensión, diabetes, enfermedad renal crónica, fibrilación auricular, obesidad o fragilidad. En consecuencia, la fragmentación asistencial multiplica consultas, genera recomendaciones contradictorias y aumenta la carga física y emocional para el paciente y su familia.
Del órgano aislado a la persona completa
Tradicionalmente la atención ha estado organizada alrededor de órganos.
- El cardiólogo trata el corazón.
- El nefrólogo trata el riñón.
- El endocrinólogo trata la diabetes.
- El psiquiatra trata la depresión.
El problema es que el paciente vive con todas estas condiciones al mismo tiempo. La evidencia contemporánea demuestra que existe una profunda interacción entre corazón, riñón y metabolismo. La enfermedad renal acelera el deterioro cardiovascular. La diabetes favorece la progresión renal y cardíaca. La obesidad amplifica la inflamación y empeora los desenlaces clínicos. Este continuo cardiorrenal y cardiometabólico obliga a abandonar los modelos fragmentados de atención.
La insuficiencia cardiaca también afecta dimensiones que exceden lo estrictamente biológico. Limita la movilidad, altera el sueño, reduce la participación social, modifica las relaciones familiares y aumenta la frecuencia de síntomas depresivos y ansiedad. Por esa razón, la atención centrada en el paciente debe reconocer simultáneamente componentes clínicos, funcionales, emocionales y sociales. Una persona puede encontrarse clínicamente estable y, aun así, experimentar una calidad de vida profundamente deteriorada. Lo anterior, nos convoca a un trabajo articulado multidisciplinario.
Lo que deberían medir las rutas de atención
Durante años hemos evaluado programas de insuficiencia cardiaca principalmente mediante mortalidad, días de estancia y número de hospitalizaciones y claro, son indicadores importantes, pero no son insuficientes. La pregunta central debería ser: ¿cómo está viviendo el paciente?
Aquí adquiere especial relevancia el trabajo desarrollado por el International Consortium for Health Outcomes Measurement (ICHOM), organización internacional dedicada a establecer estándares globales de medición de resultados centrados en los pacientes. Para insuficiencia cardiaca, ICHOM definió un conjunto de resultados que incluyen supervivencia, funcionalidad, síntomas, salud mental, independencia, calidad de vida, carga financiera y utilización de servicios. Dentro de este modelo, el Kansas City Cardiomyopathy Questionnaire (KCCQ-12) se ha consolidado como uno de los instrumentos más robustos para capturar la experiencia del paciente. A diferencia de la fracción de eyección o las pruebas de laboratorio, el KCCQ mide directamente síntomas, limitaciones físicas, participación social, calidad de vida y percepción global de salud.
Su importancia radica en que traduce la experiencia cotidiana del paciente en información cuantificable y comparable. Una disminución del puntaje puede anticipar deterioro clínico antes de una hospitalización; una mejoría refleja beneficios clínicamente significativos percibidos por el propio paciente. En otras palabras, mientras la fracción de eyección informa acerca del corazón, el KCCQ informa acerca de la persona.
Por ello, una ruta moderna de insuficiencia cardiaca debería monitorear simultáneamente:
- Mortalidad.
- Rehospitalizaciones.
- Visitas a urgencias.
- Días vivos fuera del hospital.
- Síntomas.
- Capacidad funcional.
- Calidad de vida.
- Salud mental.
- Continuidad terapéutica.
- Resultados reportados por los pacientes.
Una propuesta para Colombia
Si aceptamos que la insuficiencia cardiaca es una enfermedad crónica progresiva y multisistémica, entonces la estructura asistencial debe adaptarse a esa realidad. Colombia podría avanzar hacia un modelo sustentado en seis elementos fundamentales:
- Transición estructurada al alta, incluyendo conciliación farmacológica, educación al paciente y seguimiento temprano.
- Fortalecimiento de la atención primaria como eje de vigilancia y detección temprana de descompensaciones.
- Clínicas integradas de insuficiencia cardiaca con capacidad para coordinar atención hospitalaria y ambulatoria.
- Equipos multidisciplinarios conformados por cardiología, enfermería, nutrición, rehabilitación, trabajo social, psicología y farmacia clínica.
- Integración cardiorrenal y cardiometabólica dentro de la misma ruta asistencial.
- Implementación sistemática de PROMs y herramientas como KCCQ para incorporar la voz del paciente a la evaluación de resultados.
La experiencia de los modelos de atención integral en enfermedades crónicas demuestra que la coordinación, la continuidad y la gestión anticipada del riesgo producen mejores resultados clínicos y una utilización más eficiente de los recursos sanitarios.
En insuficiencia cardiaca, el éxito no debería definirse por una cama hospitalaria vacía, tampoco por una historia clínica cerrada y ni siquiera por una supervivencia inmediata al episodio agudo. El verdadero éxito ocurre cuando una persona logra mantenerse funcional, independiente y acompañada fuera del hospital. En última instancia, la pregunta más importante no es cuánto tiempo vive el paciente con insuficiencia cardiaca. La pregunta realmente trascendente es cómo vive ese tiempo.
Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente a su autor y no comprometen la línea editorial de CONSULTORSALUD.
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