Fiebre amarilla en Sudamérica: OPS alerta por transmisión sostenida y expansión fuera de zonas tradicionales

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La OPS alertó sobre transmisión sostenida de fiebre amarilla en Sudamérica, con casos en nuevas zonas y llamado urgente a vacunación y vigilancia.
Fiebre amarilla en Sudamérica: OPS alerta por transmisión sostenida y expansión fuera de zonas tradicionales

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La Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtió sobre la persistencia de la transmisión de fiebre amarilla en partes de Sudamérica, con casos confirmados en 2026 y detección en territorios que no figuraban recientemente como zonas de riesgo. El organismo pidió a los países reforzar la vigilancia epidemiológica, elevar la cobertura de vacunación y preparar mejor a los servicios de salud ante la posibilidad de brotes con rápida propagación.

La fiebre amarilla en Sudamérica volvió a escalar en la agenda regional de salud pública tras la nueva alerta epidemiológica emitida por la OPS el 13 de marzo de 2026. La organización reportó que la transmisión del virus se mantiene activa en varios países y, además, ha mostrado un comportamiento que preocupa por su expansión hacia áreas distintas a los focos históricamente asociados con la cuenca amazónica.

De acuerdo con la alerta, desde septiembre de 2024 se han notificado casos en zonas donde previamente no se habían registrado eventos recientes de la enfermedad, incluidos algunos territorios por fuera de la Amazonía. Este desplazamiento geográfico del riesgo modifica el panorama epidemiológico y obliga a revisar tanto las estrategias de vigilancia como la preparación institucional frente a posibles brotes.

Fiebre amarilla en Sudamérica: una alerta por expansión territorial y persistencia en 2026

La OPS subrayó que el ciclo selvático de transmisión de la fiebre amarilla, en el que el virus circula entre mosquitos silvestres y primates no humanos, se reactiva de forma periódica en la región y constituye un fenómeno esperado. Sin embargo, el elemento que hoy concentra la preocupación no es únicamente la reactivación del ciclo, sino la detección de casos humanos en zonas geográficas sin antecedentes recientes de transmisión.

Según la información divulgada por el organismo, a finales de 2025 comenzaron a identificarse casos en lugares previamente no considerados de riesgo o fuera de las áreas habituales de circulación viral, como el estado de São Paulo en Brasil y el departamento del Tolima en Colombia. Este comportamiento epidemiológico refuerza la necesidad de no limitar la respuesta sanitaria a las zonas tradicionalmente vigiladas.

La cercanía de algunos casos a centros urbanos añade un componente crítico. La OPS advirtió que esta situación incrementa el riesgo de transmisión urbana, escenario en el que el virus puede pasar de persona a persona a través del mosquito Aedes aegypti. De materializarse este patrón, la velocidad de propagación podría aumentar significativamente, con consecuencias más complejas para los sistemas de salud y para la contención territorial de los brotes.

El balance regional: 346 casos y 143 muertes en 2025

El comportamiento de la enfermedad durante 2025 explica buena parte del nivel de alerta actual. En ese año, la región notificó 346 casos confirmados de fiebre amarilla y 143 fallecimientos en siete países de Sudamérica. La distribución reportada por la OPS fue la siguiente:

  • Bolivia: 8 casos y 2 defunciones
  • Brasil: 120 casos y 48 defunciones
  • Colombia: 125 casos y 46 defunciones
  • Ecuador: 11 casos y 8 defunciones
  • Perú: 49 casos y 19 defunciones
  • Venezuela: 32 casos y 19 defunciones
  • Guyana: reportado entre los países con casos confirmados

Estas cifras evidencian una carga importante para la región y reflejan un patrón de elevada gravedad clínica. La OPS recordó que en mayo de 2025 clasificó el riesgo para la salud pública en las Américas como alto, una valoración sustentada en el aumento de casos, las altas tasas de letalidad y la aparición de eventos en nuevas áreas geográficas. La evaluación más reciente, según el organismo, mantiene un nivel de riesgo similar.

Uno de los datos más relevantes del informe es la letalidad de 41 % registrada en 2025, una proporción que confirma el impacto potencial de la enfermedad cuando no se detecta y atiende oportunamente, o cuando las poblaciones susceptibles no cuentan con protección vacunal.

En 2026 persisten los casos y las muertes en cuatro países

La transmisión no se detuvo con el cambio de año. En las primeras siete semanas de 2026, la OPS confirmó 34 casos humanos y 15 fallecimientos en Bolivia, Colombia, Perú y Venezuela. Aunque el volumen es inferior al acumulado del año anterior, la persistencia de casos en un periodo tan temprano del año confirma que el evento epidemiológico sigue activo y que los países deben sostener una respuesta intensiva.

El organismo también enfatizó que la mayoría de los casos confirmados en 2025 y 2026 se registraron en personas no vacunadas, un hallazgo que refuerza el carácter prevenible de la enfermedad y pone el foco en las brechas de cobertura en poblaciones expuestas.

Vacunación, vigilancia y capacidad clínica: los ejes de la respuesta

La OPS insistió en que la vacunación continúa siendo la medida más eficaz para prevenir la fiebre amarilla. Recordó que una sola dosis de la vacuna proporciona protección de por vida y reiteró que los países con áreas de riesgo deben sostener coberturas de al menos 95 % en las poblaciones expuestas.

La recomendación no se limita a ampliar la inmunización rutinaria. El organismo llamó a intensificar las campañas de vacunación en grupos en riesgo, mantener reservas estratégicas de vacunas y asegurar que los viajeros que se desplacen a zonas donde se recomienda la inmunización estén adecuadamente informados y protegidos. En ese sentido, reiteró que quienes vayan a visitar áreas con circulación habitual del virus deben vacunarse al menos 10 días antes del viaje.

A la par, la OPS pidió fortalecer la vigilancia epidemiológica y la vigilancia de epizootias en primates no humanos, ya que la aparición de enfermedad en estos animales puede actuar como señal temprana de circulación viral. Este componente de vigilancia resulta clave para anticipar brotes y activar respuestas preventivas antes de que se consolide la transmisión humana.

El organismo también recomendó reforzar la capacidad de los servicios de salud para la detección temprana y el manejo clínico oportuno de los casos graves. Dado que no existe tratamiento específico contra la fiebre amarilla, la oportunidad diagnóstica y la atención clínica adecuada adquieren un peso estratégico en la reducción de complicaciones y mortalidad.

Un mensaje regional de prevención ante una enfermedad de alta letalidad

La nueva alerta de la OPS configura un mensaje claro para los sistemas sanitarios de Sudamérica: la fiebre amarilla no solo sigue activa, sino que está mostrando señales de expansión territorial que elevan el riesgo epidemiológico regional. La presencia de casos fuera de las áreas tradicionales, la proximidad a entornos urbanos y la persistencia de fallecimientos en 2026 obligan a mantener una respuesta articulada y sostenida.

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