Las drogas oncológicas de alto costo se han convertido en uno de los debates más sensibles para los sistemas de salud contemporáneos. Su impacto va más allá del precio, porque involucra decisiones sobre innovación terapéutica, valor clínico, equidad, sostenibilidad financiera y legitimidad en la asignación de recursos públicos. Una revisión publicada en la Revista Médica Clínica Las Condes analiza este dilema desde la experiencia internacional y el caso chileno.
El artículo, elaborado por Moisés Russo Namias, del Instituto Oncológico Fundación Arturo López Pérez, plantea que el aumento del gasto en medicamentos oncológicos presiona presupuestos públicos, aseguradores privados y hogares. La discusión, por tanto, no puede limitarse a cuánto cuesta una terapia, sino a qué beneficio ofrece, a quién debe priorizarse y bajo qué reglas debe financiarse.
¿Por qué las drogas oncológicas de alto costo presionan los sistemas de salud?
El punto de partida es la magnitud creciente del cáncer. En 2022 se estimaron 20 millones de nuevos casos y cerca de 10 millones de muertes en el mundo. Además, la carga global de casos podría aumentar casi 77 % hacia 2050, especialmente en países en transición económica. Esta tendencia convierte al cáncer en un problema clínico, económico y político de primera línea.
El impacto financiero también es considerable, pues la revisión cita estimaciones según las cuales el costo macroeconómico global de 29 tipos de cáncer alcanzaría 25,2 trillones de dólares internacionales a precios constantes de 2017 entre 2020 y 2050, equivalente a un “impuesto” anual aproximado de 0,55 % del PIB mundial. Esta carga incluye medicamentos, manejo de toxicidades, pérdidas de productividad y reducción del capital humano.
La innovación ha cambiado el pronóstico de algunos tumores, especialmente con inmunoterapias y terapias dirigidas. Sin embargo, el documento advierte que el beneficio clínico es heterogéneo y, en muchos casos, modesto en términos de supervivencia global o calidad de vida. Allí surge la tensión central entre acceso a innovación y sostenibilidad.
En países de ingresos medios, como Chile y otros sistemas comparables de América Latina, esta presión se expresa en inequidades de acceso entre sectores público y privado, mayor riesgo de gasto de bolsillo catastrófico y demandas políticas para financiar terapias de alto costo, incluso cuando existen otras necesidades sanitarias no cubiertas.
El valor clínico debe pesar más que la sola aprobación regulatoria
Uno de los aportes centrales de la revisión es diferenciar aprobación, prescripción y cobertura. Que un medicamento haya sido autorizado por una agencia regulatoria no significa automáticamente que deba ser financiado por un sistema de salud, especialmente cuando el beneficio incremental es bajo, incierto o no proporcional al costo.
El documento también aborda el sobreuso de medicamentos en oncología. Este ocurre cuando se utilizan fármacos con baja probabilidad de beneficio para el paciente y con potencial de generar daños clínicos, psicológicos o financieros. En términos sistémicos, el sobreuso desvía recursos que podrían destinarse a intervenciones de mayor impacto poblacional, como prevención, detección precoz, cirugía curativa o cuidados paliativos.
Para ordenar esta discusión, la revisión destaca la utilidad de herramientas como la Escala de Magnitud de Beneficio Clínico de la Sociedad Europea de Oncología Médica, conocida como ESMO-MCBS. Esta escala permite graduar la relevancia clínica de nuevos tratamientos oncológicos considerando supervivencia, calidad de vida y toxicidad.
Un dato citado por el artículo ilustra la necesidad de priorizar con mayor precisión. Un análisis de drogas oncológicas aprobadas por la Agencia Europea de Medicamentos entre 1995 y 2020 encontró que 13 % se clasificaron como de beneficio mayor, 23 % como beneficio relevante, 23 % como beneficio menor y 41 % como beneficio no cuantificable o negativo. La sola disponibilidad del medicamento, por tanto, no equivale a valor terapéutico suficiente para justificar cobertura universal.
Cómo decidir la cobertura de una terapia oncológica de alto costo
Seleccione cada criterio para identificar qué dimensión debería considerarse antes de financiar una terapia de alto impacto presupuestal.
Beneficio clínico real
La decisión debe diferenciar terapias con ganancias relevantes en supervivencia o calidad de vida frente a medicamentos con beneficio marginal, incierto o no cuantificable.
¿Qué herramientas permiten priorizar medicamentos oncológicos de alto costo?
La revisión plantea que las decisiones de cobertura deben entenderse como un continuo de evaluación de valor. No basta con revisar el precio ni con aceptar la aprobación regulatoria como criterio suficiente. La priorización debe combinar evidencia clínica, impacto presupuestal, equidad, costo de oportunidad y legitimidad del proceso.
Las principales herramientas descritas son:
- Evaluaciones económicas, especialmente análisis de costo efectividad y costo utilidad, para estimar si el beneficio obtenido justifica el uso de recursos limitados.
- Análisis Multicriterio de Decisión, conocido como MCDA, para incorporar dimensiones clínicas, económicas, éticas y sociales.
- Escalas de beneficio clínico, como ESMO-MCBS, que ayudan a diferenciar terapias con aportes sustanciales frente a tratamientos de valor marginal.
- Compra basada en resultados, mediante acuerdos de riesgo compartido o acceso gestionado, donde el pago se vincula al desempeño observado en condiciones reales.
- Procesos deliberativos transparentes, apoyados en rendición de cuentas, participación y revisión pública de las decisiones.
El documento advierte que estas herramientas no deben aplicarse como fórmulas mecánicas. Su utilidad depende de la calidad de la evidencia, la capacidad institucional para interpretarla y la transparencia con la que se comuniquen los intercambios involucrados. En oncología, financiar una terapia puede implicar dejar de financiar otra intervención de mayor impacto sanitario.
Por esta razón, el enfoque ético ocupa un lugar central. El marco de rendición de cuentas para la razonabilidad exige que las decisiones sean relevantes, públicas, revisables y aplicables. En contextos de recursos limitados, la legitimidad no depende solo de qué se decide, sino también de cómo se decide.
Chile y Reino Unido muestran rutas distintas frente al alto costo
El Reino Unido aparece como un caso de referencia por su combinación de evaluación formal de tecnologías sanitarias, umbrales de costo efectividad y mecanismos excepcionales de financiación. La revisión analiza el papel del National Institute for Health and Care Excellence, NICE, y del Cancer Drugs Fund, creado para financiar algunos medicamentos oncológicos que no cumplían criterios habituales de costo efectividad.
La experiencia británica deja tres lecciones para otros sistemas. La primera es la necesidad de integrar evaluaciones rigurosas con deliberación institucional estable. La segunda es el riesgo de crear fondos excepcionales que fragmenten la coherencia del sistema. La tercera es la importancia de comunicar al público los costos de oportunidad de financiar tratamientos de beneficio marginal a alto costo.
En Chile, el artículo describe el Comité de Drogas Oncológicas de Alto Costo, creado para agilizar la cobertura de fármacos oncológicos por parte del seguro público FONASA. Este comité operó bajo una restricción presupuestaria global, con revisión por pares y una lista de medicamentos aprobados para indicaciones clínicas específicas.
La experiencia chilena muestra que la revisión central permitió controlar la prescripción y restringir el uso a indicaciones apropiadas. Los gráficos incluidos en la publicación evidencian un aumento progresivo de casos enviados a revisión entre 2019 y 2023, junto con una disminución en la tasa de rechazos a medida que los criterios del comité se difundieron entre los oncólogos.
La sostenibilidad exige priorización explícita y negociación más robusta
La revisión concluye que los países de ingresos medios deben fortalecer instituciones de priorización más robustas, transparentes y participativas. Esto implica integrar evaluación económica y valor clínico en las decisiones de incorporación, diseñar procesos deliberativos con participación de pacientes, clínicos y gestores, y evitar fondos excepcionales desanclados de evaluación tecnológica.
También resulta clave fortalecer la negociación de precios y los acuerdos de riesgo compartido con la industria farmacéutica. Para sistemas con presupuestos limitados, la cobertura de medicamentos oncológicos no puede depender únicamente de presión pública, capacidad de pago o decisiones fragmentadas, sino de reglas explícitas, comparables y revisables.
El mensaje de fondo no es negar el acceso a la innovación. La discusión apunta a asegurar que los recursos limitados se utilicen de manera coherente con criterios de justicia, solidaridad, eficiencia y valor clínico. En oncología, la sostenibilidad no depende solo de pagar más medicamentos, sino de financiar mejor aquellos que realmente ofrecen beneficios relevantes para los pacientes y para el sistema.
Descargue aquí el documento completo