Leishmaniasis en Colombia mantiene transmisión activa y focalizada: retos para vigilancia, diagnóstico y atención

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El INS reportó transmisión activa y focalizada de leishmaniasis en Colombia, con predominio de la forma cutánea y retos para vigilancia y atención
Leishmaniasis en Colombia mantiene transmisión activa y focalizada retos para vigilancia, diagnóstico y atención

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La leishmaniasis en Colombia continúa como un evento de interés en salud pública con transmisión activa, pero focalizada territorialmente. El Boletín Epidemiológico Semanal del Instituto Nacional de Salud, correspondiente a la semana epidemiológica 25 de 2026, muestra que, con corte a la semana epidemiológica 24, el país notificó 2.133 casos de leishmaniasis cutánea y mucosa: 2.104 correspondieron a la forma cutánea y 29 a la mucosa. Además, se confirmó un caso de leishmaniasis visceral. Las cifras son preliminares y están sujetas a verificación, ajustes y clasificación en Sivigila.

El análisis del INS no permite hablar de un brote nacional ni de una expansión generalizada de la leishmaniasis. La lectura técnica es diferente: Colombia mantiene transmisión activa en territorios históricamente endémicos, con patrones diferenciados según la forma clínica, los grupos expuestos y los escenarios de transmisión.

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La leishmaniasis es una enfermedad zoonótica transmitida por vectores que puede comprometer piel, mucosas o vísceras. La forma cutánea es la más frecuente y puede generar lesiones ulceradas y cicatrices; la mucosa puede causar daño tisular, deformidades y discapacidad; y la visceral es la forma más grave, con compromiso sistémico y riesgo de muerte si no se diagnostica y trata oportunamente. Esta diversidad clínica obliga a que el sistema de salud mantenga capacidad de sospecha, diagnóstico y tratamiento oportuno, especialmente en zonas rurales y territorios con transmisión sostenida.

Forma clínicaCasos a semana epidemiológica 24 de 2026Incidencia nacional preliminarPrincipales hallazgosLectura para el sector salud
Leishmaniasis cutánea2.104 casos21,4 casos por 100.000 habitantes a riesgoPredominio en hombres: 73,1 %. Mediana de edad: 27 años. Procedencia rural dispersa: 75,0 %. Mayor frecuencia en personas dedicadas al hogar, militares y agricultores. Régimen subsidiado: 66,1 %.Es la forma de mayor carga en el país. Requiere fortalecer la sospecha clínica, el diagnóstico oportuno, la búsqueda activa y las rutas de atención en zonas rurales y corredores endémicos.
Leishmaniasis mucosa29 casos confirmados0,29 casos por 100.000 habitantes a riesgoPredominio en hombres: 75,9 %. Mediana de edad: 25 años. Mayor frecuencia en militares: 37,9 % y agricultores: 31,0 %. El compromiso nasal fue el más frecuente.Aunque es menos frecuente, tiene mayor riesgo de secuelas funcionales y daño tisular. Requiere detección temprana, confirmación diagnóstica y seguimiento clínico.
Leishmaniasis visceral1 caso confirmado0,01 casos por 100.000 habitantes a riesgoCaso procedente de San Andrés de Sotavento, Córdoba, municipio históricamente endémico. Correspondió a un hombre de 29 años con antecedente de VIH e inmunosupresión severa.Es de baja frecuencia, pero de alta gravedad clínica. La prioridad es mantener vigilancia en focos históricos y sospecha clínica en población infantil y personas con inmunosupresión.

Nota: Fuente: elaboración de CONSULTORSALUD con base en el Boletín Epidemiológico Semanal del Instituto Nacional de Salud, semana epidemiológica 25 de 2026, con datos de leishmaniasis a semana epidemiológica 24. Las cifras son preliminares y pueden variar por ajustes, análisis y clasificación en Sivigila.

En el comportamiento histórico, la leishmaniasis cutánea y mucosa presentó entre 2001 y 2025 una mediana anual de 9.267 casos. Aunque la tendencia general ha sido al descenso, el boletín señala que en 2025 se observó un incremento del 11,0 % frente a 2024. Para 2026, el canal endémico acumulado de leishmaniasis cutánea mostró inicialmente una trayectoria dentro del rango histórico esperado; sin embargo, al corte de la semana epidemiológica 24, el acumulado de 2.104 casos se ubicó por debajo de la media histórica y, desde la semana 21, por debajo del límite inferior, posiblemente por rezago en la notificación.

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Leishmaniasis cutánea concentra la mayor carga

La leishmaniasis cutánea representa la mayor proporción de los casos reportados en Colombia. A semana epidemiológica 24 de 2026 se notificaron 2.104 casos, con predominio en hombres, que concentraron el 73,1 % de los registros. La mediana de edad fue de 27 años, con un rango amplio que va desde los tres meses hasta los 91 años.

El perfil de los casos muestra una fuerte relación con contextos rurales y con grupos poblacionales expuestos, incluidos hogares rurales, militares, agricultores y otros oficios con contacto ambiental o territorial. Según ocupación, las mayores frecuencias correspondieron a personas dedicadas al hogar, militares y agricultores. En aseguramiento, predominó el régimen subsidiado con 66,1 %, seguido del régimen de excepción con 19,0 % y el contributivo con 11,7 %. Estos datos sugieren que la respuesta sanitaria debe priorizar territorios rurales, poblaciones expuestas y rutas de atención que reduzcan barreras para el diagnóstico.

En las características clínicas, las lesiones se ubicaron principalmente en miembros superiores, con 44,9 % de los casos, seguidas de miembros inferiores con 40,8 %, cara con 16,1 % y tronco con 12,9 %. La coinfección con VIH se registró en el 0,1 % de los casos de leishmaniasis cutánea y el antecedente de tratamiento previo en el 6,7 %. Aunque estos porcentajes son bajos, refuerzan la necesidad de una valoración clínica completa, especialmente en pacientes con lesiones persistentes o procedentes de zonas endémicas.

Oportunidad de consulta: un reto para la red de atención

Uno de los hallazgos con mayor implicación para IPS, EAPB y entidades territoriales está en la oportunidad de consulta. En leishmaniasis cutánea, el tiempo entre el inicio de síntomas y la consulta tuvo una mediana de 30 días, con un rango entre 0 y 154 días. El boletín reporta diferencias según régimen de aseguramiento y EAPB, con medianas entre 26 y 41 días, pero advierte que estas variaciones deben interpretarse con cautela, debido a factores como el tamaño desigual de los subgrupos, la concentración territorial de los casos, las rutas diferenciales de atención y posibles sesgos de severidad o memoria.

Por ello, el dato no debe leerse como una acusación directa contra aseguradores o prestadores específicos. Su valor está en señalar una brecha operativa: en territorios endémicos, las lesiones compatibles con leishmaniasis deben identificarse con mayor rapidez, la confirmación diagnóstica debe estar disponible y el tratamiento debe garantizarse sin demoras evitables.

¿Dónde se encuentran los corredores endémicos?

El análisis espacial del INS evidencia que la leishmaniasis cutánea no se distribuye de manera aleatoria. La carga acumulada entre 2021 y 2025 muestra un corredor de alta concentración que se extiende desde el noroccidente del país, atraviesa el Magdalena Medio y se prolonga hacia sectores de la Orinoquía y la Amazonía, con focos adicionales en municipios del Pacífico. Para 2026, el boletín identifica superposición espacial en territorios de Antioquia, Santander, Boyacá, Meta y Caquetá.

A semana epidemiológica 24, la incidencia nacional acumulada de leishmaniasis cutánea fue de 21,4 casos por 100.000 habitantes a riesgo. Las incidencias más altas se registraron en Atlántico, Guaviare, Santander y Cesar. En Guaviare, Vichada, Meta y Caquetá, una proporción importante de la carga estuvo asociada a población militar, lo que sugiere un componente de exposición ocupacional. De forma complementaria, la ocurrencia de casos en menores de 10 años, principalmente en Santander, Cesar, Antioquia y Bolívar, constituye un indicador indirecto, según el boletín, de posible transmisión peri o intradomiciliaria.

Esta coexistencia de escenarios exige respuestas diferenciadas. No es lo mismo intervenir una transmisión asociada a actividades laborales en áreas boscosas que una posible transmisión cercana al domicilio. En ambos casos, la vigilancia debe articularse con acciones de laboratorio, entomología, educación comunitaria y control de vectores.

Leishmaniasis mucosa: menor frecuencia, mayor riesgo de secuelas

La leishmaniasis mucosa tuvo 29 casos confirmados a semana epidemiológica 24 de 2026. El 75,9 % ocurrió en hombres y la mediana de edad fue de 25 años, con concentración en adultos jóvenes. En aseguramiento, predominó el régimen subsidiado con 58,6 %, seguido del régimen de excepción con 37,9 %. Por ocupación, los militares representaron el 37,9 % de los casos y los agricultores el 31,0 %.

Aunque su frecuencia es menor que la de la forma cutánea, la leishmaniasis mucosa tiene alta importancia clínica por el riesgo de compromiso funcional y secuelas. El boletín reporta predominio del compromiso nasal, seguido por lesiones genitales y, en menor proporción, cavidad oral, párpados, labios y faringe. La mediana entre el inicio de síntomas y la consulta fue de 20 días, con un rango de 0 a 136 días. En términos de salud pública, este comportamiento refuerza la necesidad de diagnóstico oportuno y seguimiento clínico en pacientes con antecedentes de exposición o lesiones compatibles.

A nivel territorial, la incidencia acumulada nacional de leishmaniasis mucosa fue de 0,29 casos por 100.000 habitantes a riesgo. Las incidencias más altas se registraron en Boyacá, Guaviare, Vichada y Bolívar. El boletín también señala participación importante de población militar en varios departamentos, lo que mantiene la hipótesis de exposición ocupacional en territorios con transmisión activa.

Leishmaniasis visceral: baja frecuencia, alta gravedad

La leishmaniasis visceral conserva un comportamiento de baja frecuencia en Colombia, pero con alta relevancia clínica. Entre 2001 y 2025 presentó una mediana anual de 16 casos y, durante la última década, una estabilización en valores inferiores a 20 casos anuales. Para 2026, con corte a la semana epidemiológica 24, se notificó un caso confirmado procedente de San Andrés de Sotavento, Córdoba, municipio históricamente endémico.

El caso correspondió a un hombre de 29 años con antecedente de infección por VIH e inmunosupresión severa. El cuadro clínico incluyó fiebre prolongada, disnea, tos, dolor torácico, pancitopenia severa y esplenomegalia, con confirmación diagnóstica mediante aspirado y biopsia de médula ósea. La incidencia preliminar nacional fue de 0,01 casos por 100.000 habitantes a riesgo.

Este dato no debe interpretarse como expansión nacional de la forma visceral. El boletín describe un evento focalizado, con persistencia de focos históricos, especialmente en la región Caribe. Sin embargo, su gravedad obliga a mantener la vigilancia activa, sobre todo en población infantil y personas con inmunosupresión, en quienes el diagnóstico tardío puede tener consecuencias severas.

¿Cuáles son las implicaciones para el sector salud?

El comportamiento de la leishmaniasis en Colombia deja una agenda clara para el sistema. Las entidades territoriales y las UPGD deben fortalecer la notificación individual e inmediata de los casos probables de leishmaniasis visceral y la notificación semanal de los casos confirmados de leishmaniasis cutánea y mucosa. También deben garantizar calidad del dato, ajustes oportunos en Sivigila y búsqueda activa institucional en territorios con focos históricos.

El boletín también recomienda articular vigilancia en salud pública, entomología, laboratorios departamentales y programas de enfermedades transmitidas por vectores para investigar focos, caracterizar escenarios de transmisión, identificar reservorios y monitorear vectores. Para IPS y EAPB, el reto central está en fortalecer la sospecha clínica, la capacidad diagnóstica y la garantía de tratamiento oportuno en todas las formas clínicas.

En conclusión, la leishmaniasis en Colombia sigue siendo una enfermedad tropical desatendida con transmisión activa, pero focalizada. La prioridad no es construir una narrativa de alarma nacional, sino mejorar la gestión territorial del riesgo: detectar antes, diagnosticar mejor, tratar oportunamente y orientar las acciones de vigilancia y control hacia los corredores endémicos, las poblaciones ocupacionalmente expuestas y los entornos donde puedan coexistir escenarios de transmisión rural, ocupacional y peri o intradomiciliaria.

Consulte aquí el Boletín Epidemiológico del INS


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