La madurez digital en salud volvió a ubicarse en el centro de la conversación sectorial en 2026, tras la recertificación del Hospital Internacional de Colombia (HIC) en EMRAM nivel 7 de HIMSS, el estándar internacional más alto para medir la evolución digital hospitalaria. Tres años después de su certificación inicial, el HIC no solo sostuvo el nivel máximo, sino que se consolidó como la única institución en Colombia con esta distinción vigente, en un proceso que según la evaluación, ya no se explica por adopción tecnológica, sino por resultados asociados al uso avanzado de datos clínicos, analítica e integración operativa.
La recertificación, otorgada por la Sociedad de Sistemas de Información y Gestión en Sanidad (HIMSS), reconoce el desempeño del HIC en historia clínica electrónica y en la utilización de información clínica para fortalecer la toma de decisiones, mejorar la seguridad del paciente, optimizar procesos asistenciales y avanzar hacia modelos de atención más eficientes y centrados en las personas. Para el ecosistema de prestadores, el hito pone el foco en un punto crítico; la digitalización deja de ser un inventario de herramientas para convertirse en un modelo de gestión clínica y organizacional medible.
¿Qué significa sostener el nivel EMRAM 7 para la madurez digital en salud del HIC?
Sostener EMRAM 7 implica, en la práctica, demostrar continuidad y consistencia en la transformación digital hospitalaria, más allá del logro puntual de una auditoría. En el caso del HIC, la recertificación refuerza la idea de que la madurez digital es una evolución organizacional donde convergen talento humano, procesos y capacidades tecnológicas, con efectos verificables en la atención. Desde la perspectiva de HIMSS, el elemento diferenciador de 2026 fue el énfasis en el impacto del uso de datos y herramientas digitales, no solo en su existencia o despliegue.
La directora de Informática Médica de la Fundación Cardiovascular de Colombia (FCV), Carolina Aguirre Navas, encuadró el logro como un resultado colectivo y disciplinado, y lo conectó con la necesidad de mantener un ciclo de mejora permanente. En un testimonio amplio, subrayó que “para nosotros es un gran logro de toda la organización, porque nos demuestra una vez más que con consistencia, con disciplina, con seguimiento del trabajo que se viene realizando en todos los frentes para realmente buscar la transformación digital, es posible. Y esta certificación también lo que nos ayuda es a darnos también lineamientos que nos permitan seguir avanzando en este proceso de madurez digital en salud.”
El cambio metodológico frente a 2022 también fue central. Aguirre explicó que la evaluación evolucionó de medir adopción a medir cómo se usa la información para producir valor clínico y operativo. “En HIMSS anteriormente estábamos muy basados en la adopción de herramientas digitales. Ya con esta nueva certificación, lo que nos evaluaron fue más cómo estamos utilizando los datos de la historia clínica y de las diferentes herramientas tecnológicas para mejorar la toma de decisiones a nivel descriptivo, en la analítica descriptiva, pero también cómo esos datos nos ayudan a predecir mejores resultados en salud, a mejorar la seguridad de los pacientes, a ser más eficientes, a lograr más con menos, que eso es lo que en últimas se busca con el uso de la tecnología, a mejorar los procesos que tenemos y la comunicación con las personas a través de diferentes herramientas digitales.”
En esa lectura, EMRAM 7 sostenido se interpreta como una capacidad institucional para convertir datos clínicos en acciones: anticipar riesgos, estandarizar prácticas, reducir variabilidad, reforzar seguridad del paciente y elevar eficiencia operativa, sin desconectar el componente humano de la atención. La recertificación, en consecuencia, funciona como un marcador de gobernanza clínica-digital, pues no basta con digitalizar; hay que demostrar resultados.
De la adopción tecnológica a la evidencia de impacto clínico y operativo
Un punto explícito de la recertificación 2026 fue que la evaluación se orientó a verificar cómo la información clínica y las herramientas tecnológicas impactan resultados, “más allá de su adopción”. En el proceso se revisó el uso de datos para apoyar decisiones clínicas, anticipar riesgos, mejorar eficiencia operativa y fortalecer la experiencia del paciente, su empoderamiento y la continuidad del cuidado. En términos de gestión hospitalaria, ese enfoque desplaza la conversación de “tener sistemas” hacia “producir resultados” con dichos sistemas.
Aguirre reforzó esa idea con un criterio operativo sobre qué se entiende por madurez digital. “Estos son ejemplos que demuestran que la madurez digital no se mide únicamente por la existencia de informes o herramientas aisladas, sino por una cultura organizacional en la que los datos se utilizan de manera adecuada en todos los niveles: operativo, táctico y estratégico, y se traducen en resultados concretos en la gestión clínica, la seguridad del paciente y la eficiencia”. En una institución compleja, esa “cultura” suele traducirse en capacidad de estandarizar procesos, gestionar alertas, estructurar rutas clínicas, sostener entrenamiento y monitorear indicadores.
La recertificación también establece un mensaje sectorial: el máximo nivel no se alcanza únicamente con compras tecnológicas o digitalización fragmentada. El énfasis de HIMSS, según lo reportado, estuvo en la articulación de analítica y flujos asistenciales, con decisiones clínicas basadas en datos y con herramientas que soportan continuidad del cuidado. Para directivos e IPS, el aprendizaje es que la madurez se juega tanto en tecnología como en gobierno del dato, diseño de procesos y adopción clínica efectiva.
Inteligencia artificial, telemonitoreo y ciberseguridad como ejes visibles del modelo
Durante la evaluación, HIMSS destacó iniciativas específicas del HIC. Entre ellas, MOE (Medical Observation Engine), una herramienta basada en inteligencia artificial para monitorear, anticipar y prevenir eventos de riesgo en pacientes hospitalizados o en cirugía. En la entrevista, la directora detalló el foco clínico: “Nos felicitaron especialmente por varios componentes. Uno muy relacionado con mejorar la seguridad del paciente a través del uso de diferentes herramientas de inteligencia artificial para la detección y la prevención de caídas en pacientes hospitalizados y úlceras por presión, que es nuestro sistema MOE.” En seguridad del paciente, ese tipo de sistemas suele operar como una capa de detección temprana y apoyo a decisiones, orientada a prevenir eventos adversos.
Otro componente fue la Central de Telemonitoreo, descrita como una capacidad para detección temprana de eventos críticos como paros cardíacos u otras situaciones que comprometen la vida. Aguirre lo explicó así: “También todo lo que tiene que ver con ese proceso de telemonitoreo de los pacientes para identificar de manera temprana un arresto cardíaco, una situación que pueda comprometer de manera aguda la vida del paciente hospitalizado en nuestra Central de Telemonitoreo.” En términos operativos, este tipo de infraestructura conecta vigilancia clínica continua con respuesta asistencial oportuna, un punto clave cuando el objetivo es anticipar deterioro y reducir desenlaces graves.
En eficiencia clínica y documentación, HIMSS resaltó SAHISmart, una solución de apoyo a la transcripción clínica mediante inteligencia artificial. La directora precisó su aporte en productividad, alertas y relación médico–paciente: “También nos hicieron mucha, digamos, relevancia en la implementación de nuestro proyecto SAHISmart, que tiene que ver con la implementación de sistemas de apoyo en la transcripción por medio de inteligencia artificial dentro de la historia clínica. Eso nos ayuda mucho a generar mayores eficiencias, mejores apoyos a la toma de decisiones a nivel médico”.
Finalmente, la ciberseguridad se presentó como pilar de continuidad asistencial y Aguirre fue enfática al describir el enfoque preventivo y de resiliencia: “Nos hicieron mucha relevancia también y nos felicitaron por ser una de las primeras instituciones que se toma muy en serio el tema de la ciberseguridad, teniendo una oficina de ciberseguridad, unos procesos claros de control de ciberseguridad y que tenemos pues que seguir trabajando mucho en esos ejercicios de resiliencia a la operación, porque no es cuando vamos a sufrir un ciberataque, lo vamos a tener en algún momento“. En un entorno donde la digitalización amplía la superficie de riesgo, el mensaje conecta seguridad de la información con seguridad del paciente y continuidad del cuidado.
La ruta estratégica: de EMRAM 7 a la cuádruple corona de HIMSS
Con la recertificación, el HIC declaró un nuevo propósito; alcanzar la cuádruple corona de HIMSS, es decir, cuatro certificaciones simultáneas en el máximo nivel de madurez. La institución orienta su avance a modelos asociados a analítica avanzada, infraestructura tecnológica, imágenes diagnósticas y continuidad del cuidado. En términos de posicionamiento internacional, la meta tendría un peso singular: se plantea que, de lograrse, el HIC sería el tercer hospital del mundo en obtener esa distinción.
Para el sistema de salud colombiano, esa aspiración instala una discusión de fondo sobre estándares, escalabilidad y sostenibilidad: cómo convertir experiencias de alta complejidad en aprendizajes replicables, especialmente en un país con brechas de infraestructura, capacidades digitales y disponibilidad de talento especializado.
En perspectiva, el caso del HIC deja una conclusión operativa: la madurez digital en salud se vuelve un activo estratégico cuando produce resultados clínicos, mejora eficiencia y refuerza continuidad, pero exige una gobernanza que integre cultura de datos, herramientas de IA, telemonitoreo y ciberseguridad como componentes inseparables. Con el listón en EMRAM 7 sostenido y una meta global en el horizonte, el debate para prestadores y tomadores de decisión ya no es si digitalizar, sino cómo convertir la digitalización en desempeño asistencial verificable.


