Medicina: Un análisis económico a la carrera en Colombia
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Microeconomía de la Profesión Médica

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MEDICINA

En nuestra hipermoderna y líquida sociedad, es difícil encontrar justificaciones más allá de las humanísticas para que alguien quiera convertirse en médico. Pero para explicar esta idea desde la óptica económica me referenciaré en los siguientes cálculos para el escenario colombiano. Para los mismos me he basado en la reciente encuesta salarial del Colegio Médico Colombiano (CMC) así como en los costos promedio de las universidades privadas del país publicados en sus páginas web. Este es un cálculo que tiene muchos sesgos y por tanto no pretende ser un elemento de decisión para escoger o no ser médico, es una reflexión para aportar en el sueño de mejores condiciones laborales para el ejercicio profesional en Colombia.

Hecho No 1: ¿Quién decide ser médico en Colombia?

En general, el 95% de los estudiantes de medicina han elegido serlo por decisión propia. En la mayoría de estos casos los futuros médicos han tomado la opción con un enfoque humanístico y de servicio social, lo que explica que a pesar de todo las tasas de deserción son relativamente bajas ( 5 a 7%) durante la carrera. 

El perfil usual del futuro médico es el de un estudiante de bachillerato destacado académicamente, con un bajo porcentaje de ellos motivados por una tradición familiar (12%). Este perfil permitirá hacer una posterior comparación con los estudiantes destacados que eligen una profesión diferente. Este perfil también invita a pensar que algunos de estos estudiantes podrán acceder a una beca o ingresar a la universidad pública en donde los costos educativos son menores, sin embargo, este escenario es minoritario y no lo tendré en cuenta para el análisis económico.

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Hecho No 2: ¿Cuánto cuesta la carrera de medicina en Colombia?

Tomaré los datos del escenario más costoso para el país que es la facultad de medicina de la universidad de los Andes para el año 2018 cuya matrícula semestral corresponde a $ 23.254.000.

En general la carrera tiene una duración de 12 semestres (algunas facultades aún mantienen 14 semestres) con lo cual para el año 2018 en costos exclusivos de matrícula para el escenario más costoso correspondería a $ 279.048.000 (362 millones aproximados para la carrera si sumamos los incrementos proyectados según variación promedio IPC por 6 años, es decir 30%).

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DINERO

Vale la pena mencionar que hay universidades privadas cuyo costo de matrícula es 50% menor que este referente y que en la universidad pública mencionados costos pueden ser de solo un 10% el estimado, sin embargo, para efectos de simulación se tomará este escenario extremo.

No se tienen en cuenta aquí los costos de sostenimiento, material educativo y demás por ser de una variabilidad muy alta en el país, pero consideremos que estos serían en promedio un 5% del costo total de la matrícula semestral.

Hecho No 3: El Costo de Oportunidad

Recordando el perfil de los bachilleres que ingresan a medicina versus sus pares que eligen otra carrera, el costo de oportunidad es al menos de un año, dado porque dicho tiempo es el que el médico general deja de recibir como ingreso durante el año adicional de internado en el que continúa siendo estudiante.

Dicho año de costo de oportunidad corresponde de acuerdo a la encuesta salarial 2018 para el país a $ 30.000.000 anuales, con base en un salario mensual promedio para un profesional recién graduado de áreas diversas de 2,5 millones de pesos. 

Vale la pena mencionar sin embargo que en nuestro país la empleabilidad de medicina es de 94% y supera a la mayoría de áreas del conocimiento lo que brinda una pequeña ventaja competitiva, sin embargo, se parte del hecho real que habrá un año menos de ingreso laboral comparativo.

Hecho No 4: El primer sueldo

El médico graduado después de 326 millones de pesos, tendrá su primer empleo con una probabilidad de 94%. De acuerdo a la encuesta del CMC, su primer sueldo será del orden de 4 millones (médico rural) a 5 millones de pesos (médico general) dependiendo de la actividad que realice. Esto da un ingreso anual sin descuentos promedio de 50 millones de pesos. 

Si supusiéramos (con fantasía) que el médico ahorra todo ese salario en su primer año y además no tiene deudas, estaría teniendo un retorno a su inversión en el primer año correspondiente al 7,24%. Es decir, tendría que trabajar y ahorrar su salario anual completo durante 13,8 años para cubrir la totalidad de la inversión. 

Obviamente, si el médico ha estudiado en una universidad más económica dicho “equilibrio” se lograría en menos tiempo, pero solamente estaríamos contemplando la inversión correspondiente a matrícula. 

Hecho No 5: El médico decide especializarse

El sueño de la mayoría de médicos recién graduados es avanzar a una especialidad médicoquirúrgica tradicional en los primeros 2 años de su ejercicio profesional. El argumento de algunos es que esos 2 años permitirían disminuir un poco el impacto económico del pregrado, lo cual como vimos previamente es iluso.

Supongamos que el médico ejerce 2 años, ahorrando todo su salario (nuevamente una fantasía) con lo cual ha logrado un ROI de 14,48% e ingresa a una especialidad médica tradicional como pediatría o medicina interna y lo hace en una universidad privada (nuevamente el peor escenario).

Para el año 2018 la matrícula más costosa en una universidad privada fue de $ 35.253.000 anuales. La especialidad elegida por nuestro costoso profesional tiene una duración de 3 años con lo cual tendrá que pagar una suma total de 137 millones de pesos (sumando nuevamente el IPC proyectado por 3 años que correspondería a un 15% aproximadamente). 

MEDICO

Pero seamos sensatos y descontemos del valor inicial de 362 millones para el pregrado el 14,28% que ya se hizo de ROI, esto nos deja con que el profesional ya disminuyó dicha inversión a

309.582.400, pero ahora debemos sumarle 287 millones que salen de los 137 millones de matrículas más el lucro cesante de 3 años sin ingreso como médico general ($ 150.000.000) ya que en nuestro país los médicos en entrenamiento aún no reciben un salario formal, es decir $ 596.582.400.

Para tener una especialidad tradicional básica se ha requerido una inversión mensual promedio de $ 5.523.911 por los 9 años de estudios (solo costos de matrícula más el lucro cesante de 3 años). 

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Hecho No 6: El ROI del especialista

Acorde con la encuesta del CMC, este nuevo especialista tendrá un trabajo con asignación salarial que se sitúa entre 7,4 a 12,4 millones de pesos mensuales (60% de los especialistas) con lo cual nuevamente volvemos al cálculo del año 1 de ejercicio, suponiendo que este médico es tan afortunado que puede ahorrar todo su salario de dicho lapso.

El médico tendría un ingreso anual idealizado de $118.800.000 con lo cual estaría teniendo un ROI de 19% en el primer año. Es decir, tendría que ahorrar el salario de 5 años para equilibrar su inversión total. Esto obviamente es irreal. Si consideramos que este profesional podría ahorrar un 20% de sus ganancias para este ROI, lo estaría equilibrando en 25 años.

El ejercicio podría complementarse con quienes deciden (y logran) hacer una segunda especialidad lo cual seguiría incrementando costos de inversión con aumentos que pueden ser desde marginales hasta muy altos en el ROI, dependiendo de la especialidad elegida, pero para no generar mayor complejidad he decidido no hacerlo.

Conclusiones

  1. Desde el punto de vista económico el ROI para un médico puede lograrse solamente desde la óptica de los costos directos, pero es un proceso largo y desgastante (25 años para un especialista en este ejemplo).
  2. El costo de oportunidad es elevado al compararse con otras profesiones, sin embargo, la alta tasa de empleabilidad y la posibilidad de desarrollar otros perfiles con mejores ingresos como la industria farmacéutica y la investigación pueden compensar las “pérdidas” iniciales del pregrado y el primer postgrado.
  3. Hay una enorme desigualdad para los distintos perfiles médicos en cuanto al ingreso mensual tanto del médico general como del especialista y ni hablar de las segundas especialidades. Es increíble que un país que quiere apostarle a la atención primaria tenga unos rangos de valoración económica muy bajos para las especialidades básicas sobre las cuales debe cimentarse dicho modelo. Los internistas, pediatras, ginecólogos, familiaristas y cirujanos generales deberían ganar mucho más.
  4. En este escenario de desequilibrio, la migración a pagos por desempeño u otros tipos de contratación ligadas a la calidad y mejores desenlaces de salud son irreales. 
  5. Ser médico no conlleva una óptica económica ya que en Colombia se tendrá una buena empleabilidad y un ingreso promedio comparativo aceptable pero jamás unos niveles económicos similares a países como Estados Unidos.
  6. El ejercicio de la medicina lleva además del ROI económico un ROI no salarial que debe medirse e incentivarse. Dentro de ellos deberían estar los tiempos protegidos para la investigación, la educación médica continuada y el equilibrio vida/trabajo entre otros. Un profesional médico o no médico, busca además del reconocimiento social y económico unas dosis suficientes de felicidad para poder brindar lo mejor a quienes de ellos necesitan.

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Recuperar el equilibrio en la nueva normalidad

En varios escenarios técnicos y académicos, hoy se discute intensamente sobre las condiciones de eso que los teóricos denominan la nueva normalidad.

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Recuperar el equilibrio en la nueva normalidad

Por: Juan Carlos Giraldo,  Director General de la ACHC

En varios escenarios técnicos y académicos, hoy se discute intensamente sobre las condiciones de eso que los teóricos denominan la nueva normalidad. Al respecto, desde el gremio venimos proponiendo que esa nueva normalidad efectivamente sea una nueva y mejor realidad y no sea simplemente otra versión de la vieja anormalidad, lo que es usual en el sistema de salud. En este editorial queremos resaltar algunos aspectos que son ilustrativos de la dirección que vamos tomando como país y como sector.

Los medios de comunicación y los funcionarios señalan que “el sector salud es el motor y facilitador de la nueva normalidad”. Sin embargo, llama la atención que ese nuevo estatus parece dominado por una sola enfermedad (COVID-19) y que la restante y abrumadora carga de enfermedad rutinaria va a desaparecer o se ha minimizado. Ese pensamiento va en contravía de una necesidad sentida que expresamos desde los hospitales: la reanudación o reapertura de servicios de salud. El mensaje que se da desde la ACHC al Gobierno nacional es que tiene que avanzar simultáneamente en la contención de la pandemia, pero debe procurar las políticas de reinicio seguro, gradual y sostenido para, de manera adecuada, enfrentar las oleadas de patologías urgentes, crónicas descompensadas y mentales que van llegando. Tenemos la capacidad, pero debe haber una directriz clara y un compromiso con la reapertura. No hacerlo implicará perpetuar un círculo vicioso de represa-congestión-cierres periódicos.

Relacionado con lo anterior está el asunto de la disponibilidad, muy evidente cuando de las UCI se habla, pero que aplica a todo el circuito asistencial y de prestación de servicios. En esta pandemia se estrenaron mecanismos para garantizar una ampliación de oferta y el mantenimiento de ella. Pues bien, esas nuevas formas tienen que ser sostenidas en el tiempo de modo que se garantice la efectiva existencia y funcionalidad de las facilidades dispuestas. La disponibilidad tiene que ser financiada y, por lo tanto, los anticipos deben ser fondeados por periodos nuevos para el 2021. Se tiene que cuidar al sector prestador en general, y eso pasa por ayudar al mantenimiento de su dotación, por combatir el desabastecimiento de medicamentos e insumos vitales y también por garantizar la existencia y el pago efectivo de los elementos de protección personal.

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A lo anterior se tiene que sumar que los prestadores individuales y el talento humano en salud deberían ser objeto de nuevas políticas de bienestar, de nuevos reconocimientos y también de nuevas o estables primas de servicio, financiadas desde el presupuesto de la emergencia. ¿Por qué tanto interés en la disponibilidad? Por una razón básica: la apertura general de la economía y la sociedad encuentra su soporte o su tranquilidad en la real existencia de una oferta sanitaria que pueda enfrentar los nuevos picos.

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Respecto a las reincorporaciones de más sectores a la nueva normalidad, debe reiterarse que el sector salud es clave para dar las pautas para esos avances. Permitir que los trabajadores vuelvan a sus empleos y que los estudiantes retornen a las aulas pasa por unos previos conceptos sanitarios. El más evidente es el de la detección de casos y contactos de esos casos con la aplicación de pruebas procesadas en importante porcentaje por nuestros laboratorios y nuestro talento humano. Luego está el trabajo de inteligencia epidemiológica que permite entender los focos, sectorizar las acciones y hacer seguimiento en la comunidad con verificación de entornos.

Todo eso para dar la tranquilidad a los trabajadores y estudiantes que van, pero que también vuelven a sus hogares. Ya se habló de la disponibilidad y lo que significa, pero vale la pena sugerir a los competentes (Administradores de Riesgos Laborales, Ministerios de Trabajo, Salud y Educación, entre otros) que los sectores que se van abriendo deberían brindarle a sus trabajadores o comunidades un nuevo examen de ingreso que contemple no solo lo obvio respecto a COVID-19, sino que también explore el estado general de salud, la presencia de patologías crónicas o trazadoras, y muy especialmente que se detenga y examine el estado de salud mental de todos. Tiene lógica la propuesta cuando muchas personas están efectuando duelos, o sufren estrés postraumático o están afectados por Burnout, por ansiedad o presentan síntomas de depresión. La salud mental debe ser prioridad en esa nueva normalidad.

De otra parte, vale la pena recordar que nuestro gremio viene hablando sobre la necesidad de cambiar los métodos asistenciales y por eso anticipamos la llegada y la validez de atenciones ambulatorias, domiciliarias y de la telemedicina, como complementos —que no sustitutos— de la tradicional asistencia presencial, institucional e intrahospitalaria. Pues bien, la pandemia aceleró esa transición y hoy se ve crecer el segmento de la telemedicina. Sin embargo, de manera precoz se va notando que es necesario delimitar esta manera de operar el sistema y entender cuáles son los alcances y las limitaciones. En los alcances se debe definir para qué sirve y para qué no es funcional.

De aquí se colige que no todo puede ser atendido en la virtualidad y un excederse en las atribuciones del método lo va a envilecer. De igual manera, en las limitaciones se deberían responder dos interrogantes básicos, a saber: i) ¿El paciente está satisfecho con esa modalidad de atención? Y, ii) ¿El profesional que atiende se siente cómodo con esa actuación? Estas modalidades llegaron y se quedarán, pero debemos asignarles el sitio que les corresponde. Algunos compradores de servicios, hoy alborozados, anuncian el milagro de la telemedicina y creen que es un simple ejercicio contable que cambia real por virtual y “abarata” el sistema. El gremio hospitalario cree que no es así, y desde ya alertamos e insistimos: todo debe tener equilibrio o luego vendrá la frustración y la represa de enfermedades mal tratadas.

Pero también queremos recordar que todos estos métodos y soluciones no aplican solo para lo
asistencial. La administración del sistema de salud debería verse beneficiada —como lo hemos
anunciado con lustros de anticipación— por la automatización, la inteligencia artificial, big data, blockchain, los contratos inteligentes. Si no somos capaces como sistema de disminuir o facilitar las transacciones en el sistema, continuaremos en la vieja anormalidad. Indudablemente, hacer más automático el sistema, hacer más inteligente la administración, debería ser un rédito que nos quede de esta época. Las auditorias innecesarias, los reprocesos, las glosas injustificadas, las practicas indebidas contractuales, deberían eliminarse con la implementación de las herramientas descritas.

Por último, hemos observado cómo el debate público a nivel global se va concentrando en el crucial asunto de la vacuna contra la COVID-19. Al respecto, un par de anotaciones. La primera: algunos de los que se refieren a este asunto dan a entender como si fuera la primera vez que se realizara esto en el país, pues hablan de un reto logístico aparentemente insuperable. Es más que justo recordar que desde hace décadas tenemos un Plan Ampliado de Inmunizaciones (PAI) robusto, generoso y eficaz. La llegada de la vacuna contra COVID-19 debería ser entendida como la inclusión de un nuevo elemento dentro de ese PAI. Claro que habrá nuevos requerimientos, pero creemos que la experiencia de coordinación adquirida después de tantas jornadas nacionales de vacunación dará las respuestas necesarias en este momento.

La segunda anotación tiene que ver con los mensajes que deja la detallada discusión sobre las vacunas, sus tipologías, los mecanismos internacionales de cooperación, los cambios legales domésticos, las polémicas con los fabricantes, las reacciones en los países que ya se aplican, etc. De estas discusiones va quedando la sensación que la inmunización es la respuesta única y se va olvidando que esto es uno más de los componentes de lo que debe ser una gran estrategia.

La prevención, la higiene social, el distanciamiento, el tapabocas, el lavado de manos, el diagnostico oportuno, la disponibilidad de facilidades hospitalarias, las UCI, la llegada de terapéutica especifica (antivirales nuevos) y la inmunización hacen parte de un continuum terapéutico y de intervención. Da mucho temor que este debate —omnipresente por estas fechas— haga olvidar que se requiere equilibrio entre todas las acciones. Los pilares de abordaje individual, asistencial y colectivo siguen en pie. Por lo tanto, se debe reforzar el mensaje, pero de forma completa, integral. Si bajamos la guardia y nos concentramos en la ilusión de una cura mágica, podremos perder todo lo logrado hasta ahora.

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Opinión

¿CUÁL ES EL PAPEL DE LA NEFROLOGÍA COLOMBIANA EN LA REGIÓN? ¿SE HA FORTALECIDO CON LA PANDEMIA?

El Dr. Jorge Rico presenta un artículo que detalla la participación de la nefrología colombiana en eventos internacionales y la visibilización regional

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Decidí escribir estas líneas, porque en días pasados revisé de manera minuciosa el informe que presentó el doctor Gustavo Aroca, nefrólogo, presidente saliente de nuestra Asociación Colombiana de Nefrología e hipertensión (ASOCOLNEF). Al final de esta lectura quede gratamente sorprendido, pero a la vez feliz y motivado por todos los logros y posicionamiento que ha tenido la nefrología colombiana no solamente a nivel local sino también internacional.

LA NEFROLOGÍA COLOMBIANA EN EVENTOS INTERNACIONALES EN LA REGIÓN

La nefrología colombiana ha sido importante para Latinoamérica y considero que el aporte que ha tenido ha sido muy valioso, mucho más en los últimos años, pero también es válido que este puede y debe ser mayor.

Haciendo un recordéris de los eventos académicos más importantes en los últimos años, en abril del año 2012 se llevó a cabo en la ciudad de Cartagena, el XVI Congreso Latinoamericano de Nefrología e Hipertensión 2012. En esa oportunidad estaba de presidente de la SLANH el doctor Ricardo Correa-Rotter, como presidente de ASOCOLNEF, el doctor Rafael Gómez y como miembros del comité científico, el doctor Walter Douthat (expresidente de la SLANH) y mi persona.

En abril del año 2018, Colombia también fue protagonista. Cartagena fue sede del XII Congreso Internacional de la ISHD (Sociedad Internacional de Hemodiálisis). Un evento exitoso y con una excelente asistencia. La doctora Adriana Robayo figuraba como presidenta de la ASOCOLNEF.

En el año 2019, participamos con la Sociedad Latinoamericana de Hipertensión Arterial en el XVI
Congreso Latinoamericano y V Congreso Central y del Caribe de Hipertensión Arterial. También, se han hecho eventos académicos internacionales en apoyo y asocio con la SLANH, en diferentes áreas de la nefrología.

Nefrocaribe, institución caribeña, que reúne un buen número de nefrólogos principalmente de la Costa Atlántica de Colombia, también ha liderado simposios internacionales, (en total hasta el año 2020: 11 eventos) en donde siempre han contado con expositores y asistentes de América Latina y el Caribe.

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Este año 2020, en plena época de pandemia, Colombia se destacó por los muchos eventos virtuales que se desarrollaron, muchos de ellos de talla internacional y varios –un número considerable- con el aval de la SLANH.

Para resaltar, nuestro XXII Congreso Internacional Virtual y extendido de Nefrología y Trasplante, con la asistencia de más de 1000 participantes no solo de Colombia, sino de la región. Un evento altamente
exitoso, de excelente nivel académico, con el aval de ISN y de la SLANH, siendo considerado uno de los congresos más importantes de la región realizados este año y en esta modalidad virtual.

En fin. muy seguramente se me escaparán eventos pero la idea es dejar como conclusión el importante papel de la nefrología colombiana en el ámbito regional.

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CÓMO ESTÁ REPRESENTADA LA NEFROLOGÍA COLOMBIANA EN LATINOAMÉRICA

Por otro lado, vemos como nefrólogos colombianos hacen parte de manera muy activa en varios comités académicos de la SLANH. El doctor César Restrepo, actual presidente ASOCOLNEF, en el comité de nefrología intervencionista, el doctor Camilo González, en el comité de guías clínicas y la doctora Adriana Robayo, en el comité de salud renal, entre otros.

En la junta directiva de la SLANH, en los últimos años, los doctores Rafael Gómez y Jaime Torres, ambos expresidentes de ASOCOLNEF, ocuparon el cargo de vicepresidentes de la región 3. Actualmente, tengo el honor y privilegio de ser el consejero para la región 3 de la SLANH.

Recientemente por iniciativa del comité de nefrodiabetes de la Asociación Colombiana de Nefrología, se presentó el proyecto de la creación del comité de nefrodiabetes de la Sociedad Latinoamericana de Nefrología. Este proyecto fue aprobado; es decir, este comité latinoamericano es una realidad. Tengo el privilegio de ser uno de sus coordinadores, en representación de Colombia, al lado del doctor Ricardo Correa-Rotter, nefrólogo mexicano, expresidente de la SLANH.

ASPECTOS RELEVANTES DEL INFORME DE JUNTA DIRECTIVA DE ASOCOLNEF

Quiero hacer una mención especial a la recién saliente junta directiva de ASOCOLNEF, en cabeza del doctor Gustavo Aroca, nefrólogo, profesor, académico e investigador, quienes hicieron una gran labor, sobre todo en esta época de pandemia, en donde se logró consolidar a la nefrología colombiana como un referente en Latinoamérica.

Para resaltar varios aspectos: ASOCOLNEF es una de las sociedades científicas más importantes del país, con alrededor de 340 socios y con una importante presencia en la región. Se fortaleció la gestión académica con la consolidación de los comités en diferentes tópicos de la nefrología, con proyección internacional y creación de guías, consensos, recomendaciones y una muy buena productividad académica. Además de lo anterior, se creó el centro de gestión del conocimiento.

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Vale la pena, también exaltar, la revista de la Asociación Colombiana de Nefrología e HTA. Hoy en día nuestra revista, es una de las más importantes en la región. Cuenta con la participación de muchos colegas no solo de Latinoamérica sino de otros continentes.

La Asociación Colombiana de Nefrología, con el liderazgo del doctor Jorge Coronado, tiene grupo propio de investigación para Colciencias, con varias líneas en diferentes tópicos de la nefrología. Estamos participando en proyectos y trabajos de investigación, locales y multicéntricos, varios de estos, con otros grupos de otros países de América Latina y el Caribe.

CONCLUSIÓN

Por último, como suelo terminar estas columnas, he tratado de plasmar en estas líneas de manera resumida el papel de la nefrología colombiana en la región. Estoy seguro, y lo puedo afirmar con orgullo, que nuestra especialidad es importante y valiosa a nivel nacional e internacional, especialmente dentro de Latinoamérica y por eso recalco que debemos ser protagonistas del desarrollo y no cómplices del subdesarrollo. Debemos continuar este viaje, navegando por el mar del saber y seguir afianzándonos en América Latina.

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Opinión

EL AÑO 2020… UNA VORÁGINE DE SENTIMIENTOS PARA EL TALENTO HUMANO EN SALUD DE COLOMBIA Y EL MUNDO

Este es el artículo de la Dra. Adriana Torres Vega Médica General – Abogada, presentado a nombre de SOCOMEG sobre el talento humano en salud. Hace parte de la revista Formarsalud edición diciembre 2020

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Se conoce como vorágine a un remolino de gran intensidad que se produce en grandes masas de agua, provocando una gran confusión y caos. Así ha sido el 2020 para el mundo entero, principalmente para sus protagonistas: los trabajadores de la salud, quienes han tenido que cargar bajos sus hombros el peso de una pandemia que simplemente nadie vio venir, pero que ha afectado de múltiples formas a la humanidad.

Gracias a estos acontecimientos, se ha reconocido el papel fundamental que cumplen los profesionales de la salud en la sociedad, desenmascarando la condición precaria y olvidada en la que se tiene a este grupo poblacional; ha salido a la luz como las empresas prestadoras de la salud y sus instituciones prestadoras de salud, adscritas en gran medida, explotan al recurso humano, teniendo un alto porcentaje de condiciones no adecuadas de vinculación “laboral”.

Los contratos por prestación de servicios han permeado la vinculación del recurso humano, con lo cual las entidades se desentienden de las merecidas prestaciones laborales que acarrea su vinculación, como debería ser, por un contrato legal de trabajo. Es lamentable para la SOCOMEG recibir múltiples comunicados de sus asociados en calidad de médicos en servicio social obligatorio y médicos generales en ejercicio, quejarse insistentemente de este modo de contratación, la sobrecarga laboral, la escasez de insumos para prestar el servicio de una forma ética, profesional y oportuna como lo dicta la ley.

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El talento humano en salud necesita condiciones de trabajo equitativas

Los médicos generales se ven enfrentados a un medio laboral lascivo, que exige permanentemente de ellos, al parecer sin límites, y sin una contraprestación equitativa. Es ampliamente conocido como este año, en medio del contexto de esta pandemia, muchos profesionales no han contado con los elementos de protección personal adecuados y oportunos, teniendo en casos extremos que interponer tutelas a ARL e IPS para la consecución de los mismos. Muchos respaldándose en el hecho de vincular los profesionales por OPS, razón por la cual aseveraban no estar obligados a entregar estos importantes elementos para el ejercicio médico y de todos los profesionales de la salud.

Hemos tenido que despedir, con profunda tristeza, a muchos profesionales de la salud a todo nivel: enfermeros, jefes de enfermería, médicos y especialistas; duele ver cómo han partido prematuramente, dejando un gran vacío no solo en sus familias sino también en la sociedad que, aunque en muchos casos es indiferente, reconoce la gran pérdida que significa que fallezca un profesional de esta área.

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Recientemente, la Corte Constitucional se pronunció en el caso de una tutela interpuesta por una auxiliar de enfermería, quien fue retirada de su puesto de trabajo en una empresa social del estado, y donde estaba vinculada en calidad de contratista. El documento exalta como los auxiliares de enfermería son el 70% de los trabajadores de la salud, cuya labor es invaluable y no puede ser suspendida injustificadamente ya que pone en riesgo la prestación del servicio de salud. Exalta, también, que su labor no puede ser contratada bajo esta figura toda vez que se precisa de cumplir la labor con un horario, bajo subordinación y percibiendo un salario, por lo cual se trata de un contrato de trabajo disfrazado, vulnerando derechos fundamentales protegidos por la Carta Magna.

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Pues este no es solo el caso de estos valiosos profesionales. Lo es de la misma forma el caso de los terapeutas, jefes de enfermería, médicos generales y especialistas, a quienes se les vulneran sus derechos en todo el territorio nacional, tanto en el ámbito público como en el privado.

Nos queda una pregunta en mente… maravilloso concepto el de la Corte Constitucional, pero ¿por qué medio se va a obligar a las instituciones a vincular al talento humano en salud por medio de contrato de trabajo?, ¿cuándo se va a pronunciar el Ministerio de Salud al respecto?, ¿cuándo se va a legislar en el Congreso un proyecto de ley que proteja los derechos laborales del recurso humano de la salud? o todo esto continuarán como los sueños rotos de unos niños que solo quieren salvar vidas, a costa de la suya propia y la de sus familias.

Urge darle a cada quien lo que le corresponde, como un gesto inédito de justicia. Es un derecho más que merecido conceder a los profesionales una vinculación justa, sin contar con otras garantías en el ámbito académico y social, una verdadera deuda de la sociedad colombiana que permanece con aquellos que salvan vidas.

Proponemos que, como requisito de habilitación institucional, se incluya la vinculación por contratos de trabajo al talento humano en salud como única forma; para que esto sea una realidad, se requiere que a la resolución 3100 del 25 de noviembre de 2019, del Ministerio de Salud, se le adicione este requerimiento.

Mientras tanto, cada mañana y cada noche, miles de profesionales van a dejar en sus hogares a sus hijos, parejas y a sus padres, para ir a trabajar en la institución de salud que probablemente le debe su
sueldo, donde tienen una sobrecarga laboral, en muchos casos con elementos de protección personal inadecuados, con equipos de trabajo incompletos, ya que sus colegas están aislados o incapacitados a causa de la pandemia, con la zozobra de no saber si se es el próximo en enfermar o en el peor de los casos en fallecer.

Estas líneas buscan que cada actor vinculado a la proyección y desarrollo de políticas públicas de salud en nuestro país, involucrado en garantizar el goce del derecho fundamental a la vida, la salud, la dignidad humana, se concientice de fortalecer el talento humano en salud, que es la piedra angular del sistema, y que es quien puede traducir estos esfuerzos en una mejor prestación del servicio de salud.

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Editorial – Me parece

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Claudia Sterling (3)

Vicepresidente Legal y de Asuntos Jurídicos de Cruz Verde
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Denis Honorio Silva (1)

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Elisa Carolina Torrenegra (1)

Directora Ejecutiva Gestarsalud

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Presidente Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral
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Héctor E. Castro (1)

Director Técnico Senior de Economía Farmacéutica y Financiamiento
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Médico Internista; Hemato Oncólogo. Miembro de la ACHO
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Abogado y asesor jurídico dentro del sector salud
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Nefrólogo- miembro de la Academia de Medicina de Medellín
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José Elías Cabrejo Paredes (1)

Director Técnico Senior de Economía Farmacéutica y Financiamiento
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Luis Eduardo Pino Villareal Medico Internista, Hematólogo y Oncólogo ClínicoLuis Eduardo Pino Villareal

Luis Eduardo Pino (39)

Médico especialista en Medicina Interna y en Hematología y Oncología Clínica
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Médico Internista & Hematólogo
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Mauricio Lema Medina (5)

Médico Hemato-Oncólogo
Miguel Ángel González_ presidente de la Asociación Colombiana de Osteoporosis y Metabolismo Mineral (ACOMM) (1)

Miguel Ángel González (1)

Presidente de la Asociación Colombiana de Osteoporosis y Metabolismo Mineral (ACOMM)
Olga Lucia ZuluagaOlga lucia Zuluaga

Olga lucia Zuluaga (3)

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