Alcoholismo. Cuando el patrón de consumo se convierte en un trastorno que afecta más a los hombres

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El alcoholismo se refiere a un patrón de consumo que implica una falta de control en la ingesta de licor, preocupación por el consumo y persistencia de este, aun cuando se presenten problemas. Este trastorno se caracteriza por una mayor tolerancia al alcohol y la presencia de síntomas de abstinencia al disminuir o suspender su consumo abruptamente.

Existen varias razones por las cuales los hombres sufren más de alcoholismo que las mujeres. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, suelen tener una mayor prevalencia de consumo excesivo de alcohol y de patrones de consumo peligrosos, como el consumo en exceso en una sola sesión. Además, tienden a beber con mayor frecuencia en situaciones sociales y de trabajo, lo que puede aumentar el riesgo de desarrollar un trastorno por su consumo

Se estima que alrededor de 237 millones de hombres sufren de trastornos relacionados con el consumo de alcohol, siendo las regiones con mayor prevalencia la Región de Europa (14,8%) y la Región de las Américas (11,5%).

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo de alcohol es responsable del 7,7% de todas las muertes en hombres a nivel mundial, en comparación con el 2,6% en mujeres. En 2016, el consumo total per cápita entre los bebedores masculinos en todo el mundo fue en promedio de 19,4 litros de alcohol puro. En Colombia, un estudio encontró que el 9% de la población tenía trastornos por este consumo, de los cuales el 88% eran hombres con una edad promedio de 37 años. Tenían más probabilidades de estar trabajando y ser fumadores activos, y menos probabilidades de estar en casa o retirados.

El consumo no saludable de alcohol abarca cualquier patrón de consumo que ponga en riesgo la salud o la seguridad del individuo o que genere otros problemas relacionados con la ingesta de este. Un ejemplo de este patrón es el atracón de licor, que se produce cuando un hombre consume cinco o más bebidas en dos horas. Este patrón de consumo representa un riesgo significativo para la salud y la seguridad.

Si el patrón de consumo de un individuo le causa aflicción y le impide desenvolverse adecuadamente en su vida cotidiana, es posible que presente un trastorno por consumo de alcohol, el cual puede variar en intensidad de leve a grave. Incluso un trastorno leve puede agravarse y generar mayores problemas.

Síntomas

Este trastorno, es un padecimiento que se clasifica en leve, moderado o grave, de acuerdo con la cantidad de síntomas que el paciente presente. Entre los más comunes se encuentran la incapacidad para limitar el consumo de alcohol, la intención fallida de reducir su ingesta, la dedicación excesiva de tiempo en la adquisición o recuperación del consumo, la aparición de antojos intensos o ansias de beber, la incapacidad de cumplir con obligaciones importantes en el trabajo, la escuela o el hogar debido al consumo reiterado de alcohol, la continuación del consumo a pesar de conocer los problemas físicos, sociales, laborales o interpersonales que provoca, el abandono o limitación de actividades sociales y laborales y los pasatiempos para beber.

El consumo ocurre en situaciones poco seguras, como al manejar o nadar, la tolerancia al alcohol, que implica la necesidad de consumir mayores cantidades para sentir el efecto o sentir menos efecto con la misma cantidad, y la aparición de síntomas de abstinencia, como náuseas, sudoración y temblores, cuando no se consume o bien se consume para evitar estos síntomas. El trastorno puede manifestarse en períodos de ebriedad (alcoholismo agudo) y síntomas de abstinencia.

El alcoholismo agudo es una patología que se produce como resultado del incremento en los niveles sanguíneos de alcohol. A medida que la concentración de este aumenta en la sangre, se incrementa la probabilidad de sufrir efectos adversos. Se caracteriza por la presencia de problemas y cambios mentales, tales como comportamiento inadecuado, estado de ánimo inestable, falta de juicio, dificultad para hablar, problemas de atención o de memoria y falta de coordinación. Asimismo, se pueden presentar episodios de amnesia, conocidos como “lagunas mentales”. Niveles elevados de alcohol en sangre pueden ocasionar un coma, daño cerebral permanente o incluso la muerte.

La abstinencia alcohólica es un síndrome que se produce cuando se ha bebido de manera intensa y prolongada, y posteriormente se suspende o reduce significativamente su consumo. Este síndrome puede manifestarse en un lapso que va desde varias horas hasta 4 o 5 días después. Los signos y síntomas incluyen sudoración, taquicardia, temblores en las manos, trastornos del sueño, náuseas y vómitos, alucinaciones, agitación e inquietud, ansiedad y en ocasiones, convulsiones. Los síntomas pueden ser lo suficientemente graves como para afectar el desempeño laboral y social del individuo.

Causas y factores de riesgo

Diversos factores de carácter genético, psicológico, social y ambiental pueden influir en la forma en que el licor impacta el organismo y la conducta de las personas. Existen teorías que sugieren que algunas pueden experimentar un efecto diferencial y más intenso del alcohol, lo que aumenta el riesgo de desarrollar trastornos relacionados con su consumo.

El consumo excesivo a lo largo del tiempo puede alterar el funcionamiento normal de ciertas áreas cerebrales asociadas con la experiencia del placer, la capacidad de razonamiento y el control de la conducta. Esta disfunción puede generar un fuerte deseo de beber con el fin de recuperar sensaciones positivas o reducir las negativas.

El trastorno por consumo de alcohol se manifiesta con mayor frecuencia entre los 20 y 40 años, sin embargo, puede surgir a cualquier edad.

Entre los factores de riesgo se encuentran el consumo constante en el tiempo, el consumo compulsivo frecuente, el inicio temprano en la ingesta, antecedentes familiares de problemas con el alcohol, trastornos mentales como ansiedad, depresión, esquizofrenia o trastorno bipolar, antecedentes de trauma emocional u otro tipo de trauma, someterse a cirugía bariátrica y factores sociales y culturales como tener amigos o pareja con consumo regular, la influencia de los medios de comunicación y la presión social de padres, compañeros y otros modelos a seguir.

Además de que el alcohol se considera un factor de riesgo para más de 200 trastornos de salud, siendo las enfermedades cardiovasculares, las hepatopatías, el cáncer y los traumatismos las principales causas de mortalidad relacionadas con el consumo de esta sustancia. El impacto es perjudicial en todos los países de la Región de las Américas, siendo mayor la carga relativa en los países menos desarrollados. Sin embargo, en los países con mayor consumo, la carga de enfermedades y lesiones es aún más pesada.

Consecuencias

El alcohol tiene un efecto depresor sobre el sistema nervioso central. En algunos individuos, la reacción inicial puede ser una sensación de aumento de energía, sin embargo, a medida que el consumo continúa, se genera somnolencia y pérdida del control motor. Su consumo excesivo afecta la capacidad del habla, la coordinación muscular y los centros vitales del cerebro. Puede incluso llevar a un estado de coma que ponga en riesgo la vida o la muerte. Este riesgo aumenta significativamente cuando se consume alcohol junto con medicamentos que también deprimen la actividad cerebral.

Además, puede provocar diversas complicaciones de salud en el cuerpo: en el sistema hepático, puede aumentar la cantidad de grasa en el hígado, producir inflamación hepática y, con el tiempo, generar cicatrices y destrucción irreversible del tejido hepático (cirrosis alcohólica). También puede afectar el sistema digestivo, causando inflamación estomacal, úlceras y dificultad para absorber nutrientes importantes. En el sistema cardiovascular, puede provocar presión arterial alta, agrandamiento del corazón, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular y arritmias. Igualmente, puede afectar la liberación de glucosa en el hígado, lo que aumenta el riesgo de hipoglucemia en personas con diabetes.

Puede afectar negativamente la función testicular y la producción de hormonas masculinas, lo que puede causar disfunción eréctil e infertilidad. También aumenta el riesgo de participar en actividades sexuales de riesgo, como sexo sin protección, relaciones sexuales con múltiples parejas o con una pareja en riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual. Beber excesiva y prolongadamente también se ha relacionado con un mayor riesgo de tener muchos tipos de cáncer, como el de boca, garganta, hígado, esófago, colon y mama. Además, algunos medicamentos interactúan con el alcohol, lo que puede aumentar sus efectos tóxicos y hacerlos peligrosos. 

Más del 75% de las muertes atribuibles al consumo excesivo de alcohol son de hombres, lo que representa un total de más de 97,000 muertes anuales en los Estados Unidos. Además, en casos de accidentes de tráfico mortales, los hombres tienen un 50% más de probabilidad de haber estado intoxicados en comparación con las mujeres. El consumo excesivo de alcohol aumenta la agresión y el riesgo de agredir físicamente a otra persona, siendo un factor de riesgo clave para la perpetración de violencia sexual. Los hombres tienen tres veces más probabilidades de morir por suicidio que las mujeres, y es más probable que hayan estado bebiendo antes del suicidio.

Medidas de prevención

La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca la importancia del desarrollo, implementación y evaluación de intervenciones rentables para reducir el uso nocivo del alcohol. Asimismo, se enfatiza en la generación, recopilación y difusión de información científica sobre su uso y dependencia, así como las consecuencias sanitarias y sociales relacionadas.

La estrategia mundial para reducir el uso nocivo del alcohol, acordada en 2010 por los Estados miembros de la OMS, establece que la reducción del uso nocivo y su carga sanitaria y social asociada es una prioridad de salud pública. Esta estrategia brinda orientación para la acción en todos los niveles, incluyendo 10 áreas recomendadas para opciones de políticas e intervenciones para la acción nacional, así como los componentes principales para la acción mundial para apoyar y complementar las actividades a nivel nacional. 

Las acciones más rentables incluyen aumentar los impuestos sobre las bebidas alcohólicas, promulgar y hacer cumplir prohibiciones o restricciones integrales sobre la exposición a la publicidad de bebidas alcohólicas en múltiples tipos de medios, y promulgar y hacer cumplir las restricciones sobre la disponibilidad de alcohol al por menor.

Con una mayor conciencia sobre el impacto del consumo en la salud mundial y un aumento de los marcos de acción internacionales, la demanda de información sobre el consumo de licor y los daños atribuibles y relacionados a este ha aumentado significativamente. El Sistema Mundial de Información sobre Alcohol y Salud (GISAH), desarrollado por la OMS, presenta dinámicamente datos sobre los niveles y patrones de consumo de este líquido, sus consecuencias sanitarias y sociales y las respuestas políticas en todos los niveles.

Para lograr la reducción del consumo nocivo de alcohol en consonancia con las metas incluidas en la agenda ODS 2030 y el Marco Mundial de Vigilancia de las Enfermedades No Transmisibles de la OMS, se requiere la acción concertada de los países, una gobernanza mundial eficaz y la participación adecuada de todas las partes interesadas pertinentes.

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