En el marco del Día Mundial de la Obesidad, la Secretaría Distrital de Salud invitó a la ciudadanía a revisar cómo se ha abordado históricamente esta condición y a adoptar un enfoque integral, basado en evidencia y libre de estigmatización. Según el planteamiento institucional, la fecha busca posicionar la obesidad como un fenómeno en el que interactúan factores individuales con condiciones estructurales: sistemas alimentarios, entornos urbanos y rurales, políticas públicas y condiciones sociales que determinan las oportunidades reales de cuidado.
La entidad señaló que, durante años, la conversación pública ha tendido a concentrarse en el peso corporal como una responsabilidad atribuible casi exclusivamente a hábitos personales. Sin embargo, el llamado de Bogotá propone desplazar esa mirada reduccionista hacia un análisis que reconozca determinantes que condicionan la salud y el bienestar: tiempo disponible, ingresos, carga de cuidado con impacto particular en las mujeres, niveles de estrés, seguridad del entorno, oferta de alimentos saludables, movilidad y calidad de los servicios de salud. En ese marco, la Secretaría advirtió que cualquier respuesta que se limite a decisiones individuales no solo resulta insuficiente, sino que puede profundizar desigualdades preexistentes.
Determinantes sociales y sistemas que moldean el cuidado
El enfoque presentado por la Secretaría Distrital de Salud parte de una premisa: la obesidad no puede analizarse de forma aislada del contexto social. En la práctica, las posibilidades de sostener hábitos protectores no se distribuyen de manera uniforme en la ciudad. La disponibilidad de tiempo, la estabilidad económica, las dinámicas de cuidado, la seguridad del barrio, la accesibilidad a alimentos saludables y la movilidad urbana pueden facilitar o impedir conductas asociadas al bienestar.
La obesidad se entiende como un fenómeno atravesado por sistemas y decisiones colectivas: cómo se organiza la ciudad, cómo se configura la oferta de alimentos, qué tan accesible resulta la actividad física y cómo responden los servicios de salud. Para un público clínico y gestor, el mensaje implica una alerta metodológica: reducir la discusión a conductas individuales puede invisibilizar variables críticas para el diseño de intervenciones efectivas y para la toma de decisiones en salud pública.
El estigma de peso y obesidad como asunto de salud pública y barrera de acceso
Uno de los ejes del pronunciamiento distrital fue el reconocimiento del estigma de peso como un problema que trasciende lo cultural y se convierte en un asunto de salud pública. La Secretaría sostuvo que actitudes, mensajes y prácticas que desvalorizan o discriminan a las personas por su tamaño o apariencia corporal pueden producir efectos concretos: afectar la salud mental, incrementar el estrés crónico, generar evitación de la atención médica por miedo al juicio y reforzar brechas sociales.
En este punto, la Subdirectora en Determinantes en Salud de la Secretaría Distrital de Salud, Sofía Ríos, enfatizó la necesidad de una respuesta institucional basada en dignidad: “Ninguna persona debe ser avergonzada o tratada con menor dignidad por su cuerpo. El respeto es la base del cuidado… la salud es un proceso colectivo. El bienestar se construye con dignidad, equidad y corresponsabilidad”. La declaración coloca el foco en un componente operativo relevante para la red de prestación: la calidad de la interacción clínica y administrativa puede influir en el acceso y la continuidad del cuidado, especialmente cuando existen experiencias previas de discriminación.
Educación crítica, participación y enfoque diferencial sin culpabilización
Como parte de su respuesta institucional, la Secretaría ubicó sus acciones en el marco del Plan de Salud Pública de Intervenciones Colectivas (PSPIC). La entidad explicó que, desde esa estrategia, el Distrito desarrolla intervenciones que buscan abordar la salud desde una perspectiva transformadora y estructural, con énfasis en procesos educativos críticos y dialógicos y espacios participativos orientados a reflexionar sobre determinantes sociales, resignificar prácticas y fortalecer capacidades para el bienestar físico, mental y social, sin culpabilización.
Estas acciones incluyen componentes que dialogan con desafíos clínicos y comunitarios: reconocimiento de la diversidad corporal; prevención y orientación frente a trastornos de la conducta alimentaria; y promoción de relaciones respetuosas con el cuerpo. La Secretaría indicó que este abordaje incorpora enfoque diferencial, de género e intercultural, buscando adaptar mensajes y estrategias a realidades distintas en la ciudad y evitando lecturas homogéneas de un fenómeno socialmente condicionado.
Entornos protectores: articulación intersectorial, salud mental y seguridad alimentaria
El llamado institucional también describió líneas de trabajo articuladas con otros sectores para promover entornos protectores en instituciones educativas, comunitarias e institucionales. En ese marco, se mencionaron planes de bienestar que integran salud mental, seguridad alimentaria y nutricional, actividad física y cuidado ambiental, como un intento de abordar el bienestar de manera integral y no fragmentada.
La Secretaría señaló, además, el fortalecimiento de capacidades en cuidadores, docentes y equipos institucionales. Para la gestión sanitaria, este componente sugiere un cambio de escala: no se trata solo de intervenir en individuos, sino de robustecer actores que inciden directamente en prácticas cotidianas y en el acompañamiento de comunidades, particularmente en espacios donde se forman hábitos y se consolidan narrativas sobre el cuerpo.
Acceso equitativo y atención digna: implicaciones para la red de servicios
Otro aspecto enfatizado fue el objetivo de facilitar el acceso equitativo a servicios de salud, garantizando una atención digna y libre de discriminación. Aunque el pronunciamiento se plantea en términos de orientación pública, su impacto se proyecta sobre el funcionamiento del sistema local: si el estigma genera evitación de la consulta, entonces reducir prácticas discriminatorias se convierte en una condición habilitante para diagnóstico oportuno, continuidad del cuidado y adherencia a procesos de atención.
En un entorno donde la organización de servicios depende de múltiples actores, el mensaje de la Secretaría refuerza la necesidad de coherencia institucional: el lenguaje, la experiencia de atención y las rutas de acceso deben alinearse con el principio de dignidad como condición mínima del cuidado.
Un llamado a transformar el lenguaje y a reconocer la diversidad corporal
De cara al 4 de marzo, la Secretaría Distrital de Salud invitó a la ciudad a transformar el lenguaje y las prácticas en torno al cuerpo y la salud, evitando mensajes que culpen o avergüencen. El llamado incluyó un reconocimiento explícito: la diversidad corporal es parte de la diversidad humana. En consecuencia, la salud no debe reducirse a una cifra en la báscula.
Para profesionales clínicos, gestores y estudiantes avanzados, el enfoque distrital plantea una lectura útil: las intervenciones frente a la obesidad requieren comprender el entramado de determinantes sociales y, a la vez, revisar la forma en que instituciones y servicios se relacionan con las personas. En el mensaje de Bogotá, el objetivo es claro: sostener políticas y prácticas que promuevan bienestar con equidad, corresponsabilidad y respeto, sin que la conversación pública se convierta en un factor adicional de daño.