Radioterapia más allá del cáncer: la experiencia internacional abre nuevas oportunidades para tratar enfermedades no malignas

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La radioterapia de baja dosis abre nuevas posibilidades para tratar enfermedades osteoarticulares no malignas, mientras la evidencia internacional impulsa el análisis de sus aplicaciones clínicas en Colombia.
Radioterapia más allá del cáncer la experiencia internacional abre nuevas oportunidades para tratar enfermedades no malignas

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La radioterapia no solo permite tratar el cáncer; su utilización en dosis bajas para determinadas enfermedades osteoarticulares cuenta con una larga trayectoria clínica en Alemania y experiencias documentadas en España, mientras despierta un interés creciente en Estados Unidos. Durante el segundo día del V Congreso Nacional de Radioterapia y Física Médica ACRO–ACOFIMED 2026, en Barranquilla, especialistas nacionales e internacionales revisaron sus aplicaciones, resultados y posibilidades para Colombia, junto con avances en cáncer de pulmón y tumores ginecológicos. El mensaje es claro: existen indicaciones no malignas que merecen ser conocidas y evaluadas con rigor para ampliar las opciones de atención de los pacientes.

Radioterapia de baja dosis en enfermedades no malignas: experiencia clínica que Colombia debe conocer

El Dr. Ángel Montero, oncólogo radioterápico español, presentó la evidencia y la experiencia acumulada en la utilización de radioterapia de baja dosis para enfermedades osteoarticulares no malignas. En casos seleccionados de dolor persistente y limitación de la movilidad, especialmente cuando las medidas conservadoras no logran suficiente mejoría, esta estrategia ofrece una posibilidad terapéutica no invasiva que merece ser valorada por equipos especializados. Su propósito no es destruir tejido, sino aprovechar los efectos antiinflamatorios e inmunomoduladores de dosis muy inferiores a las utilizadas para tratar tumores.

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A diferencia de la radioterapia utilizada para destruir tumores, las dosis bajas en ciertas afecciones inflamatorias buscan modular respuestas biológicas relacionadas con el dolor y la inflamación. Se trata de una opción que ya se utiliza en algunos países y cuya utilidad debe explicarse a pacientes y profesionales sin presentarla como solución universal. La oportunidad para Colombia consiste en evaluar sus indicaciones, protocolos y evidencia, y discutir su incorporación responsable en pacientes seleccionados.

La revisión incluyó experiencias en fascitis plantar, bursitis, tendinopatías y artrosis de rodilla y manos. La respuesta puede variar según la inflamación presente, la evolución de la enfermedad y el deterioro de las estructuras afectadas. Por esta razón, los especialistas destacaron que la evaluación del beneficio no debe limitarse al alivio del dolor, sino incluir la funcionalidad y la evolución clínica después del tratamiento.

Entre los aspectos clínicos presentados se encontraron los siguientes:

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  • Esquemas de tratamiento con seis sesiones de 0,5 gray (Gy), administradas de manera espaciada.
  • Evaluación de resultados mediante seguimiento del dolor, la funcionalidad y el consumo de analgésicos, especialmente entre las 10 y 12 semanas posteriores.
  • Respuesta prolongada documentada en una experiencia institucional, en la que aproximadamente dos de cada tres pacientes con respuesta inicial mantuvieron el beneficio durante una mediana de seguimiento superior a seis años.
  • Abordaje multidisciplinario con participación de reumatología, traumatología, rehabilitación y medicina del dolor.

Los resultados deben interpretarse según la enfermedad, el perfil de los pacientes y el diseño de cada estudio. No todas las indicaciones cuentan con el mismo nivel de evidencia, la fascitis plantar, por ejemplo, dispone de resultados clínicos favorables, mientras que en artrosis persisten discrepancias entre investigaciones y se requieren ensayos adicionales. Esto no resta importancia a las experiencias ya documentadas; invita a seleccionar bien a los pacientes, registrar sus resultados y fortalecer la investigación.

Para una persona con dolor persistente, la mejoría puede significar caminar con menos molestias, utilizar mejor las manos o disminuir la necesidad de medicamentos analgésicos. Los resultados presentados muestran que la radioterapia de baja dosis merece ser considerada dentro de la discusión multidisciplinaria para indicaciones concretas, con selección adecuada de pacientes y valoración de beneficios y riesgos. Los efectos adversos comunicados en muchas de estas experiencias son poco frecuentes, aunque esto no significa que el tratamiento esté exento de riesgos.

Una práctica consolidada en Alemania y con expansión internacional

Alemania es uno de los referentes internacionales en radioterapia para enfermedades no malignas. La Sociedad Alemana de Radiooncología (DEGRO) dispone de una guía específica que aborda enfermedades articulares dolorosas, fascitis plantar, epicondilitis y otras indicaciones osteoarticulares, con criterios de selección, planificación y seguridad. Por tanto, no se está planteando una técnica improvisada: existe experiencia clínica, protocolos y una estructura de recomendaciones para orientar su uso.

En Estados Unidos, ASTRO también ha reconocido el creciente interés por estas aplicaciones. Su grupo de trabajo de Functional Radiation Medicine, establecido a finales de 2025, reúne especialistas en oncología radioterápica y física médica con experiencia en enfermedades no oncológicas. Además, ASTRO difundió en septiembre de 2025 un ensayo aleatorizado y controlado con tratamiento simulado en artrosis de rodilla leve o moderada, cuyos resultados mostraron menos dolor y mejor función física durante los cuatro meses posteriores a la intervención. Estos datos aportan evidencia alentadora, aunque no justifican extrapolar el beneficio a todas las personas con artrosis.

España: experiencia clínica presentada durante el congreso

En España también existe experiencia en radioterapia para enfermedades no malignas. Durante su intervención, el Dr. Ángel Montero presentó una comparación de la utilización de estas aplicaciones en 2019 y 2022, que permite reconocer su presencia en la práctica asistencial española. Esta referencia complementa la trayectoria alemana y refuerza la necesidad de evaluar las indicaciones y los resultados clínicos con criterios científicos, sin extrapolarlos a todos los pacientes o diagnósticos.

¿Qué puede significar esto para un paciente?

Para una persona con dolor crónico en la planta del pie, la rodilla, las manos o determinadas inserciones tendinosas, el objetivo puede ser recuperar actividades tan cotidianas como caminar, subir escaleras o utilizar las manos con menos molestias. En pacientes seleccionados, la radioterapia de baja dosis puede ofrecer una alternativa adicional cuando la rehabilitación, los analgésicos u otras medidas conservadoras no han alcanzado el resultado esperado. Se administra sin incisiones y habitualmente en sesiones breves; su conveniencia debe determinarse junto con los especialistas que atienden la enfermedad de base.

A diferencia de muchos tratamientos farmacológicos de uso prolongado, esta modalidad no requiere la administración sistémica diaria de un medicamento. Sin embargo, no debe presentarse como libre de riesgos ni sustituir automáticamente otras terapias. La valoración de su beneficio frente a la exposición a radiación, la edad, la localización a tratar y las alternativas disponibles es indispensable.

La oportunidad para Colombia consiste en abrir una conversación académica y asistencial informada: conocer las indicaciones con mayor respaldo, formar a los profesionales, trabajar con reumatología, ortopedia, fisiatría y medicina del dolor, y generar experiencia nacional con seguimiento de resultados. La innovación no siempre significa adquirir un equipo nuevo; también puede consistir en aprovechar capacidades existentes para ofrecer nuevas soluciones a problemas de salud frecuentes.

Alzheimer y radioterapia de baja dosis bajo investigación

La experiencia clínica en enfermedades osteoarticulares no debe confundirse con la investigación en Alzheimer. Mientras la primera dispone de estudios y uso asistencial en algunas indicaciones, la segunda continúa en fase experimental y no puede recomendarse como tratamiento establecido.

Además de las enfermedades musculoesqueléticas, la investigación sobre radioterapia de baja dosis comienza a explorar su posible aplicación en trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer. En este campo, los estudios buscan determinar si la radiación puede modificar procesos relacionados con la neuroinflamación, la actividad de la microglía y el estrés oxidativo, aunque la evidencia clínica todavía es preliminar.

Durante la exposición se recordó que más de 700.000 personas viven con Alzheimer en España, según las cifras presentadas, y se examinaron investigaciones sobre beta-amiloide y proteína tau. Algunos modelos celulares y animales han mostrado cambios biológicos después de la irradiación, aunque todavía no es posible determinar si esos hallazgos pueden traducirse en beneficios cognitivos sostenidos para personas con la enfermedad.

La evidencia clínica incluyó experiencias iniciales de Canadá y Corea del Sur, entre ellas una investigación con 41 participantes que exploró diferentes esquemas de radioterapia y utilizó un grupo de tratamiento simulado. Los resultados aportaron información preliminar sobre tolerabilidad y posibles efectos clínicos, pero todavía existen interrogantes relacionados con la selección de pacientes, las dosis y la duración de los resultados.

Esta línea de investigación también tendrá continuidad mediante RENAZER, un estudio piloto impulsado por el equipo del Dr. Montero para evaluar la seguridad y factibilidad de la radioterapia en Alzheimer inicial. El proyecto cuenta con aprobación ética y contempla 10 participantes de entre 55 y 85 años, con evaluaciones cognitivas, resonancia magnética y tomografía por emisión de positrones. Al momento del encuentro, el estudio todavía no había iniciado el tratamiento de los participantes.

RENAZER busca generar información que permita establecer si resulta pertinente avanzar hacia investigaciones más amplias, no demostrar de manera definitiva la eficacia terapéutica. La diferencia es fundamental, porque la radioterapia en Alzheimer sigue siendo una intervención experimental. El estudio de estas nuevas indicaciones también exige revisar las condiciones de seguridad y los efectos de la radiación sobre tejidos que requieren especial protección.

Precisión y seguridad: dosis adecuadas y selección de pacientes

Estas nuevas posibilidades terapéuticas también abren interrogantes sobre la seguridad y los efectos biológicos de la radiación. En otra de sus intervenciones, el Dr. Montero abordó las restricciones de dosis utilizadas durante la planificación, sus fundamentos científicos y la importancia de proteger los tejidos sanos, especialmente cuando se investigan aplicaciones que todavía no cuentan con indicaciones clínicas establecidas.

El análisis destacó la importancia de respetar los controles técnicos, evaluar las condiciones individuales del paciente y mantener una interpretación crítica de la evidencia. Estos principios adquieren especial relevancia en tratamientos que combinan radiación y medicamentos, donde las decisiones deben considerar tanto la respuesta tumoral como la posibilidad de efectos adversos. Uno de los escenarios en los que esta integración ha adquirido mayor importancia es el cáncer de pulmón.

Cáncer de pulmón EGFR positivo: la radioterapia definitiva es la base de los nuevos resultados

Mientras se exploran nuevas aplicaciones fuera de la oncología, la radioterapia continúa evolucionando en el tratamiento del cáncer mediante su integración con terapias dirigidas. En este contexto, el Dr. Arthur Rosa, de Brasil, examinó el manejo del cáncer de pulmón de células no pequeñas (CPCNP) con mutación EGFR, una alteración molecular que permite orientar el tratamiento posterior a la quimiorradioterapia.

El avance de los tratamientos dirigidos no disminuye la importancia de la radioterapia. En el cáncer de pulmón estadio III irresecable, la quimiorradioterapia definitiva sigue siendo el componente de tratamiento locorregional con intención curativa sobre el que se construyen estrategias posteriores de consolidación.

La discusión partió del caso de una paciente de 50 años, sin antecedentes de tabaquismo, con una lesión pulmonar de aproximadamente 8,1 centímetros y compromiso ganglionar mediastínico. Su evaluación permitió revisar la importancia de una estadificación adecuada, la identificación temprana de EGFR y la planificación radioterapéutica antes de definir el tratamiento de consolidación.

El caso clínico ayudó a mostrar que el éxito del tratamiento comienza antes de la primera sesión: el diagnóstico molecular oportuno, la estadificación y la planificación radioterapéutica condicionan la posibilidad de completar la estrategia indicada.

La evidencia más relevante provino del ensayo clínico fase III LAURA, publicado en The New England Journal of Medicine. La investigación incluyó 216 pacientes con CPCNP estadio III irresecable, mutación EGFR y ausencia de progresión después de quimiorradioterapia definitiva, quienes recibieron osimertinib o placebo como tratamiento posterior.

Los resultados mostraron una reducción significativa del riesgo de progresión o muerte, con un hazard ratio de 0,16, aunque este dato corresponde a supervivencia libre de progresión y no demuestra por sí mismo un beneficio en supervivencia global. La exposición también abordó la vigilancia de complicaciones pulmonares como la neumonitis, particularmente cuando la radioterapia se combina secuencialmente con tratamientos dirigidos.

Para reducir esos riesgos, la planificación puede incorporar tomografía de cuatro dimensiones, técnicas de control respiratorio, radioterapia de intensidad modulada y verificación mediante imágenes. Estas herramientas permiten ajustar la irradiación al movimiento del tumor y considerar las restricciones de dosis sobre pulmón, corazón, esófago y médula espinal. La precisión técnica también resulta determinante cuando se emplean esquemas de radiación concentrados en pocas sesiones.

Cáncer de pulmón: radioterapia estereotáctica que puede tratar sin cirugía en pacientes seleccionados

A los avances en terapias dirigidas se suman nuevas estrategias para mejorar la precisión y seguridad de la irradiación pulmonar. El Dr. Thomas Dilling, del Moffitt Cancer Center de Estados Unidos, revisó la radioterapia estereotáctica corporal (SBRT), las decisiones terapéuticas según el estadio de la enfermedad y los riesgos asociados con el tratamiento de tumores cercanos a estructuras sensibles.

En pacientes que no pueden ser operados por sus condiciones médicas o presentan un riesgo quirúrgico elevado, la SBRT constituye una alternativa terapéutica relevante. La revisión incluyó investigaciones como CHISEL y LUSTRE, que han examinado diferentes esquemas de irradiación y sus resultados de control local. Sin embargo, la ubicación de las lesiones y las condiciones clínicas siguen siendo fundamentales para establecer la seguridad.

Para determinados tumores pulmonares en estadio temprano, la radioterapia estereotáctica ofrece una opción no quirúrgica con intención curativa. Es especialmente valiosa para personas que no pueden operarse; en pacientes operables, la elección debe individualizarse y las comparaciones entre modalidades interpretarse según la evidencia disponible.

Los tumores centrales y ultracentrales requieren especial precaución por su proximidad a bronquios principales, esófago y otras estructuras del mediastino. También se destacó la necesidad de identificar fibrosis y enfermedades pulmonares intersticiales que pueden aumentar el riesgo de toxicidad grave. Estas características obligan a adaptar las dosis y los esquemas terapéuticos para proteger los tejidos sanos.

La revisión se extendió al cáncer de pulmón localmente avanzado mediante la evidencia del ensayo PACIFIC y otras investigaciones sobre quimiorradioterapia, inmunoterapia y tratamientos perioperatorios. También se abordó la relación entre dosis cardíaca y desenlaces clínicos, una asociación compleja en la que influyen la extensión tumoral, el compromiso ganglionar y las características del tratamiento.

La selección de pacientes, la calidad de las imágenes y la administración precisa de radioterapia se consolidan así como elementos determinantes al incorporar nuevas estrategias. Esta misma necesidad de integrar evidencia científica y decisiones individualizadas se refleja en el tratamiento de los tumores ginecológicos, donde la combinación de técnicas radioterapéuticas y medicamentos está modificando diferentes escenarios clínicos.

Cáncer de cuello uterino: la radioterapia y la braquiterapia son pilares del tratamiento curativo

La personalización del tratamiento también está transformando la atención de los tumores ginecológicos, donde la integración de diferentes terapias exige una planificación cuidadosa. Los doctores David Martínez, oncólogo radioterápico, y Marco Antonio Torregroza Otero, oncólogo clínico, analizaron los avances en cáncer de cuello uterino localmente avanzado y los desafíos para trasladar los resultados científicos a la práctica asistencial.

Entre las investigaciones examinadas estuvieron EMBRACE II, INTERLACE y KEYNOTE-A18, que evaluaron estrategias diferentes. EMBRACE II destacó la optimización de la radioterapia y la braquiterapia guiada por imágenes; INTERLACE estudió la incorporación de quimioterapia de inducción antes de la quimiorradioterapia, mientras que KEYNOTE-A18 respaldó la utilización de pembrolizumab en pacientes seleccionadas con enfermedad localmente avanzada de alto riesgo.

En cáncer de cuello uterino localmente avanzado, la radioterapia externa y la braquiterapia, habitualmente integradas con quimioterapia según indicación, no son tratamientos accesorios: constituyen componentes esenciales de la estrategia curativa. El acceso oportuno a braquiterapia es, por tanto, una necesidad asistencial concreta y no únicamente tecnológica.

El análisis incluyó el caso de una paciente de 36 años con cáncer cervical localmente avanzado, utilizado para examinar dificultades de estadificación, interpretación de imágenes y planificación terapéutica. La resonancia magnética y el PET/CT fueron relevantes para valorar la extensión de la enfermedad y el posible compromiso de estructuras pélvicas, información necesaria para definir los volúmenes de irradiación y los tratamientos complementarios.

El caso permitió mostrar que los avances farmacológicos deben acompañarse de diagnósticos oportunos, técnicas de irradiación adecuadas y acceso a braquiterapia especializada. También puso de manifiesto la importancia de determinar qué pacientes requieren tratamientos más intensivos, una decisión en la que los biomarcadores y las características clínicas están adquiriendo cada vez mayor relevancia.

Cáncer de endometrio y vulva: radioterapia personalizada según el riesgo

En esa misma línea, los biomarcadores están adquiriendo mayor importancia para decidir qué pacientes necesitan tratamientos más intensivos y cuáles podrían beneficiarse de estrategias menos agresivas. La Dra. Anuja Jhingran, del MD Anderson Cancer Center de Estados Unidos, abordó esta evolución en cáncer de endometrio, junto con los avances terapéuticos en cáncer de cuello uterino y vulva.

La revisión incluyó las investigaciones PORTEC, GOG-258, RUBY y NRG-GY018, que han aportado evidencia para seleccionar tratamientos según el estadio y el perfil clínico. Entre los hallazgos se destacó que algunos tumores con mutación POLE tienen un pronóstico favorable y podrían requerir menor intensidad terapéutica en escenarios específicos, mientras que las alteraciones de p53 se relacionan con mayor riesgo y pueden justificar estrategias más intensivas.

  • La clasificación molecular contribuye a diferenciar dos situaciones importantes para orientar las decisiones terapéuticas.
  • Tumores con mutación POLE presentan generalmente un pronóstico favorable y, en pacientes seleccionadas, pueden abrir la posibilidad de reducir el tratamiento adyuvante.
  • Tumores con alteraciones de p53 se asocian con un comportamiento más agresivo y pueden requerir estrategias terapéuticas de mayor intensidad.

La actualización también abordó cáncer de cuello uterino y vulva, con énfasis en la selección del tratamiento después de cirugía y la prevención de toxicidad. En cáncer de vulva se examinaron las diferencias entre tumores relacionados y no relacionados con el virus del papiloma humano (VPH), así como la importancia de los márgenes quirúrgicos, la extensión tumoral y el compromiso ganglionar al decidir el uso de radioterapia.

Colombia tiene avances y especialistas, pero persisten brechas de acceso a radioterapia

Más allá de los avances científicos, garantizar el acceso a estos tratamientos continúa siendo uno de los principales desafíos para Colombia. La Dra. Lina María Loaiza, presidenta de la Asociación Colombiana de Radioterapia Oncológica (ACRO), presentó cifras que muestran una importante concentración territorial de la infraestructura, con 91 equipos de radioterapia externa distribuidos en 61 centros y 22 ciudades, mientras 12 de los 32 departamentos todavía no cuentan con estos servicios.

El contraste fue evidente durante el congreso: mientras las presentaciones internacionales describieron nuevas posibilidades de precisión, la información nacional mostró que la posibilidad de recibir radioterapia aún depende en parte del lugar donde vive la persona. Esta diferencia debe formar parte de las prioridades de atención del cáncer.

El análisis también mostró que el 61,5 % de los equipos se concentra en Bogotá y cuatro departamentos, mientras distintas regiones continúan sin disponibilidad local de tratamiento. La distribución plantea desafíos para la remisión de pacientes, la oportunidad de atención y la articulación de redes de servicios, especialmente cuando el tratamiento requiere sesiones sucesivas o modalidades especializadas.

La disponibilidad de braquiterapia constituye otra de las dificultades identificadas. Según los datos expuestos, existen 35 equipos distribuidos en 34 centros, mientras que 27 establecimientos con radioterapia no ofrecen esta modalidad, equivalentes al 44,3 % de los centros registrados. Esta situación adquiere particular importancia para las pacientes con cáncer de cuello uterino que requieren braquiterapia como parte de su tratamiento.

Frente a estas diferencias, se planteó la necesidad de fortalecer las rutas de referencia entre instituciones, facilitar el acceso a centros especializados y mejorar la coordinación territorial. También se abordaron las expectativas relacionadas con la reglamentación de la nueva legislación nuclear y sus posibles efectos sobre los procedimientos administrativos necesarios para utilizar fuentes radiactivas.

La radioterapia es una herramienta fundamental en oncología y cuenta también con aplicaciones clínicas en determinadas enfermedades no malignas. La experiencia consolidada de Alemania, los datos españoles presentados por el Dr. Montero y el interés científico de ASTRO ofrecen a Colombia una oportunidad para evaluar responsablemente su incorporación en pacientes seleccionados. Al mismo tiempo, los avances en cáncer de pulmón y tumores ginecológicos muestran que la precisión, la calidad del tratamiento y el acceso oportuno siguen siendo indispensables para mejorar los resultados.

Frente a estas brechas, ACRO también presentó iniciativas para fortalecer la cooperación científica, ampliar las oportunidades de formación y promover el relevo profesional. Entre ellas se encuentran los convenios de colaboración internacional, el lanzamiento de Young ACRO y el trabajo conjunto con Women in Nuclear Colombia, orientados a fortalecer las capacidades de los profesionales vinculados con la especialidad.

Cooperación ACRO–ASTRO y SOLAR: Se destacó el apoyo académico entre la Asociación Colombiana de Radioterapia Oncológica (ACRO) y la Sociedad Americana de Oncología Radioterápica (ASTRO), que fortalece la educación continua y el intercambio científico. También se resaltó el trabajo con SOLAR, la organización que reúne a las sociedades científicas latinoamericanas de radioterapia y promueve la cooperación regional, la formación y la visibilidad de la especialidad. Se mencionó además el convenio con la Sociedad Argentina de Radiocirugía, en el marco de estas iniciativas de colaboración.

Estas acciones buscan ampliar las oportunidades de formación y fortalecer el trabajo entre sociedades científicas, al tiempo que el sector enfrenta el desafío de mejorar la disponibilidad de servicios especializados. La cooperación profesional adquiere especial importancia en un escenario de creciente complejidad tecnológica y de diferencias territoriales en el acceso a radioterapia.

El reconocimiento de la radioterapia como una opción terapéutica debe comenzar desde los equipos que diagnostican y remiten a los pacientes. Cuando una persona tiene indicación de radioterapia, la valoración especializada y la coordinación de autorizaciones y traslados no deberían convertirse en obstáculos para su tratamiento.

El desafío para el sistema de salud colombiano no termina con disponer de tecnología de última generación, sino con garantizar que su ubicación geográfica no determine las posibilidades de tratamiento de un paciente. La oportunidad del diagnóstico, la continuidad de la atención y el acceso a equipos especializados serán determinantes para cerrar una brecha que trasciende la infraestructura. En ese escenario, el verdadero avance de la radioterapia se medirá también por su capacidad de llegar a quienes hoy deben desplazarse o enfrentar barreras para recibirla.

Mensaje final de la jornada

La radioterapia ya aporta beneficios comprobados dentro y fuera de la oncología en indicaciones seleccionadas. Su valor no depende únicamente de la sofisticación de los equipos, sino de la correcta indicación clínica, los profesionales que la administran y el acceso oportuno. El V Congreso ACRO–ACOFIMED 2026 puso sobre la mesa una prioridad para Colombia: que ninguna persona con indicación de radioterapia pierda una oportunidad terapéutica por barreras geográficas, administrativas o de coordinación de la atención.

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