Síndrome de Sandifer: claves diagnósticas y desafíos operativos para el sistema de salud colombiano

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Nuevo artículo explora los desafíos y oportunidades del diagnóstico del síndrome de Sandifer en el sistema de salud colombiano.
Síndrome de Sandifer claves diagnósticas y desafíos operativos para el sistema de salud colombiano

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El síndrome de Sandifer, descrito como un trastorno neuroconductual de baja prevalencia que se presenta principalmente en lactantes y niños pequeños, genera episodios distónicos paroxísticos asociados a reflujo gastroesofágico (RGE) y ocasionalmente a hernia hiatal. La revisión publicada en mayo de 2026 por Reyes Hernández y Landero Cabrera sintetiza el consenso internacional: menos del 1% de los niños con ERGE desarrollan manifestaciones compatibles con este síndrome.

En el contexto colombiano, esta cifra implica que, para una cohorte estimada de 700.000 nacimientos anuales—según cifras del DANE 2024—y una prevalencia de ERGE sintomática en lactantes cercana al 8% (estimación basada en revisiones internacionales, ante ausencia de registro epidemiológico local), el número esperado de casos de Sandifer no superaría las 560 por año.

El impacto operativo para EPS e IPS no radica en el volumen de casos, sino en el potencial de error diagnóstico, derivaciones innecesarias y sobrecostos derivados de la confusión con epilepsias o distonías de origen neurológico.

Diagnóstico: el margen de error y el costo de la confusión

El principal hallazgo de la revisión es la reiterada confusión diagnóstica del síndrome de Sandifer con epilepsia infantil o paroxismos neurológicos. El artículo detalla que la clave diferencial es la relación temporal entre la ingesta alimentaria y la aparición de movimientos distónicos, información que en la práctica clínica suele pasar desapercibida en la anamnesis inicial.

Los autores reportan que el diagnóstico generalmente se basa en la clínica y no requiere laboratorio ni neuroimagen, salvo para descartar epilepsia resistente. Sin embargo, la literatura citada documenta que hasta 60% de los lactantes con llanto intenso sin vómito pueden tener registros anormales de pH-metría esofágica y resolución de síntomas con tratamiento antirreflujo.

La consecuencia directa para IPS: cada error diagnóstico activa rutas de derivación a neurología, prescripción de anticonvulsivantes y, en algunos casos, hospitalización innecesaria. Para EPS, este circuito representa un sobrecosto evitable y un riesgo de insatisfacción para las familias.

Ruta diagnóstica recomendada y posición frente a guías colombianas

El artículo plantea una ruta secuencial de manejo alineada con las recomendaciones internacionales:

  • Primera línea: diagnóstico clínico y cambios en el estilo de vida (espesamiento de la fórmula, posición postprandial)
  • Segunda línea: terapia farmacológica antirreflujo si no hay mejoría
  • Tercera línea: evaluación avanzada (pH-metría combinada con impedancia, video-EEG solo si persiste sospecha neurológica)
  • Cuarta línea: fundoplicatura quirúrgica en casos refractarios o con anomalía anatómica demostrada

En Colombia, la Guía de Práctica Clínica de ERGE en pediatría (Ministerio de Salud, 2014) no incluye el síndrome de Sandifer como diagnóstico diferencial explícito, ni detalla algoritmos de derivación para cuadros paroxísticos no epilépticos asociados a reflujo. La ausencia de esa referencia en la guía local es un vacío que amplifica el riesgo de rutas ineficientes en la red de atención.

Magnitud del subregistro y oportunidad para el sistema

La revisión identifica un subregistro estructural: no existen datos epidemiológicos nacionales sobre incidencia o prevalencia de Sandifer en Colombia. El sistema de información SISPRO no incluye un código CIE-10 específico para este diagnóstico, lo que impide una trazabilidad real de los casos y sus desenlaces.

La consecuencia es directa, y es que cualquier análisis de carga de enfermedad o de costo-efectividad de las rutas diagnósticas parte de un vacío de información, lo que limita la toma de decisiones basada en datos y la priorización de intervenciones educativas para el personal de primer nivel.

¿Qué actores ganan y cuáles enfrentan riesgo operativo?

En la estructura actual, las IPS con equipos pediátricos entrenados en la detección de Sandifer pueden reducir derivaciones, hospitalizaciones y uso de recursos diagnósticos avanzados, ganando eficiencia y mejorando la experiencia del usuario.

Las EPS que implementen programas de educación clínica orientados a médicos generales y pediatras sobre este diagnóstico pueden disminuir el costo global de la atención y anticipar auditorías sobre pertinencia de estudios de laboratorio, neuroimágenes y medicamentos anticonvulsivantes en menores de 3 años.

Sin embargo, el mayor riesgo recae sobre redes donde el circuito de derivación neurológica se activa sin una revisión clínica orientada a la relación temporal con la alimentación, pues allí el sobrecosto y la insatisfacción parental son inevitables.

Implicaciones para implementación y monitoreo en 2026

La ausencia de datos nacionales y la falta de protocolos explícitos en la guía de ERGE pediátrica sugieren una oportunidad pendiente para el sector. La inclusión del síndrome de Sandifer como diagnóstico diferencial obligatorio en los algoritmos de atención de eventos paroxísticos en lactantes podría reducir tiempos de diagnóstico, evitar tratamientos innecesarios y mejorar la eficiencia económica de EPS e IPS.

El monitoreo futuro debe centrarse en dos frentes:

  • Desarrollo de un protocolo nacional para el registro de Sandifer en el SISPRO, aun cuando implique codificación secundaria
  • Actualización de la Guía de Práctica Clínica de ERGE para incluir algoritmos diferenciales y rutas de derivación específicas

El seguimiento de estos puntos permitirá una reducción tangible de errores diagnósticos y una asignación de recursos más eficiente en el sistema de salud colombiano.

 

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