Cada año, el mundo se detiene en octubre para recordar una de las principales causas de discapacidad y muerte en adultos: el Accidente Cerebrovascular (ACV). Con el lema “Mes Mundial del ACV”, se busca concienciar a la población global sobre la importancia de detectar a tiempo esta enfermedad y entender los factores de riesgo que la propician. Bogotá no es ajena a esta iniciativa y, a través de la Subred Integrada de Servicios de Salud Norte, se ha dado inicio a una serie de actividades conmemorativas cuyo objetivo central es educar a los ciudadanos sobre cómo prevenir, reconocer y actuar frente a un ACV.
El primer paso en esta campaña de sensibilización fue la inauguración de la exposición fotográfica ‘Las Manos que Cuidamos’, una galería que retrata las historias de vida de pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular y cómo este evento ha cambiado sus vidas. “Buscamos sensibilizar más el problema del ACV. A través de esta exposición le damos rostro a las historias que transitan por un accidente cerebrovascular”, explicó Claudio Alejandro Jiménez, líder del programa de ACV de la Subred Norte.
Las imágenes capturadas en esta exposición no solo muestran a los pacientes, sino también a los equipos médicos que les brindan cuidado y apoyo durante el proceso de recuperación. Las manos, que simbolizan tanto la vulnerabilidad de quienes han sufrido un ACV como la fortaleza de quienes los apoyan, son el hilo conductor de esta narrativa visual que ha logrado captar la atención de la comunidad.
El impacto del ACV en Colombia y el mundo
El Accidente Cerebrovascular es responsable de aproximadamente 12.2 millones de casos anuales a nivel global, siendo una de las principales causas de discapacidad adquirida en adultos y la segunda causa más común de demencia. En Colombia, esta enfermedad es la tercera causa de muerte, solo superada por las enfermedades isquémicas del corazón y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). Las cifras locales son alarmantes: en Bogotá, entre 2023 y lo corrido de 2024, 70 personas han fallecido a causa de un ACV, con las localidades de Kennedy, Santa Fe y Bosa liderando las estadísticas de mortalidad.
El problema no solo radica en la letalidad del ACV, sino en su capacidad de generar secuelas permanentes que impactan gravemente la calidad de vida de los sobrevivientes. Esto lo sabe bien Karen Bermúdez, una joven deportista que sufrió un ACV y que, tras un proceso largo y doloroso de recuperación, continúa luchando para retomar su vida. “La recuperación es difícil, mi mano no me quería responder, poco a poco he ido avanzando y ya estoy mejor. No se rindan, aunque es un proceso complejo, es clave la voluntad y constancia para un buen proceso de recuperación. Yo estoy en sexto semestre en la universidad, estoy ahí, sigo adelante”, comenta Karen, dejando en claro que, aunque el camino es arduo, con la ayuda adecuada se puede avanzar.
Factores de riesgo y prevención
El ACV no discrimina, y aunque las personas mayores de 65 años tienen un riesgo más alto, nadie está completamente exento de sufrir uno. Entre los principales factores de riesgo se destacan:
- Hipertensión arterial: El principal factor de riesgo controlable.
- Diabetes: Incrementa la probabilidad de un ACV al dañar los vasos sanguíneos.
- Tabaquismo: El tabaco no solo eleva la presión arterial, sino que también incrementa el riesgo de coágulos.
- Obesidad y colesterol alto: Ambos factores aumentan la posibilidad de obstrucciones en las arterias.
- Enfermedades cardíacas: El mal funcionamiento del corazón puede causar coágulos que llegan al cerebro.
- Predisposición genética: Aunque los factores ambientales y del estilo de vida son clave, los antecedentes familiares también influyen.
- Consumo excesivo de alcohol: Eleva la presión arterial y daña los vasos sanguíneos.
- Sedentarismo: La falta de actividad física incrementa el riesgo cardiovascular.
Dada esta variedad de factores de riesgo, la prevención se convierte en un eje fundamental para reducir la incidencia de ACV. Las autoridades de salud han hecho hincapié en que controlar la presión arterial, dejar de fumar, mantener un peso saludable y realizar ejercicio regular son medidas esenciales para mitigar el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.
Tratamiento temprano
El tratamiento rápido es fundamental cuando se trata de un ACV. Si un paciente recibe atención médica dentro de las primeras horas del evento, se pueden utilizar medicamentos trombolíticos que ayudan a disolver los coágulos y a minimizar los daños cerebrales. Sin embargo, la clave está en que tanto los pacientes como sus familiares reconozcan los síntomas a tiempo.
Los síntomas de un ACV suelen presentarse de manera repentina y pueden incluir:
- Dificultad para hablar o entender el lenguaje.
- Parálisis o debilidad repentina en un lado del cuerpo.
- Problemas de visión en uno o ambos ojos.
- Dolor de cabeza severo y repentino sin causa aparente.
- Pérdida del equilibrio o dificultad para caminar.
En cuanto se identifiquen estos signos, es vital buscar ayuda médica de inmediato.
El compromiso del modelo ‘MAS Bienestar’
El sector público de Bogotá, a través del modelo de atención ‘MAS Bienestar’, está comprometido con llevar estas y otras iniciativas a la población, promoviendo un acceso equitativo a la atención médica oportuna y de calidad. El programa no solo se enfoca en la respuesta inmediata ante un ACV, sino que también busca educar a la población para que puedan identificar los síntomas a tiempo, lo que puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.
Este mes, la ciudad continuará conmemorando el mes del ACV con más actividades informativas y educativas, y reforzando la importancia de la prevención y el tratamiento rápido. La exposición ‘Las Manos que Cuidamos’ seguirá disponible al público en diferentes centros de salud de la ciudad, llevando el mensaje de que, aunque el ACV es una amenaza latente, con las medidas adecuadas, la prevención y el tratamiento a tiempo, se pueden salvar vidas y mejorar la calidad de vida de quienes lo sufren.