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En un momento descrito como de alta presión sobre el sistema de salud, el Índice Nacional de Salud 2025 presentado por el centro de pensamiento Así Vamos en Salud plantea que los avances y rezagos en los resultados del país están más ligados a las condiciones iniciales del territorio, la protección social, los determinantes sociales de la salud y la capacidad efectiva de usar mejor los recursos disponibles, que a transformaciones normativas orientadas a un “cambio de sistema”.
En esa misma línea, advierte que los principales rezagos no se explican por la ausencia de reformas, sino por desigualdades estructurales, brechas territoriales persistentes y una gestión ineficiente de los recursos disponibles.
Un diagnóstico sustentado en 37 indicadores y tres alertas repetidas en el territorio
El Índice consolida un diagnóstico a partir de 37 indicadores y deja un punto de partida explícito para la discusión sectorial. Los resultados reflejan que el desempeño en salud se mueve con el peso de factores previos como la protección social y las condiciones de vida, que siguen marcando diferencias profundas entre territorios urbanos y rurales. Esta lectura busca anclar el debate en la realidad territorial, donde los determinantes sociales y la capacidad instalada terminan definiendo el acceso y la oportunidad, especialmente en zonas con mayor rezago histórico.
En ese marco, se subraya que la presión del sistema exige decisiones de gestión y de política pública con foco en resultados, no solo en arquitectura institucional. De esta manera, se articulan cuatro frentes que se repiten a lo largo del documento: el déficit de talento humano, la eficiencia y eficacia del gasto, la necesidad de fortalecer la atención primaria y la evidencia de que la ruralidad sigue concentrando desenlaces más adversos. La suma de estos elementos configura un mapa de prioridades que, en la práctica, se traducen en tensiones operativas para redes hospitalarias, prestadores y autoridades territoriales.
Cuatro mensajes que estructuran el diagnóstico
- 37 indicadores confirman que los resultados en salud no arrancan desde cero y que las condiciones iniciales siguen pesando en las brechas urbano–rurales.
- “Más gasto no equivale a mejores resultados”, según el análisis por cuartiles citado, porque pesan más la eficiencia del gasto, la atención primaria y la prevención.
- La eficiencia del gasto, la atención primaria y la prevención aparecen como variables con mayor peso que el monto invertido.
- La ruralidad concentra los peores desenlaces y se mantiene rezagada cuando hay menor capacidad instalada y acceso a servicios.
¿Qué muestra el Índice Nacional de Salud 2025 sobre el déficit de talento humano en Colombia?
El Índice ubica el talento humano como una alerta estructural y lo sustenta con una cifra que condensa la magnitud del rezago. Colombia registra 40,5 médicos y enfermeras por cada 10.000 habitantes, con lo cual se ubica en el último lugar del grupo de comparación y por debajo de la meta mínima recomendada por la Organización Mundial de la Salud, establecida en 44,5 por cada 10.000 habitantes. La comparación no se limita a señalar un faltante, sino que presenta este indicador como una variable que condiciona el funcionamiento cotidiano de la atención, especialmente en territorios donde el acceso ya es limitado y la capacidad de respuesta depende de redes con recursos humanos escasos.
Además se agrega que la brecha se vuelve más compleja cuando se observa el desempeño en perfiles clave para la seguridad y la continuidad del cuidado. En el caso de los profesionales farmacéuticos, Colombia aparece en la penúltima posición, lo que evidencia un rezago persistente en perfiles esenciales para la seguridad del paciente, la continuidad de tratamientos y el uso adecuado de medicamentos. Este punto introduce una lectura operativa; no se trata únicamente de cantidad, sino de una disponibilidad desigual de capacidades críticas que impactan procesos clínicos, seguimiento terapéutico y gestión del riesgo en la prestación de servicios.
De esta manera, Así Vamos en Salud sugiere que el talento humano es una condición habilitante para cualquier estrategia de fortalecimiento del sistema, incluyendo atención primaria, prevención y calidad. En territorios con redes frágiles o dispersas, la densidad de personal y la presencia de perfiles especializados pueden marcar diferencias en oportunidad, continuidad y seguridad clínica, particularmente cuando se enfrentan cargas crecientes de enfermedad prevenible o crónica que exigen seguimiento sostenido y capacidad resolutiva en el primer nivel.
Cifras clave del talento humano
- 40,5 médicos y enfermeras por cada 10.000 habitantes.
- Meta mínima referida de la OMS: 44,5 por cada 10.000 habitantes.
- Profesionales farmacéuticos en penúltima posición del grupo de comparación.

La eficiencia del gasto y la prevención como eje para resultados tangibles
Otro punto central es el mensaje de que el gasto, por sí solo, no garantiza desempeño. El Índice sostiene que el análisis por cuartiles muestra que “más gasto no equivale a mejores resultados” y que la discusión debe moverse hacia la eficiencia y eficacia del gasto, junto con la atención primaria y la prevención. La mirada propuesta no niega la importancia del financiamiento, pero insiste en que los resultados se deciden en cómo se asigna, ejecuta y transforma ese gasto en capacidad real de atención, especialmente cuando el sistema opera bajo presión y con brechas territoriales persistentes.
En esa línea, el Índice desarrolla qué se habilita cuando la asignación de recursos se orienta a necesidades críticas y a capacidades que se traducen en resultados. El documento lo expresa como un paquete de acciones que va desde modernización de infraestructura y equipos hasta el fortalecimiento del enfoque preventivo, pasando por calidad y sostenibilidad. El hilo conductor es claro; la eficiencia no se reduce a recortar, sino a asignar con criterio de impacto sanitario, calidad y continuidad, para reducir enfermedad evitable y los costos asociados a atención tardía.
Lo que permite una asignación óptima de recursos
- Modernizar infraestructura y equipos, mejorando seguridad y efectividad de la atención.
- Priorizar necesidades críticas y orientar recursos a problemas de mayor impacto en salud.
- Elevar la calidad de la atención mediante procesos más seguros y mejores estándares técnicos.
- Fortalecer el enfoque preventivo, reduciendo carga de enfermedad evitable y costos asociados a atención tardía.
- Garantizar sostenibilidad del sistema y su capacidad de respuesta frente a necesidades presentes y futuras.
¿Por qué la ruralidad concentra los peores desenlaces sanitarios?
La ruralidad aparece como un punto donde el Índice concentra la alerta por resultados y determinantes. En coherencia con el Índice de Salud Rural, el documento enfatiza que los territorios con menor capacidad instalada y menor acceso a servicios siguen rezagados, y que las brechas territoriales en acceso, capacidad instalada y condiciones de vida “siguen condicionando de manera significativa los desenlaces en salud” de la población rural. Este se instala como una de las claves del Índice, porque conecta desempeño sanitario con realidades materiales y sociales que exceden el ámbito clínico.
En acceso a servicios básicos, el Índice destaca la situación de acueducto y alcantarillado “básico” en zonas rurales y advierte dificultades en la gestión segura de estos servicios. En el grupo de países de la OCDE, Colombia ocupa el segundo puesto más bajo en el indicador relacionado con el desempeño en este ámbito, con 11 puntos para acueducto y 15 puntos para alcantarillado. Además, un punto relevante para lectura sanitaria es que se trata de un servicio básico “NO gestionado de forma segura”, lo que refuerza el carácter crítico del hallazgo cuando se mira desde la salud pública y los riesgos asociados a condiciones de saneamiento insuficientes.
La mención de estos indicadores no aparece como un elemento aislado, sino como parte del mismo hilo territorial. Al poner en diálogo servicios básicos con resultados, el Índice refuerza su premisa de que el desempeño sanitario depende de condiciones iniciales y determinantes sociales, especialmente en territorios donde el rezago estructural se expresa en el día a día de la prestación y la prevención, con barreras que limitan continuidad y oportunidad de la atención.
Datos que sustentan el rezago rural en servicios básicos
- Colombia ocupa el segundo puesto más bajo en la OCDE en el indicador citado para acueducto y alcantarillado “básico” en zonas rurales.
- Puntajes reportados: 11 para acueducto y 15 para alcantarillado.
- Nota metodológica destacada: servicio básico “NO gestionado de forma segura”.
Atención primaria con enfoque intersectorial y determinantes sociales en el centro
Por otra parte, el Índice plantea que el fortalecimiento de la atención primaria requiere un enfoque menos medicalizado y más intersectorial. Esta orientación se presenta como esencial para mejorar resultados y reducir brechas persistentes, al reconocer que la salud no se define únicamente en la oferta asistencial, sino en la articulación entre sectores sociales, económicos y políticos para abordar determinantes sociales de manera integral, con reconocimiento de particularidades socioeconómicas, culturales y estructurales de cada región.
Dicho enfoque no se plantea como un complemento, sino como un requisito para que la atención primaria funcione en contextos de desigualdad y rezago territorial. El Índice resalta que esta perspectiva cobra especial relevancia al contrastar los resultados del Índice de Salud Rural, que evidencia cómo las brechas territoriales en acceso, capacidad instalada y condiciones de vida siguen condicionando los desenlaces. Con ese encuadre, la atención primaria aparece vinculada a prevención, continuidad y coordinación territorial, especialmente cuando se busca que el gasto se traduzca en resultados y no solo en mayor presión sobre el nivel hospitalario.
Elementos del enfoque intersectorial destacados
- Atención primaria con enfoque menos medicalizado y más intersectorial.
- Articulación entre sectores sociales, económicos y políticos para abordar determinantes sociales.
- Reconocimiento de particularidades socioeconómicas, culturales y estructurales por región.
Capacidad instalada y comparación internacional de camas hospitalarias
Ahora bien, la capacidad instalada se presenta como pilar del desempeño sanitario y el Índice la describe como un componente que, al optimizarse, fortalece procesos internos, garantiza disponibilidad de insumos y talento humano, y mejora eficiencia en la prestación sin implicar una reconfiguración estructural del sistema. El mensaje instala una idea de gestión: la mejora del desempeño requiere fortalecer capacidades y procesos dentro de las instituciones, y sostener una red con disponibilidad real para responder cuando aumentan la demanda y las tensiones operativas en el sistema.
En términos comparativos, el Índice incorpora un dato de oferta hospitalaria. Colombia figura como el tercer país con menor cantidad de camas hospitalarias por 1.000 habitantes, con 1,7 por 1.000, mientras los países que lideran la tabla registran más de 12 camas por 1.000 habitantes. La diferencia se presenta como un marcador de capacidad disponible y, en el marco del documento, se conecta con el argumento territorial donde la capacidad instalada es más baja, los rezagos tienden a concentrarse, especialmente si se combinan con barreras de acceso y menor disponibilidad de talento humano.

Resultados prevenibles con foco en crónicas y mortalidad materno-infantil
En el bloque de resultados prevenibles, se destaca la necesidad de fortalecer sistemas de vigilancia de enfermedades crónicas no transmisibles, descritas como responsables de la mayor carga de mortalidad en el país. El documento propone mecanismos de monitoreo permanente que permitan evaluar intervenciones y ajustar estrategias de manera oportuna, poniendo el acento en un seguimiento que no sea estático, sino útil para corregir y sostener resultados en el tiempo.
La mortalidad materno-infantil aparece como el segundo gran frente prevenible y se detalla que su reducción sigue siendo un objetivo prioritario y sostiene que la mayoría de sus causas son altamente prevenibles. Se insiste en tres componentes: prevención, una atención primaria fortalecida y el uso eficiente de los recursos como factores clave para avanzar de manera sostenida en este indicador, conectando el enfoque preventivo con la gestión del gasto y la capacidad instalada disponible en los territorios.
Prioridades prevenibles resaltadas
- Fortalecer vigilancia de enfermedades crónicas no transmisibles con monitoreo permanente para evaluar intervenciones y ajustar estrategias oportunamente.
- Mantener como prioridad la reducción de la mortalidad materno-infantil por causas altamente prevenibles.
- Sostener el avance con prevención, atención primaria fortalecida y uso eficiente de recursos.
Gasto de bolsillo y protección financiera: el indicador que mide la carga directa sobre los hogares
El Índice incorpora el gasto de bolsillo como % del gasto total en salud como un termómetro de protección financiera. Retoma la definición de la OPS y lo describe como “el pago directo requerido en el momento de la utilización”, un enfoque que permite observar cuánto termina asumiendo el usuario en el punto de atención cuando los mecanismos de aseguramiento y financiación no absorben completamente la necesidad. En esa lógica, se subraya que este indicador no solo captura un comportamiento de pago, sino una señal de cómo opera la protección financiera en la práctica, especialmente cuando el acceso oportuno y continuo se vuelve una variable crítica.
El Índice cita el criterio de la OMS para interpretar el riesgo y señala que un gasto de bolsillo que supera el 15% o el 20% del gasto total en salud constituye una “clara señal” de deficiencias en los mecanismos de aseguramiento y en el financiamiento público del sistema sanitario, debido a que empuja a los usuarios a realizar pagos directos significativos al acceder a servicios, con potencial impacto sobre estabilidad económica y calidad de vida. Bajo ese marco, el Índice enfatiza la importancia de medir el indicador de forma continua, porque facilita identificar inequidades de acceso y brechas dentro del sistema.
Al revisar el desempeño de los países que conforman la OCDE, el Índice reporta que el promedio general del indicador es de 18,9%, aunque advierte una variabilidad amplia entre naciones, con valores que oscilan entre 8,7% y 39%. En el extremo de mejor desempeño se ubica Luxemburgo como el país con menor gasto de bolsillo dentro del grupo, mientras Francia destaca por reportar 8,92%. En contraste, México aparece con el peor desempeño al registrar 39%, seguido por Chile (35%), Grecia (33,5%), Lituania (31,8%), Letonia (30,7%) y Corea (30,2%), lo que el documento asocia con diferencias sustantivas en los mecanismos de protección financiera y aseguramiento sanitario de cada país.
En la lectura comparada que propone el Índice, Colombia aparece con un puntaje de 81 en el “valor normalizado del gasto de bolsillo como % del gasto total en salud” y una variación de +1,6% (marcada como mejora respecto al valor previo). A su vez, se precisa que, dentro de los países integrantes de la OCDE, el 66% mostró una mejora en el indicador al fortalecer mecanismos de protección financiera, mientras el 32% descendió en comparación con los valores reportados en la versión anterior del Índice, lo que reabre la discusión sobre políticas para garantizar acceso equitativo sin riesgos económicos para la población.
Claves del indicador
- Promedio del grupo OCDE: 18,9%; rango observado: 8,7% a 39%.
- Mejores desempeños citados: Luxemburgo y Francia (8,92%).
- Peor desempeño citado: México (39%), seguido por Chile (35%) y Grecia (33,5%).
- Colombia: puntaje 81 y variación +1,6%
En síntesis, el Índice Nacional de Salud 2025 deja un mensaje de gestión y capacidad; el desempeño del sistema seguirá condicionado mientras persistan brechas estructurales en talento humano y capacidad instalada, porque ambos componentes determinan la oportunidad, continuidad y seguridad de la atención, y se vuelven aún más críticos en territorios donde la ruralidad concentra rezagos de acceso y determinantes sociales. Bajo esa perspectiva, el debate no se agota en ajustes normativos, sino en la posibilidad real de convertir recursos en resultados mediante eficiencia del gasto, fortalecimiento de atención primaria y prevención, y decisiones sostenibles orientadas a cerrar desigualdades que hoy limitan la respuesta del sistema.
Descargue aquí el informe completo de Así Vamos en Salud:




