Colombia enfrenta un proceso acelerado de envejecimiento demográfico. Actualmente cerca de 7,9 millones de personas tienen 60 años o más, lo que representa aproximadamente el 15% de la población nacional. Según cifras proyectadas del DANE, para 2036 habrá más personas mayores de 60 años que menores de 15 años y, para 2050, uno de cada cuatro colombianos estará en ese grupo poblacional.
Este cambio demográfico plantea importantes desafíos para el sistema de salud y de cuidado, especialmente en materia de salud mental, donde la evidencia científica advierte un aumento de problemas como la depresión, el deterioro cognitivo, las demencias, la ansiedad, la soledad y la fragilidad, condiciones que afectan la calidad de vida, la autonomía y el bienestar de las personas mayores, generando mayores necesidades de cuidado y apoyo tanto para las familias como para los servicios de salud.
Precisamente por eso, preocupa el aumento de los casos de deterioro cognitivo y las demencias asociadas al envejecimiento, la coexistencia de enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes y la enfermedad coronaria con trastornos mentales. La evidencia también muestra una estrecha relación entre la fragilidad física, la pérdida de masa muscular, la depresión, la soledad y el aislamiento social. Hallazgos reportados por Pérez Covo y colaboradores muestran además que la fragilidad y la depresión suelen coexistir y potenciar el riesgo de enfermedad cardiovascular en esta población.
La preocupación por las demencias es especialmente relevante frente al Alzheimer. En este campo, investigaciones lideradas por Tariot y colaboradores han aportado evidencia desde Colombia sobre población con riesgo genético de desarrollar esta enfermedad, reflejando la importancia que tienen la detección temprana y la investigación científica para enfrentar uno de los mayores desafíos del envejecimiento.
Las consecuencias de la pandemia
Los estudios posteriores a la pandemia sugieren que el aislamiento social afectó de manera importante el bienestar psicológico de los adultos mayores. Por ejemplo, la investigación de Derrer-Merk publicada en 2026 encontró que la pandemia modificó profundamente las experiencias de bienestar de las personas mayores, destacando la importancia del apoyo social, la participación comunitaria y las relaciones familiares para mantener una buena salud mental.
Los cambios familiares derivados de la pandemia también implicaron mayor carga de cuidado para algunos hogares, incrementando sentimientos de soledad, reduciendo la interacción presencial con las redes de apoyo y acumulando procesos de duelo por el fallecimiento de familiares y amigos. Estas situaciones evidenciaron que el bienestar emocional en la vejez depende tanto de la atención en salud como de los vínculos sociales y familiares.
Así mismo, la depresión en adultos mayores suele confundirse con cambios asociados al envejecimiento, lo que dificulta su identificación oportuna. Síntomas como la fatiga, la disminución de la energía, las alteraciones del sueño, una menor participación social y algunos cambios cognitivos, suelen interpretarse erróneamente como parte natural de esta etapa de la vida. Estudios desarrollados en población colombiana, como los realizados por Avendaño-Montañez y colaboradores, han encontrado además una estrecha relación entre síntomas depresivos y deterioro cognitivo leve, lo que complejiza aún más el diagnóstico diferencial.
Los factores individuales más consistentemente asociados al deterioro de la salud mental son la fragilidad, padecer enfermedades crónicas, la dependencia funcional y la discapacidad, así como la ansiedad, la depresión y el estrés relacionado con enfermedades neurodegenerativas. En el ámbito social, aparecen factores determinantes como la soledad, el aislamiento, la escasa integración comunitaria y el maltrato. Investigaciones realizadas por Osuna, Jaramillo y Ailshire muestran que las características del entorno físico y comunitario pueden influir directamente sobre el riesgo de depresión en las personas mayores, como viviendas inadecuadas o entornos urbanos poco amigables.
El reto para el sistema de salud, las familias y el Estado
En los últimos años se ha observado un creciente desarrollo de herramientas de tamizaje, programas de prevención del deterioro cognitivo e investigaciones enfocadas en la atención de las demencias. Estos avances son un paso importante, pero la magnitud del envejecimiento poblacional, el aumento de las enfermedades neurodegenerativas y la coexistencia de condiciones físicas y mentales sugieren que la demanda de servicios especializados continuará creciendo durante las próximas décadas.
A esto se suma que muchos adultos mayores consultan inicialmente por síntomas físicos y no emocionales, lo que dificulta la detección temprana de trastornos como la depresión. En consecuencia, una proporción importante de los casos puede permanecer sin diagnóstico o recibir atención tardía, lo que refuerza la necesidad de fortalecer el tamizaje en los servicios de atención primaria. De hecho, Campo-Arias y su equipo han desarrollado herramientas orientadas a mejorar la identificación temprana de la depresión en este nivel de atención.
Debido a todo esto, resulta necesario fortalecer la atención primaria en salud mental y mejorar la detección temprana de la depresión y el deterioro cognitivo. Asimismo, sería estratégico ampliar los servicios comunitarios dirigidos a las personas mayores y brindar capacitación y apoyo a cuidadores formales e informales, quienes desempeñan un papel fundamental en el bienestar y la calidad de vida de esta población.
Además, estudios como el ensayo latinoamericano liderado por Crivelli y colaboradores sugieren que intervenciones que combinan actividad física, estimulación cognitiva, alimentación saludable y control de factores de riesgo cardiovascular pueden contribuir a prevenir o retrasar el deterioro cognitivo.
En la misma línea, investigaciones desarrolladas por Belalcazar, Callary y Young muestran que la pertenencia a grupos sociales, culturales, recreativos o deportivos constituye un importante factor protector frente al aislamiento y favorece el bienestar emocional durante la vejez. Promover estos espacios de encuentro puede ser tan relevante como muchas intervenciones clínicas cuando se trata de preservar la salud mental de las personas mayores.
Los servicios de salud tienen el reto de incorporar el tamizaje sistemático y oportuno de la depresión y el deterioro cognitivo, desarrollar programas interdisciplinarios para la atención de esta población e integrar de manera efectiva la salud física y la salud mental. También será necesario fortalecer el apoyo a los cuidadores familiares, quienes suelen asumir una parte importante de la atención cotidiana.
Las familias, por su parte, pueden contribuir manteniendo vínculos afectivos permanentes con sus familiares mayores, promoviendo su participación en las decisiones del hogar y previniendo situaciones de abandono, exclusión o maltrato. Porque en una sociedad que envejece aceleradamente, el cuidado no puede entenderse únicamente como una responsabilidad individual, sino como un compromiso compartido.
Por su parte, el Estado tiene la responsabilidad de diseñar políticas integrales de envejecimiento saludable, fortalecer los programas de prevención de la depresión y las demencias, promover entornos urbanos amigables para las personas mayores y reducir las desigualdades sociales que afectan su bienestar. Preparar al país para una transición demográfica irreversible será una tarea tan importante como ampliar la cobertura de los servicios de salud.
Y es que la salud mental en la vejez depende tanto de factores clínicos como sociales. Por eso, las intervenciones más efectivas son aquellas que combinan atención sanitaria, participación comunitaria, apoyo familiar y políticas públicas orientadas al envejecimiento activo. Colombia no debe preguntarse únicamente cuántos años vivirán sus ciudadanos, sino en qué condiciones emocionales, cognitivas y sociales llegarán a esa etapa de la vida. Garantizar una vejez mentalmente saludable será uno de los principales desafíos del sistema de salud en las próximas décadas.
Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente a su autor y no comprometen la línea editorial de CONSULTORSALUD.
Referencias
- Avendaño-Montañez, A. F., Santacruz-Ortega, M. P., & Avendaño-Prieto, B. L. (2026). Interaction of depressive symptoms and activities of daily living with mild cognitive impairment. Brazilian Journal of Psychiatry. https://doi.org/10.47626/1516-4446-2024-4037
- Belalcazar, C., Callary, B., & Young, B. W. (2026). Sense of community narratives in Colombian masters swimming. Journal of Community Psychology. https://doi.org/10.1002/jcop.70127
- Campo-Arias, A., Pedrozo-Pupo, J. C., & Caballero-Domínguez, C. C. (2026). Primary care screening questionnaire for depression (PQS4D). Salud Uninorte. https://doi.org/10.14482/sun.42.02.145.252
- Crivelli, L., et al. (2026). Multidomain lifestyle intervention for the prevention of cognitive decline in at-risk older adults in Latin America (LatAm-FINGERS): A single-blind, multicentre, randomised controlled trial. The Lancet. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(26)01278-X
- DANE. (2025). Proyecciones de población. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/demografia-y-poblacion/proyecciones-de-poblacion
- Derrer-Merk, E., et al. (2026). Towards a theory of older adults’ well-being during the COVID-19 pandemic: A qualitative approach. Journal of Ageing and Longevity. https://doi.org/10.3390/jal6010018
- Osuna, M., Jaramillo, A., & Ailshire, J. (2026). The relationship between housing, neighborhood and community infrastructure and older adult depression in Colombia. Wellbeing, Space and Society. https://doi.org/10.1016/j.wss.2026.100343
- Pabón-Poches, D. K., et al. (2026). Risk factors for elder abuse in the Global South: A case study in northeastern Colombia. Aging and Mental Health. https://doi.org/10.1080/13607863.2025.2517676
- Pérez Covo, D. A., et al. (2026). Overlap of frailty and depression and its association with cardiovascular disease. Clinical Medicine Insights: Cardiology. https://doi.org/10.1177/11795468261475707
- Tariot, P. N., et al. (2026). Safety and efficacy of crenezumab in cognitively unimpaired carriers of the PSEN1 mutation at risk for Alzheimer’s disease in Colombia. The Lancet Neurology. https://doi.org/10.1016/S1474-4422(25)00426-0