La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó la segunda edición de sus directrices para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia, una actualización de las recomendaciones emitidas en 2019 que examinó intervenciones relacionadas con actividad física, alimentación, tabaco, consumo perjudicial de alcohol, participación social, enfermedades cardiometabólicas, pérdida auditiva y contaminación del aire.
El documento parte de una estimación que requiere una lectura cuidadosa: hasta el 45 % del riesgo de demencia puede atribuirse a factores modificables. Esto no significa que el 45 % de todos los casos pueda evitarse con certeza ni que exista una intervención aislada capaz de impedir la enfermedad. La cifra señala el margen potencial para prevenir o retrasar parte de la carga mediante acciones acumulativas a lo largo de la vida.
La guía recordó que en 2021 se estimaba que 57 millones de personas vivían con demencia en el mundo y que más del 60 % se encontraba en países de ingresos bajos y medianos. Ante la ausencia de una cura y de tratamientos modificadores de la enfermedad ampliamente accesibles, la reducción del riesgo continúa siendo una de las principales herramientas disponibles para modificar su trayectoria futura.
¿A quién están dirigidas las nuevas directrices sobre demencia?
Las recomendaciones se aplican a adultos que no viven con demencia, incluidas personas con cognición normal, deterioro cognitivo leve o alguna condición de salud adicional. Están dirigidas principalmente a profesionales que trabajan en establecimientos de primer y segundo nivel, aunque también pueden orientar a responsables de políticas y programas de salud pública.
La OMS aclaró que las directrices no reemplazan las guías clínicas para diagnosticar o tratar hipertensión, diabetes, obesidad, depresión, VIH, trastornos del sueño u otras condiciones. Su propósito es determinar si las intervenciones frente a esos factores aportan un beneficio adicional para reducir el deterioro cognitivo o el riesgo de demencia.
¿Qué cambió frente a la edición de 2019?
La actualización se apoyó en una revisión de alcance realizada en 2024 para establecer si la nueva evidencia podía modificar las recomendaciones anteriores. El grupo elaborador formuló 16 preguntas de investigación: ocho correspondieron a temas ya incluidos y ocho abordaron nuevos asuntos.
Las preguntas actualizadas examinaron entrenamiento cognitivo, actividad social, alimentación, obesidad, diabetes, hipertensión, pérdida auditiva y depresión. Los nuevos análisis abarcaron contaminación del aire, VIH, terapia hormonal de la menopausia, intervenciones multidominio, sueño, accidente cerebrovascular, traumatismo craneoencefálico y deterioro visual.
El grupo también validó seis recomendaciones anteriores relacionadas con cinco factores: actividad física, consumo perjudicial de alcohol, tabaco, dislipidemia y uso de suplementos alimentarios. Validar una recomendación significó que continuaba siendo pertinente y no requería una nueva revisión completa de la evidencia.
Actividad física, alimentación y tabaco: qué recomienda la OMS
Las recomendaciones no tienen todas la misma fuerza ni cuentan con igual certeza científica. Una recomendación condicional indica que su aplicación debe considerar las necesidades de la persona, las preferencias, la disponibilidad de recursos y el contexto clínico, cultural y social.
| Intervención | Recomendación y certeza de la evidencia |
|---|---|
| Actividad física | Debe recomendarse a adultos con cognición normal para reducir el riesgo de deterioro cognitivo. Recomendación fuerte, evidencia moderada. En deterioro cognitivo leve, puede recomendarse para reducir el deterioro cognitivo; recomendación condicional, evidencia baja. |
| Cesación del tabaco | Deben ofrecerse intervenciones a los adultos que consumen tabaco. Recomendación fuerte, evidencia baja. |
| Consumo perjudicial de alcohol | Pueden ofrecerse intervenciones para reducirlo o suspenderlo, incluido el apoyo a personas con dependencia. Recomendación condicional, evidencia moderada. |
| Alimentación saludable | Puede recomendarse un patrón alimentario equilibrado a adultos con cognición normal o deterioro cognitivo leve. Recomendación condicional, evidencia moderada. |
| Entrenamiento cognitivo | Puede ofrecerse a personas mayores con cognición normal o deterioro cognitivo leve. Recomendación condicional, evidencia baja. |
| Estimulación cognitiva | Pueden promoverse programas estructurados y actividades cotidianas como lectura, narración y juegos. Recomendación condicional, evidencia muy baja. |
| Actividad social | Pueden recomendarse intervenciones que aumenten la participación social. Recomendación condicional, evidencia muy baja. |
La tabla muestra por qué no resulta correcto presentar todas las medidas como intervenciones “probadas” para prevenir demencia. La actividad física en adultos con cognición normal recibió uno de los respaldos más sólidos, mientras que la evidencia para estimulación cognitiva y actividad social continuó siendo de certeza baja o muy baja.
Control cardiovascular y salud auditiva entran en la prevención
La OMS incluyó el manejo de la hipertensión y la diabetes entre las intervenciones que pueden ofrecerse para reducir específicamente el riesgo de deterioro cognitivo o demencia. Sin embargo, ambas recomendaciones fueron condicionales y estuvieron respaldadas por evidencia de certeza muy baja.
El manejo de la dislipidemia puede ofrecerse durante la mediana edad, con una recomendación condicional y evidencia baja. Para las personas con sobrepeso u obesidad, la guía contempló intervenciones de restricción alimentaria y medidas dirigidas a reducir el exceso de peso, especialmente durante la mediana edad.
En materia de salud sensorial, los audífonos pueden ofrecerse a adultos con pérdida auditiva como parte de una estrategia de reducción del riesgo. Esta recomendación también fue condicional y se sustentó en evidencia baja.
La lectura sectorial no consiste en asumir que controlar una enfermedad crónica garantizará la prevención de la demencia. El valor de estas recomendaciones está en reconocer que la salud cerebral comparte factores de riesgo con las enfermedades cardiovasculares y metabólicas, lo que abre oportunidades para integrar las intervenciones en servicios que ya atienden estas condiciones.
Contaminación del aire e intervenciones multidominio
La segunda edición incorporó recomendaciones para reducir la exposición a la contaminación del aire ambiental, especialmente a partículas PM2,5, y a la contaminación intradomiciliaria. En ambos casos, la recomendación fue condicional y la certeza de la evidencia se clasificó como muy baja.
Su inclusión amplió la prevención más allá de las decisiones personales. La posibilidad de mantener actividad física, acceder a alimentos saludables o disminuir la exposición a contaminantes depende también de entornos, políticas públicas y condiciones socioeconómicas que no están bajo el control exclusivo de cada individuo.
Una de las nuevas recomendaciones con mayor certeza fue la aplicación de intervenciones multidominio adaptadas. Estas estrategias actúan simultáneamente sobre varios riesgos y pueden combinar actividad física, alimentación, estimulación cognitiva, interacción social y control cardiometabólico. La recomendación fue condicional, pero la certeza de la evidencia se ubicó entre moderada y alta.
La adaptación supone seleccionar los componentes de acuerdo con los riesgos presentes, ajustar la intensidad y la modalidad de prestación y considerar las condiciones culturales, socioeconómicas y de disponibilidad de recursos.
La OMS no recomienda suplementos para prevenir la demencia
La guía emitió una recomendación fuerte en contra de utilizar suplementos de vitaminas B y E, ácidos grasos omega-3, multivitamínicos o minerales con el propósito específico de reducir el riesgo de deterioro cognitivo o demencia cuando no existe una deficiencia establecida.
La recomendación no equivale a una prohibición general. Los suplementos pueden estar indicados ante una deficiencia diagnosticada o por otras razones clínicas, pero no deberían ofrecerse como una estrategia específica de prevención de demencia en personas sin esas deficiencias.
La terapia hormonal de la menopausia tampoco se recomienda con el propósito específico de reducir el riesgo de deterioro cognitivo o demencia en mujeres posmenopáusicas de 65 años o más. La OMS precisó que su uso principal corresponde al manejo de síntomas vasomotores y genitourinarios, no a la prevención de demencia.
¿Dónde continúa siendo insuficiente la evidencia?
La OMS no encontró evidencia suficiente para recomendar el tratamiento de la depresión específicamente con el objetivo de reducir el riesgo de deterioro cognitivo o demencia. Esto no modifica la indicación de diagnosticar y tratar la depresión conforme a las guías correspondientes.
Después de un accidente cerebrovascular, la insuficiencia de evidencia se refiere concretamente a los tratamientos farmacológicos utilizados habitualmente para disminuir el riesgo de recurrencia cuando se evalúan con el objetivo específico de prevenir deterioro cognitivo o demencia. La guía no cuestiona el tratamiento general ni la prevención secundaria del accidente cerebrovascular.
También persistieron vacíos sobre intervenciones específicas posteriores a un traumatismo craneoencefálico, tratamiento del deterioro visual, medidas para mejorar la calidad o duración del sueño y selección de una combinación antirretroviral sobre otra para reducir el riesgo de demencia. En las personas con VIH, los esquemas deben continuar definiéndose según el control de la enfermedad y las preferencias del paciente.
¿Qué lectura ofrece la directriz para el sector salud colombiano?
Las recomendaciones no constituyen una nueva norma, una ruta obligatoria ni una modificación automática de la práctica clínica en Colombia. Su valor para el sector está en proporcionar una base técnica para revisar cómo la salud cerebral puede incorporarse en la atención primaria, el manejo de enfermedades no transmisibles, los servicios de envejecimiento y las intervenciones comunitarias.
Para prestadores, aseguradores y autoridades territoriales, una lectura operativa podría incluir la identificación integral de factores modificables, el fortalecimiento de la cesación del tabaco, la promoción segura de actividad física, el control de hipertensión y diabetes y la detección y atención de la pérdida auditiva. Esta es una interpretación de implementación y no una instrucción regulatoria derivada de la guía.
La OMS recomendó integrar estas acciones en los sistemas sanitarios y sociales existentes, combinar modalidades presenciales y digitales, fortalecer las capacidades del talento humano y mantener procesos de seguimiento y evaluación. También señaló que la equidad debe ser transversal, debido a las brechas que afectan especialmente a personas mayores, comunidades rurales, poblaciones socioeconómicamente desfavorecidas y países de ingresos bajos y medianos.
La inclusión de la contaminación del aire muestra, además, que una estrategia de reducción del riesgo no puede descansar únicamente en la consulta clínica. Algunas intervenciones requieren coordinación entre salud pública, planificación territorial, ambiente, transporte y políticas sociales.
Las directrices reconocen límites importantes
Pese al crecimiento de la evidencia desde 2019, la OMS advirtió que una parte considerable procede de estudios observacionales y que existen relativamente pocos ensayos controlados aleatorizados capaces de demostrar causalidad.
También identificó seguimientos cortos, uso poco frecuente de la demencia o el deterioro cognitivo leve como desenlaces principales, escasos análisis por edad, sexo, condición socioeconómica o riesgo genético y una concentración de estudios en países de ingresos altos. La evidencia sobre factibilidad, escalabilidad y costo-efectividad también continúa siendo limitada.
La dimensión económica refuerza la necesidad de abordar el problema: el comunicado de la OPS estimó que la demencia representa un costo anual de USD 1,3 billones para la economía mundial y que aproximadamente la mitad corresponde a cuidados no remunerados proporcionados por familiares y personas cercanas.
Las nuevas directrices no establecen una fórmula única para impedir la demencia. Su planteamiento central es acumulativo: proteger la salud cerebral exige actuar durante todo el curso de vida, combinar varios factores de riesgo e integrar las intervenciones con los servicios sanitarios, sociales y comunitarios existentes.