Comer con sentido, educar en contexto: resignificar la EAN desde la salud pública

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Comer con sentido, educar en contexto resignificar la EAN desde la salud pública

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Autores: Patricia Molano, Liseth Pava, Sandra Jiménez

La educación alimentaria y nutricional (EAN) es una estrategia educativa promovida por la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que busca generar capacidades para que las personas tomen decisiones alimentarias saludables. En ese sentido, se constituye en una apuesta educativa esencial para la promoción de la seguridad y la soberanía alimentaria en el campo de la salud pública. Sin embargo, la efectividad de los procesos educativos para la construcción de prácticas alimentarias saludables, sostenibles y culturalmente apropiadas continúa siendo un reto para las entidades que abogan por la garantía del derecho humano a la alimentación (ICBF, 2023).

En consecuencia, la FAO y la OMS han venido adelantando esfuerzos importantes para posicionar la EAN como una estrategia que trasciende la simple difusión de información, y que posibilita la generación de entornos para una alimentación saludable y sostenible dentro y fuera del ámbito escolar como es el caso de la estrategia de EAN-Escolar que busca contribuir de manera más efectiva en la transformación de las prácticas alimentarias desde un abordaje familiar y comunitario con un enfoque de sistemas alimentarios (FAO, 2022).

No obstante, en la práctica, la ausencia de una definición pedagógica clara que oriente los procesos educativos tendientes al desarrollo de capacidades desde la estrategia EAN, dificulta la apropiación de prácticas alimentarias y nutricionales adecuadas. En gran parte del país, estas acciones continúan ancladas a estrategias de Información, Educación y Comunicación (IEC) que suelen quedarse en el componente informativo, reduciendo nuevamente la posibilidad de construir entornos saludables y evidenciando una gama variable en el desarrollo de paquetes de intervenciones -asistencias técnicas, construcción de huertas, festivales y ferias de servicios- en el marco de un conjunto de orientaciones metodológicas y didácticas que, sin una clara definición de la apuesta pedagógica que les de fundamento, fácilmente confunden el sentido del cambio esperado limitando su accionar (MSPS, 2016; FAO, 2022; ICBF, 2023).

Esta limitación se vuelve aún más evidente cuando se reconoce que no basta con tener en cuenta orientaciones de política si no existen condiciones reales para garantizar el derecho humano a la alimentación en sus cuatro componentes: disponibilidad de alimentos en cantidad y calidad suficientes; accesibilidad física y económica a los alimentos; adecuación cultural de los alimentos y sostenibilidad para que las generaciones presentes y futuras puedan disponer y acceder a los alimentos.

Avanzar en este sentido requiere no solo la generación de oportunidades para el desarrollo de sistemas alimentarios sostenibles, sino también el fortalecimiento de capacidades personales, institucionales y sociales que desde apuestas pedagógicas claramente definidas orienten los procesos educativos para que contribuyan de manera efectiva al desarrollo de prácticas alimentarias saludables, sostenibles y culturalmente apropiadas.

Es justamente en este punto donde resulta indispensable detenernos a mirar los determinantes sociales de las prácticas alimentarias. Las decisiones alimentarias que tomamos a diario están constantemente influenciadas por intersecciones entre determinantes estructurales, intermedios e individuales que atraviesan nuestra forma de comprender, vivir y, por supuesto, de alimentarnos. Destapar una botella, sembrar una planta de tomillo o pasar la hora del almuerzo sin comer son ejemplos de las muchas decisiones que creemos haber tomado por nuestra propia cuenta, cuando en realidad están profundamente condicionadas por los contextos sociales y las condiciones de vida en las que hemos crecido.

Las condiciones económicas, políticas, sociales y culturales —aquellas que determinan si tenemos tiempo, recursos, disponibilidad, acceso físico o incluso conocimiento para decidir— moldean de manera profunda nuestras prácticas alimentarias. Estudios recientes han demostrado que la inseguridad alimentaria, el nivel educativo, la segregación territorial y el entorno alimentario condicionan tanto la calidad de la alimentación como los comportamientos alimentarios, mucho más que la “fuerza de voluntad” individual (Arbieto Sikos et al., 2025; Hernández-Pérez et al., 2025). Comprender este entramado es fundamental para quien educa en alimentación y nutrición.  

En este sentido, las prácticas alimentarias no son un asunto aislado de preferencias personales, son en esencia una respuesta adaptativa a realidades que las personas viven en sus hogares, barrios, escuelas y territorios. El acceso desigual a alimentos frescos, la carga de cuidado que recae mayoritariamente en las mujeres, la presencia de desiertos alimentarios o la pérdida de prácticas culturales alimentarias actúan como determinantes intermedios que orientan qué y cómo comemos (FAO, 2025; Hernández-Moreno et al., 2024). Aunado a ello, trayectorias de vida atravesadas por enfermedades, afectaciones de salud mental y bienestar emocional, así como preferencias alimentarias construidas social y culturalmente, se convierten en elementos cercanos y personales que, aunque menos visibles, pesan profundamente en nuestras decisiones cotidianas.

En una ciudad como Bogotá, estas dinámicas se expresan con claridad. Existen entornos donde conseguir una fruta puede ser más difícil que encontrar una gaseosa, y donde la publicidad y el mercadeo nos invitan —casi sin darnos cuenta— a preferir productos ultraprocesados que nutren poco. Esto obliga a muchas familias a ajustar su alimentación según lo que hay cerca, lo que alcanza o el tiempo que queda después de largos trayectos en transporte. A esto se suma la carga de cuidado, que recae principalmente en las mujeres y reduce el margen para planear o preparar alimentos frescos; o la diversidad cultural de la ciudad, donde hogares migrantes, indígenas o afrodescendientes luchan por mantener vivas sus prácticas alimentarias en medio de barreras económicas y territoriales.

Todo ello confirma que, en Bogotá, cada elección alimentaria es el reflejo vivo de condiciones materiales, territoriales, culturales y personales que configuran la vida cotidiana. Es allí donde la educación alimentaria y nutricional cobra pleno sentido: cuando interactúa con los componentes del derecho a la alimentación y con los determinantes de la seguridad y la soberanía alimentaria, y cuando reconoce que educar implica comprender primero las realidades que enmarcan las decisiones de cada familia, comunidad o territorio para luego comprometerse con su transformación. Desde esta perspectiva, la EAN se convierte en un proceso profundamente social y crítico, capaz de dialogar con la vida cotidiana y de contribuir, de manera más justa y efectiva, a la transformación de las prácticas alimentarias.

Poner la mirada en la educación alimentaria y nutricional desde una propuesta pedagógica crítico-dialógica responde a una apuesta profundamente política y ética que cuestiona una forma de educar que se ha centrado únicamente en informar y prescribir qué, cómo y cuándo comer. Esta mirada resulta insuficiente cuando se contrasta con las realidades sociales, territoriales y culturales que condicionan las prácticas alimentarias, tal como se ha evidenciado a lo largo de esta reflexión. Educar en alimentación no puede limitarse a transmitir contenidos; exige problematizar el acto educativo y reconocer que las decisiones alimentarias se construyen en contextos concretos de vida.

En este sentido, la estrategia distrital de educación alimentaria y nutricional orientada al desarrollo de capacidades desde una apuesta pedagógica dialógica reconoce al otro como sujeto activo, capaz de reflexionar y decidir sobre las prácticas alimentarias construidas históricamente con su grupo vital más cercano, ya sea por tradición cultural o por condiciones económicas y sociales específicas.

Comprender en el encuentro educativo que la alimentación es un proceso social, cultural y territorial que genera identidad y sentido de pertenencia, implica reorientar las acciones educativas para superar el reduccionismo tradicional de lo educativo y la prescripción instrumental que ha caracterizado buena parte de las intervenciones en este campo.

Desde un enfoque pedagógico crítico, la EAN se fortalece en el diálogo, la participación y el reconocimiento de los saberes y experiencias de las personas y comunidades. Educar implica escuchar, comprender y negociar significados en torno a la alimentación, y reconstruir colectivamente prácticas contextualizadas donde el cuidado y el bienestar sean centrales. No se trata de imponer un conocimiento estandarizado, sino de propiciar el encuentro entre lo tradicional y lo cotidiano con las orientaciones técnicas en alimentación y nutrición, de manera que la alimentación siga siendo un derecho y no un privilegio, donde el Estado, las políticas públicas y la acción intersectorial sigan siendo parte de esta garantía.     

En este marco, la escuela se proyecta como un escenario privilegiado para la reflexión y la acción colectiva en torno a prácticas alimentarias contextualizadas. Espacios como huertas escolares y comunitarias, comedores, visitas a plazas de mercado, talleres de recetas tradicionales y saludables, o el reconocimiento de los sistemas alimentarios locales, permiten apostar por transformaciones desde lo cercano y lo territorial. Estas experiencias no solo fortalecen la soberanía alimentaria, sino que también cuidan la salud, resignifican las tradiciones y promueven formas más justas y sostenibles de alimentarse.

Resignificar la educación alimentaria y nutricional desde una apuesta pedagógica crítica implica, entonces, reconocer cuáles son las intencionalidades educativas que orientan estos escenarios y situar el desarrollo de capacidades como eje central de la acción. Se trata de formar sujetos reflexivos, críticos y comprometidos, con capacidad de comprender la alimentación como una práctica cotidiana cercana con profundo sentido social y político, y no como el simple cumplimiento de una lista de consumo o la promoción de hábitos individuales descontextualizados.

Esto demanda abrir espacios permanentes de diálogo y formación que permitan cuestionar los modelos estandarizados de alimentación que se prescriben de manera instruccional desconociendo la existencia de otras experiencias posibles con las que co-construir, junto con las comunidades, prácticas que hagan sentido, se apropien y se integren al cuidado de la vida y del bienestar colectivo.

Por tanto, la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá, propone una reflexión crítica sobre el sentido y la necesidad de avanzar en el abordaje integral de los determinantes sociales de las prácticas alimentarias fortaleciendo la acción intersectorial para la garantía de la seguridad y la soberanía alimentaria y al mismo tiempo, el desarrollo de capacidades en el campo de la salud pública a través de una apuesta pedagógica crítico-dialógica que dé sentido a los procesos educativos y concrete la posibilidad de construir de manera autónoma prácticas alimentarias saludables, sostenibles y culturalmente apropiadas.

Comer con sentido y educar en contexto implica reconocer que la educación alimentaria y nutricional no se trata solo de enseñar qué comer, sino de acompañar a las personas y comunidades en el proceso de comprender por qué, cómo y desde dónde se alimentan. Solo así podremos resignificar la EAN desde una perspectiva crítica de la salud pública que permita fortalecer en las personas su capacidad y autonomía para construir una vida saludable.

Bibliografía:

  • Arbieto Sikos, B. A., Soncco Silva, Y. L., Tupac Yupanqui Esquivel, M. A., & Dioses Urbina, S. M. (2025). Public policies, nutritional food security and sustainable development goals in Latin America. Food Science and Technology, 13(2), 186–193. https://doi.org/10.13189/fst.2025.130207
  • Food and Agriculture Organization of the United Nations, International Fund for Agricultural Development, Pan American Health Organization, United Nations Children’s Fund, & World Food Programme. (2025). América Latina y el Caribe: Panorama regional de la seguridad alimentaria y la nutrición 2024: Fomentando la resiliencia frente a la variabilidad del clima y los eventos extremos para la seguridad alimentaria y la nutrición. FAO. https://doi.org/10.4060/cd3877es
  • Food and Agriculture Organization of the United Nations, International Fund for Agricultural Development, World Health Organization, World Food Programme, & United Nations Children’s Fund. (2024). El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2024: Financiación para acabar con el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en todas sus formas. FAO. https://doi.org/10.4060/cd1254es
  • Gupta, P. (2024). A systematic review on women’s participation in agricultural work and nutritional outcomes [Paper presentation]. The Indian Economic Journal, número especial (diciembre). Presentado en el 107th Annual Indian Economic Association Conference, Kurukshetra University, Haryana, India, 28–30 de diciembre de 2024. ISSN 0019-4662.
  • Hernández-Moreno, A., Vásquez-Palma, O., Gutiérrez-Gutiérrez, F., Cordero-Ahiman, O., Celedón-Celis, N., & Hochstetter-Diez, J. (2024). Analysis of food security of older rural Indigenous people in Latin America and the Caribbean. Foods, 13(11), Article 1772. https://doi.org/10.3390/foods13111772
  • Hernández-Pérez, N., Castillo-Díaz, F. J., Pérez y Soto-Domínguez, A., & Belmonte-Ureña, L. J. (2025). Economic drivers of food security in Latin America: A composite indicator analysis. Sustainable Development, 33(Suppl. 1), 1078–1090. https://doi.org/10.1002/sd.70051
  • Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, & Universidad Nacional de Colombia. (2023). Cuaderno de prácticas en educomunicación para la educación alimentaria y nutricional (Primera edición). ICBF.
  • Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. (2022). Educación alimentaria y nutricional en las escuelas: Creando medios de alimentación saludables y sostenibles para la próxima generación. Un libro blanco sobre el estado actual, principios, desafíos y recomendaciones para países de ingresos bajos y medianos. FAO. https://doi.org/10.4060/cb2064es

Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente a su autor y no comprometen la línea editorial de CONSULTORSALUD.

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