Maternidad segura en las Américas sigue lejos de la meta regional, advierte la OPS

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La maternidad segura en las Américas continúa siendo un desafío pendiente para los sistemas de salud de la región. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) reiteró el llamado a intensificar los esfuerzos para reducir la mortalidad materna.
Maternidad segura en las Américas sigue lejos de la meta regional, advierte la OPS

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La maternidad segura en las Américas volvió a posicionarse como una prioridad sanitaria regional tras el pronunciamiento de la OPS, que alertó sobre la persistencia de muertes maternas prevenibles y sobre la necesidad de garantizar acceso oportuno a servicios, medicamentos y tecnologías esenciales. Aunque la región ha mostrado señales de recuperación después del impacto de la pandemia, el organismo sostiene que las brechas estructurales siguen limitando el derecho de miles de mujeres a una atención materna segura, digna y basada en evidencia.

En 2023, las Américas registraron cerca de 8.000 muertes maternas, con una razón de mortalidad materna de 59 por cada 100.000 nacidos vivos. Esta cifra permanece por encima de la meta regional de 30 por cada 100.000 nacidos vivos fijada en la Agenda Sostenible de Salud para las Américas 2030, lo que confirma que los avances de las últimas décadas aún no son suficientes para cerrar la brecha entre los compromisos sanitarios y la realidad asistencial de la región.

La recuperación tras la pandemia no ha eliminado las brechas en salud materna

La OPS subrayó que la pandemia de COVID-19 profundizó las desigualdades preexistentes y produjo un aumento temporal de las muertes maternas. Sin embargo, también destacó que la respuesta articulada de los países permitió revertir parcialmente ese deterioro. En el contexto crítico que atravesó la región, las muertes maternas lograron reducirse en 17 %, un resultado que, según el organismo, equivale a salvar cinco vidas de mujeres embarazadas cada día.

Ese dato muestra una capacidad de reacción institucional relevante, pero no modifica el diagnóstico de fondo. Para la OPS, la recuperación no debe interpretarse como cierre del problema, sino como una señal de que las respuestas coordinadas pueden producir resultados cuando existe prioridad política, articulación operativa y enfoque en la atención materna. El desafío actual consiste en convertir esa recuperación en una reducción sostenida y estructural de la mortalidad materna.

James Fitzgerald, director del Departamento de Sistemas y Servicios de Salud de la OPS, advirtió que, pese a la mejoría posterior al pico de la pandemia, las desigualdades en el acceso a los servicios de salud materna y neonatal continúan afectando de manera desproporcionada a las poblaciones en mayor situación de vulnerabilidad. La observación refuerza una lectura regional que no se limita al promedio agregado, sino que pone el foco en los grupos históricamente más expuestos a barreras de acceso, discontinuidad del cuidado y atención insuficiente.

Mujeres indígenas siguen enfrentando mayor riesgo de morir durante el embarazo o el parto

Entre las inequidades señaladas por la OPS, una de las más relevantes afecta a las mujeres indígenas en algunos países de América Latina y el Caribe. Según el organismo, en estos contextos enfrentan un riesgo hasta tres veces mayor de morir durante el embarazo o el parto. Esta diferencia revela que la mortalidad materna no responde únicamente a variables clínicas, sino también a condiciones territoriales, sociales, culturales e institucionales que inciden en la posibilidad real de acceder a atención oportuna y de calidad.

La persistencia de esta brecha obliga a mirar la salud materna desde una perspectiva de equidad. No basta con ampliar servicios en términos generales si estos no llegan con suficiencia, pertinencia y oportunidad a las poblaciones más expuestas. La OPS insiste en que una estrategia regional efectiva debe priorizar justamente a quienes enfrentan mayores barreras, tanto por su ubicación geográfica como por su situación socioeconómica o pertenencia étnica.

El señalamiento también tiene implicaciones para la organización de los sistemas de salud. Si la vulnerabilidad se concentra en determinados grupos, la respuesta no puede ser homogénea ni neutra frente a las desigualdades. Debe incorporar enfoques diferenciales y mecanismos concretos para garantizar continuidad del cuidado, acceso a insumos esenciales y servicios obstétricos resolutivos donde más se necesitan.

Las causas de muerte materna siguen siendo en gran medida prevenibles

La OPS recordó que las principales causas de muerte materna en la región incluyen las hemorragias postparto, los trastornos hipertensivos del embarazo, como la preeclampsia y la eclampsia, y las infecciones graves relacionadas con el embarazo. El elemento crítico de esta enumeración es que, según el organismo, casi todas estas muertes podrían evitarse si las mujeres contaran con acceso oportuno a atención de calidad, respetuosa y basada en evidencia, así como a medicamentos y tecnologías apropiadas.

Ese planteamiento refuerza la dimensión prevenible de buena parte de la mortalidad materna. La discusión no se ubica, entonces, en la imposibilidad técnica de evitar los desenlaces, sino en la insuficiente capacidad de los sistemas para garantizar intervenciones oportunas, disponibilidad de insumos y respuesta clínica adecuada. En términos de política sanitaria, esto traslada el énfasis desde la fatalidad biológica hacia la responsabilidad institucional.

Fitzgerald insistió en la necesidad de fortalecer el acceso a medicamentos esenciales, tecnologías de salud materna y neonatal y servicios integrales de salud, con el fin de reducir la mortalidad de mujeres y recién nacidos. La afirmación resume el núcleo técnico del llamado de la OPS: sin disponibilidad efectiva de recursos clínicos y sin redes funcionales de atención, la reducción de la mortalidad materna difícilmente podrá acelerarse.

La iniciativa Cero Muertes Maternas Evitables busca transformar la respuesta regional

En 2024, la OPS puso en marcha la iniciativa Cero Muertes Maternas Evitables, concebida como un llamado a la acción para que ninguna mujer muera por causas prevenibles relacionadas con el embarazo o el parto. La estrategia plantea varias líneas de acción que apuntan a corregir debilidades estructurales del sistema de salud y a reforzar la capacidad regional de respuesta.

Entre las acciones propuestas se incluyó el compromiso de los países con un financiamiento adecuado que priorice la salud de las mujeres, la promoción de la colaboración intersectorial para eliminar barreras de acceso y el despliegue de estrategias de movilización social que aumenten la visibilidad de los problemas de salud materna. Estos elementos sugieren que la OPS no limita la solución al ámbito clínico, sino que la vincula con decisiones presupuestales, gobernanza y participación social.

El llamado a la acción también propone fortalecer la gobernanza y la rectoría del sistema de salud, expandir y consolidar el primer nivel de atención, y estructurar redes integradas de servicios basadas en atención primaria de salud, con énfasis en la atención materna, sexual y reproductiva de calidad. A ello se suma la necesidad de asegurar recursos humanos suficientes, bien distribuidos, capacitados y motivados, así como promover el empoderamiento de mujeres, familias y comunidades para facilitar el acceso a los servicios y el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos.

Medicamentos, tecnologías y compras estratégicas entran en el centro de la respuesta

Como parte de su cooperación técnica reciente, la OPS informó que ha reforzado sus acciones mediante el lanzamiento de paquetes de insumos esenciales de salud materna y neonatal. Estos paquetes contienen un catálogo de medicamentos, dispositivos médicos y equipos prioritarios que facilitan su adquisición conjunta, segura y a precios asequibles a través de los Fondos Rotatorios Regionales de la organización.

Este componente introduce una dimensión operativa relevante. La discusión sobre mortalidad materna suele centrarse en metas, indicadores y capacidades clínicas, pero la OPS pone el foco también en la disponibilidad concreta de insumos. La adquisición estratégica de medicamentos, dispositivos y equipos aparece aquí como una herramienta para reducir barreras de acceso y mejorar la capacidad resolutiva de los servicios.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, la OPS reiteró que la reducción de la mortalidad materna exige asegurar equidad en el acceso a servicios, medicamentos y tecnologías sanitarias, fortalecer los sistemas de salud y priorizar a las poblaciones más vulnerables. El mensaje final del organismo es inequívoco: la maternidad segura en las Américas sigue siendo una deuda regional y su cierre dependerá de la capacidad de transformar compromisos técnicos en respuestas sostenidas, integrales y efectivas.

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