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LA TAN TEMIDA CITA ODONTOLOGICA

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carlos felipe 0

Sentado en la sala de espera de la pequeña clinica en el norte de Bogotá, dejaba fluir todos los miedos acumulados, tras las experiencias previas de una cita odontológica.

Era sábado y me habían citado a primera hora de la mañana, porque el cirujano maxilofacial, solo podía acudir a esa hora… Si el cirujano.

La tarde anterior, en ese mismo lugar, había asistido a una cita no planeada, pues como suele ocurrir en estos casos, percibí que algo no andaba bien con un diente, muy a pesar que no tenida ningún tipo de dolor. La odontóloga que me había atendido muchos meses atrás, no estaba, y en su reemplazo una profesional muy amable me indicó que ella se iba a hacer cargo de mi problema.

Es bastante usual, que en este tipo de atenciones sanitarias, en donde los pacientes estamos tan indefensos y nerviosos como en un avión en vuelo que atraviesa una turbulencia, nos aferremos al único brazo que tiene el sillón odontológico, que por supuesto, ya se encuentra aflojado, por la fuerza sobre natural que sobre él, depositamos todos, los que no encontramos ninguna gracia en el sonido de la fresa. Me acosté, cerré los ojos disimulando mi miedo, y deslicé lentamente mi mano hasta asirme del brazo del sillón, el cual encontré firme, en franca actitud de respaldo a mi precaria circunstancia.

Me dispuse a acomodarme lo más tranquilo que fuera posible, y en mi interior, suplicaba mentalmente, que la odontóloga fuera caritativa, y tocara todo tipo de temas, como el caso del magistrado pretelt, o la cercana coronación de Colombia como campeón mundial de futbol sala, o el despilfarro de dinero por cuenta de las consultas internas de los partidos, incluso esperaba animándome, que llegase a estar interesada en la erupción del volcán calbuco en la Patagonia chilena, que nos había maravillado a mí y mi familia meses atrás, pero no. Ella estaba concentrada en la pieza dental, y la aparición de una fractura indeterminada, y por cuyo faltante preguntó, y del cual yo no supe dar explicación alguna, pese a intentar repasar los menús de las últimas 48 horas.

Décadas atrás, cuando los avances médicos y odontológicos distaban mucho de lo que encontramos hoy, en la niñez transcurrida en mi natal ciudad de Popayán, el único remedio para un súbito dolor de muela, era acudir a la monopólica, oscura y amedrentadora clinica, que disponía de personal apropiado para ofrecer el “manejo integral”, que lógicamente consistía en una extracción por demás sobra decir que dolorosa, amén de inapropiada, pues instaurado el terror al odontólogo, controlado el abundante sangrado, y salvado el dolor, el resto de piezas dentales comenzaba un extraño movimiento incontrolado, que terminaba por arruinar la mordida y hasta a veces, la sonrisa de muchos.

Con los años, y una vez en ejercicio de mi profesión médica, trabajaba en un pueblo cercano a las faldas de un frio volcán colombiano, y desarrollaba actividades extramurales en compañía de un odontólogo de quien me hice buen amigo. Era curioso encontrar como frente a mi consultorio, había una enorme fila de mujeres, hombres y niños esperando por mis servicios de fin de semana, y en cambio, frente al consultorio del odontólogo, nadie parecía interesarse.

Un par de semanas después, decididos a develar el misterio, le preguntamos a la auxiliar del centro de salud, si conocía lo que estaba ocurriendo; ella, sin inmutarse demasiado, nos indicó que en el pueblo trabajaba desde hace muchos años un “dentista”.

Le propuse a mi amigo odontólogo, envestido de la autoridad sanitaria que me otorgaba el cartón universitario, que fuéramos a revisar la calidad del trabajo de este desconocido colega de profesión, a quien los aldeanos preferían de lejos, por sobre los títulos nobiliarios de mi hasta ahora desocupado amigo odontólogo.

No fue difícil encontrar el lugar donde prestaba sus servicios el “dentista”, pues la fila de clientes, era incluso más larga que la mía, y la gente entre resignada y entusiasmada, esperaba su turno.

Decidí golpear a la puerta de una desvencijada casucha, y anunciar mi presencia, pidiendo permiso para ingresar y entrevistarlo. Al principio no hubo respuesta, pero luego del centro de una habitación que se alumbraba naturalmente de algunos escasos rayos de sol, que entraban por una ventana lateral, que servía de mirador para los chicos del pueblo, llegó un eco de autorización: sigan pues.

Sin ningún tipo de protocolo aséptico, un hombre mayor, sudoroso, parado junto a un asiento de madera, en donde yacía con la boca abierta “el paciente”, nuestra competencia nos invitó a “observar” su labor.

Fascinados mi amigo y yo, guardamos silencio, mientras el dentista contaba sus aventuras por los pueblos del cauca y del Huila desde hacía 20 años, al tiempo que con una habilidad propia de los “dentistas de pueblo”, manipulaba una especie de alicate, con el que ejercía una poderosa y dolorosa fuerza en el paciente, que claramente no tenía ningún tipo de anestesia, y en menos de cinco minutos lo libró frente a nuestros incrédulos ojos, de tres piezas dentales totalmente carcomidas por la caries rural, que se acumularon en el plato que ya daba muestras de desbordarse. El dentista exhibió una sonrisa triunfante, y con la satisfacción del deber cumplido, nos pidió retirarnos, pues había muchos clientes para atender, y nuestra presencia podría espantarlos.

Esos recuerdos se acumulaban en mi mente, cuando la odontóloga revisaba mi diente fracturado, y comenzaba su rehabilitación, que para ser honesto, no me había molestado en lo más mínimo, salvo alguna que otra frase que duplicaba la fuerza que yo ejercía sobre el brazo del sillón; fue hasta que casi estaba todo listo para terminar la sesión, cuando pronunció las palabras mágicas… veamos qué pasa con el diente de al lado…

El sudor me delataba, ella (la odontóloga), no sabía qué hacer con esa pieza vecina, y pidió una “segunda opinión”; Llegó sin dilación un colega especialista en endodoncia, que realizaba un procedimiento en otra unidad cercana, y con el ceño fruncido producto de la concentración y mirando a lo más profundo de mi boca sentenció: ese diente hay que sacarlo, porque no es funcional. Que tal ha? Yo con ese diente no funcional con tantos años en mi boca, ese diente que me acompañó a mis mejores cenas, ahora, y sin tener la culpa, había sido hallado culpable de no ser funcional, y condenado a una exodoncia al día siguiente. Ellos muy amables, me trataban de tranquilizar y explicar que hace muchos años, me habían retirado la pieza dental inferior, y que el diente en cuestión, no tenía oposición alguna (a diferencia de nuestro presidente), y solo había estado de adorno en mi boca todo ese tiempo.

Si hubiera podido llorar, lo habría hecho, pero con mi boca totalmente abierta y anestesiada, fui incapaz de oponerme y acepté resignado, y dispuesto a aprovechar la noche para cobrar valor y enfrentar al cirujano al día siguiente.

Las últimas palabras que le escuché a la odontóloga, antes de abandonar el consultorio fueron, no se preocupe, que eso no demora más de 20 minutos, y me aferré a esas dulces y consoladoras palabras toda la noche.

Me levanté muy temprano, tomé mi último desayuno con el diente sentenciado, y salí hacia la clinica a la cual llegué muy puntual.

Me senté en la sala de espera, y escuche cuando la alarma de la entrada a la clínica anunciaba el paso de alguna persona: el cirujano había llegado a tiempo, no se había quedado dormido, no se le había pinchado el auto, no. Ahí estaba, vestido con una pijama azul, muy sonriente, y comentando algo desconcertado, sobre el fraude que muchos profesionales de la salud, habían realizado a las fuerzas militares, otro de esos carteles que la prensa y la radio promueven por ocho días, antes que otro escándalo lo releve de los titulares.

Pronunció mi nombre, extendió su mano, me invitó a firmar el consentimiento informado, y más rápido de lo que hubiera querido, ya estaba recostado en el sillón esperando el tratamiento.

Sin demoras preparó dos cárpulas repletas de anestesia, y en menos de dos minutos, mi boca había entrado en un profundo y delicioso sueño matinal. Me pidió que abriera la boca y de reojo antes de cerrar compulsivamente los ojos, pude ver como acercaba dos herramientas delgadas, que afortunadamente no se parecían a los alicates del “dentista”.

No habían pasado diez minutos, es cierto, no habían pasado diez minutos, cuando me pidió que abriera los ojos, y vi una inofensiva gasa entrando al espacio que había ocupado por años mi diente; así era, el diente ya no estaba, no me había dolido, no se había demorado, no me habían puesto la rodilla en el pecho, no me amenazado con procedimientos complejos y largos; no, todo había concluido en menos de diez minutos, y yo sorprendido, emocionado y agradecido, mire a los ojos al mejor cirujano maxilofacial que tiene este país.

Me sentí abrumado por mis pensamiento pesimistas del día y la noche anterior, y sin parar de agradecer su magistral procedimiento, le indagué: cómo es posible que haya resultado tan fácil, y el, sin rubor alguno, y con la tranquilidad que da la experiencia y la pericia, respondió: todo está en la técnica.

Salí brincando de la clinica, me subí raudo en mi camioneta, y envié un conmovedor y tranquilizador mensaje a mi familia, y me dispuse a escribir sobre esta fabulosa experiencia odontológica. Por fin puedo enterrar los recuerdos que los “dentistas” habían grabado en mis más hondos recuerdos.

 

PD 1: El Cirujano Maxilofacial es el Dr. Mauricio Montoya y trabaja en el Hospital Militar… pero es de los buenos, se los puedo garantizar ( [email protected] ). La clinica odontológica es Ferdent (1-2741118).

PD 2: Mi amigo odontólogo no se achantó, y superó el trauma que le ocasionó el dentista, y hoy es un renombrado endodoncista, y su cola de pacientes es ya casi tan larga, como la del legendario muelólogo.

 

 

 

CARLOS FELIPE MUÑOZ PAREDES

CEO & FUNDADOR

CONSULTORSALUD

[email protected]

 

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“Apresurar el progreso no quiere decir arriesgar la seguridad” OMS sobre vacuna rusa

La OMS se refirió a la vacuna rusa afirmando que apresurar el progreso en la fabricación de los medicamentos no quiere decir sacrificar la seguridad de los procesos.

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Apresurar el progreso no quiere decir arriesgar la seguridad OMS sobre vacuna rusa

A través de una conferencia virtual el portavoz de la Organización Mundial de la Salud, Tarik Jasarevic se refirió al anuncio hecho por el presidente Vladimir Putin sobre el desarrollo y aprobación de una vacuna contra el Covid-19 desarrollada en su país.

El vocero afirmó que es necesario invertir y acelerar los tratamientos y vacunas que ayuden a mitigar las muertes por Covid-19 pero que pese a esto no es necesario arriesgar la seguridad por apresurar el progreso.

Además, Jasarevic reiteró que la vacuna rusa ni siquiera estaba entre los proyectos más avanzados que publicó en su lista la OMS el pasado 31 de julio. En la lista se mencionaban 3 vacunas en China, dos de EEUU, y una de la universidad de Oxford. Las más avanzadas en ensayos y pruebas clínicas.

“Acelerar el desarrollo de la vacuna conlleva seguir los procesos de pruebas, manufactura y logística”, explicó el funcionario.

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Adicionalmente, reiteró que la vacuna que registró Rusia debe seguir los tramites de precalificación y control establecidos por la OMS. En este sentido, la organización se contactó con la autoridades sanitarias rusas para discutir la posible precalificación de la vacuna si esta se somete a una revisión y evaluación rigurosa de los datos sobre seguridad y eficiencia.

No obstante, felicitó la rapidez con la que se están desarrollando algunas vacunas y concluyó que después de que estas demuestren ser seguras y eficientes la OMS podrá adquirir las dosis para distribuirlas de manera equitativa entre los diferentes países.

Vacuna rusa

Recordemos, que cada país tiene sus propias regulaciones y agencias sanitarias para aprobar el uso de vacunas y medicamentos razón por la cual el gobierno ruso afirmó que la vacuna empezará a suministrarse en septiembre de este año. En contraste, la OMS recalcó que la organización ya tiene establecido un proceso de precalificación para las vacunas participantes además de crear una guía con la colaboración de expertos en la materia en la que se especifican los protocolos y las fases requeridas para su certificación.

Actualmente, la OMS tiene registrados 160 proyectos de vacunas contra el COVID-19, más de 20 de ellos en la fase de pruebas clínicas.

Así mismo, la Organización Panamericana de la Salud comunicó que no adquirirá vacunas que no hayan seguido los pasos correspondientes y obtenido previa autorización de la OMS. El desarrollo de las vacunas en el mundo tiene un proceso estandarizado que incluye tres fases de ensayos clínicos.

Posterior al cumplimiento de los ensayos clínicos de fases 1, 2 y 3 el fabricante puede solicitar la aprobación de la autoridad regulatoria de su país y de los países donde se comercializará el fármaco.

El doctor Jarbas Barbosa, subdirector de la agencia regional subrayó que “la autoridad regulatoria analiza la calidad y revisa rigurosamente todos los datos de las pruebas clínicas porque ésta es la garantía de que una vacuna es segura y eficaz”, .

Finalmente, la OMS requirió información de la vacuna rusa con sus autoridades sanitarias y comunicó que para que los países latinoamericanos puedan comprar las vacunas por medio del Fondo Rotatorio de Vacunas de la OPS estas deben estar precalificadas por la organización.

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Hospital Universitario Nacional creó programa Tele-UCI para regiones apartadas del país

Según la Universidad Nacional de Colombia el programa ‘TeleUCI Solidaria’ inicialmente está apoyando a más de 25 municipios en el manejo de pacientes en Cuidado Critico.

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hospital tele uci solidaria

Con una visión solidaria y en apoyo a las zonas más apartes del país, el Hospital de la Universidad Nacional de Colombia creó un programa de Teleapoyo en Cuidado Crítico, que busca orientar a los profesionales de las regiones en el tratamiento y manejo de estos pacientes.

Cabe mencionar que el Hospital Universitario Nacional (HUN) lidera la atención de pacientes críticos en la actual  emergencia que vive el país de manera presencial y a través de su programa de “TeleUCI solidaria” en la modalidad de teleapoyo, con profesionales expertos en el manejo del paciente crítico, ofreciendo apoyo gratuito a los hospitales públicos, en  los municipios del país que no cuenten con personal con formación y/o experiencia en el manejo de este tipo de pacientes.

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Según Jairo Pérez Cely, director de “TeleUCI Solidaria”, este programa cuenta con un equipo interdisciplinario integrado por médicos intensivistas, personal de enfermería y de apoyo terapéutico altamente calificados en el manejo del paciente crítico de la Universidad Nacional y del HUN. Agrega que mediante esta modalidad  los profesionales brindan acompañamiento en el proceso diagnóstico, terapéutico y de rehabilitación de las personas que requieren cuidado crítico.

¿En qué municipios tiene cobertura el programa TeleUCI Solidaria?

La TeleUCI Solidaria inicialmente está apoyando a más de 25 municipios que tienen dificultades importantes en talento humano en salud, de 13 departamentos del país que dan cobertura en salud a más de 1.250.000 personas.

“Nuestra meta es alcanzar una presencia mayor en las diferentes regiones del país. Para esto requerimos el apoyo solidario de personas y entidades, en la implementación de la tecnología y los soportes de comunicación”, agrega el Dr. Arturo Parada, Director del Hospital Universitario Nacional Virtual y su programa de telesalud.

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Cabe mencionar que la Universidad Nacional de Colombia y su Hospital Universitario, han dispuesto hasta un 70% de los recursos necesarios en talento humano, infraestructura y biotecnología en Bogotá, para llegar a estos municipios y atender sus necesidades específicas, que, en muchos casos, apenas están iniciando en medio de la pandemia.

Sin embargo, para lograr el cubrimiento adecuado se requiere que los hospitales regionales en los municipios cuenten con dispositivos de comunicación, pantallas, conectividad permanente, software para Telemonitoreo, sistemas de información eficientes y plataforma web segura.

“Estamos convencidos que con este programa y el apoyo solidario económico y tecnológico que nos brinden personas y entidades, podremos alcanzar una mayor cobertura en atención de pacientes en las regiones más apartadas del país. Colombia lo necesita. Ayúdenos a ayudar”, indica el Dr. Parada.

Hospitales que reciben el apoyo del programa TeleUCI Solidaria

Finalmente, los hospitales que actualmente reciben nuestro apoyo pertenecen a las siguientes ciudades y/o municipios: Leticia, Arauca, Saravena, Soatá, Yopal, Florencia, Quibdó, Carmen de Atrato, Puerto Inírida, Tumaco, Mocoa, Puerto Leguizamo, Colón, Málaga, Mitú, Puerto Carreño y San José del Guaviare.

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Precio de vacuna contra la Covid-19 costaría alrededor de 2,7 billones de pesos para Colombia

Según declaraciones dadas por el Ministro de Salud y Protección Social, Fernando Ruiz, alrededor de $2,7 billones de pesos sería el precio por unas 30 millones de dosis de la vacuna contra la covid-19 para Colombia.

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Precio de vacuna contra la Covid-19 costaría alrededor de 2,7 billones de pesos para Colombia

Según  declaraciones dadas por el Ministro de Salud y Protección Social, Fernando Ruiz, alrededor de $2,7 billones de pesos sería el precio por unas 30 millones de dosis de la vacuna contra el covid-19 para Colombia.

Vacuna covid-19

Aunque este precio  aun es un estimativo, el Ministro de Salud, aseguró que, de llegar a presentarse oficialmente una vacuna en Colombia, las primeras personas en ser vacunadas serán aquellas que presente comorbilidades.

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Así mismo, confirmó que el país ya tiene listo el presupuesto para traer la vacuna contra el Covid-19.

Por ahora de manera tentativa  ya se tiene un estimado de 1,3 billones de pesos que serían destinados para la vacuna, sin embargo, a este valor habría que sumarle el costo de las jeringas que aproximadamente estarían en 1,4 a 1,5 billones de pesos”, aseveró.

“Este valor oscila en 5,36 lo que nos llevaría, para poder vacunar 30 millones de personas, un costo de 575.000 millones de pesos, y el precio mayor 21,45 dólares, 2,3 billones de pesos”, precisó Ruiz.

Igualmente, el funcionario aseguró que este valor no constituye aún el pedido al Ministerio de Hacienda. De acuerdo con el viceministro de Hacienda, Juan Alberto Londoño, “es importante obtenerlas al menor costo posible y el mayor número de ellas que se requieran, lo importante es que tengamos consenso de que es una inversión bien hecha”.

Finalmente, el ministro de Salud aclaró que estos valores son para la aplicación de una sola dosis pues aún no hay claridad si se necesita más de una dosis y si se tendría que revacunar a la población.

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