En la última década, Estados Unidos ha registrado una disminución en la proporción de hombres diagnosticados con cáncer de próstata de bajo riesgo, así como un notable incremento en quienes optan por la vigilancia activa en lugar de recibir tratamiento inmediato. Esta tendencia, documentada en una investigación publicada en la revista Cancer, refleja un cambio significativo en la gestión de la enfermedad, motivado principalmente por la preocupación del sobrediagnóstico y el sobretratamiento de cánceres localizados que no representan una amenaza para la vida de los pacientes.
Resultados del análisis de diagnóstico y tratamiento
El análisis incluyó datos provenientes de tres fuentes clave: el programa Surveillance, Epidemiology, and End Results (SEER, 2010–2023), el sistema de salud de Veterans Affairs (VA, 2010–2024) y el consorcio Michigan Radiation Oncology Quality Consortium (MROQC, 2021–2025). Los investigadores evaluaron los cambios en la frecuencia del diagnóstico de cáncer de próstata de bajo riesgo y la proporción de pacientes que optaron por no someterse a tratamiento activo, como la radioterapia o la prostatectomía.
Desde 2010, la proporción de cáncer de próstata de bajo riesgo al momento del diagnóstico descendió de 28,8 % a 24,0 % en SEER y de 32,3 % a 21,9 % en los registros del VA. Estos datos confirman una reducción en la identificación de enfermedades consideradas poco agresivas.
Por otro lado, la investigación identificó un cambio aún más pronunciado en la decisión de tratamiento. Entre los hombres con diagnóstico de cáncer de próstata de bajo riesgo, la elección de no recibir ni radioterapia ni prostatectomía aumentó de 33,6 % a 83,4 % en SEER para 2023 y de 51,6 % a 96,3 % en la VA para 2024. Esto implica que la mayoría de quienes reciben diagnóstico hoy en día eligen la vigilancia activa, es decir, observación y seguimiento sin intervención inmediata.
Cambios en el perfil de pacientes tratados con radioterapia
De los 207.196 pacientes tratados con radioterapia por cáncer de próstata localizado, la proporción de casos de bajo riesgo disminuyó del 33,7 % al 6,5 % en SEER, y del 22,9 % al 2,0 % en la VA. La cohorte del MROQC mostró proporciones menores, entre 2,8 % y 4,2 % entre 2021 y 2025, lo que confirma la tendencia en diferentes ámbitos asistenciales.
Estos resultados indican que los tratamientos más agresivos, como la radioterapia, están siendo reservados predominantemente para pacientes con diagnósticos de riesgo intermedio o alto, mientras que los casos de bajo riesgo se gestionan mediante vigilancia activa.
Motivaciones detrás del cambio en el manejo clínico
Steven M. Monda, M.D., MSCI, de la Universidad de Michigan y autor principal del estudio, destacó que estos cambios reflejan una evolución en la forma en que se diagnostica y maneja el cáncer de próstata en Estados Unidos. Explicó que la reducción en los diagnósticos de bajo riesgo probablemente se deba al uso más frecuente de la resonancia magnética (MRI) en la detección, lo que permite identificar con mayor precisión los casos con potencial clínico relevante.
Monda subrayó que “la mayoría de los cánceres de próstata de bajo riesgo ahora son observados apropiadamente y no tratados. Esto es un gran avance para los pacientes porque significa que evitan los daños de tratamientos innecesarios para cánceres que probablemente nunca les afectarían”.
Vigilancia activa: un enfoque respaldado por guías
La vigilancia activa se ha convertido en la estrategia preferida para los casos de cáncer de próstata de bajo riesgo debido a las recomendaciones de las principales guías clínicas. Durante los años 2010, las recomendaciones en torno al uso del antígeno prostático específico (PSA) para el tamizaje de cáncer de próstata se modificaron repetidas veces, en parte por la preocupación ante los tratamientos innecesarios para tumores de crecimiento lento y localizados.
En respuesta, las guías actualizaron sus criterios y promovieron la observación activa como mecanismo para evitar las consecuencias adversas de intervenciones sobre lesiones poco peligrosas. Este abordaje permite adaptar el tratamiento únicamente si el cáncer muestra progresión, minimizando la exposición temprana a efectos secundarios asociados a la cirugía o la radioterapia.
¿Cómo afecta esta tendencia al sistema de salud estadounidense?
El cambio hacia la vigilancia activa tiene implicaciones relevantes para el sistema de salud, ya que puede reducir la carga asociada a procedimientos quirúrgicos y terapias oncológicas intensivas. Asimismo, permite un enfoque más costo-efectivo, reservando los recursos para los pacientes cuya enfermedad requiere intervención activa.
En el nivel clínico, los pacientes se ven beneficiados al evitar potenciales complicaciones del tratamiento, como incontinencia urinaria o disfunción eréctil, que afectan la calidad de vida tras intervenciones innecesarias en enfermedades de bajo riesgo.
¿Cuáles son los próximos retos para el diagnóstico y manejo del cáncer de próstata?
Si bien la vigilancia activa se consolida como la principal estrategia en cáncer de próstata de bajo riesgo en Estados Unidos, el desafío para el sector salud reside en asegurar que todos los pacientes reciban una clasificación precisa y que existan protocolos estrictos de seguimiento para quienes optan por este abordaje.
El desarrollo de herramientas diagnósticas más refinadas, una mejor comunicación con los pacientes sobre los riesgos y beneficios de cada alternativa, y el fortalecimiento de los registros nacionales, serán clave para mantener esta tendencia y evitar tanto el sobretratamiento como el subtratamiento.


