Péptidos, palabra que está en muchas publicaciones en redes sociales, algunos medios de comunicación y en las conversaciones de profesionales de la salud. Este tema controversial genera incertidumbre entre la comunidad de pacientes y es importante aclarar algunos aspectos relevantes, en cuanto a su definición, regulación y aplicación en los pacientes para permitir un desenlace clínico favorable.
Inicialmente la definición de “péptido” según la agencia regulatoria como la Food and Drug Administration (FDA), lo considera como un polímero de 40 aminoácidos o menos, unidos por enlaces peptídicos. Cuando esta molécula sigue creciendo, cambia su término a la palabra “proteína”. La IUPAC, que establece las definiciones químicas, sitúa un límite hacia los 50 residuos. Aquí vemos que esta definición es más una convención, no una definición estructural estricta, y no separa a la molécula en dos clases químicas distintas, sino a dos tramos de una serie continua.
El mercado farmacéutico muestra lo arbitrario de esta cifra. La insulina está conformada por dos cadenas que individualmente no superan el umbral de los 40 aminoácidos, pero como se asocian de forma natural, la FDA suma ambas cadenas llegando a 51 aminoácidos y la regula como una proteína. Los análogos del GLP-1 (unos 30 aminoácidos) o el glucagón (29 aminoácidos), se consideran péptidos. La misma química, pero distinta categoría regulatoria.
A nivel fisiológico, el propio cuerpo produce péptidos, tales como la insulina, el GLP-1, oxitocina, endorfinas, etc. Es así que los péptidos son las palabras con las que un órgano le habla a otro. Cada uno tiene un mensaje claro y preciso que debe ser enviado en un tiempo preciso y a un receptor específico para activar o inhibir un proceso biológico. Es por ello que no se deben usar a la ligera, ya que quien se inyecta un péptido está interviniendo en esta comunicación e inyectarse uno que no tiene evidencia clínica, irrumpe en una conversación que no entiende.
Entonces, el centro de la discusión no está en qué es un péptido terapéutico y qué sustancia no lo es. El problema reside en que en el mercado farmacéutico conviven bajo la misma etiqueta, medicamentos que se prescriben adecuadamente ya que han tenido ensayos clínicos y aprobación regulatoria, junto a sustancias y cosméticos que no han tenido este camino. Estos últimos heredan de los primeros un respaldo científico que no les corresponde.
A la definición y a la regulación se suma la fabricación. No es una cuestión de dificultad química, sino que se deben considerar algunos aspectos relevantes como: i) sintetizarlo es fácil, pero la dificultad radica en la purificación que debe ser de grado farmacéutico y sin esta purificación lo que queda en el envase no es el péptido sino una mezcla de sustancias impuras y el péptido; ii) la instrumentación para detectar impurezas debe ser de alto nivel. Técnicas como cromatografía líquida de alta eficiencia (HPLC) no distinguen impurezas estructuralmente casi idénticas al péptido, e identificarlas requiere espectrometría de masas y métodos analíticos exigentes iii) las impurezas no son inocuas, y pueden generar reacciones inmunogénicas en los pacientes y iv) a todo lo anterior, se suma esterilidad, buenas prácticas de distribución y almacenamiento, integridad en los envases, haciendo que incluso con la química correcta del medicamento, no se pueda administrar a los pacientes.
Con el surgimiento de la información obtenida en redes sociales, pódcast, o conversaciones informales, los péptidos suelen presentarse como un “salvavidas” ante el envejecimiento, que mejoran el bienestar físico y mental, y en la aceleración de procesos que exceden la fisiología normal. Como ejemplo tenemos por un lado péptidos terapéuticos con respaldo científico como los análogos de GLP-1 utilizados principalmente en diabetes y obesidad, pero por otro lado se comercializan péptidos que aún se encuentran en investigación fase 3 y que no han sido aprobados por las agencias regulatorias como la FDA (retatrutida, survodutida). El INVIMA ha emitido numerosas alertas sanitarias (180, 181, 184, 252 de 2026) originadas en denuncias de la comunidad, donde se listan múltiples productos que no han sido autorizados para fabricar y vender o importar y vender. Por lo tanto, no se pueden comercializar en el territorio colombiano. Estas sustancias son consideradas fraudulentas de acuerdo con el Decreto 677 de 1995 ya que no se encuentran aprobados sus registros sanitarios. La utilización inadecuada de estos ”péptidos” puede implicar riesgos para la salud, eventos adversos y falta de eficacia, calidad farmacéutica y farmacovigilancia.
Influencers y personal no médico, promocionan productos inyectables bajo la denominación de “péptidos”. Los usos que estas personas les atribuyen van desde bajar de peso, hasta crecimiento del cabello, mejoramiento de la piel, mejorar la fuerza y rendimiento en el ejercicio, entre otras muchas. El marketing promete cicatrizar más rápido y rendir más en competencia. Lo que omite es que la angiogénesis y la reparación tisular no son interruptores que se encienden: son procesos complejos cuyas consecuencias a largo plazo nadie ha medido todavía.
La información contenida en la etiqueta está bajo denominación de “research chemicals”, suplementos o preparados magistrales. Esta denominación hace que el fabricante venda no un medicamento, sino un insumo de laboratorio, lo que lo exime de las buenas prácticas de manufactura, de la farmacovigilancia y de la aprobación del registro sanitario para comercializarlo. Esto tiene consecuencias por la falta de garantía de calidad ya que pueden presentar impurezas o subproductos no declarados; asimismo como no es un medicamento, no hay a quien reportar un evento adverso y finalmente desaparece la responsabilidad civil, ya que está declarado un insumo de investigación. Entonces, el paciente se convierte en un sujeto de investigación, sin aprobación por un comité de ética, sin protección, sin ninguna garantía y que además tiene que pagar un costo elevado por adquirir ese producto. Un proveedor de reactivos vende a instituciones que cuentan con la documentación legal para adquirirlo, pero estos péptidos se venden de manera paralela a personas por redes sociales.
Nada de lo anterior es un argumento en contra de una de las áreas más prometedoras de la farmacología. Varios cientos están en desarrollo clínico, y un centenar han sido aprobado por diferentes agencias reguladoras. El problema no es la molécula, es la difusión y canales por donde circula la información, la venta y la ausencia de aprobación regulatoria. La prescripción le corresponde al profesional de la salud, con respaldo científico y registro sanitario vigente. Al paciente le queda una tarea sencilla: preguntar antes de inyectarse. Si los péptidos son las palabras de comunicación con las que un órgano le habla a otro, vale la pena saber quién más está hablando.
Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente a su autor y no comprometen la línea editorial de CONSULTORSALUD.
Referencias
IUPAC-IUB. (1983). Joint Commission on Biochemical Nomenclature (JCBN)Nomenclature and Symbolism for Amino Acids and Peptides Recommendations.
Fetse, J., et al. (2024). Recent Advances in the Development of Therapeutic Peptides. Trends Pharmacol Sci. 2023 July ; 44(7): 425–441. doi:10.1016/j.tips.2023.04.003
Wang L, et al. Therapeutic peptides: current applications and future directions. Signal Transduct Target Ther. 2022 Feb 14;7(1):48. doi: 10.1038/s41392-022-00904-4
Peptide Laws. (2026). Which peptides are FDA-approved? Link: https://peptidelaws.com/fda/approved-peptides. Accesed: 10 september 2026.
Liang L. (2026) Peptides: US advisory committee recommends six for FDA “compounding list” BMJ; 394 :e100422 doi:10.1136/bmj-2026-100422
INVIMA. (2026). Alerta No. 252-2026 Bogotá, 19 agosto 2026
INVIMA. (2026). Alertas Sanitarias de Medicamentos y Productos Biológicos Farmacovigilancia. Junio 2026.