La necedad esa del método científico
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La necedad esa del método científico

Apartarse de método científico es sumamente peligroso, la historia lo ha demostrado, pero además es ilegal en nuestro país.

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La necedad esa del método científico

Josef Mengele nació en Günzburg en marzo de 1911, hijo de una familia acomodada gracias a una fábrica de equipos para agricultura. Sus historiadores están de acuerdo en que no odiaba particularmente a los judíos, a pesar de haber crecido en un ambiente antisemita; era más bien un católico conservador y un nacionalista. En 1930 empezó a estudiar medicina en la Universidad de Múnich, donde su trabajo de grado se basó en el estudio antropológico de la mandíbula de 4 razas. El Dr. Otmar Freiherr von Verschuer, de quien fue el alumno favorito, tuvo una influencia fundamental en su carrera. En ese momento se consideraba a von Verschuer como un prestigioso eugenicista con un interés muy particular en higiene racial. Los dos se consideraban científicos; de hecho, el Dr. Mengele se graduó de dos doctorados. Al ser trasladado a Auschwitz, buscando huir del frente de batalla, él mismo dijo que veía “grandes posibilidades de investigación”. Se estima que Mengele fue responsable de 51000 muertes en este campo de concentración entre 1943 y 1944. Su interés en la influencia de los factores genéticos en cómo los seres humanos nos defendemos de las infecciones, lo llevó a experimentar con aproximadamente 900 gemelos, de los cuales sobrevivieron alrededor de 72. En nombre de la ciencia, este doctor realizó otros muchos escalofriantes experimentos. Al igual que tantos otros científicos, los protagonistas de esta historia justificaron sus investigaciones basándose en los posibles beneficios para la sociedad, que no pueden ser obtenidos por otros métodos. Después de la guerra, se redactó el Código de Nuremberg, que busca proteger a los sujetos de investigación. Básicamente el individuo debe acceder voluntariamente, el experimento debe basarse en una presunción seria de que puede funcionar, el investigador debe estar capacitado para ello, el problema a abordar debe ser más importantes que los riesgos a los que se exponen los participantes y se deben tomar todas las medidas necesarias para evitar posible eventos adversos serios sobre el sujeto de investigación.

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Aún con el código adoptado, en 1957 la empresa Grünenthal fue autorizada para comercializar la Talidomida como sedante para tratar las náuseas en mujeres embarazadas, sin haber realizado previamente estudios de teratogenicidad. 3000 casos de dismelias se documentaron en el mundo. Los comercializadores de la molécula, nunca habrían reconocido su producto como causante de dichas anormalidades, si no fuera por la tenacidad de dos investigadores independientes. La tragedia de la talidomida obligó a los gobiernos promulgar normas para garantizar la seguridad en el uso de medicamentos, la creación de centros de farmacovigilancia y sistemas para detectar las reacciones adversas de los medicamentos comercializados. Además, en materia de ensayos clínicos con nuevos medicamentos, se inició el desarrollo de una estricta normativa sobre productos en fase de desarrollo para garantizar la seguridad y la creación de comités de ética y de investigación para controlar el desarrollo de la investigación clínica en humanos.

Para la misma época en Estados Unidos, en el Tuskegee Syphilis Study, inocularon a 339 pacientes con sífilis y no les dieron tratamiento, para describir la historia natural de la enfermedad.  En el mismo país en 1963, el Dr. Chester Southam, un prestigioso investigador del Instituto de Cáncer Sloan-Kettering en Nueva York, diseñó un estudio para determinar si una deficiencia inmunológica en el paciente es la causa del desarrollo del cáncer. Para ello inoculó células cancerosas a ancianos debilitados, internados en un hospital de enfermos crónicos judíos. Para el Dr. Southam, sus resultados mejorarían nuestra habilidad para mejorar las defensas contra el cáncer, y no era necesario obtener consentimiento informado ya que estos experimentos ya se consideraban rutinarios y las inyecciones no traerían consecuencias. Ante las primeras denuncias, que llevaron a la renuncia de varios médicos, el hospital reunió un comité que decidió que la investigación debería seguir adelante.

Desafortunadamente, la historia de la medicina tiene muchos más ejemplos de reconocidos investigadores para su época, que aseguraron que por el bien de la humanidad expusieron a seres humanos a sustancias o tratamientos que consideraban justificados, ya que lo hacían en busca de fines nobles. Sin embargo, la opinión de un científico no es suficiente. En 1964, durante la  18ª Asamblea Médica Mundial, se redactó la Declaración de Helsinki, donde una vez más el mundo científico se puso de acuerdo en las normas de la investigación, haciendo énfasis en la protección de personas con autonomía comprometida y creando los Comités de Ética en Investigación, quienes deben garantizar que se cumplan todos los criterios para llevar a cabo un experimento protegiendo a los sujetos de investigación y sobretodo siendo un tercero imparcial, que juzga si el experimento es o no justificado. Los ejemplos son suficientes para entender por qué esto es deseable. Hoy en día ningún producto, por maravilloso que parezca a los ojos de su investigador, puede llegar a un paciente, mucho menos uno vulnerable como quienes sufren de cáncer y buscan desesperadamente curas milagrosas, sin haber surtido todos los requisitos del método de las buenas prácticas clínicas (GCP por sus siglas en inglés).

Apartarse de método científico es sumamente peligroso, la historia lo ha demostrado, pero además es ilegal en nuestro país, donde múltiples normas que rigen desde hace más de 20 años, estipulan como debe hacerse la investigación en seres humanos (Resolución 8430 de 1993, Resolución 2378 de 2008, Resolución 201020764 del 2011, Decreto 2200 de 2005, Resolución 1403 de 2007). Hay muchos investigadores en Colombia haciendo un esfuerzo enorme, con recursos limitados tanto en tiempo como en dinero, para cumplir con todos los requisitos que con razón la ley impone para definir si un tratamiento es seguro y efectivo. Nadie, no importa qué tan buena, segura y eficaz considera su idea, puede someter a individuos a ningún tratamiento no probado por estos métodos, y de hacerlo no solo está incurriendo en un conflicto ético, sino que también está incumpliendo nuestra ley.

En tiempos del COVID si que ha tomado de nuevo importancia este precepto, hemos visto surgir y luego fracasar estrepitosamente un sin número de terapias, a las que de buena fe investigadores en el mundo le han apostado sin éxito. Desafortunadamente, en el afán de ayudar, algunos han olvidado los principios básicos de la investigación que acá mencionamos y se han adelantado a usar en forma masiva medicamentos que parecían ser útiles en estudios observacionales preliminares (sin una comparación contra placebo), que en los estudios más grandes no solo no ayudaron a los pacientes, sino que pudieron haber aumentado la mortalidad por efectos adversos. Aún en tiempos difíciles como los que vivimos, recordar la historia nos permitirá poner los pies sobre la tierra, y recordar que el método científico se creo para proteger a nuestros pacientes por encima de todo.

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Lo que debemos saber sobre el Cáncer de Pulmón

Conoce las recomendaciones que da la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología ACHO, sobre la importancia de la detección temprana y los tratamientos oportunos del cáncer de pulmón.

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Cancer de Pulmon 1

Por: Aylén Vanessa Ospina Serrano – Medica Especialista en Medicina Interna y Oncología clínica.

El pasado 17 de noviembre se celebró el día Internacional del Cáncer de Pulmón con  el objetivo de tomar conciencia sobre  esta enfermedad.

Por ese motivo desde la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología ACHO, queremos  recordar la importancia de  la detección temprana y los tratamientos oportunos de esta condición.

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¿Cuáles son las características del cáncer de pulmón?

El cáncer de pulmón es uno de los tipos de neoplasias más desafiantes para la medicina, por ser la enfermedad oncológica más mortal a nivel mundial.

El hábito de fumar tabaco es  la causa principal de cáncer de pulmón. Alrededor del 80% de los casos, son causados por esta causa  y muchos de los restantes son causadas por la exposición al humo de tabaco en forma pasiva.

Sin embargo, no es exclusivo de los fumadores, el pérfil de las personas que padecen la enfermedad ha cambiado durante los últimos años: cada vez son más los  jóvenes y los no  fumadores  los que presentan esta neoplasia. Esto debido al cambio en los factores ambientales y la exposición a elementos químicos, que actualmente son los principales factores de riesgo, además del tabaquismo. Adicionalmente, los elevados niveles de contaminación en las ciudades y los dispositivos como cigarrillos electrónicos y vapeadores, representan también un riesgo latente para la salud pulmonar.

Según el estudio “El Cáncer de Pulmón en América Latina: es hora de dejar de mirar hacia otro lado” realizado por la Unidad de Inteligencia de The Economist, que analizó datos de 12 países latinoamericanos, entre ellos Colombia, se concluyó que esta enfermedad produce más de 60 mil muertes cada año en dichos países (12% de todas las muertes por cáncer en la región ) y cerca del 85% de los casos se detectan en estadios avanzados , lo cual demuestra la necesidad de avanzar en iniciativas, para detección y tratamiento temprano.

¿Cuál es la situación del cáncer de pulmón en Colombia?

El cáncer de pulmón es el segundo tumor más mortal en Colombia, con un gran impacto humano, social y económico. Según el reporte de la Cuenta de Alto Costo, en el 2018, el país habia 3082 pacientes con cáncer de pulmón y  849 casos nuevos  con  1.217 muertes. Adicionalmente, según datos del observatorio Global de Cáncer de ese mismo año, el cáncer de pulmón fue el más  frecuentemente diagnosticado en hombres (14,5% del total de casos en hombres y 8,4% en mujeres) y la principal causa de muerte por cáncer en hombres (22%, es decir, aproximadamente uno de cada 5 de todas las muertes por cáncer).

¿Cómo se identifica el cáncer de pulmón?

Los síntomas de cáncer de pulmón pueden ser distintos en cada persona. En la mayoría de los casos, no produce molestias  sino hasta que está  muy avanzado, en otros casos se pueden presentar algunas síntomas   como tos crónica, a veces con presencia de sangre, dificultad respiratoria, dolor en el pecho, pérdida de apetito o baja repentina e importante de peso.

La tomografía de tórax  en población de riesgo (pacientes fumadores importantes) puede detectar de forma precoz el cáncer de pulmón. Es importante destacar que la radiografía de tórax por sí sola  no es una herramienta útil para el diagnóstico precoz, ya que puede ser falsamente normal.

¿Todos los canceres de pulmón son iguales?

Es importante resaltar, que el cáncer de pulmón no es una enfermedad única. Se puede  clasificar en dos grandes grupos: de células pequeñas y de células no pequeñas (85% de los casos). En este último subgrupo, se encuentran el adenocarcinoma y  el cáncer de pulmón de células escamosas.

Durante la última década  los avances en el tratamiento del cáncer de pulmón han sido notorios y han permitido mejorar significativamente la supervivencia de los pacientes afectados dada la disponibilidad de nuevos  tratamientos personalizados para cada tipo de paciente y enfermedad. El descubrimiento de mutaciones asociadas al crecimiento del tumor  han permitido  generar terapias blanco dirigidas a estas mutaciones , así mismo con la incorporación del tratamiento con  inmunoterapia, el cual  activa  el propio sistema inmune del paciente para atacar las células malignas , se dispone en este momento de estrategias terapéuticas innovadoras  que están disminuyendo la letalidad de esta neoplasia. 

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¿Cómo se realiza el diagnóstico del cáncer de pulmón?

Es fundamental realizar el diagnóstico del tipo histológico de cáncer de pulmón con la toma de una biopsia de la lesión pulmonar, para poder realizar una decisión terapéutica correcta.  Igualmente realizar inicialmente  tomografía del  tórax y del abdomen  para evaluar la presencia de compromiso de ganglios o de otros órganos por metástasis para poder definir la extensión  y así mismo la posibilidad de tratamiento quirúrgico, si se confirma que la neoplasia está localizada únicamente en el pulmón.

¿Cómo ha  impactado la pandemia por COVID 19 a los pacientes con cáncer de pulmón?

Durante la pandemia por COVID 19  los centros y hospitales de tratamiento de cáncer  en Colombia, han trabajado ininterrumpidamente cumpliendo con todas  las  medidas de bioseguridad para cuidar  a los pacientes y al personal de salud. Esto  debido a que las personas  con cáncer no deben suspender sus tratamientos por el riesgo de presentar complicaciones por progresión del cáncer.

Sin embargo, durante este año hemos notado, que los pacientes han presentado  demora en sus  consultas, lo que puede ser más perjudicial para ellos si presentan sintomatología compatible con cáncer de pulmón, o cualquier otro cáncer. Por esto, es muy importante reactivar completamente  las consultas oportunas, para poder realizar detección temprana y  por consiguiente ofrecer el respectivo   tratamiento  a los pacientes  y evitar presentar desenlaces fatales  por  neoplasias avanzadas.

PUNTOS PARA RECORDAR

  • El cáncer de pulmón es  la enfermedad oncológica más mortal.
  • No es exclusivo de los fumadores.
  • Es el segundo cáncer  más mortal en Colombia.
  • En la mayoría de los casos, no produce síntomas sino hasta que se encuentra en estadios avanzados.
  • El cáncer de pulmón no es una enfermedad única, puede tener diferentes características moleculares que pueden servir  como  blancos terapéuticos.
  • Durante la última década  los avances en el tratamiento del cáncer de pulmón han sido notorios y han permitido mejorar significativamente la supervivencia de los pacientes afectados dada la disponibilidad de nuevos  tratamientos personalizados para cada tipo de paciente y enfermedad.
  • Durante la pandemia por COVID 19, los pacientes  con cáncer NO deben suspender sus tratamientos por el riesgo de presentar complicaciones por progresión del cáncer. Es muy importante reactivar completamente  las consultas oportunas, para poder realizar detección temprana y  por consiguiente ofrecer  tratamiento a los pacientes  de riesgo o con síntomas  y así, evitar  desenlaces fatales  por  presentar neoplasias avanzadas.
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Cada mes de retraso en tratamientos de cáncer aumenta un 10% el riesgo de muerte

Los resultados de una investigación adelantada en Canadá revelan el impacto del retraso en los tratamientos de cáncer en el riesgo de mortalidad

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La crisis provocada por el Covid-19 ha generado alteraciones en la prestación de servicios de salud. Particularmente, para los individuos diagnosticados con enfermedades crónicas y cáncer, la detección oportuna y el acceso a los tratamientos han sido los aspectos más afectados y preocupantes, tanto para los pacientes y sus familias como para los médicos. 

Dicho esto, al listado debe agregarse el cambio detectado en el riesgo de muerte que depende de los tratamientos. Los datos de una investigación publicada en The BMJ señalan que éste aumenta entre 6% y 13% por cada mes de atraso en el tratamiento (cirugía oncológica, radioterapia o terapia sistémica) de siete tipos de cáncer: vejiga, mama, colon, recto, cervical y cáncer de cabeza y cuello. En conjunto, este grupo representa al 44% de casos que se registran de la enfermedad alrededor del mundo. 

El principal factor de medición fue el cociente de riesgo para la supervivencia general por cada cuatro semanas de retraso para cada indicación. Por su parte, el retraso en el tratamiento se evaluó de la siguiente manera: atrasos desde el diagnóstico la primera terapia y la complejidad de un tratamiento hasta iniciar el próximo. La información se obtuvo tras realizar un metaanálisis de 34 estudios para 17 tipos de afecciones con indicaciones específicas sobre su tratamiento desde enero de 2000 hasta abril de 2020.

A pesar de que el estudio se concentró en Canadá, los expertos a cargo señalan que el atraso de los tratamientos es una situación de escala global. “Muchos países han experimentado el aplazamiento en las cirugías oncológicas y la radioterapia electiva. También ha sido notoria la reducción en el uso de tratamientos sistémicos debido a que los sistemas han reasignado los recursos sanitarios a la preparación para la pandemia”, se puede leer en la publicación. Sin embargo, en tiempos anteriores a la emergencia sanitaria, algunos habían desarrollado vías y objetivos para intervalos desde el momento del diagnóstico hasta la recepción del tratamiento. 

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El incremento en el riesgo no es igual para todos los tratamientos 

Los autores mencionan que, aunque los datos estadísticos no son universales, muestran la tendencia ya manifestada en otros estudios clínicos similares. Es decir que los especialistas de cada país deben considerar los aspectos nacionales que pueden cambiar la información presentada. Los resultados sobre los tratamientos y sus tiempos se dividieron según el tipo de terapia analizada. Así, se evidencia lo siguiente: 

– Para la cirugía oncológica se registra un incremento del 6-8% en el riesgo de muerte por cada cuatro semanas de retraso en el tratamiento.

– Se presenta un aumento del 9% en el riesgo de mortalidad para las indicaciones de radioterapia y terapias sistémicas. 

– Se detecta un 13% de aumento del riesgo de muerte para la radioterapia definitiva en cáncer de cabeza y cuello y el tratamiento sistémico adyuvante (de seguimiento) para el cáncer colorrectal. 

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Los pequeños diamantes púrpura representan el cociente de riesgo para cada estudio y los bigotes representan el 95% del intervalo de confianza. Los diamantes púrpuras grandes representan las estimaciones de efectos resumidos, siendo el centro la estimación y los extremos los intervalos de confianza del 95%. “Mortality due to cancer treatment delay: systematic review and meta-analysis”. Fuente: The BMJ.

Los autores también identificaron que los retrasos que se presentan entre 8 y 12 semanas, aumentan considerablemente el riesgo de muerte del paciente. Como ejemplo, el estudio reveló que un atraso de 8 semanas en en la cirugía de cáncer de mama aumentaría el riesgo de mortalidad del paciente en un 17%. Si el atraso supera las 12 semanas, este riesgo se eleva hasta el 26%.

A nivel general, un retraso de 12 semanas en la cirugía oncológica para este tipo de cáncer (por ejemplo, durante el cierre y la recuperación de COVID-19) sería el causante de 1.400 muertes excesivas en el Reino Unido, 6.100 en los Estados Unidos, 700 en el Canadá y 500 en Australia. Lo anterior suponiendo que este fuera el primer tratamiento en el 83% de los casos, y que la mortalidad sin retraso fuera del 12%.

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Pero esto no es lo único que se debe considerar. Los autores de la investigación también mencionan que los tratamientos retrasados podrían ser causados por los pacientes (ej: necesidad de otros exámenes médicos o infecciones postoperatorias), factores propios de la enfermedad (análisis extra solicitados por el médico tratante) o factores del sistema de salud (ej: la espera de una fecha para el quirófano, la inserción de una línea central o una consulta con un especialista). “Enfatizamos en que los pacientes no deben ser sometidos a una cirugía oncológica, radioterapia o quimioterapia hasta que se encuentren médicamente aptos y hayan completado los análisis respectivos”, se lee en la publicación. 

Al final del estudio, los autores concluyen que sus resultados reflejan el impacto en el retraso de los tratamientos, probablemente en poblaciones grandes y previsiblemente heterogéneas con diversos riesgos de recurrencia. Asimismo, los expertos sugieren que la información se use para elaborar políticas y planificación de modelos, a cambio de diseños predictivos de riesgos individuales, en caso de que así lo contemplen los sistemas de salud. “A la luz de estos resultados, las políticas enfocadas en la minimización de los retrasos a nivel de sistema en el inicio del tratamiento del cáncer podrían mejorar los resultados de supervivencia a nivel de la población”, puntualizan.

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PREVALENCIA DE LINFOMA EN COLOMBIA

Decidimos realizar investigación con datos que hemos aportado miles de médicos al sistema de salud con el propósito de establecer la prevalencia de los linfomas en Colombia.

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PREVALENCIA DE LINFOMA EN COLOMBIA

POR: Mónica Arévalo, del grupo académico de Linfomas de ACHO.

Nos encontramos en un país donde los recursos para la investigación son limitados y generar conocimiento es un reto importante. Según las cifras publicadas hasta 2019, desde 1966 hemos publicado en Colombia un total de 218 documentos en hematología, de los cuales 199 son citables, siendo citados 2495 veces (130 auto-referenciaciones), con un promedio de 11.4 referencias por documento (h-index:20), cifra muy inferior a otros países como Estados Unidos, quien lidera esta lista con 105470 documentos. En el mundo estamos ubicados en el puesto 61 y en Latinoamérica en la sexta posición detrás de países como Brasil (5319 artículos científicos) o Argentina con 1253 documentos (Fuente scimago).

Frecuentemente no dimensionamos la importancia de realizar investigación que permita tomar decisiones en salud pública, y que nos ayude al entendimiento de un problema de salud, aunque como ya lo mencionamos no es una tarea fácil.

A pesar de no ser una tarea fácil, decidimos realizar investigación con datos que hemos aportado miles de médicos al sistema de salud con el propósito de establecer la prevalencia de los linfomas en Colombia. 

La prevalencia de una enfermedad calcula el número de enfermos en un momento determinado del tiempo, que nos acerca también a un estimado del número de personas que sobreviven a una enfermedad como el linfoma, el cual es un cáncer de los ganglios linfáticos, en los que algunos tipos son potencialmente curables, en los que el comportamiento clínico puede variar entre uno y otro.  

Los datos de prevalencia e incidencia (el número de casos nuevos por año) a nivel global se encuentran consignados en la plataforma Globocan de la Organización mundial de la salud, aquí son alimentados por registros poblacionales en cáncer, que para Colombia son los registros de las ciudades de Cali, Pasto, Manizales y Bucaramanga, comparado por ejemplo con los 46 registros en cáncer de los 50 estados de Estados Unidos, o a los 12 registros de Brasil de sus 27 estados.    En esta plataforma nos encontramos como el país número 83 en cuanto a prevalencia se refiere.

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Dada esta situación, consideramos realizar una búsqueda de mayor información acerca de la prevalencia de los dos subtipos principales de linfoma en Colombia, tomando los registros médicos del Sistema Integral de información de la Protección Social (SISPRO) del Ministerio de Salud de Colombia. El Sistema de Salud de Colombia es uno de los de mayor cobertura en Latinoamérica, llegando al 95,1 % de los 48 millones de habitantes según la medición de junio de 2019.

El Ministerio de Salud y la Protección Social de Colombia, desarrolló una herramienta de recolección y almacenamiento de información, denominada SISPRO. En esta herramienta se almacenan y procesan los datos básicos que el Sistema General de Seguridad Social en Salud requiere para los procesos de dirección, regulación y control, los cuales son diligenciados a partir del Registro Individual de Prestación de Servicios (RIPS), que es de obligatorio diligenciamiento por el personal médico durante cada atención médica ambulatoria u hospitalaria, a lo que están obligados todos los proveedores de salud (hospitales y centros de salud).

Nuestros resultados arrojaron que entre 2014 y 2018 se presentaron 6800 casos (nuevos y ya conocidos) de linfoma Hodgkin, con una prevalencia de 18 por 100.000 habitantes, es decir 18 personas por cada 100.000 padecían o habían padecido linfoma Hodgkin, con un aumento importante de dicho número en las personas entre 70 y 75 años.   Los datos de los registros poblacionales ubican esta enfermedad en el puesto 16 de prevalencia (718 casos en 5 años) según análisis del Instituto Nacional de Cancerología, sin embargo, las cifras podrían indicar que los registros tienen un estimado mucho menor a la realidad del país (datos pendientes de publicación).

Por otra parte, encontramos 22198 casos de linfoma no Hodgkin, el linfoma más frecuente, para una prevalencia global de 59,2 por cada 100.000 habitantes, es decir que para el 2019 había aproximadamente 59 pacientes nuevos y ya conocidos por cada 100.000 habitantes en Colombia (datos pendientes de publicación).  Estos datos obtenidos sirven de referencia para establecer cuales son las medidas requeridas en la implementación de planes en salud pública

En consecuencia, encontramos una divergencia entre los datos obtenidos a través de SISPRO y los reportados a las entidades mundiales, lo que revela una serie de diferencias que deben ser analizadas y para tal efecto sobresale la necesidad de contar con un mayor apoyo para la investigación, para tener cada vez datos mas certeros de nuestra población que podamos aplicar para una mejor salud de los colombianos. 

Referencias

  1. https://www.scimagojr.com/countryrank.php?category=2720&area=2700
  2. Zambrano, M. A., Molina-Pimienta, L., & Fernandez-Avila, D. G. (2019). Demographic Characteristics and Prevalence of Hodgkin Lymphoma in Colombia Based Upon Database of Health Care System. Clinical Lymphoma Myeloma and Leukemia19, S309-S310.
  3. Pardo C, Cendales R. Incidencia, Mortalidad y Prevalencia de Cáncer En Colombia, 2007-2011. Primera Edición. Bogotá. D.C. Instituto Nacional de Cancerología. Vol 1.; 2015.
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